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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

Cuando las mujeres ocultan el uso de anticonceptivos

Las ventajas del uso clandestino tal vez superen las desventajas.

Network en español: 2002, Vol. 22, No. 2

Todos los derechos reservados, Family Health International, 2002. 
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es reimpresa con autorización de Family Health International.

Se ha notificado un uso clandestino elevado de anticonceptivos (uso sin que el compañero lo sepa) en zonas donde la planificación familiar todavía no se ha generalizado, por ejemplo en África al Sur del Sahara. Sin embargo, puede ser difícil obtener datos cuantitativos acerca de esta delicada cuestión. En dos estudios — uno realizado en la zona urbana de Malí y otro en la zona urbana de Zambia — el uso de métodos de investigación cualitativa reveló la razón por la cual un subconjunto pequeño de usuarias de anticonceptivos decidieron mantener secreto el uso de su método para que no lo supieran sus compañeros. Esta práctica tiene consecuencias programáticas: aunque algunos servicios de planificación familiar se centran en las «parejas» como clientes, la prestación de servicios individuales y confidenciales para las mujeres sigue desempeñando una función importante.

En muchos lugares del mundo, los programas de planificación familiar están cambiando su enfoque para aumentar la participación y la responsabilidad de los hombres en las decisiones de planificación familiar. Pero en algunos casos, especialmente cuando las preferencias de procreación del esposo y la esposa difieren, y cuando la influencia de la esposa en la toma de decisiones es limitada, las ventajas de ocultar el uso para que el hombre no se entere pueden superar las desventajas. El uso clandestino puede ser más ventajoso para la salud de algunas mujeres y sus hijos, y puede permitir a algunas mujeres aumentar su independencia y autonomía financieras.

En el estudio de Malí, que efectuaron en Bamako entre 1996 y 1998 el Centre d’Etudes et de Recherche sur la Population pour le Développement y el Proyecto de Estudios de la Mujer de FHI, se entrevistó a 55 mujeres casadas de 18 a 43 años de edad, que estaban usando anticonceptivos por primera vez, acerca del uso poco después de la primera consulta en una clínica. Cuarenta y una de las mujeres fueron entrevistadas de nuevo nueve meses después, y 33 por tercera vez al cabo de 18 meses.1 El estudio de Zambia, que llevaron a cabo en el distrito de Ndola el Centro de Investigación de Enfermedades Tropicales con sede en Ndola y el Population Council con sede en Nueva York, obtuvo datos cualitativos de seis charlas de grupos focales (tres con mujeres casadas y tres con hombres casados) en 1996 para que sirvieran de guía para el diseño de una encuesta. Luego se encuestó a más de 1.600 mujeres de 15 a 44 años de edad (y a los esposos de aproximadamente la mitad de las mujeres).2 Los análisis de la mayoría de los datos de ambos estudios se limitaron a las mujeres que usaban la anticoncepción porque deseaban posponer el siguiente nacimiento o querían dejar de tener hijos definitivamente.

Se ha calculado que el uso clandestino en África al Sur del Sahara se sitúa entre 6 y 20 por ciento.3 En el estudio de Malí, 17 (31 por ciento) de 55 mujeres notificaron inicialmente que estaban usando anticonceptivos sin que lo supiera el esposo, aunque dos de ellas posteriormente lo informaron al respecto. En Zambia, 53 (7 por ciento) de 765 mujeres encuestadas notificaron uso clandestino.

El apoyo económico, social y de salud inadecuado por parte del esposo — especialmente cuando el bienestar de los hijos estaba en juego — fue la razón que se citó con frecuencia para justificar el uso clandestino. «Una simplemente observa lo que está ocurriendo en el hogar; si no hay apoyo, una empieza a tomarse la píldora en secreto», dijo una mujer en una charla de grupo de enfoque en Zambia. Según datos cualitativos de ambos estudios, muchas usuarias clandestinas también creían que el esposo no iba a aprobar el uso de anticonceptivos. Algunas mujeres de Malí, por ejemplo, preveían la falta de aprobación porque pensaban que el esposo deseaba tener el mayor número de hijos posible, creía que la planificación familiar iba en contra de la religión o temía que la anticoncepción iba a hacer que la esposa se volviera promiscua, se enfermara o quedara estéril.

Aunque más de la mitad de las usuarias clandestinas de Malí habían hablado acerca de la anticoncepción con el esposo y sabían que ellos no la aprobaban, ambos estudios revelaron que a muchas esposas se les dificulta abordar al esposo para hablar de este tema. El estudio de Zambia demostró que éste es el factor determinante más fuerte del uso clandestino. «Realmente me gustaría que él supiera que yo la uso, y que los dos estuviéramos de acuerdo con ello; eso es lo que quiero, pero no he logrado hacerlo», dijo una mujer de Malí que usaba un inyectable anticonceptivo clandestinamente.

Ambos estudios revelaron que las mujeres temían que si el esposo se enteraba de que estaban usando la anticoncepción, ello podría resultar en altercados, e incluso en divorcio. Los inyectables, que no vienen en paquetes ni con instrucciones escritas que puedan despertar sospecha en el esposo, eran unos de los métodos anticonceptivos más comunes entra las usuarias clandestinas. Sin embargo, no todas las usuarias estaban preparadas para los efectos secundarios menstruales que experimentaban, y algunas temían que su esposo detectara efectos secundarios como sangrado prolongado, manchado o amenorrea.

Los dos estudios proporcionan las siguientes recomendaciones para el diseño y la ejecución de programas de planificación familiar en dichos entornos:

  • Para aumentar los niveles de aceptación de los anticonceptivos, los proveedores de servicios deben seguir informando a los hombres acerca de la planificación familiar, y — si es apropiado — los líderes religiosos locales deben tranquilizar a los hombres y a las mujeres informándoles que su religión no prohibe la planificación familiar.

  • Cuando los esfuerzos para aumentar la aceptación de la anticoncepción por parte de los hombres no dan resultado, los proveedores deben garantizar confidencialidad plena a las usuarias de anticonceptivos.

  • Los servicios de salud maternoinfantil podrían integrarse con servicios de planificación familiar para ayudar a las mujeres a tener acceso a los servicios sin despertar sospecha. Además, debe ofrecerse una variedad de métodos para ayudar a las mujeres a reducir a un mínimo los efectos secundarios no deseados y los costos.

— Kerry L. Wright

Referencias

  1. Castle S, Konate MK, Ulin PR, et al. A qualitative study of clandestine contraceptive use in urban Mali. Stud Fam Plann 1999;30(3):231-48.
  2. Biddlecom AE, Fapohunda BM. Covert contraceptive use: prevalence, motivations, and consequences. Stud Fam Plann 1998;29(4): 360-72.
  3. Blanc AK, Wolff B, Gage AJ, et al. Negotiating Reproductive Outcomes in Uganda. Calverton, MD: Macro International Inc. and Institute of Statistics and Applied Economics [Uganda], 1996; Rutenberg N, Watkins SC. The buzz outside the clinics: conversations and contraception in Nyanza province, Kenya. Stud Fam Plann 1997;28(4):290-307; Watkins SC, Rutenberg N, Wilkinson D. Orderly theories, disorderly women. In Jones GW, Caldwell JC, Douglas RM, et al., eds. The Continuing Demographic Transition. Oxford: Clarendon Press, 1997.

Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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Last Updated: 09 Jul 2003

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