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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

Abstinencia: Una opción para los adolescentes

El asesoramiento de los adolescentes debe incluir la abstinencia y el uso de métodos anticonceptivos.

Network en español: 2002, Vol. 22, No. 1

Todos los derechos reservados, Family Health International, 2002. 
Network
es reimpresa con autorización de Family Health International.

Las pruebas de que la abstinencia puede haber desempeñado una función importante en la reducción de la infección por el VIH en Uganda1 han renovado el interés en la promoción de este método de protección contra el embarazo no planificado, la infección por el VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

La abstinencia ofrece a los adolescentes, en particular, varias ventajas. Los jóvenes son vulnerables al embarazo no planificado, pero a menudo se les dificulta obtener anticonceptivos. La abstinencia sexual no requiere suministros ni visitas clínicas. Y la abstinencia completa es la forma más eficaz de protegerse contra el embarazo y las ITS.

Sin embargo, en la práctica, abstenerse de las relaciones sexuales tiende a ser menos eficaz que muchos métodos anticonceptivos porque la abstinencia total requiere fuerte motivación, control de sí mismo y compromiso. (Véase el cuadro Consideraciones de anticoncepción para adolescentes.) Del mismo modo, muchas cuestiones relativas a la abstinencia sexual siguen sin respuesta. ¿Cómo se puede promover? Incluso, ¿cómo se puede definir? Existe controversia en torno a programas que promueven la abstinencia como el único método de protección contra el embarazo no planificado y las ITS, y todavía se desconoce la eficacia de tales programas.

Entretanto, los datos de muchos países indican que los programas integrales de salud sexual que promueven la abstinencia, al tiempo que proporcionan información médica exacta acerca de la anticoncepción y el uso del condón pueden hacer reducir la actividad sexual de los jóvenes. Tales programas también pueden hacer aumentar el uso del condón y de otros anticonceptivos en los jóvenes que tienen una vida sexual activa.2

El doctor Roberto Rivera, director de la Oficina de Ética de la Investigación Internacional de FHI y autor principal de un informe especial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) relativo a la anticoncepción en los adolescentes, opina: «El asesoramiento de los adolescentes debe incluir información acerca de la abstinencia y del uso de métodos anticonceptivos.3 La Organización Mundial de la Salud establece que la edad por sí sola no constituye una razón médica para negarle un método anticonceptivo disponible a un adolescente. Muchos adolescentes — casados y solteros — tienen una vida sexual activa y tienen derecho a recibir información que les permita protegerse contra el embarazo no planificado y las ITS. Los proveedores deben ser conscientes de las necesidades especiales de los adolescentes para ayudarles a tomar decisiones bien informadas acerca de la anticoncepción».

Promoción de la abstinencia y la fidelidad en Uganda

La disminución sorprendente registrada en Uganda en la prevalencia de la infección por el VIH en el decenio pasado ha coincidido con aumentos considerables de la abstinencia sexual y una mayor fidelidad en las relaciones, según un análisis de datos de las encuestas Demográficas y de Salud de 1995 y 2000, y encuestas de comportamiento efectuadas por el Ministerio de Salud de Uganda en 1997, 2000 y 2001.4

En 1996, Uganda fue el primer país africano que notificara una disminución considerable de las tasas nacionales de infección por el VIH.5 En los años 90, la proporción de mujeres que tuvieron pruebas positivas del VIH en clínicas de atención prenatal (población que se considera bastante representativa de la población adulta) bajó de 21 a 6 por ciento.6

Al mismo tiempo, en las encuestas Demográficas y de Salud y del Ministerio de Salud, una proporción superior de entrevistados notificaron ser fieles a sus compañeros, tener menos compañeros sexuales, abstenerse de relaciones sexuales o aplazar el inicio de la vida sexual, comparados con los entrevistados que notificaron el uso o el inicio del uso de condones. Aproximadamente uno de cinco hombres y mujeres de Uganda dijo que nunca había usado un condón, mientras que sólo entre 5 y 9 por ciento notificaron tener compañeros «no habituales» — lo cual indica el grado de fidelidad a un compañero o a compañeros habituales. Entre 25 y 35 por ciento dijeron que se habían abstenido de relaciones sexuales.7

Esta elevada tasa de abstinencia sexual se debe principalmente al número cada vez mayor de ugandeses jóvenes que aplazan su primera relación sexual. A nivel nacional, la proporción de personas de 15 a 19 años de edad que notificaron que «nunca habían tenido relaciones sexuales» aumentó de 31 a 56 por ciento en los hombres jóvenes y de 26 a 46 por ciento en las mujeres jóvenes de 1989 a 1995.8 Un estudio efectuado en los principales distritos urbanos de Kampala y Jinja, Uganda, reveló un aplazamiento de dos años del inicio de la vida sexual en las personas de 15 a 24 años de edad entre 1989 y 1995.9 La tasa cada vez mayor de abstinencia sexual fue incluso más sorprendente en las adolescentes más jóvenes encuestadas en el Distrito de Soroti, Uganda. La proporción de estudiantes de 13 a 14 años de edad de ese lugar que notificaron que «nunca habían tenido relaciones sexuales» aumentó de 39 a 95 por ciento en los muchachos y de 66 a 98 por ciento en las jovencitas entre 1994 y 2001.10 (Ver cuadro Aumento en el inicio de relaciones sexuales).

El éxito sin precedentes de Uganda en el control de la infección por el VIH se ha atribuido al fuerte liderazgo del gobierno y a su enfoque «ABC» relativo a la prevención de la infección por el VIH. Desde finales de los años 80, los programas de prevención de la infección por el VIH gubernamentales y no gubernamentales han instado a los ugandeses a lo siguiente: Abstenerse de tener relaciones sexuales, Basar las relaciones en fidelidad al compañero, o — si no pueden aplicar la «A» o la «B» — deben usar Condones.

Para comprender mejor el efecto de cada una de estas estrategias de prevención en Uganda, Zambia y otros países, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) está financiando un «Estudio ABC» de dos etapas. El estudio, dirigido por la Facultad de Salud Pública de Harvard, MEASURE Evaluation, Population Services International y la Oficina del Censo de Estados Unidos, empezará con un análisis a fondo de los datos para evaluar el cambio de comportamiento «ABC» y su efecto en la prevalencia de la infección por el VIH en países donde las tasas de infección han disminuido y en países donde no lo han hecho.

El estudio también analizará el efecto del cambio de comportamiento «ABC» en la fertilidad. En Uganda, donde el número promedio de hijos por familia es siete,11 el comportamiento de riesgo reducido no parece haber influido en la fertilidad.

El debate relativo a la práctica de la abstinencia solamente

Muchos expertos respaldan una estrategia integral, por ejemplo el enfoque «ABC» de Uganda, como la forma más eficaz de prevenir la infección por el VIH y otras ITS o el embarazo no planificado en los jóvenes. Otros apoyan la promoción de la abstinencia solamente, y dicen que al enseñar a los jóvenes la abstinencia y el uso del condón o de otros anticonceptivos se transmite un mensaje contradictorio y los anima a tener una vida sexual activa.

Aumento en el Inicio de Relaciones Sexuales
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La promoción de la abstinencia se ha tornado en la estrategia principal del gobierno federal para prevenir el embarazo en las adolescentes y la infección por el VIH en Estados Unidos, donde el gobierno proporciona $100 millones al año para la educación relativa a la abstinencia solamente. Se exige a las escuelas, los programas para los jóvenes y las campañas que reciben dichos fondos que enseñen que las relaciones sexuales fuera del matrimonio pueden tener «efectos psicológicos y físicos perjudiciales». También se les prohibe que den información acerca de la anticoncepción, salvo las tasas de fracaso de los métodos.12 En un análisis reciente de programas estadounidenses dirigidos a reducir el embarazo en las adolescentes, el doctor Douglas Kirby de ETR Associates, con sede en California, encontró tres estudios basados en un diseño experimental o cuasiexperimental que evaluaban el efecto de los programas que promovían la abstinencia solamente. Ninguno de los estudios halló efecto alguno en el comportamiento sexual, pero el doctor Kirby advierte que los programas evaluados no reflejan la diversidad de dichos programas.13

Para llegar a una respuesta concluyente en cuanto a si la estrategia de la abstinencia sola es eficaz se necesitarán estudios más amplios y más rigurosos que los que se han llevado a cabo hasta la fecha.14 Un estudio de ese tipo, que se está realizando para el Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos, es una evaluación de cinco años de 11 programas que promueven la abstinencia sola. Los resultados relativos a los efectos a corto plazo de los programas estarán disponibles en 2003.15

Entretanto, dos análisis importantes han examinado el efecto que tiene en el comportamiento la educación integral de salud sexual y cuestiones relacionadas con el VIH. Uno de ellos examinó 67 estudios experimentales y cuasiexperimentales realizados en Estados Unidos. El otro examinó 47 estudios publicados de más de ocho países, incluidos 11 estudios de intervención controlados. Ambos análisis observaron que la educación sexual integral no conduce a una mayor actividad sexual en los adolescentes. En realidad, algunos estudios revelaron que ésta había hecho aumentar la edad en que se iniciaba la vida sexual, reducir la frecuencia de las relaciones sexuales y convencer a los jóvenes para que tuvieran menos compañeros sexuales.16

¿Qué es la abstinencia?

La ley estadounidense que estableció los programas de educación que promueve la abstinencia solamente define dichos programas pero no define la abstinencia misma.17 Algunos programas de abstinencia sola han elaborado sus propias definiciones de los tipos de actividad sexual que deben evitarse hasta el matrimonio. Otros no definen el término, por considerar que la descripción de los comportamientos de los que hay que abstenerse violaría la inocencia de los niños y les proporcionaría un manual de instrucciones de comportamiento sexual.18

Pero estudios efectuados en varios países indican que sin esa información, es posible que los jóvenes concluyan que el acto sexual vaginal es el único comportamiento sexual que plantea riesgos. Es posible que tengan otros comportamientos sexuales que los hace correr algún riesgo — si no un riesgo mayor — de contraer el VIH y otras ITS.

Unas jóvenes entrevistadas para un estudio en Mauricio describieron una práctica conocida como dans bords (sexo leve), que consiste en frotar el pene contra la vagina y leve penetración, pero que no se considera coito porque no causa sangrado ni dolor. En charlas de grupos de enfoque y entrevistas llevadas a cabo en Brasil y Guatemala, los jóvenes notificaron que algunos de sus amigos practicaban el coito anal para proteger la virginidad de la jovencita y prevenir la concepción.19 Varias encuestas han revelado tasas elevadas de coito anal heterosexual en los jóvenes, desde 9 hasta 38 por ciento en las adolescentes de zonas urbanas de bajos ingresos en Estados Unidos, hasta 12 por ciento en estudiantes universitarias de Togo y hasta 44 por ciento en estudiantes universitarios de sexo masculino de Puerto Rico. Estudios de la transmisión heterosexual del VIH han identificado el coito anal como el factor de riesgo predictivo más fuerte de la infección por el VIH.20

A diferencia del coito anal o vaginal, el oral plantea muy poco riesgo de transmisión del VIH.21 Sin embargo, otras ITS, incluidas las infecciones por el virus del papiloma humano, el virus de herpes simplex y hepatitis B, la gonorrea, la sífilis y la clamidiasis, pueden transmitirse por vía oral.22 Los datos relativos al coito oral en los jóvenes son escasos. El único estudio representativo a nivel nacional que ha examinado esta cuestión no observó ningún aumento de la experiencia con el coito oral en los adolescentes estadounidenses de 15 a 19 años de edad entre 1988 y 1995.23 Pero informes anecdóticos indican que los adolescentes estadounidenses están empezando a tener coito oral a edades más tempranas.24

De la controversia al consenso

 
Manual del facilitador para currículos de salud reproductiva de los jóvenes, elaborado por la Ashe Caribbean Performing Foundation de Jamaica y FHI.
Hablar a los jóvenes acerca del acto sexual no vaginal puede suscitar controversia en todo el mundo. En Jamaica, por ejemplo, la oposición a una definición del acto sexual usada en el manual del facilitador para un currículo, elaborado por la Ashe Caribbean Performing Foundation y FHI, puso en peligro un programa escolar de educación para la vida familiar que era muy prometedor. Algunos líderes religiosos y comunitarios temían que la inclusión del coito anal en esta definición del acto sexual promovía la homosexualidad.

En respuesta a ello, el Ministerio de Educación reunió a líderes políticos y religiosos, educadores, especialistas en desarrollo infantil y representantes de organizaciones no gubernamentales para que examinaran y revisaran el manual del facilitador. Después de muchos debates, el grupo convino en una definición que incluía el coito anal pero que también tenía en cuenta inquietudes locales, al hacer hincapié en que muchas personas definen el acto sexual como el coito vaginal.

Este proceso de establecimiento de un consenso tuvo efectos positivos en los programas de salud reproductiva de los jóvenes en Jamaica, dice Hally Mahler, de FHI, quien editó el manual y participó en las reuniones de revisión. Mahler es la coordinadora de la labor de participación de los jóvenes y de comunicación para cambios de comportamiento en YouthNet, programa apoyado por la USAID y coordinado por FHI para mejorar la salud reproductiva y prevenir la infección por el VHI/SIDA en los jóvenes.

Mahler declara: «En retrospectiva, fue lo mejor que pudo haberle ocurrido al programa. Una coalición multisectorial de personas influyentes abordaron a los riesgos que corren los jóvenes de Jamaica y llegaron al consenso de que, dada la presencia del VIH en el mundo y las múltiples definiciones distintas que los jóvenes dan al acto sexual, no se puede dejar de lado el coito anal».

Ofrecer opciones

La palabra «abstinencia» a veces tiene connotaciones negativas, en parte porque muchos de los que propugnan la abstinencia antes del matrimonio también se oponen a hablar de la anticoncepción, del uso del condón o de otras actividades aparte del acto sexual, como la masturbación. Sin embargo, la abstinencia puede ser un concepto importante y que empodera si se incluye dentro del contexto de varias opciones para proteger la salud reproductiva en una relación íntima.

El manual jamaiquino ayuda a los facilitadores a dirigir charlas acerca de las formas de demostrar afecto en una relación, desde tomarse de las manos y besarse hasta tener relaciones sexuales. Al instar a los jóvenes a que esperen hasta estar preparados física y emocionalmente para tener una vida sexual activa, el manual describe tres opciones: abstinencia, acto sexual con protección y «recuperación» de la virginidad.25

Joseph Robinson, director de Ashe, quien redactó el manual del facilitador, opina: «Algunas personas creen que una vez que han empezado el acto sexual, no pueden parar. Pero les decimos que sí pueden parar».

— Kathleen Henry Shears

Referencias

  1. Green E. What are the lessons from Uganda for AIDS prevention? What Happened in Uganda? [panel discussion]. U.S. Agency for International Development, Washington, February 5, 2002.
  2. Grunseit A, Kippax S, Aggleton P, et al. Sexuality education and young people’s sexual behavior: a review of studies. J Adol Res 1997;12(4):421-53; Kirby D. Emerging Answers: Research Findings on Programs to Reduce Teen Pregnancy. Washington: National Campaign to Prevent Teen Pregnancy, 2001.
  3. Rivera R, Cabral de Mello M, Johnson SL, et al. Contraception for adolescents: social, clinical and service-delivery considerations. Int J Gynaecol Obstet 2001;75(2):149-63.
  4. Green.
  5. Okware S, Opio A, Musinguzi J, et al. Fighting HIV/AIDS: is success possible? Bull WHO 2001;79(12):1113-20.
  6. Green.
  7. Green.
  8. World Bank. Uganda: The Sexually Transmitted Infections Project. Findings. Washington: World Bank, 1999.
  9. Asiimwe-Okiror G, Opio AA, Musinguzi J, et al. Change in sexual behaviour and decline in HIV infection among young pregnant women in urban Uganda. AIDS 1997;11(14):1757-63.
  10. Green.
  11. Uganda Bureau of Statistics, ORC Macro. Uganda Demographic and Health Survey 2000-2001: Final Report. Calverton, MD: Uganda Bureau of Statistics and ORC Macro, 2001.
  12. Dailard C. Abstinence promotion and teen family planning: the misguided drive for equal funding. Guttmacher Rep 2002;5(1):1-3.
  13. Kirby.
  14. Devaney B, Johnson A, Maynard R, et al. The Evaluation of Abstinence Education Programs Funded under Title V Section 510: Interim Report. Princeton: Mathematica Policy Research, Inc., 2001; Kirby; Satcher D. The Surgeon General’s Call to Action to Promote Sexual Health and Responsible Sexual Behavior. Rockville, MD: Office of the Surgeon General, 1991.
  15. Devaney.
  16. Grunseit; Kirby.
  17. Sonfield A, Gold RB. States’ implementaton of the Section 510 abstinence education program, FY 1999. Fam Plann Perspect 2001;33(4):166-71.
  18. Remez L. Oral sex among adolescents: is it sex or is it abstinence? Fam Plann Perspect 2000;32(6):298-304.
  19. Weiss E, Whelan D, Rao Gupta G. Gender, sexuality and HIV: making a difference in the lives of young women in developing countries. Sex Rel Ther 2000;15(3):233-45.
  20. Halperin DT. Heterosexual anal intercourse: prevalence, cultural factors, and HIV infection and other health risks, part I. AIDS Patient Care STDs 1999;13(13):717-30.
  21. Dailard.
  22. Edward S, Carne C. Oral sex and the transmission of non-viral STIs. Sex Trans Inf 1998;74(1):6-10; Edwards S, Carne C. Oral sex and the transmission of non-viral STIs. Sex Trans Inf 1998;74(2):95-100.
  23. Gates GJ, Sonenstein FL. Heterosexual genital sexual activity among adolescent males: 1988 and 1995. Fam Plann Perspect 2000;32(6):295-97, 304.
  24. Remez.
  25. Robinson J. Preparing for the VIBES in the World of Sexuality (revised). Kingston, Jamaica: Ashe Caribbean Performing Foundation, 2001.
Consideraciones de anticoncepción para adolescentes
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La exposición al riesgo suele ser mayor ahora

Dado que las jovencitas empiezan su vida sexual a una edad más temprana y contraen matrimonio a una edad más avanzada en muchos países, éstas corren durante más tiempo el riesgo de quedar embarazadas sin haberlo planificado y de contraer infecciones de transmisión sexual (ITS).1 Teniendo en cuenta las consecuencias de salud pública que tiene esta vulnerabilidad cada vez mayor, muchos expertos afirman que los programas de salud reproductiva deben dar prioridad a las necesidades de las adolescentes.

Los datos relativos a los jóvenes de 10 a 19 años de edad de los países en desarrollo no son lo suficientemente fiables para sacar conclusiones bien fundadas acerca de las tendencias de su comportamiento sexual antes del matrimonio.2 Pero los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud indican la presencia de una brecha cada vez mayor entre la edad en que se tiene la primera relación sexual y la edad en que se contrae el primer matrimonio en 32 de los 37 países encuestados en todas las regiones del mundo en desarrollo, lo cual indica que las relaciones sexuales premaritales están aumentando en toda África al sur del Sahara y en la mayoría de los países de otras regiones.3 En Estados Unidos, la brecha entre la edad en que se inicia la vida sexual y la edad en que se contrae matrimonio aumentó en más de 30 por ciento en los años 80.4 En general, las mujeres de los Estados Unidos actualmente inician su vida sexual aproximadamente siete años antes de contraer matrimonio y tienen una vida sexual activa durante casi la cuarta parte de su vida reproductiva antes de tener un hijo.5

El inicio de la vida sexual a edades más tempranas hace aumentar el riesgo de contraer ITS en los hombres y las mujeres jóvenes porque cuanto más tiempo tiene una persona relaciones sexuales antes de contraer matrimonio, mayores serán las probabilidades de que el número de compañeros sexuales sea más elevado.6 Posponer el matrimonio puede ofrecer oportunidades educacionales y vocacionales a las jóvenes,7 pero la postergación del matrimonio combinada con más relaciones sexuales premaritales en las adolescentes hacen que éstas corran un riesgo mayor de embarazos no planificados, abortos en condiciones de riesgo e ITS, incluido el VIH.8

El riesgo que corren las adolescentes que tienen una vida sexual activa de quedar embarazadas y de contraer ITS ya es elevado. Estas tienen menos probabilidades que las mujeres adultas de usar condones y otros anticonceptivos, y más probabilidades de fracaso de los anticonceptivos.9 (También tienen más probabilidades de recurrir a abortos en condiciones de riesgo si deciden poner fin a un embarazo no planificado.10) Las adolescentes corren más riesgo de contraer ITS que las mujeres de más edad debido a características biológicas particulares que las hacen más susceptibles a dichas infecciones, y porque tienen menos probabilidades de negarse a tener relaciones sexuales por coacción o de negociar el uso del condón.11

Atender a los adolescentes que tienen necesidades diferentes

La mayoría de las personas de todo el mundo tienen su primera experiencia sexual — que puede tener repercusiones de toda la vida en su salud sexual y reproductiva — antes de cumplir 20 años de edad.12 El doctor Malcolm Potts, presidente emérito de FHI y catedrático Bixby de la Universidad de California, Berkeley, EE.UU., y sus colegas afirman en sus escritos que las etapas más tempranas de la vida sexual de los hombres y las mujeres son tan importantes para la salud pública que los países que tienen escasos recursos médicos deben dedicar la mayoría de dichos recursos a la protección de la salud sexual y reproductiva de los jóvenes. Proponen que los programas públicos de salud reproductiva centren la atención en proporcionar educación, asesoramiento y otros servicios para los adolescentes y los adultos jóvenes en dos etapas especiales de su vida sexual: cuando todavía no han iniciado su vida sexual activa, y cuando tienen una vida sexual activa pero todavía no desean tener hijos. Entretanto, se esperaría que los programas de mercadeo social y los proveedores privados satisfagan las necesidades de la mayoría de las mujeres en otras dos etapas de su vida reproductiva: cuando planean tener un hijo o más hijos, y mientras son fértiles pero no desean tener más hijos.13

Del mismo modo en que las prioridades de los adultos en materia de anticoncepción y protección contra las ITS cambian a lo largo de su vida reproductiva, las necesidades de salud reproductiva de los jóvenes cambian a medida que avanza la adolescencia. Los niños de 10 años de edad necesitan información acerca de los cambios que experimentarán al comienzo de la pubertad, mientras que los adolescentes de más edad tal vez necesiten protección contra embarazos no planificados e ITS.

Los adolescentes no constituyen un grupo homogéneo. Por consiguiente, los expertos recomiendan que se adapten la educación, el asesoramiento y otros servicios de salud reproductiva para los jóvenes que tienen diferentes tipos de experiencias. Aqui aparecen dos jóvenes en un mercado de la ciudad de Guatemala, Guatemala.

Al reconocer que los adolescentes no constituyen un grupo homogéneo, Jane Hughes del Population Council, con sede en Nueva York, y la doctora Anne McCauley del Centro de Investigación de la Mujer, con sede en Washington, han sugerido que se adapten programas para responder a las necesidades de los jóvenes que están en tres situaciones diferentes: los que todavía no tienen vida sexual activa, los que tienen vida sexual activa y no han sufrido consecuencias perjudiciales para su salud a causa de su vida sexual, y los que han tenido experiencias sexuales que han acarreado consecuencias perjudiciales para su salud, como complicaciones a causa del aborto o las ITS. Al observar que la mayoría de los proveedores atienden principalmente a los jóvenes que pertenecen al tercer grupo, la señora Hughes y la doctora McCauley señalan la necesidad de hacer más hincapié en la educación, el asesoramiento y los servicios en materia de salud reproductiva para los adolescentes que pertenecen a los dos primeros grupos.14 Esta estrategia está respaldada por las investigaciones que demuestran que la educación relativa a la vida familiar y otros programas dirigidos a prevenir el embarazo en las adolescentes y las ITS son más eficaces cuando llegan a los jóvenes antes de que estos inicien su vida sexual.15

— Kathleen Henry Shears

Referencias

  1. Mensch B, Bruce J, Greene M. The Uncharted Passage: Girls’ Adolescence in the Developing World. New York: Population Council, 1998.
  2. Mensch.
  3. Blanc AK, Way AA. Sexual behavior and contraceptive knowledge and use among adolescents in developing countries. Stud Fam Plann 1998;29(2):106-16.
  4. Forrest JD, Cates W. Stages of women’s reproductive life: impact on contraceptive choice. In Hazeltine FP, LaGuardia K, eds. Opportunities in Contraception: Research and Development. Washington: American Association for the Advancement of Science, 1993.
  5. Forrest JD. Timing of reproductive life stages. Obstet Gynecol 1993;82(1):105-11.
  6. Alan Guttmacher Institute. Into a New World: Young Women’s Sexual and Reproductive Lives. New York: Alan Guttmacher Institute, 1998.
  7. Singh S. Adolescent childbearing in developing countries: a global review. Stud Fam Plann 1998;29(2):117-36.
  8. Population Reference Bureau. The World’s Youth 2000. Washington: Population Reference Bureau, 2000.
  9. Blanc.
  10. Ipas. Children, Youth and Unsafe Abortion. Chapel Hill, NC: Ipas, 2001. Available: http://www.ipas.org/arch/pdf/FACTunsafeab%20.pdf.
  11. Alan Guttmacher Institute.
  12. Mensch.
  13. Potts M, Rooks J, Holt BY. How to improve family planning and save lives using a stage-of-life approach. Int Fam Plann Perspect 1998;24(4):195-97.
  14. Hughes J, McCauley AP. Improving the fit: adolescents’ needs and future programs for sexual and reproductive health in developing countries. Stud Fam Plann 1998;29(2):233-45.
  15. Frost JJ, Forrest JD. Understanding the impact of effective teenage pregnancy prevention programs. Fam Plann Perspect 1995;27(5):188-95; Grunseit A, Kippax S, Aggleton P, et al. Sexuality education and young people’s sexual behavior: a review of studies. J Adol Res 1997;12(4):421-53; Kirby D. School-based programs to reduce sexual risk-taking behaviors. J School Health 1992;62(7):280-87; Stanton B, Li X, Kahihuata J. Increased protected sex and abstinence among Namibian youth following a HIV risk-reduction intervention: a randomized, longitudinal study. AIDS 1998;12(18):2473-80.

 

LenteJoven: Se amplían los servicios de asesoramiento y prueba relativos al VIH para los jóvenes

Estudios recientes indican que muchos jóvenes de los países donde la prevalencia del VIH es elevada desean saber su estado relativo al VIH y los expertos consideran que los servicios de asesoramiento y prueba voluntarios (APV) para los jóvenes son una manera útil de abordar las necesidades que estos tienen de prevención y asistencia relativas al VIH. Sin embargo, tales servicios son limitados y se requiere más investigación para determinar su impacto.

Dado que uno de cada dos nuevos casos de infección por el VIH ocurre en jóvenes de algunos países,1 es importante centrar la atención en los jóvenes, opina Deborah Boswell, experta en servicios de atención y apoyo relativos al VIH/SIDA de FHI, quien ayudó a elaborar servicios de APV en Zambia.

En su labor en nombre del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Boswell y sus colegas de FHI compilaron recientemente una guía de referencia relativa a APV y las necesidades de los jóvenes, los niños, las mujeres embarazadas y sus compañeros.2 Entre las cuestiones clave que tienen que ver con los jóvenes figuran el nivel de la demanda de servicios de APV, el efecto que tienen los servicios de APV en su comportamiento y los retos programáticos que incluyen asuntos legales y de ética, asesoramiento adecuado y apoyo continuo.

Demanda de servicios

En Encuestas Demográficas y de Salud de Kenia y Zimbabwe, más del 60 por ciento de unos 6.000 hombres y mujeres entre 15 a 19 años de edad que no habían recibido servicios de APV notificaron que deseaban que les hicieran pruebas.3 En otra encuesta en la que participaron hombres y mujeres entre 14 a 21 años, aproximadamente 90 por ciento de 210 ugandeses y 75 por ciento de 122 participantes de Kenia que dijeron que no habían recibido servicios de APV notificaron que deseaban que se les hiciera las pruebas.4 Sin embargo, en estos y otros estudios a algunos jóvenes temían las pruebas. A algunos les preocupaba que los resultados de la prueba fuesen positivos. A otros les preocupaba que los resultados no se guardaran de manera confidencial, que pudieran perder a sus compañeros y que los servicios fueran costosos o se prestaran en lugares poco convenientes.

En un estudio realizado en Uganda con 369 jóvenes de 14 a 21 años de edad que solicitaron servicios de APV, las jóvenes que habían decidido hacerse la prueba tendían a hacerlo si iban a contraer matrimonio próximamente, si contaban con el apoyo del compañero y si sabían que su compañero estaba dispuesto a pagar por el servicio. Casi dos de cada tres jovencitas dijeron que el compañero las había animado a hacerse la prueba. En cambio, los muchachos tenían más probabilidades de decidir por sí mismos hacerse la prueba y de pagarla ellos mismos.5

Efecto de los servicios de APV

Parece ser que los servicios de APV pueden ayudar a los jóvenes a adoptar prácticas sexuales de menos riesgo e incluso a reducir las tasas de infecciones de transmisión sexual (ITS), pero se necesitan más investigaciones para determinar esto. En un ensayo aleatorio en el que participaron unos 4.000 adultos de Kenia, Tanzanía y Trinidad, la reducción de las relaciones sexuales no protegidas con compañeros secundarios fue considerablemente mayor en las personas que recibieron servicios de APV que en las que sólo recibieron información básica relativa al VIH.6 No se notificó por edad el impacto de las APV en el comportamiento. Pero en un análisis de un subgrupo de participantes del estudio, un tercio tenía 22 o menos años de edad y casi la mitad tenían 25 o menos años.7

En la encuesta llevada a cabo en Uganda y Kenia, la mayoría de las 240 personas que se hicieron la prueba dijeron que tenían intenciones de adoptar comportamientos sexuales de menos riesgo, como práctica de la abstinencia y monogamia, uso de condones y reducción del número de compañeros sexuales.8 Este estudio no midió el efecto de los servicios de APV en las tasas de infección por el VIH, pero un estudio realizado en Estados Unidos y en el que participaron más de 4.000 hombres y mujeres de 15 a 25 años de edad reveló que la incidencia de ITS disminuyó en las personas que habían tenido resultados negativos en la prueba del VIH. (Ésta no cambió en las personas que habían tenido resultados positivos.)9

Servicios que beneficien a los jóvenes

En los últimos 10 años, se han establecido cada vez más programas de APV para adultos, y tales programas han estado enfrentando problemas tales como la búsqueda de interesados, confidencialidad, estigma asociado con resultados positivos de la prueba, procedimientos de prueba y la importancia del asesoramiento antes y después de la prueba. Algunos de esos programas también han empezado a centrar la atención en los jóvenes.

Ejemplo de ello es el Centro de Información del SIDA en Uganda, el cual inicialmente ofrecía servicios de APV dirigidos a los adultos. Ahora tiene un área clínica especialmente diseñada para los jóvenes y ha elaborado un currículo para el asesoramiento de estos. El cambio ocurrió cuando el centro analizó los datos relativos a los clientes y se dio cuenta de que muchos jóvenes solicitaban servicios de APV. Jane Harriet Namwebya, funcionaria técnica de servicios de APV en FHI, quien dirigió el proyecto del Centro de Información del SIDA de Uganda antes de trasladarse a la oficina de FHI en Kenia, declara: «Empezamos a preguntarnos acerca de la manera de responder mejor a los retos que afrontan los jóvenes. ¿Necesitamos capacitar a los consejeros de jóvenes? ¿Qué dificultades afrontan los jóvenes en cuanto obtener acceso a los servicios? ¿Cómo podemos apoyarlos después de que les hayan hecho la prueba?»

 
La prueba del VIH puede hacerse rápidamente: se pincha el dedo para obtener una muestra de sangre que se analiza en 15 minutos.
Del mismo modo, en Kenia, el Centro Internacional para la Salud Reproductiva (ICRH), en colaboración con el Ministerio de Salud de Kenia y FHI, establecieron inicialmente nueve centros de servicios de APV en Mombasa, que ofrecían una prueba del VIH rápida y confidencial. (Se pincha el dedo para obtener una muestra de sangre, y una prueba rápida da los resultados en 15 minutos.) Al darse cuenta de que necesitaban tomar más medidas para beneficiar a los jóvenes, los directores del proyecto establecieron otros tres centros de asesoramiento en los que educadores capacitados de compañeros de la comunidad proporcionan información relativa al VIH. De ser apropiado, los consejeros capacitados luego trabajan con el joven para remitirlo a centros de servicios de APV.

Proyectos orientados a los jóvenes también están empezando a ofrecer servicios de APV. En Uganda, por ejemplo, el Centro de Información y Salud de Adolescentes de Naguru, que desempeña una importante labor de extensión mediante la radio, amplió sus servicios existentes de salud reproductiva de los jóvenes al incorporar el equipo de laboratorio y la capacitación necesarios para ofrecer servicios de APV también.

Retos programáticos

En esta labor ampliada para prestar servicios de APV a los jóvenes, los retos programáticos clave incluyen lo siguiente: confidencialidad, consentimiento de los padres, asesoramiento adecuado y apoyo continuo. A menos que los servicios de APV sean estrictamente confidenciales, los jóvenes (especialmente las mujeres) corren el riesgo — así como los adultos — de ser objeto de estigma, ser víctimas de violencia y ser rechazados por familiares o compañeros.

Uno de los retos clave de los programas es decidir si hacer participar a los padres de un(a) joven en el proceso de servicios de APV, en la aprobación de la realización de la prueba y en la notificación de los resultados. En Kenia, las directrices nacionales de servicios de APV publicadas en 2001 dicen que los «menores maduros» no necesitan el consentimiento de los padres. Los «menores maduros» incluyen a los jóvenes menores de 18 años de edad que «están casados, van a tener un hijo, son padres, tienen un comportamiento que los hace correr riesgo o son trabajadores menores del sexo comercial.»10

En los países donde no existe ese tipo de directrices formales, las normas de los organismos y cada consejero emplean diversos métodos para determinar si se necesita el permiso de los padres. El asesoramiento eficaz antes de la prueba debe explorar cuestiones como el apoyo con el que cuenta el (la) joven, determinar a quién le ha dicho que se va a hacer la prueba y a quién le haría conocer los resultados. A los jóvenes que se considera que tienen la madurez para aceptar los resultados de la prueba se les brinda la oportunidad de conocer su estado relativo al VIH y recibir apoyo y asesoramiento sin tener que informar a los padres al respecto para evitar el riesgo de sufrir consecuencias negativas.

En general, asesorar a los jóvenes requiere aptitudes especiales. Y el asesoramiento de los jóvenes acerca de la prueba del VIH plantea un reto aún mayor. Es importante ser imparcial y establecer una buena relación, y dar esperanzas a los jóvenes, especialmente a los que reciben resultados positivos. Namwebya dice: «Los consejeros deben recibir capacitación para abordar las necesidades de los jóvenes, las cuales son diferentes de las de los adultos. Los jóvenes que tienen resultados positivos respecto al VIH siguen teniendo ilusiones y muchos años por delante. ¿Qué va a pasar con sus ilusiones? ¿Por cuánto tiempo pueden mantener cambios de comportamiento? Debemos poder ayudarlos a afrontar su situación».

— William Finger

Finger trabaja en difusión de la información para YouthNet, programa quinquenal coordinado por FHI y financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional con miras a mejorar la salud reproductiva y prevenir la infección por el VIH/SIDA en los jóvenes. LenteJoven es una labor de YouthNet.

Referencias

  1. AIDS Epidemic Update. December 2001. United Nations Programme on HIV/AIDS. Available: http://www.unaids.org/epidemic_update/report_dec01/index.html#full.
  2. Boswell D, Baggaley R. Voluntary Counseling and Testing: A Reference Guide — Responding to the Needs of Young People, Children, Pregnant Women and their Partners. Arlington, VA: Family Health International, 2002.
  3. Kenya Demographic and Health Survey 1998. Calverton, MD: National Council for Population and Development and Macro International, Inc., 1999; Zimbabwe Demographic and Health Survey 1999. Calverton, MD: Central Statistical Office and Macro International, Inc., 2000.
  4. Horizons Program. HIV Voluntary Counseling and Testing among Youth: Results from an Exploratory Study in Nairobi, Kenya, and Kampala and Masaka, Uganda. Washington: Population Council, 2001.
  5. Juma M, McCauley A, Kirumira E, et al. Gender variations in uptake of VCT services among youth in Uganda. The XIV International Conference on HIV/AIDS, Barcelona, Spain, July 7-12, 2002.
  6. The Voluntary HIV-1 Counseling and Testing Efficacy Study Group. Efficacy of voluntary HIV-1 counselling and testing in individuals and couples in Kenya, Tanzania, and Trinidad: a randomized trial. Lancet 2000;356(9224):103-12.
  7. Sangiwa MG, van der Straten A, Grinstead OA, et al. Clients’ perspectives of the role of voluntary counseling and testing in HIV/AIDS prevention and care in Dar Es Salaam, Tanzania: the Voluntary Counseling and Testing Efficacy Study. AIDS Behavior 2000;4(1):35-48.
  8. Horizons Program.
  9. Chamot E, Coughlin SS, Farley TA, et al. Gonorrhoea incidence and HIV testing and counseling among adolescents and young adults seen at a clinic for sexually transmitted diseases. AIDS 1999;13(8):971-79.
  10. Kenya Ministry of Health, National AIDS and STD Control Programme. National Guidelines for Voluntary Counseling and Testing. (Nairobi: NASCOP, 2001)5.

Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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Last Updated: 09 Jul 2003

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