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Toda mujer que
solicita servicios de salud reproductiva aporta con ella toda la historia
de su vida. Una historia que los proveedores deberían estar dispuestos a
escuchar con respeto porque puede tener información vital para la salud y
el bienestar de la mujer.
Hay muchos aspectos
de la vida de la mujer que influyen en su salud reproductiva, incluida la
relación que tiene con su compañero y su entendimiento y creencias
acerca de la sexualidad. Por ello, sería aconsejable que los proveedores
consideraran la posibilidad de hablar de estas cuestiones con las clientas,
dice la doctora Patricia Bailey, investigadora de FHI, cuya labor de
investigación ha incluido la forma en que la anticoncepción influye en
la calidad de vida de hombres y mujeres, y opina: «El objetivo de esas
charlas sería el de promover la salud sexual óptima, una meta que abarca
mucho más que la simple prevención de las infecciones de transmisión
sexual (ITS) o los embarazos no planificados».
La Organización
Mundial de la Salud (OMS) define la salud sexual como «la integración de
los aspectos físicos, emocionales, intelectuales y sociales de los seres
humanos en formas que sean enriquecedoras y realcen la personalidad, la
comunicación y el amor». Además, la OMS afirma lo siguiente: «Son
fundamentales para este concepto el derecho a la información sexual y el
derecho al placer.»1
Violencia, coacción,
discriminación, temor, vergüenza, culpabilidad, creencias erróneas y
falta de conocimientos en materia de sexualidad son barreras para la salud
sexual a las que muchas mujeres en todo el mundo deben hacer frente. Pero
los proveedores pueden ayudar al abordar en forma respetuosa con las
clientas los aspectos de sus vidas que puedan impedirles lograr una salud
sexual óptima.
La doctora Bailey
afirma: «La prestación de atención de salud reproductiva es compleja y
supone un diálogo franco entre clientes y proveedores respecto a
cuestiones que posiblemente no suelen abordarse durante las consultas médicas».
Por ejemplo, las
entrevistas a fondo con 15 ginecólogos que trabajaban en puestos de
atención de salud primaria en Río de Janeiro, Brasil, entre 1993 y 1995,
revelaron que con frecuencia a esos médicos se les dificultaba hablar con
las clientas acerca de cuestiones relacionadas con la sexualidad y las
ITS. En particular, era difícil explicar a una mujer casada que había
contraído una infección genital y la forma en que podría haberse
infectado, puesto que dicha explicación suponía un acto de infidelidad
marital.
Uno de los ginecólogos
hizo las siguientes reflexiones: «Le digo cómo puede evitar
complicaciones, pero no le digo cómo pudo haber sido infectada. No creo
que sería bueno para ella. No sabemos cómo se infectó, y si comienza a
meterse ideas en la cabeza… creo que lo mejor sería simplemente tratar
la enfermedad».
Cuando a los médicos
que participaron en el estudio se les preguntó qué era lo que típicamente
le decían a una mujer que había contraído una ITS, sólo la mitad de
ellos dijeron que informaban a la clienta que la infección había sido
transmitida por contacto sexual.
Otro médico dijo:
«Trato de ser neutral y de no meterme en su vida privada. Adopto una
posición muy médica. Le doy los resultados del examen y le digo que ha
contraído una enfermedad…».
En el mismo estudio,
las entrevistas a fondo de 42 mujeres que habían sido diagnosticadas con
clamidiasis en los puestos de atención de salud en Río de Janeiro, donde
habían llegado a solicitar atención prenatal y ginecológica, revelaron
que sólo dos de las mujeres entendieron que su infección había sido
transmitida por contacto sexual. Ello indica que sus médicos no habían
abordado el tema con ellas. Los 15 ginecólogos que fueron entrevistados
para el estudio no atendieron a esas mujeres y, en realidad, trabajaban en
otros puestos de atención primaria de salud. Pero, según los
investigadores, la observación directa de los ginecólogos que trabajaban
en los puestos de salud donde las 42 mujeres habían sido diagnosticadas
reveló que las actitudes de esos médicos eran similares a las de los 15
ginecólogos que fueron entrevistados.2
La clara explicación
que dé un profesional médico respecto a la causa de las ITS no basta
para prevenir las infecciones, pero sí sirve de base para prevenirlas,
incluidos el VIH/SIDA. Esas explicaciones pueden ser especialmente
importantes en algunos lugares como Brasil, donde las relaciones íntimas
heterosexuales son la causa principal de infección por el VIH en las
mujeres. (En Brasil, el coeficiente entre hombres y mujeres de casos
notificados de SIDA aumentó de una mujer por cada 28 hombres en 1985 a
una mujer por cada tres hombres en 1995).
En el mismo estudio
brasileño, incluso cuando las clientas insistieron en saber cómo
pudieron haber contraído una ITS — por ejemplo, debido a la infidelidad
del compañero — algunos médicos evadieron el tema.
La doctora Bailey,
de FHI, quien ayudó a coordinar un Proyecto de Estudios de la Mujer,
realizado por FHI entre 1995 y 1996, y que examinó la forma en que el uso
de los anticonceptivos influía en la sexualidad, la calidad de vida y la
estabilidad de las parejas en El Alto, Bolivia, subrayó: «Pero los
proveedores deben ser sensibles a las inquietudes de las mujeres cuando se
trata de infidelidad». Los datos para el estudio se recopilaron de las
charlas del grupo de enfoque y de las entrevistas a fondo en las que
participaron 110 mujeres casadas y 35 hombres casados de El Alto.
En un grupo de
enfoque, varias mujeres hablaron sobre las repercusiones que había tenido
la infidelidad de sus maridos. «No, no me gustan las relaciones sexuales»,
dijo una de ellas. «Me trata mal y sale con otras mujeres. Y ahora tiene
esas pústulas enormes. No sé que son. Desaparece durante dos o tres
noches y cuando le hago preguntas siempre me dice que ha estado con un
amigo.»3
Exploración de la
sexualidad y las relaciones
Las creencias
culturales relativas a la vida sexual que debe tener una mujer pueden
influir en la actitud que tiene respecto a su sexualidad. Por ejemplo, la
mitad de las mujeres que fueron entrevistadas en el estudio de El Alto
dijeron que no era apropiado que las mujeres casadas iniciaran las
relaciones sexuales con sus esposos. Muchos hombres bolivianos opinaban lo
mismo. Sin embargo, los hombres que participaron en el grupo de enfoque
también estuvieron de acuerdo en que una de las razones por las que tenían
relaciones extramaritales se debía a que, a diferencia de sus esposas,
eran las novias las que iniciaban las relaciones sexuales.4
La doctora Bailey
opina: «Las mujeres deben saber que es normal participar activamente en
las relaciones sexuales. El proveedor comprensivo y atento que plantea el
tema de la sexualidad con los clientes y establece un ambiente donde estos
puedan hablar tranquilamente acerca del sexo, puede mostrar a los clientes
que es normal pensar en esas cosas e incluso hablar de ellas. De ese modo,
las mujeres se sentirían menos nerviosas al abordar el tema con sus compañeros».
Hay otra razón
clave por la que convendría que los proveedores consideraran hablar con
la mujer acerca de su sexualidad y las relaciones con su compañero. En
algunos casos, la violencia del compañero en la intimidad puede limitar
el acceso de la mujer a la atención de salud o incluso impedirle que se
proteja contra un embarazo no deseado o las ITS.
Según un estudio
realizado entre 1995 y 1996, en el que participaron 6.632 hombres casados
que vivían con su esposa en Uttar Pradesh, India, los hombres que
abusaban de su esposa tenían más probabilidades que los que no abusaban
de ella de tener síntomas de ITS y de tener relaciones sexuales
extramaritales. Así mismo, el estudio reveló que los embarazos no
planificados eran más comunes en las relaciones marcadas por el abuso.5
Jane Schueller,
Directora Asociada de Capacitación y Educación de FHI, opina: «Las
mujeres no siempre pueden decidir cuándo van a tener relaciones sexuales,
cómo van a tenerlas y cuál, si es que lo hay, método anticonceptivo o método
de prevención contra las enfermedades van a usar. Además, la una mujer
cuyo compañero tiene múltiples compañeras fuera del matrimonio corre un
mayor riesgo de contraer una ITS o el VIH/SIDA».
Incluso la violencia
que ha ocurrido muchos años atrás puede afectar a la salud reproductiva
de una mujer. Las investigaciones han demostrado que las mujeres que
crecen en hogares marcados por el abuso corren un mayor riesgo de tener
embarazos no planificados.6
| «Las
mujeres no siempre pueden decidir cuándo van a tener relaciones
sexuales, cómo van a tenerlas y cuál, si es que lo hay, método
anticonceptivo o método de prevención contra las enfermedades
van a usar.» |
Las investigaciones
recientes ponen de manifiesto el hecho de que la violencia del compañero
íntimo es común en muchos casos. Según un estudio domiciliario de 1995
basado en la población, en el que participaron 488 mujeres de 15 a 49 años
de edad en la ciudad de León, Nicaragua, 40 por ciento de ellas habían
sido víctimas de abuso por parte de un compañero en cierto momento de su
vida.7 Otra encuesta realizada en 1994 con 144 mujeres en
Sierra Leona, África Occidental, reveló que dos terceras partes de las
mujeres habían sido víctimas de abuso físico por parte de un compañero
y que más de la mitad habían sido obligadas por sus compañeros a tener
relaciones sexuales. La mayoría de las participantes en el estudio procedían
de consultorios de planificación familiar y de salas de espera de
consultorios en los hospitales de Freetown y de la Provincia del Norte,
pero algunas también fueron abordadas en los mercados, un campamento de
refugiados y una escuela superior de maestros.8 Y un estudio de
1999, realizado en el Distrito de Purworejo de Java Central, Indonesia,
con una muestra de la población, integrada por 765 mujeres casadas que
fueron reclutadas de un estudio longitudinal de la salud durante el
embarazo, reveló que una mujer de cada cuatro había sido víctima de
abuso sexual o físico por parte de su esposo.9
La violencia del
compañero íntimo puede repercutir de muchas formas en la salud
reproductiva de la mujer. Además de constituir un mayor riesgo de ITS y
de embarazo no planificado, las mujeres víctimas de abuso corren un mayor
riesgo de tener un aborto inducido, un parto prematuro, bebés de bajo
peso al nacer y varios problemas ginecológicos. Por esa razón, algunos
expertos consideran que los consultorios de salud reproductiva pueden ser
un lugar ideal para detectar la violencia del compañero íntimo.
Un estudio de FHI
realizado en 1997 con 607 mujeres de El Alto y La Paz, Bolivia, respalda
esta premisa. Casi la mitad del 40 por ciento de las mujeres que
notificaron haber sido víctimas de la violencia de sus compañeros íntimos
dijeron que habían visitado un consultorio de salud reproductiva el año
anterior.10
Donna McCarraher,
asociada de investigaciones de FHI que coordinó el estudio de FHI afirma:
«Los servicios de salud reproductiva están en una buena posición para
detectar cuáles mujeres son víctimas de la violencia de sus compañeros
íntimos. Pero los programas que tratan de ofrecer servicios de detección
deben cerciorarse de que todo el personal del consultorio esté plenamente
capacitado y dedicado a prevenir la violencia del compañero íntimo».
Así mismo, afirma
Donna McCarraher, los directores de programas deben determinar si el
personal tiene suficiente tiempo para prestar esos servicios. Y añade que
los encargados de elaborar políticas y los directores de programas deben
definir qué se debe hacer cuando mediante la detección se identifique a
las víctimas de la violencia del compañero íntimo; y, si piensan
remitir a las mujeres para que sean asesoradas o protegidas, entonces los
directores de programas deben establecer y mantener ese tipo de sistema.
También es
importante evaluar los programas para saber si están logrando sus
objetivos y ayudando verdaderamente a las mujeres. Por último, recalca
McCarraher, incluso los proveedores no capacitados que trabajan en lugares
donde no se puede hacer la detección pueden beneficiarse al saber en qué
forma la violencia del compañero íntimo puede afectar a la salud
reproductiva, incluido el uso de anticonceptivos. Tal toma de conciencia
puede ayudar a los proveedores a vigilar su comportamiento en presencia de
los clientes.
Afirma también
McCarraher: «Es especialmente importante que los proveedores sean
respetuosos con los clientes, mantengan su confidencialidad y validen sus
experiencias. De esa forma, los proveedores pueden participar en la solución
del problema en vez de agravarlo».
—
Emily J. Smith
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Capacitación
de los proveedores para hablar acerca del sexo
|
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Pocos
proveedores incluyen charlas relativas a la sexualidad en su práctica.
Pero estudios realizados en Egipto mediante el proyecto Fronteras
en Salud Reproductiva del Population Council han demostrado que el
asesoramiento en sexualidad puede integrarse eficazmente en los
servicios en clínicas de planificación familiar. El estudio de
1999 se llevó a cabo en cuatro clínicas del Ministerio Egipcio
de Salud y Población y en dos clínicas privadas afiliadas al
ministerio. Un grupo de enfermeras y médicos de las seis clínicas
asistieron a una sesión de capacitación en anticoncepción de
dos días en la que se hacía hincapié en los métodos de barrera.
El personal de tres de esas clínicas recibió tres días
adicionales de capacitación en sexualidad, cuestiones de género
y asesoramiento.
Para evaluar
los efectos de la capacitación adicional, el estudio empleó
diversos métodos y luego examinó la coherencia de los resultados.
Los investigadores realizaron entrevistas de salida con 503
clientas en los lugares que sirvieron de control en el estudio y
en los lugares donde se hizo la intervención con la capacitación
adicional. También se efectuaron cinco charlas de grupos de
enfoque con clientas. Se determinaron las opiniones de los clínicos
mediante formularios de evaluación del curso que ellos
completaron después de la capacitación y mediante cuestionarios
respondidos seis semanas después de la capacitación. También se
entrevistó, después de su visita, a siete clientas «simuladas»
que participaron en el estudio y acudieron a las clínicas que
sirvieron de control y a las clínicas donde se hizo la intervención,
aquejando problemas de salud sexual falsos.
| Nash Herndon/FHI |
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| La
integración del asesoramiento en sexualidad en los
servicios de planificación familiar no es común, pero
posible. Una proveedora egipcia y una clienta hablan de la
planificación familiar. |
Los
resultados indicaron que los practicantes médicos que recibieron
la capacitación en sexualidad se sentían menos inhibidos al
hablar de cuestiones relacionadas con la sexualidad con sus
clientas. Las clientas que acudieron a las clínicas donde se hizo
la intervención tenían más probabilidades de haber recibido
información en cuanto a la forma en que el anticonceptivo que habían
elegido podía influir en su sexualidad que las clientas de las clínicas
que sirvieron de control (41 por ciento frente a 22 por ciento).
Las clientas de las clínicas donde se hizo la intervención también
tenían más probabilidades de haber hablado de un tema relativo a
la sexualidad y no relacionado con la planificación familiar con
el proveedor que las clientas de las clínicas que sirvieron de
control (44 por ciento frente a 18 por ciento). Al parecer, las
charlas relativas a la sexualidad realizadas en las clínicas
donde se hizo la intervención promovían en las clientas la
adopción de métodos anticonceptivos de barrera.
A pesar de
la capacitación adicional, muchos clínicos notificaron que se
seguían sintiendo incómodos al hablar de temas sexuales con las
clientas y seguían pensando que las clientas que tenían
problemas sexuales debían ser remitidas a un especialista. Muchos
clínicos también notificaron que consideraban que las clientas
se sentirían demasiado incómodas para hablar de cuestiones
sexuales con ellos. Sin embargo, los resultados demostraron lo
opuesto: tres de cuatro clientas que habían hablado de sexualidad
con el proveedor en este estudio dijeron que la charla no las había
hecho sentir incómodas.
La doctora
Nahla Abdel-Tawab, del Population Council, opinó: «Este estudio
pone en tela de juicio la creencia de que a las mujeres no les
gusta hablar de sus problemas sexuales. Una vez que se establece
un diálogo, ellas pueden hablar francamente de dificultades
sexuales con un médico en quien ellas confían».1
Muchas
clientas dijeron que preferían hablar de temas relacionados con
su sexualidad con una proveedora, y muchas preferían que los
proveedores abordarn el tema en vez de esperar a que las clientas
lo hicieran. «Si la doctora nos hace esas preguntas (relacionadas
con la sexualidad), le diríamos nuestros problemas, pero de otro
modo nos sentiríamos incómodas al hacerlo», dijo una clienta.2
Los autores
del estudio recomendaron que los proveedores recibieran capacitación
para manejar problemas sexuales sencillos e informar a las mujeres
en cuanto a la forma en que diversos métodos anticonceptivos
pueden influir en sus relaciones sexuales. Recomendaron además
que el Ministerio Egipcio de Salud y Población elaborara un
sistema de remisión con hospitales docentes o universitarios para
las mujeres que tenían problemas sexuales más complejos, y que
se elaboraran mensajes de salud pública en Egipto que animaran a
las mujeres a hacer preguntas a sus proveedores de planificación
familiar relativas a sus inquietudes acerca de la sexualidad.
3
—
Emily J. Smith
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Population Council; Discussing sexuality in Egyptian clinics
is feasible.
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Las
circunstancias de la vida influyen en las decisiones
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Factores
culturales y sociales — algunos más obvios que otros —
influyen fuertemente en las decisiones de salud reproductiva de
las mujeres en muchos lugares del mundo. La capacidad de una mujer
de trabajar y devengar ingresos que ella pueda controlar, por
ejemplo, puede influir en su capacidad de pagar servicios de salud.
Las prohibiciones religiosas, las expectativas de que las mujeres
demuestren su fertilidad, los conocimientos y las creencias de una
mujer acerca de la anticoncepción, la autoestima, las relaciones
con amigos y familiares, y la libertad de las mujeres de ir donde
quieran, todos influyen en sus decisiones. Los proveedores que
comprenden estas influencias y establecen una comunicación franca
y respetuosa acerca de las circunstancias de la vida y las
decisiones de las clientas las ayudan a mantener una salud sexual
óptima.
«Los
proveedores no deben olvidar que muchas mujeres viven en un
entorno en el que no toman decisiones unilaterales acerca de su
salud reproductiva», subraya la doctora Patricia Bailey,
investigadora de FHI, cuya labor ha incluido investigación
relativa a cuestiones de anticoncepción y calidad de vida.
Las
investigaciones han revelado, por ejemplo, que factores sociales
pueden influir en el acceso que tiene una mujer a la atención de
salud reproductiva y limitar su capacidad de tomar decisiones
acerca de cuestiones de salud reproductiva. En Punjab del norte,
Pakistán, un estudio llevado a cabo en 1997 con entrevistas a
fondo y charlas de grupos de enfoque con mujeres y hombres
solteros y casados, reveló que los sistemas sociales de las
aldeas puestos en práctica para proteger el honor de las mujeres
y las familias limitaban la libertad de las mujeres de ir donde
querían y el acceso de éstas a la atención de salud. Las
mujeres solteras hacían frente a restricciones más fuertes y a
menudo se las mantenía encerradas en sus hogares a menos que se
necesitara atención médica de emergencia. Varias entrevistadas
también dijeron que las mujeres solteras tenían que evitar
visitar frecuentemente a los proveedores porque las visitas podían
ser señal de que tenían algún problema de salud relacionado con
la vida sexual.1
También se
ha observado que la condición de la mujer en el seno de su
familia extensa limita sus opciones de atención de salud
reproductiva. En la zona rural de Bangladesh, donde muchas
familias viven en hogares colectivos llamados «baris», un
estudio llevado a cabo en 1994 reveló que la condición social de
la mujer dentro de un bari podía limitar su acceso a métodos
anticonceptivos reversibles modernos. Este estudio de 2.861
mujeres que vivían en 936 baris observó que las nueras y las cuñadas
de los líderes de los baris registraban un uso inferior de métodos
anticonceptivos reversibles modernos que las esposas de los líderes
de los baris. Los investigadores supusieron que tal vez el líder
del bari o su esposa limitaba el acceso a dichos métodos. 2
Pero los
factores sociales no siempre tienen un efecto negativo en la salud
reproductiva de las mujeres. Un estudio reciente efectuado en
Tailandia reveló que cuantos más lazos externos de parentesco
tenían los hogares, más probabilidades había de que las mujeres
de dichos hogares usaran métodos modernos de anticoncepción
temporal. 3 Los investigadores señalaron que la
comunicación interpersonal mediante redes de parentesco de los
hogares, dentro y fuera de la aldea, puede facilitar la divulgación
de información y las redes de parentesco pueden ofrecer mayores
recursos económicos con los que se pueden comprar métodos
anticonceptivos modernos.
| Elizabeth
Gilbert/The David and Lucille Packard Foundation |
 |
| Una
mujer de Nigeria considera sus opciones. Los factores
culturales y sociales pueden limitar las decisiones en
salud reproductiva. |
La doctora
Elaine Murphy, asesora principal de programas del Programa para
Tecnología Apropiada en Salud, con sede en Estados Unidos, y cuyo
trabajo se ha centrado en la forma en que las interacciones entre
cliente y proveedor influyen en la calidad de la atención, opina:
«Las redes sociales realmente son importantes. Los clientes a
menudo oyen hablar a familiares y amigos acerca de servicios de
planificación familiar y especialmente de métodos particulares».
Las
investigaciones indican que factores culturales y sociales también
influyen en los conocimientos y las creencias de las mujeres
acerca de la anticoncepción y la reproducción, su autoestima y
sus opiniones relativas a la sexualidad, la cual, a su vez,
influye en sus decisiones de salud reproductiva.
Un estudio
efectuado en 1993 que se basó en entrevistas a fondo de 30
mujeres aimaras de La Paz y El Alto, Bolivia, observó que muchas
de las mujeres tenían opiniones ambivalentes, si no negativas,
acerca del sexo.4 Los autores del estudio señalaron:
«Las entrevistas revelan que la reticencia de las mujeres a
hablar de la sexualidad y la reproducción es algo que la mayoría
de ellas aprendieron a una edad temprana. Las mujeres crecieron en
hogares donde no se hablaba de la sexualidad y pronto aprendieron
que no les correspondía hacer preguntas ni parecer interesadas en
esos temas».
El estudio
observó que dos tercios de las mujeres no recibían información
clara acerca de la reproducción cuando estaban creciendo y muchas
de ellas no entendían cómo ocurre el embarazo.
Los
investigadores señalaron: «Las mujeres aprendieron que la
sexualidad era algo vergonzoso y peligroso, y se les decía que
tenían que ‘cuidarse’ y evitar el embarazo, pero no se les
decía cómo hacerlo».
Aunque en el
estudio no se preguntó a las mujeres específicamente si les
disgustaba el sexo, los investigadores informaron que «era
evidente que había una aversión contra el sexo». Las esposas de
los hombres que querían tener relaciones sexuales rara vez
dijeron que consideraban que tenían suerte.
Según los
investigadores, es posible que esas opiniones sean la razón por
la que el método del ritmo y otras formas de planificación
familiar que consistían en largos períodos de abstinencia
tuviesen tan buena acogida entre las mujeres. Más de la mitad de
las mujeres usaban alguna forma del método del ritmo. Cuatro de
las 30 mujeres que usaban una combinación de abstinencia,
lactancia materna prolongada, infusiones de hierbas para inducir
la menstruación y el aborto, sólo 8 usaban anticonceptivos
modernos.
Los
investigadores dijeron que la falta de confianza con los
proveedores de atención de salud puede haber sido otro factor que
influyó en la elección de salud reproductiva de estas mujeres.
Muchas de las mujeres tenían miedo de los anticonceptivos
modernos y varias pensaban que iban a ser discriminadas e iban a
recibir mal trato por ser aimaras. Varias dijeron que no se podía
confiar en que los proveedores fueran a decir la verdad acerca de
los efectos secundarios de los anticonceptivos y notificaron que
los proveedores hacían caso omiso de la preocupación que ellas
sentían en cuanto a dichos efectos.
En algunos
casos, la desconfianza que sentían las mujeres se basaba en sus
propias experiencias pasadas. Dos de las mujeres dijeron que se
las había presionado para que siguieran usando el dispositivo
intrauterino (DIU) a pesar de que habían pedido a los proveedores
que se los extrajeran debido a efectos secundarios. Un médico
dijo a una de ellas: «Usted se encuentra muy bien. ¡Tan sana
como una niña!» La mujer añadió: «Eso fue todo lo que me dijo;
así es que me fui».
Cuando las
clientas no confían en los proveedores, es probable que éstas no
estén dispuestas a solicitar sus servicios ni a pedirles
información exacta de salud reproductiva que no pueden obtener de
otras fuentes.
Este fue el
caso del estudio de Bolivia, en el que los investigadores
observaron que el uso de métodos naturales de planificación
familiar cuando no se tiene conocimientos de cómo usarlos
correctamente llevaba a muchos embarazos no planificados. Según
el estudio, dos tercios de las mujeres habían tenido por lo menos
un aborto inducido o habían tratado de poner fin a un embarazo.
Casi un tercio de las mujeres notificaron haber tenido embarazos
no planificados «que resultaron en el nacimiento de niños que
posteriormente murieron en circunstancias poco claras que pueden
interpretarse como infanticidio pasivo o activo», dijeron los
investigadores.
Comunicación
respetuosa
Las
conversaciones respetuosas y francas entre los proveedores y los
clientes pueden crear oportunidades para que los proveedores
conozcan los factores que influyen en las decisiones de los
clientes. Este tipo de conocimiento es necesario para que los
proveedores puedan ofrecer asesoramiento verdaderamente aplicable
a las circunstancias de la vida de los clientes.
«Sólo el
asesoramiento interactivo y dinámico puede determinar las
necesidades, los riesgos, las inquietudes y las preferencias de
los clientes en la etapa y la situación de su vida», señaló la
doctora Murphy en un análisis reciente de las interacciones entre
cliente y proveedor.5 El análisis también hizo
hincapié en la importancia de individualizar el asesoramiento, de
tratar a los clientes respetuosamente, de asesorar acerca de los
efectos secundarios de los métodos y de proporcionar a los
clientes el método anticonceptivo que han elegido.
En el caso
del estudio de Bolivia, donde los métodos de planificación
familiar natural eran los que la mayoría de las mujeres preferían,
los investigadores recomendaron que los proveedores informaran a
las clientas cómo usar eficazmente esos métodos en vez de tratar
de convencerlas para que usen otros métodos.
La doctora
Bailey opina: «Proporcionar a las clientas el método
anticonceptivo que han elegido es una manera importante en que los
proveedores médicos pueden ayudar a las mujeres a mantener una
salud reproductiva óptima. Las mujeres que han logrado llegar a
una clínica a menudo tienen una idea bastante clara de lo que
desean. Los proveedores deben respetar eso». De hecho, las
investigaciones han demostrado que una mujer que recibe el
anticonceptivo que ha elegido tiene más probabilidades de seguir
usando dicho método.6
| «Los
proveedores no deben olvidar que muchas mujeres viven en
un entorno en el que no toman decisiones unilaterales
acerca de su salud reproductiva.» |
Las
investigaciones han demostrado que al proporcionar a las mujeres
asesoramiento adecuado acerca de los efectos secundarios del método
también se pueden aumentar las probabilidades de que éstas sigan
usando el método.7 Tales observaciones se confirmaron
en un estudio realizado en 2001 en Mérida, Yucatán, México, que
reveló que las tasas de continuidad de uso del método inyectable
acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA) eran
considerablemente superiores en las mujeres que habían recibido
asesoramiento extra acerca de los efectos secundarios que en las
mujeres que habían recibido asesoramiento habitual solamente: 83
por ciento y 57 por ciento, respectivamente.8
El
asesoramiento de las mujeres, especialmente las jóvenes, acerca
de la forma en que el uso de anticonceptivos influye en la salud,
en general, también puede evitar que algunas mujeres tomen
decisiones de salud sexual que son perjudiciales e incluso que
pueden poner en peligro su vida. Un estudio reciente llevado a
cabo en la ciudad de Benin, Nigeria, mediante charlas de grupos de
enfoque con 149 mujeres de 15 a 24 años de edad reveló que
muchas jóvenes creían que el uso de anticonceptivos modernos podían
causar infertilidad y, por consiguiente, preferían recurrir al
aborto. Muchas creían que los DIU podían migrar y perderse en el
cuerpo de la mujer, y que los inyectables podían causar abscesos,
parálisis o infertilidad. A pesar de que el aborto en condiciones
de riesgo es la causa principal de mortalidad materna en Nigeria,
donde 80 por ciento de las defunciones ocurren entre las jóvenes,
el estudio observó que la mayoría de las participantes de los
grupos de enfoque consideraban que el aborto planteaba menos
riesgos que el uso de la anticoncepción moderna.9
—
Emily J. Smith
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