|
En teoría, una persona que ha estado expuesta al VIH durante una
agresión sexual u otra actividad sexual puede reducir el riesgo de
infección al tomar medicamentos antirretrovirales poco después de estar
expuesta. Dicho tratamiento se conoce con el nombre de profilaxis de
postexposición.
Sin embargo, es discutible que se deba ofrecer tratamiento
habitualmente en caso de exposición sexual. La seguridad y la eficacia no
se han estudiado adecuadamente y el tratamiento es costoso. Así mismo,
hay indicios de que muchos pacientes no terminan el régimen.
El tratamiento profiláctico a menudo lo usan los trabajadores de
atención de salud que han estado expuestos al VIH. También se usa para
prevenir la transmisión perinatal a los recién nacidos de madres
infectadas por el VIH. En general, el tratamiento consiste en administrar
medicamentos como la zidovudina, conocida comúnmente por su nombre
comercial, AZT.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) no da guías acerca del
tratamiento después de una posible exposición al VIH por un acto sexual.
Una reunión celebrada en el año 2000 relativa a la mujer y la violencia,
patrocinada por la OMS, concluyó que se debían redactar directrices
adecuadas para los países en desarrollo.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de
los Estados Unidos han dicho que los médicos pueden considerar el
tratamiento profiláctico contra el VIH en caso de un acto sexual sin
protección cuando existe un gran riesgo de infección, pero no llega a
recomendar la adopción de medidas en casos particulares.1 «Cada
paciente y el médico deben evaluar, juntos, el grado de riesgo de dicho
paciente. Si ambos llegan a la conclusión de que el riesgo es elevado,
entonces es razonable usar la profilaxis de postexposición», opina la
doctora Lynn Paxton, quien supervisa la labor de los CDC en este campo. En
cuanto a la posible exposición a otras infecciones de transmisión sexual
(ITS), los proveedores deben considerar el tratamiento presuntivo para las
ITS bacterianas y la vacuna contra la posible exposición a la hepatitis
B. La anticoncepción de emergencia debe ofrecerse a las víctimas de
agresión sexual para ayudar a prevenir el embarazo.
Grado del riesgo
Antes de ofrecer tratamiento profiláctico contra el VIH tras un acto
sexual sin protección, los proveedores deben considerar el estado
relativo al VIH y los antecedentes de comportamiento de riesgo de la
persona con quien se notifica haber tenido contacto. Lamentablemente, rara
vez se conoce el estado relativo al VIH del agresor en casos de agresión
sexual. El estado relativo al VIH puede conocerse o no conocerse en otros
tipos de exposición sexual sin protección.
El tipo de exposición sexual contribuye al grado de riesgo de
transmisión del VIH. Estudios efectuados con parejas en las que uno de
los integrantes es VIH positivo y el otro no, indican que la transmisión
del VIH a alguien que es objeto de un acto sexual anal ocurre entre 0,5 y
3 por ciento de las veces. Esta cifra es considerablemente superior a la
de la transmisión por un acto sexual peneo-vaginal sin protección, que
se calcula que es de sólo 0,1 por ciento aproximadamente (sin embargo,
las mujeres corren un riesgo más elevado que los hombres).2 En
cambio, la infección por exposición a sangre VIH positiva a través de
la piel, que es el riesgo típico que corren los trabajadores de salud, se
calcula que ocurre en 0,25 por ciento de las exposiciones.3
Las recomendaciones relativas al uso de la profilaxis contra el VIH
después de una exposición sexual se basan principalmente en el riesgo de
transmisión. El doctor Michael Katz del Departamento de Salud Pública de
San Francisco y la doctora Julie Gerberding de la Universidad de
California en San Francisco recomiendan la profilaxis después de un acto
sexual anal o vaginal sin protección con un compañero o una compañera
que tiene probabilidades de estar infectado por el VIH.4 El
doctor Peter Lurie del Centro para Estudios de Prevención del SIDA,
Universidad de California en San Francisco, y sus colegas recomiendan la
profilaxis contra el VIH después de un acto sexual anal sin protección
realizado con alguien que se sabe que está infectado por el VIH o cuyo
estado se desconoce pero que forma parte de una población de altas tasas
de prevalencia del VIH. «Si el riesgo de infección es moderado, es
decir, si se sitúa entre 0,10 y 0,30 por ciento, no creemos que la
información de que se dispone actualmente haga que se justifique una
recomendación» para la profilaxis en todos los casos, opina el doctor
Lurie y sus colegas. Agregan que, sin embargo, se debe informar acerca del
tratamiento a las personas que han estado expuestas.5
Con frecuencia, los medicamentos que se emplean para la profilaxis de
postexposición no están disponibles debido a los costos, a la escasez
general de medicamentos o la duda de recomendar un protocolo sin tener
datos definitivos en cuanto a la eficacia. Aun así, algunos organismos
internacionales que trabajan en países donde las tasas de infección por
el VIH son elevadas proporcionan medicamentos profilácticos a sus
empleados para que éstos puedan comenzar el tratamiento inmediatamente en
caso de agresión sexual.
¿Se debe usar la profilaxis contra el VIH en caso de exposición esporádica
en un acto sexual consensual? A algunos expertos les preocupa que ese tipo
de profilaxis pueda desalentar la prevención primaria, como el uso de
condones o la reducción del número de compañeros sexuales. Otros
especulan que el régimen podría motivar a las personas que corren el
riesgo más alto a que soliciten atención. Dado que la profilaxis debe
usarse lo más pronto posible después de la exposición, algunos expertos
consideran que los mensajes de prevención de la infección por el VIH
deben incluir información acerca de la profilaxis contra el VIH; por
ejemplo, dónde puede obtenerse.
Régimen difícil
El régimen de profilaxis de postexposición que se recomienda para una
posible infección por el VIH es de 28 días. Las investigaciones indican
que es difícil llevar a cabo este régimen. Los estudios realizados entre
trabajadores de salud que empezaron el tratamiento indican que entre un
tercio y la mitad de ellos discontinúan el tratamiento antes de terminar
el régimen recomendado.6 La razón que con más frecuencia se
da para la discontinuación del tratamiento son los efectos secundarios.
En un estudio prospectivo de los CDC en el que participaron 449
personas expuestas al VIH durante el trabajo de atención de salud, 43 por
ciento discontinuaron el uso de todos los medicamentos antes de terminar
el régimen y 13 por ciento modificaron el régimen. Más de la mitad de
las 197 personas que lo discontinuaron lo hicieron por los efectos
secundarios. La mayoría de los demás que discontinuaron el tratamiento
lo hicieron porque se enteraron de que su exposición no había tenido que
ver con el VIH. Aproximadamente tres cuartos de los pacientes notificaron
algunos efectos secundarios, generalmente náuseas, fatiga, malestar,
dolor de cabeza y vómito.7
Uno de los pocos estudios efectuados en países en desarrollo acerca de
la exposición al VIH de trabajadores de atención de salud encuestó a
265 trabajadores del departamento de obstetricia y ginecología de un
hospital de Sudáfrica. De ellos, 38 (13 por ciento) habían estado
expuestos al VIH durante un año. De esos 38, 35 usaron profilaxis de
postexposición. Aproximadamente la mitad de ellos no terminaron el régimen.
De los que lo discontinuaron, 57 por ciento citaron efectos secundarios
como la razón para hacerlo.8
Existen pocos estudios acerca del grado en que llevan a cabo el régimen
correctamente los que tal vez han estado expuestos al VIH durante un acto
sexual sin protección, aunque dos estudios revelan una tasa de terminación
incluso más baja. Un servicio para casos de agresión sexual que trabaja
con un departamento de emergencias de un hospital de Vancouver, Canadá,
empezó a usar la profilaxis contra el VIH en 1996 con mujeres y niños
que acudieron para obtener tratamiento después de un acto de agresión
sexual; éste fue el primer programa de profilaxis en América del Norte.
De las 258 personas que fueron atendidas por el servicio en los primeros
16 meses, 71 aceptaron la oferta de la profilaxis contra el VIH. Sólo
ocho (11 por ciento) terminaron el régimen de cuatro semanas.
Las víctimas de violación por un agresor que se sabía que estaba
infectado por el VIH o que representaba un alto riesgo de infección por
el VIH tenían más probabilidades de aceptar la profilaxis y de terminar
el tratamiento que otros pacientes. Basándose en este hallazgo, el
programa canadiense cambió su política y ahora ofrece la profilaxis sólo
a los que corren un alto riesgo de infección. Los autores llegaron a la
siguiente conclusión: «Es probable que este cambio mejore el
cumplimiento. También hará reducir los costos y reducirá la carga para
los médicos y enfermeras, ya que menos pacientes necesitarán
asesoramiento acerca de la profilaxis contra el VIH».9
En un hospital de Boston, se ofreció a 10 pacientes pediátricos y
adolescentes la profilaxis contra el VIH más de un año después de la
exposición sexual o un pinchazo accidental con una aguja. Ocho comenzaron
el tratamiento y dos lo terminaron. Problemas financieros, efectos
secundarios, cuestiones psiquiátricas y de abuso de drogas, y participación
de los padres influyeron en el grado de continuación.10
En general, los efectos secundarios de la profilaxis contra el VIH son
molestos pero no plantean una amenaza grave para la salud, especialmente
la zidovudina y la lamivudina. No obstante, cuando se usa la nevirapina
para esta profilaxis, también se han notificado efectos adversos. En un
estudio británico, cinco de 41 pacientes que usaron un régimen que
contenía nevirapina sufrieron problemas graves, incluida hepatitis.11
En un informe de casos similares, los CDC hicieron hincapié en que no se
ha notificado toxicidad grave por la nevirapina cuando se usa en regímenes
para madre y lactante ni en el tratamiento de personas infectadas por el
VIH.12
Otra barrera importante que se opone a la profilaxis contra el VIH es
el costo. En Estados Unidos, los médicos calculan el costo entre US$1.100
y $1.600, según se necesite o no un inhibidor de proteasa en el régimen.13
El programa canadiense que comenzó a ofrecer este tipo de profilaxis en
1996 calculó que el costo sería de aproximadamente US$70.000 (costo del
tratamiento de 140 pacientes, de los cuales sólo un caso de VIH se
prevendría).14
Eficacia
Ningún estudio ha examinado el efecto del tratamiento tras una posible
exposición sexual al VIH, pero las investigaciones afines indican que
podría ser eficaz en ciertas situaciones. Por ejemplo, cuando los
trabajadores de atención de salud habían estado expuestos a través de
la piel a sangre infectada por el VIH, las probabilidades de infección se
reducían en 81 por ciento si el trabajador tomaba zidovudina después de
la exposición. En el estudio participaron más de 700 trabajadores que
habían estado expuestos al VIH entre 1988 y 1994 y se controlaron
factores que contribuían al riesgo de transmisión como el volumen de
sangre transferida en la exposición.15 Los CDC han publicado
recomendaciones para el tratamiento de trabajadores de atención de salud
expuestos al VIH.16
Las investigaciones han revelado que los agentes antirretrovirales han
sido eficaces en la prevención de la transmisión perinatal del VIH -- de
una mujer embarazada a su recién nacido. En un ensayo controlado,
aleatorio y prospectivo, la zidovudina administrada durante el embarazo y
el parto a mujeres infectadas por el VIH y a sus recién nacidos durante
seis semanas redujo la transmisión perinatal en 67 por ciento, comparado
con el grupo testigo.17 En un estudio efectuado en Tailandia,
la transmisión perinatal del VIH se redujo en 51 por ciento en las
mujeres tratadas desde la 36a semana de gestación hasta el parto.18
El tratamiento con medicamentos profilácticos de la exposición al VIH
debe hacerse pronto. Al parecer, cuanto antes comience el régimen, más
eficaz es. Después de la exposición, toma varios días para que la
infección se establezca. Las intervenciones pueden detener la replicación
viral y permitir que las defensas inmunitarias del huésped eliminen el
virus. Las investigaciones han demostrado que en caso de infección a través
de sangre en exposiciones por pinchazo con aguja, las células de la piel
pueden luchar contra la infección con la profilaxis química apropiada.
La exposición sexual al VIH a través de una superficie mucosa no es
totalmente análoga a la exposición a través de la piel, pero puede
producir respuestas similares; por consiguiente, el tratamiento
antirretroviral aún puede detener la infección al reducir a un mínimo
la replicación viral.19
Preferiblemente, el tratamiento debe iniciarse antes de que transcurran
dos horas desde el momento del contacto. Sin embargo, esto suele ser
imposible después de un contacto sexual. Los CDC dicen que la máxima
eficacia de la profilaxis contra el VIH se obtiene cuando se inicia antes
de que transcurran 24 horas desde el momento de la exposición, pero el
período durante el cual el tratamiento es eficaz no se ha estudiado en
seres humanos.
Además del régimen de 28 días de zidovudina o lamivudina, es posible
que se recomiende tratamiento con una serie más complicada de
medicamentos con inhibidores de proteasa si la exposición ocurrió con
una persona infectada por el VIH que estaba usando un tratamiento farmacológico
particular. Dada la duración del régimen, una persona que posiblemente
ha estado expuesta a la infección por el VIH varias veces al mes usaría,
esencialmente, una profilaxis continua. Por lo tanto, el tratamiento se
recomienda sólo para exposiciones esporádicas.
Otras ITS
Las ITS bacterianas se pueden tratar. Lo ideal sería que a una persona
que solicita asistencia después de un acto sexual sin protección se le
hicieran pruebas respecto a varias infecciones bacterianas y se le diera
tratamiento si estuviese infectada. La infección debe tratarse ya sea que
haya resultado de un incidente inmediato o de una exposición anterior.
Sin embargo, el diagnóstico no es posible en muchos entornos que carecen
de equipo de laboratorio adecuado y de otros recursos.
Dados los obstáculos que se oponen al diagnóstico y al tratamiento de
las ITS bacterianas después de un contacto sexual sin protección, muchos
expertos recomiendan profilaxis de postexposición para las ITS
bacterianas, especialmente en caso de agresión sexual. Los CDC han
elaborado directrices para el tratamiento de emergencia de ITS tras un
incidente de agresión sexual. Estas incluyen una combinación de antibióticos
diseñada para que actúe como tratamiento presuntivo de gonorrea,
clamidiasis, vaginosis bacteriana y tricomoniasis, que son ITS
transmitidas comúnmente.
El régimen de antibióticos para dichas infecciones incluye 125 mg de
ceftriaxona en una sola inyección intramuscular; 2 g de metronidazol en
una sola dosis oral; y ya sea 1 g de azitromicina en una sola dosis oral o
100 mg de doxiciclina oral dos veces al día durante siete días.20
Los CDC recomiendan el uso de una vacuna contra la hepatitis B, que es
una ITS viral, después de un incidente de agresión sexual como
profilaxis contra una infección posible. No existe tratamiento de
postexposición para el virus del herpes simple (VHS) ni para el virus del
papiloma humano (VPH).
En los lugares donde ocurre violencia sexual con frecuencia, el
tratamiento de ITS y la anticoncepción de emergencia han llegado a formar
parte de algunos protocolos médicos corrientes. Por ejemplo, la Comisión
Humana de las Naciones Unidas para los Refugiados recomienda que se
proporcione a las víctimas de agresión sexual en campos de refugiados
tratamiento para ITS bacterianas y anticoncepción de emergencia.
En México, el Population Council, organismos no gubernamentales
locales y grupos de promoción de la causa de la mujer han estado
trabajando con hospitales, la policía, servicios psicológicos y otros
que trabajan con víctimas de violación para informarlas a ellas y a
otras mujeres acerca de la anticoncepción de emergencia. Ricardo Vernon,
del Population Council y quien dirigió el proyecto, opina: «Consideramos
la posibilidad de agregar un componente para abordar la profilaxis de
postexposición para las víctimas de agresión sexual que tal vez
estuvieron expuestas a ITS/VIH. La simple intervención de agregar la
anticoncepción de emergencia a los servicios prestados ya era demasiado
controvertida y compleja para considerar hacer el proyecto todavía más
complejo y costoso» al añadir la profilaxis de postexposición al VIH.
-- William R. Finger
Referencias
- Centers for Disease Control and Prevention.
Management of possible sexual, injecting-drug-use, or other
nonoccupational exposure to HIV, including considerations related to
antiretroviral therapy. Public Health Service statement. MMWR
1998;47(RR-17):1-14.
- Lurie P, Miller S, Hecht F, et al. Post-exposure
prophylaxis after nonoccupational HIV exposure. JAMA
1998;280(20):1769-73; DeGruttola V, Seage GR, Mayere KH, et al.
Infectiousness of HIV between male homosexual partners. J Clin
Epidemiol 1989;42(9):849-56; Mastro TID. Probabilities of sexual
HIV-I transmission. AIDS 1996;10(suppl A):S75-S82.
- Ippolito G, Puro V, DeCarli G, et al. The risk of
occupational human immunodeficiency virus infection in health care
workers: Italian multicenter study. Arch Intern Med
1993;153(12):1451-58.
- Katz MH, Gerberding JL. The care of persons with
recent sexual exposure to HIV. Ann Intern Med
1998;128(4):306-12.
- Lurie, 1770.
- Tokars JI, Marcus R, Culver DH, et al. Surveillance
of HIV infection and zidovudine use among health care workers after
occupational exposure to HIV-infected blood. Ann Intern Med
1993;118(12):913-19; Gounden YP, Moodley J. Exposure to
immunodeficiency virus among healthcare workers in South Africa.
Int J Gynaecol Obstet 2000;69(3):265-70.
- Wang SA, Panlilio AL, Doi PA, et al. Experience of
healthcare workers taking postexposure prophylaxis after occupational
HIV exposures: findings of the HIV Postexposure Prophylaxis Registry. Infect
Control Hosp Epidemiol 2000;21(2):780-85.
- Gounden.
- Wiebe ER, Comay SE, McGregor M, et al. Offering HIV
prophylaxis to people who have been sexually assaulted: 16 months’
experience in a sexual assault service. CMAJ
2000;162(5):641-45.
- Babl FE, Cooper ER, Damon B, et al. HIV postexposure
prophylaxis for children and adolescents. Am J Emerg Med
2000;18(3):282-87.
- Benn PD, Mercey DE, Brink N, et al. Prophylaxis with
a nevirapine-containing triple regimen after exposure to HIV-1. Lancet
2001;357(9257):687-88.
- Boxwell D, Haverkos H, Kukich S, et al. Serious
adverse events attributed to nevirapine regimens for postexposure
prophylaxis after HIV exposures -- worldwide, 1997-2000. MMWR
2001;49(51):1153-56.
- Katz.
- Wiebe.
- Cardo DM, Culver DH, Ciesielski CA, et al. A
case-control study of HIV seroconversion in health care workers after
percutaneous exposure. N Engl J Med 1997;337(21):1485-90.
- Centers for Disease Control and Prevention. Public
Health Service guidelines for the management of health care worker
exposures to HIV and recommendations for postexposure prophylaxis. MMWR
1998;47(RR-7):1-33.
- Sperling RS, Shapiro DE, Coombs RW, et al. Maternal
viral load, zidovudine treatment, and the risk of transmission of
human immunodeficiency virus type 1 from mother to infant. N Engl J
Med 1996;335(22):1621-29.
- Centers for Disease Control and Prevention.
Administration of zidovudine during late pregnancy and delivery to
prevent perinatal HIV transmission --Thailand 1996-1998. JAMA;1998;279(14):1061-62.
- Katz MH, Gerberding JL. Postexposure treatment of
people exposed to the human immunodeficiency virus through sexual
contact or injection-drug use. N Engl J Med
1997;336(15):1097-1100.
- Centers for Disease Control and Prevention. 1998
guidelines for treatment of sexually transmitted diseases. MMWR
1998;47(RR-1):109-11.
|