En el noreste de Tailandia, los datos epidemiológicos
indican que la prevalencia de infecciones graves del aparato reproductor (IAR)
entre las mujeres es relativamente baja, como lo es la incidencia de cáncer
cervicouterino. Otra noticia, al parecer buena, es que a muchas mujeres se
les hace el frotis de Papanicolaou, debido en parte a una campaña de
promoción de ese tipo de prueba para detectar el cáncer cervicouterino.
Sin embargo, la salud reproductiva de las mujeres
del noreste de Tailandia es mucho más compleja de lo que parece para
basarse únicamente en datos epidemiológicos. Según una encuesta
comunitaria realizada en 1997 y 1998 por investigadores de la Universidad
de Mahidol, en Tailandia, y la Universidad de Arizona, en los EE.UU., había
un porcentaje elevado de síntomas ginecológicos notificados por las
mujeres en edad reproductiva de la provincia rural de Kohn Kaen del
noreste de Tailandia. El 70 por ciento de las encuestadas habían
notificado esos síntomas en los dos años anteriores, y entre el 58 y el
71 por ciento de esas quejas eran recurrentes. Además, los métodos de
investigación cualitativa que usaron los investigadores indicaron que
esos síntomas eran motivo de gran preocupación para las mujeres y
afectaban enormemente su comportamiento relacionado con la salud, el uso
de medicamentos, las relaciones sexuales y su tranquilidad mental. Los
investigadores llegaron a la conclusión de que esas reacciones a los síntomas
ginecológicos, estuviesen o no relacionados con IAR clínicamente
detectables, eran en sí una cuestión de salud importante.1
Los investigadores citaron el estudio como ejemplo
ilustrativo de la razón por la cual la investigación de alta calidad en
ciencias sociales es un complemento importante de la investigación
epidemiológica de alta calidad sobre las IAR y un enfoque basado en las
pruebas con respecto a la prestación de atención de salud.
Los investigadores declararon: «Las infecciones
del aparato reproductor en las mujeres son un campo difícil de estudio e
intervención. Con frecuencia, son asintomáticas, difíciles de
diagnosticar incluso cuando hay síntomas, son objeto de estigma con
frecuencia y, por lo tanto, no es fácil hablar de ellas en las encuestas
ni cuando se registra la historia clínica, además son problemáticas
cuando se trata de recopilar datos epidemiológicos debido al carácter
invasivo y al malestar personal relacionados con los exámenes ginecológicos.
Una consecuencia de esas dificultades es que los diferentes métodos —
entre ellos, las encuestas de síntomas autonotificados, los exámenes clínicos
y las evaluaciones de laboratorio — que se emplean para obtener datos sólo
obtienen información parcial y, por lo tanto, tienden a producir
diferentes imágenes de la índole y el alcance de los problemas de salud
de las mujeres en una población dada».
En la encuesta comunitaria participó una muestra
de 1.028 mujeres en edad reproductiva. Las mujeres, originarias de 16
aldeas de tres distritos de la provincia de Khon Kaen, fueron
seleccionadas de modo que reflejaran la estructura etaria de la provincia.
Su estado civil era diverso, como también la actividad económica que
desempeñaban. La encuesta reveló los informes de quejas ginecológicas
de las mujeres, su asistencia a la clínica para el frotis de Papanicolaou,
la automedicación y el uso de los servicios de salud cuando tenían
problemas ginecológicos. Esa investigación inicial fue seguida de dos
meses de investigación cualitativa mediante una combinación de
actividades: observación de las participantes, entrevistas estructuradas
y semiestructuradas y charlas de enfoque con las mujeres en edad
reproductiva procedentes de seis aldeas en distritos que en un principio
habían sido encuestados. Otro mes de investigación cualitativa en las
mismas seis aldeas produjo historias de casos detallados de 50 mujeres que,
por iniciativa propia, habían notificado problemas ginecológicos crónicos
o recurrentes. Las mujeres casadas que habían notificado síntomas
recurrentes en la encuesta inicial fueron seleccionadas para hacerles
entrevistas a fondo. Se realizaron otras entrevistas con los hombres en
torno a los problemas ginecológicos de las mujeres, como también las
percepciones y los comportamientos relacionados con las infecciones de
transmisión sexual (ITS). La información relativa a la disponibilidad de
medicamentos, las tendencias de compra de medicinas para problemas ginecológicos
y la comercialización de medicamentos se obtuvo mediante entrevistas y
documentación en las farmacias y tiendas de abarrotes de las aldeas. Por
último, durante un mes se realizaron investigaciones de los servicios de
salud que abarcaron entrevistas al salir en hospitales y clínicas, como
también entrevistas a fondo con los proveedores de salud.
Según las investigaciones, lo que más preocupaba
a las mujeres era que los síntomas ginecológicos fuesen señal de
problemas que producirían cáncer cervicouterino. (De las 50 mujeres que
durante las entrevistas a fondo notificaron síntomas abdominales y
ginecológicos recurrentes, 49 creían que los síntomas podrían dar
lugar a cáncer.) Debido en parte a la campaña intensiva de análisis e
información relativa al cáncer cervicouterino en la región, las mujeres
estaban bastante familiarizadas con la enfermedad y muchas de ellas creían
erróneamente que era bastante común. Las mujeres consideraron que la
incidencia de cáncer cervicouterino era hasta 500 veces superior a la
incidencia real de 28 casos por 100.000 mujeres.
| Pimpawun Boonmongkon/Mahidol
University |
 |
| Una funcionaria en un
dispensario de salud reproductiva rural en la provincia de Khon
Kaen, Tailandia Oriental, atiende a una paciente en una cita de
seguimiento. |
Motivadas por el temor al cáncer cervicouterino y
el estigma relacionado con los problemas ginecológicos, el 80 por ciento
de las 1.028 encuestadas trataron de curarse ellas mismas cuando se les
manifestaron esos problemas, cuya causa les era a menudo desconocida. La
disponibilidad inmediata de antibióticos facilitó el autotratamiento. En
50 estudios de casos a fondo, las mujeres notificaron con frecuencia el
uso de tetraciclina, que es un tratamiento médico inapropiado para muchos
problemas ginecológicos, como las infecciones causadas por Candida.
En realidad, el uso de antibióticos empeora ese tipo de infecciones.
Si los síntomas persistían, las mujeres
solicitaban frecuentemente ayuda en los centros de salud pública. La
encuesta comunitaria reveló que aproximadamente dos terceras partes de
las mujeres dijeron que primero habían visitado los centros de salud pública.
Las investigaciones cualitativas indicaron que en esos lugares la mayor
parte del tratamiento era inadecuado desde el punto de vista médico. Los
proveedores mismos decían que estaban mal capacitados y equipados para
diagnosticar y tratar a las pacientes que aquejaban de trastornos ginecológicos.
En general, si los síntomas persistían, las mujeres eran remitidas al
hospital de distrito, donde generalmente se les hacía el frotis de
Papanicolaou. Mientras tanto, otras mujeres buscaban por su cuenta el
frotis de Papanicolaou (usualmente, porque les preocupaba el flujo vaginal
y el cáncer), lo cual hacía aumentar las tasas de frotis de Papanicolaou
recopiladas en los datos epidemiológicos. Si bien el frotis podía
eliminar el temor al cáncer cervicouterino, pocas mujeres recibían lo
que quizás necesitaban más: información acerca de los síntomas de las
IAR y tratamiento de las mismas, que podían manejarse fácilmente, e
incluso curarse.
En las entrevistas a fondo, muchas mujeres dijeron
que durante largo tiempo, y a veces años, habían sufrido síntomas
ginecológicos dolorosos y desagradables. Mientras tanto, muchas vivían
con el temor de que esos síntomas culminarían en cáncer e incluso la
muerte. Algunas mujeres pensaban que su condición se convertiría en cáncer
cervicouterino más rápidamente si tenían relaciones sexuales. Por lo
tanto, podían seguir teniendo relaciones sexuales que se habían
convertido dolorosas y aterradoras o evitarlas. Las mujeres consideraban
que era arriesgado no tener relaciones sexuales, ya que sus compañeros
podían verse tentados a tener relaciones extramaritales y luego contraer
infecciones de transmisión sexual graves, incluido el VIH/SIDA.
De la investigación a la práctica
Esta investigación ha dado lugar a varias
intervenciones piloto en el campo de la salud femenina en la provincia de
Khon Kaen, entre ellas las siguientes:
-
La elaboración de materiales educativos que
abordan las cuestiones de salud que plantearon las participantes en la
investigación. Esos materiales se sometieron a pruebas preliminares y
se distribuyeron a las mujeres de las zonas rurales en los puestos de
salud rurales y en los consultorios de salud públicos.
-
La capacitación de voluntarios de salud
locales para que transmitan a sus vecinos mensajes relacionados con la
salud sexual y reproductiva y promuevan el diálogo en toda la aldea
relativo a cuestiones de salud sexual y de género. Hasta la fecha, 16
voluntarios de salud reproductiva han recibido capacitación para
transmitir esos mensajes de salud a sus vecinos y ver con ellos
material educativo pertinente.
-
La capacitación de enfermeras en los puestos
de salud rurales y los hospitales de distrito para realizar exámenes
físicos y entrevistas que tengan en cuenta el aspecto cultural,
abordar los temores locales relativos al cáncer cervicouterino, y
diagnosticar y tratar los problemas rutinarios de infecciones del
aparato reproductor. Un estudio de observación en curso indica que
esta capacitación ha hecho que mejore de varias formas la calidad de
la atención. Ha mejorado la comunicación de las enfermeras con los
pacientes; se mantienen registros de estudios de casos detallados de
las mujeres que tienen problemas crónicos o recurrentes; se ha
establecido un mejor sistema de remisión; y el tiempo de espera de
los resultados del frotis de Papanicolaou ha disminuido de
aproximadamente dos o tres meses a menos de un mes.2
— Kim Best
Referencias
- Boonmongkon P, Nichter M, Pylypa J. Mot Luuk
problems in northeast Thailand: why women’s own health concerns
matter as much as disease rates. Soc Sci Med
2001;53(8):1095-112.
- Boonmongkon P, Nichter M, Pylypa J, et al. Women’s
health in northeast Thailand: working at the interface between the
local and the global. Women Health 2002;35(4):59-80.