A menudo, las adolescentes no tienen acceso a información y servicios,
autonomía ni aptitudes de toma de decisiones, y por esa razón son
vulnerables a una serie de problemas de salud reproductiva.
En las adolescentes refugiadas, esta vulnerabilidad se ve agravada por
la violencia, la separación de la familia y malas condiciones de vida.
Los programas de salud generalmente se centran en la prestación de
servicios de emergencia, como el suministro de agua pura y saneamiento, y
los programas de salud reproductiva generalmente están diseñados para
las embarazadas y los lactantes. Se presta poca atención a los jóvenes
que tienen preguntas acerca de la pubertad, la menstruación, la
sexualidad o las relaciones.
Para abordar estas necesidades singulares de servicios de salud de las
adolescentes refugiadas, la Asociación Mundial de Niñas Guías y
Exploradoras (WAGGGS) y FHI elaboraron un proyecto de capacitación
integral y de educación por compañeras. El Proyecto de Salud de las
Refugiadas Adolescentes (HARP) ofrece a las jóvenes una insignia de
excelencia cuando éstas llevan a cabo una serie de actividades que
incluyen enseñar a otras acerca de la salud reproductiva. Un proyecto
piloto de dos años realizado en Uganda, Zambia y Egipto, financiado por
el Fondo de Población de las Naciones Unidas, terminó en el año 2000, y
una evaluación efectuada por FHI observó que el programa había podido
mejorar el uso de los servicios de atención de salud por parte de las
adolescentes y su autoestima. Las exploradoras siguen ganando la insignia
en los tres países, con fondos locales.
Lindsay Gilbert, ejecutiva de elaboración de proyectos y programas de
WAGGGS declara: «Una de las cosas más importantes que logramos es que
comprobamos que se puede ofrecer educación en salud reproductiva a las
refugiadas adolescentes. Comprobamos que se puede impartir educación que
puede hacer cambiar los conocimientos y el comportamiento. Las niñas que
participaron en el proyecto nos dijeron que tenían ambiciones y
esperanzas para el futuro. Las familias también pudieron aprender de sus
hijas».
En cada país, 10 mujeres, la mayoría de ellas refugiadas, recibieron
capacitación para ser líderes de grupos. En Uganda y Zambia, 600 niñas
que vivían en campos de refugiados participaron inicialmente en HARP,
mientras que en Egipto, participaron 100 niñas refugiadas que vivían en
todo El Cairo.
Para ganarse la insignia, las niñas participan en actividades
educacionales y asisten a sesiones en las que hablan de temas de salud,
que incluyen el sistema reproductor femenino, cambios físicos y
emocionales que ocurren durante la pubertad, relaciones, el cuerpo humano,
nutrición, higiene y prevención de enfermedades. Se elaboraron tres
programas de estudios diferentes: uno para las niñas de 7 a 10 años de
edad, uno para las de 11 a 14 años y otro para las de 15 años y más.
Los temas varían con la edad; las niñas del primer grupo aprenden acerca
de los cambios físicos y emocionales que ocurren durante la adolescencia,
las del segundo grupo aprenden acerca de la prevención de las
enfermedades de transmisión sexual y del embarazo, y las del tercer grupo
aprenden acerca del embarazo saludable y los cuidados del recién nacido.
Las niñas tienen que llevar a cabo otras actividades obligatorias y
optativas para ganar las insignias.1 Las actividades
obligatorias varían con la edad pero se centran en la elaboración de un
cuaderno con dibujos para que lo muestren a sus amigas. Por ejemplo,
durante el proyecto HARP, se pidió a las niñas de 7 a 10 años que
hicieran dibujos del cuerpo humano, mientras que a las de 15 años y más
se les pidió que hicieran ilustraciones de la salud maternoinfantil. Además,
las niñas usaban el cuaderno para guardar materiales de otras actividades
del HARP, por ejemplo, diarios de su ciclo menstrual, canciones o poemas
escritos en honor de una mujer importante en su vida, o un examen para sus
compañeras relativo a la transmisión del VIH.
Para ganar las insignias, las niñas trabajan como educadoras de compañeras
en sus comunidades y deben enseñar a por lo menos 25 niñas mediante
charlas informales de grupo, visitas individuales, distribución de
materiales educacionales o charlas formales.
Las niñas también pueden ganar certificados de categoría de bronce,
plata y oro por realizar tareas adicionales, como por ejemplo planificar y
preparar una comida saludable, presentar una obra de teatro basada en
temas de salud o elaborar una lista de recomendaciones para las
organizaciones de salud que trabajan con refugiadas adolescentes. Todas
las tareas se centran en transmitir conocimientos a los demás.
Al evaluar el HARP, FHI observó que las participantes entendían los
mensajes de salud general acerca de la pubertad, la higiene personal, el
saneamiento y la nutrición. Sin embargo, a las niñas se les dificultaba
entender temas más complejos. Por ejemplo, algunas no entendían el período
«seguro» del ciclo menstrual. Esto pudo deberse a que los materiales
educacionales estaban impresos en inglés, no en idiomas locales, y rara
vez el texto contenía ilustraciones. Del mismo modo, las guías líderes
tenían experiencia en la enseñanza de métodos que hacían hincapié en
el aprendizaje de memoria y no en la participación de los estudiantes.
Además, conceptos como «género» y «autoestima» eran nuevos para las
niñas y difíciles de explicar.2
Además de aumentar los conocimientos de las niñas acerca de la salud,
el HARP brindó a las participantes un lugar seguro dónde reunirse, la
oportunidad de expresar su creatividad y divertirse, elementos a menudo
inexistentes en la vida de las refugiadas jóvenes. Así mismo, el HARP
dio a las jóvenes la oportunidad de interactuar con mujeres mayores que
les sirve como modelo de personas solícitas y protectoras.
Un problema que surgió en la ejecución del proyecto fue que muchas
adolescentes se negaban a hablar de algunas cuestiones de salud
reproductiva. A algunas niñas de Zambia les causaba vergüenza los
dibujos del útero. Otras se avergonzaban cuando los muchachos hacían
comentarios acerca de sus cuadernos. Algunas no querían llevar los
cuadernos a su casa para mostrarlos a sus familias.
El proyecto HARP también benefició a los adultos que trabajaban con
adolescentes. Una coordinadora de proyectos obtuvo nuevos conocimientos
relativos a la salud reproductiva, y dijo: «Es una pena que sólo a los
30 años haya aprendido algunas de estas cosas, pero por lo menos las sé
ahora». Otros dicen que su participación en el HARP hizo que mejorara su
condición en la comunidad. «Ahora soy famosa en mi aldea», dice una de
las guías líderes de Uganda. Y las coordinadoras nacionales que
trabajaban en el proyecto dijeron que sentían empatía por los
refugiados. Una capacitadora egipcia declaró: «Nunca había visto a
estas personas en nuestra comunidad, pero ahora soy consciente de su
presencia. Ahora ellas me ven en el mercado y me llaman, y yo sé que están
aquí».
Aunque
el proyecto HARP fue diseñado exclusivamente para niñas, una lección
importante que se aprendió fue que era necesario elaborar actividades
para los varones adolescentes. Lindsay Gilbert opina: «Era evidente que
las comunidades querían que los muchachos también participaran. Cuando
una jovencita obtenía conocimientos relativos a la planificación
familiar, era difícil aplicar lo aprendido si no contaba con la comprensión
de su compañero».
La participación masculina será un componente central de un proyecto
nuevo de WAGGGS y FHI. El Proyecto de Adolescentes Saludables en la India
(HAPI) trabajará con los Exploradores Bharat y la Asociación de Guías
para adaptar el programa de estudios del HARP para niños y niñas, a fin
de ofrecer programas diferentes a los grupos de 10 a 13 años de edad y de
14 años y más. El proyecto, que se llevará a cabo en siete lugares de
Bengala Occidental, es financiado por la Fundación David y Lucile
Packard.
El proyecto HAPI espera beneficiar a millares de jóvenes mediante la
educación impartida por compañeros. Los proveedores de salud también
trabajarán con grupos de exploradores y guías, y darán charlas en las
reuniones, promoverán la salud de los adolescentes en eventos especiales
y llevarán a cabo visitas a consultorios de salud locales para jóvenes.
Matthew Tiedemann, de FHI y que trabaja con los proyectos HARP y HAPI,
declara: «Lo más interesante de estos programas es que estamos
beneficiando a los adolescentes con información de salud cuando ellos
apenas están adquiriendo actitudes y hábitos que van a durar toda una
vida. Los estamos beneficiando mediante una red establecida y fiable (de
guías y exploradores) y estamos aplicando en el proyecto HAPI las
lecciones aprendidas de HARP. Esperamos que habrá oportunidades de
adaptar el programa en más países».
-- Barbara Barnett
Referencias
- World Association of Girl Guides and Girl Scouts. Badge
Curriculum: Health of Adolescent Refugees Project. London: World
Association of Girl Guides and Girl Scouts, Family Health
International, the United Nations Population Fund, nd; World
Association of Girl Guides and Girl Scouts. The Leader's Handbook:
Health of Adolescent Refugees Project. London: World Association
of Girl Guides and Girl Scouts, Family Health International, the
United Nations Population Fund, nd.
- Family Health International. The Health of
Adolescent Refugees Project (HARP): Evaluation of the Pilot Project.
Research Triangle Park, NC: Family Health International, 2000.