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Las expectativas de
lo que significa ser hombre o mujer, que forman parte de la sociabilización
de la mayoría de los niños, dejan a muchos adultos mal preparados para
disfrutar su sexualidad o proteger su salud. El género tiene una
influencia tan poderosa sobre el comportamiento sexual que algunos
expertos creen que poner en tela de juicio los puntos de vista
tradicionales de la masculinidad y feminidad es esencial para promover la
salud sexual.
Los estereotipos de
género de mujeres sumisas y hombres poderosos pueden restringir el acceso
a la información, entorpecen la comunicación y promueven el
comportamiento de riesgo en las mujeres y los hombres en formas diferentes,
pero igualmente peligrosas. Al final, hacen aumentar la vulnerabilidad a
los peligros que corre la salud sexual, por ejemplo la violencia, la
explotación sexual, el embarazo no deseado, el aborto en condiciones de
riesgo y las infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el VIH.
Desde una edad
temprana, la gente se ha sociabilizado para creer que los papeles de género
son «naturales», lo cual contribuye a las creencias de que el
comportamiento sexual de riesgo es inevitable, afirma la doctora Jill
Lewis, coordinadora del proyecto «Vivamos Hoy para Mañana» del
Instituto Nórdico para Investigaciones de Género y Estudios sobre la
Mujer que se realizó con jóvenes en Estonia entre 1998 y 2000.
Los proyectos como
el de «Vivamos Hoy para Mañana» alientan a hombres y mujeres a
cuestionar y modificar las creencias relativas al género que rigen el
comportamiento sexual. Estos proyectos son relativamente nuevos y pocos,
pero su experiencia indica que los jóvenes, en particular, están
dispuestos a reconsiderar los papeles de género que sus sociedades han
establecido para ellos. Esta amplitud de miras es importante porque los
patrones de comportamiento sexual y reproductivo que los jóvenes adoptan
durante la adolescencia tendrán efectos duraderos en su salud y bienestar
futuros.1
Vulnerabilidad de
la mujer
Muchas sociedades
enseñan a las jovencitas a ser «buenas» esposas y las sociabilizan para
que sean sumisas con los hombres.2 Las familias, los maestros y
los compañeros refuerzan la suposición de que las niñas son inferiores
a los niños, hasta tal punto que muchas jóvenes llegan a creer que su
situación de desigualdad está justificada.3
La baja posición
social y económica de las mujeres en gran parte del mundo es una amenaza
grave para su salud sexual. El desequilibrio de poder entre hombres y
mujeres puede hacer que para las mujeres sea imposible negarse a tener
relaciones sexuales no deseadas o sin protección, negociar el uso del
condón o usar la anticoncepción en contra de los deseos de su compañero
o esposo. Así mismo, es más probable que las mujeres intercambien
relaciones sexuales por dinero o favores y menos probable que dejen una
relación de abuso o perjudicial si dependen económicamente de los
hombres.4
Las expectativas de
la sociedad en el sentido de que las mujeres deben ceder ante la autoridad
masculina respalda muchas prácticas que son perniciosas para la salud
sexual de las mujeres; por ejemplo, el matrimonio a una edad temprana y la
violencia doméstica o sexual.5
En muchas sociedades,
el hincapié que se hace en preservar la virginidad de las mujeres antes
del matrimonio en realidad las hace más vulnerables. El temor a que la
gente sospeche que tienen una vida sexual activa impide a muchas mujeres jóvenes
hacer preguntas acerca del sexo, usar anticonceptivos para prevenir el
embarazo, negociar el uso del condón para prevenir las ITS, o solicitar
servicios de salud reproductiva. Algunas jóvenes creen que pueden seguir
siendo vírgenes si tienen relaciones sexuales anales, práctica que puede
hacerlas más vulnerables a la infección por el VIH.6 Y en las
sociedades donde prevalece el VIH, la virginidad puede poner a las jóvenes
en mayor riesgo de violación y coacción sexual por parte de los hombres
que creen que al tener relaciones sexuales con una mujer virgen — o
incluso con una niña de corta edad — quedarán curados de la infección
por el VIH.7
Las inquietudes
respecto a las tasas elevadas del VIH y de otras ITS entre los jóvenes y
especialmente las mujeres jóvenes, la prevalencia de la violencia contra
las mujeres y el papel que desempeñan los hombres al desanimar la
planificación familiar han atraído nueva atención a las suposiciones de
género que influyen en el comportamiento sexual y reproductivo. Casi
todos los esfuerzos para poner en tela de juicio los estereotipos de género
han tratado de empoderar a las mujeres, pero se reconoce cada vez más que
éstas no pueden proteger su salud sexual si no tienen el apoyo de los
hombres.8
Lo que significa
ser hombre
Los hombres se
benefician de su situación privilegiada en la mayoría de las sociedades,
pero los papeles de género tradicionales que desempeñan también tienen
su precio. Las investigaciones han demostrado que la sociabilización de
los muchachos para que repriman las emociones, recurran a la violencia
para solucionar conflictos y sean independientes a una edad temprana tiene
efectos perjudiciales sobre su salud.9 Por ejemplo, en una
encuesta nacional realizada con muchachos de 15 a 17 años de edad en los
Estados Unidos, entre los que tenían conceptos tradicionales de hombría
había más probabilidades de consumo de drogas, violencia, delincuencia y
prácticas sexuales en condiciones de riesgo.10
A diferencia de las
jovencitas, se espera que los muchachos tengan una vida sexual activa a
una edad temprana, e incluso se les anima a que lo hagan. En un estudio en
Jamaica, realizado como parte del Proyecto de Estudios de la Mujer, de FHI,
los muchachos de 12 años de edad dijeron que los compañeros y familiares
de sexo masculino les instaban y presionaban para que tuvieran una vida
sexual activa. Según un muchacho, sus familiares de sexo masculino le decían
que «las jovencitas lo harían sentir como un verdadero hombre».11
Los jóvenes tienen más probabilidades que las jovencitas de informar que
han tenido relaciones sexuales ocasionales y, en algunos países, es
posible que su primera relación sexual ocurra con las trabajadoras del
sexo comercial.12 En muchas sociedades, tener varias compañeras
sexuales se considera esencial para ser «hombre».
La expectativa de
que los muchachos tengan experiencias sexuales no significa que sepan cómo
proteger su salud sexual. Los adultos tienden a suponer que los muchachos
saben más de lo que en realidad saben, y éstos tienen miedo de hacer
preguntas que revelen su ignorancia.13 La presión de los
adultos y los compañeros también influye en su forma de ver las
relaciones sexuales y, con frecuencia, los insta a un comportamiento
sexual de riesgo. Para muchos hombres jóvenes, el inicio sexual se
considera una prueba de virilidad y la presentación de sus conquistas
sexuales a un grupo de compañeros puede ser tan importante como las
relaciones sexuales mismas.14
Una táctica
empleada para presionar a los muchachos a ajustarse a las expectativas que
tiene una sociedad respecto al comportamiento masculino es insinuar que
los que no lo hacen son homosexuales.15 El prejuicio contra éstos
es especialmente perjudicial para los jóvenes que tienen relaciones con
hombres, lo cual los hace correr riesgos sexuales, tener poco amor propio
e incluso suicidarse. Pero la homofobia afecta a todos los hombres ya que
desalienta los comportamientos considerados «femeninos», por ejemplo
interesarse por los demás o proteger su propia salud.16 Según
los resultados de las investigaciones cualitativas realizadas entre
muchachos en nueve países latinoamericanos, ellos consideraban que los
riesgos para la salud eran menos importantes que las amenazas que veían
contra su masculinidad.17
Pese a la fuerza de
esas presiones, no todos los hombres se ajustan a los papeles de género
tradicionales. Y en muchas partes del mundo, los papeles de género están
evolucionando rápidamente debido a una serie de cambios sociales, económicos
y culturales, entre ellos el acceso a la educación y los medios de
información, la urbanización y la participación de las jóvenes en la
fuerza laboral.18 Estos cambios suelen poner en peligro la
salud sexual de los jóvenes sin estar preparados para ello, pero pueden
ayudarles a liberarse para que consideren otras formas de relacionarse
entre sí y a ver diferentes patrones de comportamiento sexual.
Por ejemplo, los
resultados de un estudio sobre la sexualidad de los jóvenes y su salud
sexual en Lima, Perú, revelaron altos niveles de embarazo no deseado,
relaciones sexuales bajo coacción, diagnósticos o síntomas de ITS y
aborto, pero también indicaron la probabilidad de que se estén
produciendo ciertos cambios positivos entre los adolescentes que tienen
una vida sexual activa. El cincuenta por ciento de los muchachos de 16 a
17 años de edad que fueron entrevistados tenían las mismas
probabilidades que los hombres de 19 a 30 años de edad de notificar que
su primera experiencia sexual había sido con una trabajadora del sexo
comercial. Los adolescentes de 16 y 17 años de edad — especialmente las
jóvenes — tenían más probabilidades que los adultos jóvenes de
notificar que habían usado un condón en su primera relación sexual. El
doctor Carlos Cáceres, autor del estudio, escribió que esos resultados
indican una experiencia sexual «que puede estar relacionada con el amor,
la predisposición a protegerse contra las ETS [enfermedades de transmisión
sexual] y otras cuestiones de respeto y responsabilidad.»19
Poner en duda los
papeles de género
La doctora Alice
Welbourn, autora de un paquete de capacitación pertinente a la salud
sexual titulado Stepping Stones para la serie Estrategias para la
Esperanza de la organzación ActionAid, con sede en Londres, observa que
los esfuerzos para poner en duda las opiniones predominantes respecto al género
suelen ser vistos como una imposición de valores de otra cultura. En vez
de promover comportamientos y actitudes concretos, el manual y videocinta
de Stepping Stones deja a los participantes y facilitadores locales la
interpretación de asuntos de género. Presentan cuestiones, relatos y
ejercicios que animan a los participantes a expresar sus inquietudes,
analizar sus actitudes y practicar nuevos comportamientos.20
Algunos grupos se
han dado cuenta de que pueden abordar con más eficacia a los hombres si
adoptan una actitud libre de críticas, incluso cuando se trata de los
comportamientos más inaceptables inherentes a la masculinidad tradicional,
por ejemplo la violencia doméstica.21 Otros que se esfuerzan
para reducir las desigualdades entre los género, como la organización no
gubernamental brasileña Instituto Promundo, se centran en los hombres jóvenes
que ya están interesados en modificar su comportamiento. Su proyecto
Jovem para Jovem (Jóvenes para Jóvenes) en Río de Janeiro, ofrece a
esos hombres jóvenes apoyo de sus compañeros y de adultos y los anima a
reflexionar sobre los efectos potencialmente perniciosos de algunos
comportamientos masculinos tradicionales.22
El doctor Gary
Barker, director del Instituto Promundo, observa que el trabajo con los
adolescentes es importante ya que entre la pubertad y la edad adulta los jóvenes
ensayan las formas de interacción en las relaciones íntimas a lo largo
de sus vidas,23 y añade: «Sin embargo, las actitudes y los
comportamientos de los hombres pueden cambiar durante su vida y durante
diferentes relaciones. También hay momentos cruciales — por ejemplo,
cuando nace su primer hijo o cuando se inicia una relación íntima — en
que los hombres parecen más dispuestos a adoptar otros puntos de vista.
Los planificadores de programas que tratan de promover un cambio de
comportamiento y actitud pueden ser sensibles a estos momentos cruciales.»
El Instituto
Promundo y tres organizaciones no gubernamentales más han elaborado
manuales y sesiones de capacitación en español y portugués acerca del
trabajo con hombres jóvenes para modificar tanto las actitudes de género
que ponen en peligro la salud como los comportamientos afines. El
Instituto, con el respaldo del Proyecto Horizontes, del Population
Council, elaborará y someterá a prueba una escala para medir los cambios
de actitud o comportamiento entre los hombres jóvenes que participan en
los programas que usan los manuales. Los evaluadores también pueden usar
esa escala para medir las correlaciones estadísticas entre las actitudes
de género y los comportamientos sexuales.
Impresiones
obtenidas en el terreno
La mayoría de las
intervenciones diseñadas para modificar las actitudes y los
comportamientos relacionados con el género que ponen en peligro la salud
sexual son bastante nuevas y no se han sometido a una buena evaluación.
Cabe señalar que las indicaciones de sus repercusiones son principalmente
anecdóticas.
Se está realizando
un estudio para evaluar la repercusión de las adaptaciones del paquete de
capacitación de Stepping Stones en Sudáfrica. Mientras tanto, las
pruebas anecdóticas de jóvenes y adultos que han participado en talleres
de Stepping Stones en diferentes países y contextos culturales indican
que se pueden modificar esos comportamientos y actitudes. Entre los
cambios mencionados en las charlas de grupo y en las respuestas a los
cuestionarios están los siguientes: mejor comunicación entre padres e
hijos, menos violencia basada en el género, menos consumo y abuso de
alcohol, mayor demanda de condones, mayor confianza en sí mismo y más
respeto entre hombres y mujeres. Algunas mujeres jóvenes dicen que pueden
decir «no» cuando no quieren tener relaciones sexuales y algunos hombres
jóvenes dicen que pueden resistir la presión que ejercen sus compañeros
para que tengan relaciones sexuales.24
Un programa para
muchachos adolescentes en Nigeria sudoriental trata de ayudarlos a poner
en duda las suposiciones tradicionales de género mediante la participación
continua en sus vidas. Esos muchachos están comenzando a tratar con más
respeto a las mujeres. Entretanto, las adolescentes en un proyecto análogo
llamado Iniciativa para Empoderar a las Jovencitas están aplicando sus
nuevos conocimientos y aptitudes. Durante una de las sesiones de «rendición
de cuentas» que inicia la reunión de cada semana, una de las jovencitas
dijo que un muchacho le había pedido que fuese su amiga y que ella le había
contestado que no estaba preparada para la relación de «amistad» que él
tenía en mente; es decir, una relación sexual. La respuesta del muchacho
la reconocieron las demás jovencitas: «¿Por qué será que las jóvenes
de la Iniciativa para Empoderar a las Jovencitas hacen todas esas
preguntas?»25
Los jóvenes del
proyecto «Vivamos Hoy para Mañana», realizado en Estonia, también
dijeron que sus compañeros habían notado un cambio en sus perspectivas y
su capacidad de decir lo que pensaban. La doctora Jill Lewis, coordinadora
del proyecto, afirmó que la clave de estos y otros cambios de
comportamiento estaba en abordar las inquietudes de los jóvenes respecto
al género y las relaciones sexuales, y añadió: «Si uno puede plantear
esas cuestiones de género, se aborda toda una serie de ansiedades,
interrogantes y esperanzas que se vuelven terreno fértil donde pueden
echar raíz los mensajes relativos a la seguridad en materia sexual».
—
Kathleen Henry Shears
Referencias
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1997. Available: http://www.talcuk.org/stratshope/SSrep97.html.
- Irvin.
Mensajes
contradictorios ponen a las jóvenes en una situación de riesgo
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Los
resultados de un estudio cualitativo efectuado con jóvenes de
Rwanda indican que muchas jóvenes están tan restringidas por
mensajes contradictorios acerca de lo que es la pureza, la sumisión
y el amor que no pueden decir «sí» ni «no» a las relaciones
sexuales.1
El estudio,
realizado bajo el proyecto Aplicación de la Atención y la
Prevención del SIDA (IMPACT) de FHI en Rwanda, se diseñó para
ayudar a los planificadores de programas a comprender mejor el
comportamiento sexual de los jóvenes de 15 a 35 años de edad en
Kigali, capital de Rwanda, y en dos provincias. Casi 300 jóvenes
de los grupos objetivo de dos proyectos apoyados por IMPACT —
miembros de grupos de jóvenes católicos de la Arquidiócesis de
Kigali y de la Diócesis de Byumba, y también jóvenes de Byumba
de otras religiones o que no pertenecían a ninguna religión —
participaron en un total de 28 charlas de grupos de enfoque. En
estas sesiones, hombres y mujeres jóvenes examinaron relatos
acerca de relaciones y comportamiento sexual, que les permitían
hablar de temas delicados sin dar la impresión de haber
participado ellos mismos en algún comportamiento socialmente
prohibido.
Los
resultados revelaron que las prohibiciones sociales impuestas a
las jóvenes respecto a las relaciones sexuales prematrimoniales
hacen casi imposible que las que sí desean tener relaciones
sexuales acepten ese deseo, y mucho menos que soliciten servicios
de salud reproductiva o negocien el uso del condón con compañeros
sexuales.
| Art
Explosion |
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Por otra parte,
los hombres jóvenes son objeto de presión por parte de sus
amigos para que empiecen a tener relaciones sexuales a una edad
temprana. Se cree que un período de iniciación sexual antes del
matrimonio, llamado kwitoza (capacitación), previene la
impotencia.
Los
participantes de los grupos de enfoque de hombres dijeron que los
muchachos buscan en una joven señales que indiquen que ésta
desea tener relaciones sexuales. Dijeron que muchos hombres jóvenes
creen que si una mujer se sienta en una cama o acepta dar un paseo
a pie tarde en la noche, es posible que esté expresando su
consentimiento para tener relaciones sexuales.
Los
participantes de los grupos de enfoque confirmaron que la presión
que se ejerce en las jóvenes para que tengan relaciones sexuales
puede ser tan fuerte como el tabú social que prohibe dichas
relaciones. Al hablar de los encuentros ficticios de los jóvenes,
los participantes dijeron que algunas jóvenes tienen relaciones
sexuales con el novio para comprobar el amor que sienten por él.
A menudo una joven lo hace cuando su novio le promete que se va a
casar con ella o la amenaza con dejarla a menos que tenga
relaciones sexuales con él.
Pero la
joven que acepta tener relaciones sexuales con la esperanza de
asegurar la relación con su compañero a menudo se decepciona. Es
probable que el joven, afirmaron los participantes de los grupos
de enfoque, concluya que ella es promiscua y la abandone. «En
general, uno no se acuesta con la muchacha que uno ama, porque una
muchacha que le dice «sí» a un hombre, le dirá «sí» a otros
hombres», explicó un joven.
Estos
resultados presentaron un reto tremendo para los planificadores de
programas. En respuesta, IMPACT-Rwanda y sus socios locales han
elaborado un programa participatorio para mejorar la comunicación
entre las mujeres y los hombres jóvenes, a fin de capacitarlos
para que se protejan contra el VIH y otros riesgos de salud
sexual. Esta labor, que se evaluará mediante encuestas periódicas
acerca del comportamiento sexual de los jóvenes y más estudios
cualitativos, incluye el desarrollo de confianza en sí mismas y
aptitudes de comunicación que las jóvenes necesitan para decir
«no» cuando un hombre les hace propuestas sexuales que ellas no
desean, y ayudar a los muchachos a aprender a respetar la decisión
de una joven de no tener relaciones sexuales.
—
Kathleen Henry Shears
Referencia
- Ndabamenye
P. Rapport de Recherche Qualitative de Base auprès des
Jeunes de la JOC/Archdiocese de Kigali. Kigali, Rwanda:
Family Health International and Jeunesse Ouvrière Chrétienne,
2000; Muramutsa F. Rapport d’Evaluation Qualitative de
Base dans le cadre du Programme de Prevention du VIH/SIDA auprès
des Jeunes du Diocese de Byumba. Kigali, Rwanda: Family
Health International and the Diocese of Byumba, 2001.
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Programas
para los jóvenes cuestionan estereotipos
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Todavía
hace falta demostrar si en realidad mejoran la salud reproductiva
los programas que trabajan con los jóvenes para ayudarles a
cuestionar suposiciones relativas a lo que significa ser hombre o
mujer que ponen en peligro la salud. Pero el enfoque de los
programas existentes diseñados para lograr esa meta son
sorprendentemente similares. Muchos de esos programas:
-
Abordan
cuestiones de género y salud sexual, fomentando la reflexión,
el diálogo y el análisis con información y ejemplos sacados
de las experiencias de los participantes y de los estudios
locales. Participantes de talleres realizados en la India
han reexaminado creencias generalizadas al hablar de
experiencias personales en sus relaciones con familiares y
compañeros que son excepciones de los comportamientos
habituales.1 El análisis de la publicidad y el
contenido de los medios de información ha ayudado a los jóvenes
de la India y Estonia a comprender la manera en que los
mensajes que reciben a menudo refuerzan la discriminación
basada en el género y los estereotipos.2
-
Emplean
métodos creativos e interactivos para mantener a los
participantes interesados, animarlos a pensar de manera crítica
y ayudarles a abordar temas delicados. Estos métodos
incluyen un cambio fundamental de las funciones de los géneros,
debates y ejercicios participatorios. Muchos programas han
observado que las escenificaciones y otras artes del espectáculo
les ayudan a mantener el interés de los participantes,
plantear cuestiones que de otro modo serían demasiado
controvertidas para examinarlas en público, y demostrar
modelos de comportamiento más equitativo de los géneros,
como por ejemplo la participación en la toma de decisiones
relativas al uso de anticonceptivos, la aceptación de la
decisión del compañero o la compañera de practicar la
abstinencia, o el uso de la comunicación en vez de la
violencia para resolver conflictos.
-
Abordan
la salud sexual ampliamente, en lugar de centrar la atención
en la salud reproductiva o en la prevención de
comportamientos de riesgo particulares. Linnea Renton,
asesora de ActionAid, con sede en Londres, y excoordinadora
del Proyecto de Capacitación y Adaptación de Stepping
Stones, considera que el paquete de capacitación de Stepping
Stones relativo a cuestiones de género y salud sexual ha
recibido buena acogida por parte de la gente de muchos países
porque no se dirige solamente a cambiar el comportamiento
sexual. Un participante de Living for Tomorrow, proyecto
relativo a cuestiones de género y al VIH para los jóvenes de
Estonia, opinó: «Si hubiera sido sólo acerca de condones y
hechos reales y enfermedades, hubiera sido aburridor».
-
Seleccionan
y capacitan a facilitadores que están dispuestos a aceptar
nuevas ideas y a poner en duda sus propias actitudes respecto
a sexualidad, cuestiones de género e igualdad. «La
capacitación que trata de influir en las actitudes sociales
requiere una participación mucho más profunda, desde el
punto de vista intelectual y emocional, por parte de los
capacitadores», escriben los autores de un estudio de casos
de un proyecto de cuestiones de género y salud reproductiva
realizado en la India.3 Joseph Robinson, quien
dirige el grupo de arte del espectáculo Ashe de Jamaica y ha
capacitado a educadores en vida familiar en este país, dice
que gran parte de la capacitación consiste en ayudar a los
participantes a sentirse cómodos con su propia sexualidad a
fin de no transmitir actitudes sexuales negativas a sus
estudiantes.
-
Trabajan
con padres, maestros y otras personas de una comunidad para
establecer un entorno de más apoyo para los jóvenes que
desean cambiar su comportamiento. En una zona de bajos
ingresos de Kingston, Jamaica, Robinson ha iniciado un
proyecto piloto con jóvenes, padres, maestros, asesores guías
y profesionales de la salud titulado «Se requiere una isla».
Esta adaptación del proverbio africano que dice «se requiere
una aldea para criar a un niño», refleja su convicción de
que los jóvenes necesitan oír mensajes coherentes de todas
las personas que desempeñan una función en su sociabilización.
- Adoptan
un enfoque positivo respecto al sexo y la sexualidad. La
doctora Alice Wellbourn, autora de Stepping Stones, escribe
que muchas campañas relativas al VIH/SIDA «han pasado por
alto el hecho de que el sexo también puede ser placentero y
creativo». Al vincular el sexo con la muerte y no con la vida,
han alienado a muchas de las personas a quienes trataban de
beneficiar.4 Un enfoque puramente negativo de la
salud sexual también puede perjudicar la credibilidad de un
programa, porque muchos jóvenes saben que el sexo puede ser
placentero.5
| Gary Barker/Instituto Promundo |
 |
| El
proyecto Jovem para Jovem en Río de Janeiro, Brasil,
ayuda a hombres jóvenes a reflexionar sobre los efectos
potencialmente perjudiciales de algunos comportamientos
tradicionalmente masculinos. |
- Empoderan
a los jóvenes a actuar por sí mismos. Muchachos del
proyecto Jovem para Jovem de Brasil representan una obra que
crearon acerca de la violencia doméstica. En la India, los jóvenes
han elaborado «planes de trabajo personal» detallados en los
que describen someramente maneras de cambiar su comportamiento
y contrarrestar la resistencia prevista.6 En
Nigeria, los muchachos de un programa de cuestiones de género
y salud sexual leen sus ensayos en talleres públicos e
incluso participan en conferencias de prensa.7 Sin
embargo, el doctor Carlos Cáceres, autor de un estudio de
salud sexual de los jóvenes de Lima, Perú, advierte que el
empoderamiento implica que los adultos estén preparados a
confiar en los jóvenes. Y opina: «Las soluciones que ellos
proponen pueden ser un poco diferentes de las que proponen los
adultos».
—
Kathleen Henry Shears
Referencias
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Men’s Partnership with Women to Improve Reproductive Health.
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Wants to Hear About. London: ActionAid, 2000. Available: http://www.talcuk.org/stratshope/sstantqu.html
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- Irvin A. Taking
Steps of Courage: Teaching Adolescents about Sexuality and
Gender in Nigeria and Cameroon. New York: International
Women’s Health Coalition, 2000.
- Gupta,
2001.
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