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Para una adolescente, un embarazo no planificado puede tener
consecuencias graves; por ejemplo el compañero la puede abandonar, la
pueden expulsar de la escuela, puede perder su trabajo, puede que su
familia pierda el honor si no está casada, o puede sufrir enfermedades o
morir.
Porque tienen miedo o vergüenza, o porque se sienten desesperadas,
muchas jóvenes están dispuestas a arriesgar sus vidas para poner fin a
un embarazo no planificado. Buscan servicios de aborto ilícito, con
frecuencia prestados por una persona no capacitada y en condiciones
peligrosas, o prueban métodos peligrosos para inducirse el aborto ellas
mismas y beben gasolina o detergente, toman sobredosis de fármacos, se
hacen duchas con blanqueadores o se insertan objetos en la vagina.
«Cuando una adolescente quiere poner fin a un embarazo, siempre acude
a lugares donde no debe ir, a los sitios más aislados donde sabe que
nadie la va a ver. Va a lugares donde no hay ginecólogos», dice un
trabajador de salud de África Occidental.1
A nivel mundial, el aborto clandestino es algo que ocurre comúnmente
entre las adolescentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula
que cada año ocurren entre 1 millón y 4,4 millones de abortos entre las
jóvenes (de 10 a 24 años de edad), y que la mayor parte de estos abortos
son peligrosos porque los realizan proveedores no capacitados y en
condiciones ilícitas y peligrosas.2
«Las adolescentes tienen más probabilidades que las mujeres adultas
de negar que están embarazadas, no reconocer los signos del embarazo,
demorarse en tomar una decisión y solicitar servicios de aborto cuando el
embarazo ya está avanzado, lo cual las hace correr un riesgo mayor»,
opinó Ashley Montague, asociada de programas de Ipas, organización de
salud reproductiva con sede en Estados Unidos que centra su labor en la
prevención de abortos peligrosos.
Si bien es cierto que no todos los abortos clandestinos son peligrosos,
éstos se asociacian con tasas elevadas de enfermedad y mortalidad. El
aborto peligroso puede causar hemorragia, infección y heridas o
quemaduras químicas de los genitales u órganos reproductores. El
tratamiento puede requerir hospitalización, transfusiones de sangre,
antibióticos y otros medicamentos.
Entre las consecuencias a largo plazo figuran dolor crónico, embarazo
ectópico e infertilidad a causa de infecciones del aparato genital
superior. La infertilidad puede tener consecuencias socioeconómicas
graves; por ejemplo, el compañero puede abandonar a la mujer y la
comunidad la puede excluir. Es posible que las mujeres infértiles no
puedan casarse, y si no se casan, tienen pocas esperanzas de tener
seguridad económica o de gozar del respeto de los que la rodean. Además,
a muchas jóvenes que quedan embarazadas las escuelas las expulsan o las
despiden del trabajo, lo cual limita más las oportunidades que tienen de
tener ingresos.
Para ayudar a reducir el número de muertes y de enfermedades
producidas por el aborto, los especialistas en salud recomiendan varias
estrategias, a saber: poner más a la disposición de los adolescentes
información y servicios de planificación familiar; ofrecer anticoncepción
de emergencia a las adolescentes que han tenido relaciones sexuales sin
protección o que están preocupadas por que tal vez el anticonceptivo ha
fallado; y mejorar la atención de postaborto, incluidos los servicios de
anticonceptivos para las mujeres hospitalizadas por complicaciones del
aborto.
Anticonceptivos para los jóvenes
Algunas de las razones que explican el aborto peligroso pueden
atribuirse a una falta de anticonceptivos y otros servicios de salud
reproductiva para los jóvenes.
Con más frecuencia, los programas de planificación familiar se diseñan
para las mujeres casadas, no para las mujeres o los hombres jóvenes y
solteros. Es posible que los jóvenes no sepan cómo o dónde obtener
servicios de planificación familiar; y los que lo saben, pueden sentirse
desanimados por las actitudes de los trabajadores de salud que juzgan el
comportamiento de los jóvenes.
En Dakar, Senegal, 12 jóvenes que representaron el papel de clientes
en un estudio de FHI acudieron a consultorios de planificación familiar y
se les dijo: «usted es demasiado joven para eso» y «concéntrese más
en sus estudios porque estos métodos son malos para su salud.»3
En Ghana, los trabajadores de planificación familiar dijeron que el
matrimonio era un requisito obligatorio para recibir servicios de
planificación familiar.4
En general, los adultos jóvenes saben menos acerca de la planificación
familiar que los mayores, y cuando usan la anticoncepción, tienden a usar
métodos menos eficaces, a usarlos incorrectamente o abandonar la
anticoncepción por completo.
La falta de acceso a servicios de anticoncepción es una de las razones
que explican el aumento de las tasas de aborto entre las jóvenes de
Vietnam, donde los servicios de aborto son legales y se pueden obtener fácilmente.
Un estudio reveló que en Hanoi, el 90% de 259 mujeres que se habían
sometido al aborto tenían entre 15 y 24 años de edad. A pesar de que el
78% de las jóvenes sabían que existía la planificación familiar, sólo
26% habían usado un método principalmente condones o el método del
coito interrumpido y no usaban esos métodos sistemática y
correctamente.
Cuando se les preguntó por qué no habían usado la anticoncepción,
algunas vietnamitas explicaron que se supone que sean vírgenes cuando se
casen, y la búsqueda de servicios de planificación pondría de
manifiesto que tienen relaciones sexuales. Así mismo, el no usar la
anticoncepción se consideraba como un signo de fidelidad y confianza de
que una relación podría conducir al matrimonio. Algunas mujeres
explicaron que no sabían que los condones protegían contra el embarazo y
contra las enfermedades de transmisión sexual, y otras creían que los
anticonceptivos orales causaban infertilidad permanente. El 93% de ellas
dijeron que hubieran podido evitar el embarazo si hubieran tenido mejor
información acerca de la sexualidad y la anticoncepción.5
Una educación mejor relativa a la vida familiar impartida en las
escuelas podría ayudar a los jóvenes a posponer las relaciones sexuales
o a usar la anticoncepción correctamente cuando empiecen a tenerlas.
Luisa Cabal, abogada que trabaja en el Centro para Derecho y Políticas de
Reproducción de Estados Unidos, opina: «Para prevenir el aborto, también
hay que considerar el derecho a la educación, a la información y a los
servicios de planificación familiar y salud reproductiva en general. El
acceso a la información y a la educación debe vincularse al acceso a los
servicios». Y agrega que, además de los servicios de planificación
familiar, los adultos jóvenes necesitan servicios afines, como pruebas
para el VIH y asesoramiento para casos de violencia sexual.
Montague, de Ipas, dice: «Tenemos que elaborar políticas y establecer
consultorios que sean amigos de los adolescentes, que ofrezcan horarios y
ubicaciones convenientes, y servicios que puedan pagar. Necesitamos
proveedores que no tengan prejuicios y que hayan recibido capacitación
especial para trabajar con los adolescentes. Debemos garantizar la
confidencialidad y preguntar a los adolescentes qué podría ayudarlos a
usar la anticoncepción con más eficacia».
Y añade: «Los programas de salud deben ofrecer una amplia variedad de
métodos, que incluyan los condones femeninos y la anticoncepción de
emergencia. Los proveedores deben determinar si una joven necesita un método
que no requiera la cooperación del compañero o si necesita un método
que pueda esconder fácilmente para que sus familiares no se enteren de
que lo está usando. Los proveedores deben hacer todo lo posible por
abordar mitos e inquietudes acerca de la anticoncepción. Y deben prestar
más servicios de extensión en escuelas y en entornos no clínicos y
más seguimiento para los clientes más jóvenes».
Al aumentar los conocimientos que tienen los adolescentes acerca de la
anticoncepción de emergencia y mejorar el acceso a ésta se puede ayudar
a reducir el número de embarazos no planificados y el aborto, declara
Montague. Es cierto que la anticoncepción de emergencia no debe usarse
como un método anticonceptivo corriente, pero es posible que los jóvenes
no sepan que ésta existe, cómo obtenerla o cómo usarla correctamente.
En Nigeria se llevó a cabo una encuesta con 156 mujeres jóvenes que
se habían sometido a un aborto clandestino. La mayoría de ellas habían
oído hablar de la anticoncepción de emergencia, pero menos de la tercera
parte sabía que existían las píldoras anticonceptivas de emergencia. 6
Un estudio realizado en un centro para adultos jóvenes en Nueva York
reveló que sólo un 30% sabía que existía la anticoncepción de
emergencia. 7
Algunos expertos en salud han recomendado que se proporcionen píldoras
anticonceptivas de emergencia por adelantado a los jóvenes que tienen
relaciones sexuales. Las píldoras se deben proporcionar con instrucciones
escritas que indiquen cómo y cuándo se deben tomar. También se pueden
proporcionar a las parejas que usan el condón, para que las usen en caso
de que éste se rompa o falle.
Atención de postaborto
Para las jóvenes que se han sometido a un aborto, la atención de
postaborto, incluido el asesoramiento en planificación familiar, es
esencial para prevenir que se repitan los abortos. Las jóvenes deben
saber que la fertilidad puede regresar rápidamente después de un aborto
y cuáles anticonceptivos están disponibles.
Si no surgen complicaciones después de un aborto durante el primer
trimestre, la mujer puede usar cualquier método anticonceptivo, salvo la
abstinencia periódica, que no se recomienda antes de que vuelva el ciclo
menstrual normal. Si ha tenido un aborto durante el segundo trimestre, hay
que esperar entre cuatro y seis semanas (que es el tiempo que toma para
que el útero vuelva a su tamaño normal) para determinar el tamaño
adecuado del diafragma o capuchón que la mujer debe usar. La inserción
del DIU también debe posponerse entre cuatro y seis semanas desde la
fecha del aborto, a menos que el proveedor esté capacitado para la
inserción inmediatamente después del aborto. Las mujeres que padecen
infecciones no deben usar dispositivos intrauterinos o someterse a la
esterilización antes de que se hayan curado las infecciones (generalmente
tres meses). Las mujeres que han sufrido graves traumatismos del aparato
genital no deben usar DIU, espermicidas, diafragmas, capuchones cervicales
ni someterse a una esterilización antes de que se haya sanado el
traumatismo. Las que sufren de sangrado grave o anemia conexa no deben
usar el DIU ni deben someterse a una esterilización antes de que la
condición haya desaparecido. Las mujeres no deben reanudar las relaciones
sexuales antes de que haya cesado el sangrado de postaborto que
generalmente dura entre cinco y siete días ni antes de que se haya
resuelto todo problema o complicación.8
En muchos países la labor se ha centrado en mejorar los servicios de
postaborto. En Kenia, el Population Council, Ipas y el Ministerio de Salud
evaluaron diferentes formas de prestar servicios de postaborto. Un sistema
ofrecía servicios en pabellones de ginecología mediante el personal de
ginecología. Otro ofrecía servicios en el pabellón, pero por conducto
de proveedores de servicios de planificación familiar y salud materna. El
tercer sistema ofrecía servicios en consultorios de planificación
familiar.
La evaluación reveló que el primer sistema, en el que el personal de
ginecología prestaba servicios de planificación familiar en el pabellón
de ginecología, era el más eficaz, el más aceptable para los clientes y
el más fácil de administrar. La prestación de servicios en el pabellón
de ginecología también brindaba al personal del hospital la oportunidad
de asesorar a los hombres cuando éstos visitaban a sus compañeras.
Antes del estudio, los hospitales ofrecían anticonceptivos a las
mujeres que recibían tratamiento por complicaciones del aborto, pero los
servicios de planificación familiar estaban ubicados lejos de los
pabellones, y no existían vínculos formales entre los pabellones y los
consultorios de planificación familiar. Los investigadores observaron que
el asesoramiento en planificación familiar de postaborto ayudaba a
aumentar el uso de la anticoncepción en las mujeres. Más de las dos
terceras partes de las clientas en el postaborto decidieron usar la
planificación familiar, y más del 70% de ellas recibieron un método
antes de salir del hospital. Antes del estudio, sólo 22% dijeron que usarían
la planificación familiar, y 3% recibieron un método antes de salir del
hospital.9
En Bolivia, el Population Council trabajó con el Ministerio de Salud
en un estudio piloto para mejorar la atención de postaborto. Antes del
estudio, el personal hospitalario había interrogado a las pacientes en el
postaborto para determinar los casos de aborto ilícito y había cobrado
sumas más altas a las pacientes que tenían síntomas de aborto inducido.
Las pacientes que habían abortado recibían atención de emergencia y
eran dadas de alta rápidamente sin darles asesoramiento.
Durante el estudio, el personal estableció una zona especial de
tratamiento y asesoramiento para las pacientes en el postaborto, hizo
hincapié en las comunicaciones interpersonales y estableció un sistema
de remisión para las mujeres que necesitaban otros servicios de salud
reproductiva, incluida la anticoncepción. Los conocimientos técnicos del
personal hospitalario mejoraron, como también sus técnicas de
asesoramiento.
La aceptación de la anticoncepción aumentó considerablemente. En
1995, el uso de la anticoncepción en el postaborto fue de menos del 15%
en La Paz, Santa Cruz y Sucre. Para 1997, la aceptación había aumentado
a más del 60% en Sucre y a más del 80% en La Paz y Santa Cruz. Una de
las consecuencias de los cambios fue que el hospital empezó a atender a más
adolescentes con servicios de planificación familiar de postaborto a
medida que se divulgaba la noticia de que el hospital ofrecía esos
servicios.10
Otra estrategia para mejorar la atención de postaborto es hacer que
las comunidades se enteren de que existen esos servicios. En Zimbabwe, el
Proyecto POLICY informa a los jóvenes acerca de los peligros del aborto
clandestino. El Grupo de Teatro Amakhosi produjo una obra relativa a una
pareja de adolescentes que sucumbe a la presión de los compañeros y
tienen una relación sexual. El joven se va cuando se entera de que su
novia está embarazada, y la joven acude a una trabajadora de sexo
comercial para que la haga abortar. Surgen complicaciones y los padres de
la joven la llevan al hospital. Ella sobrevive pero no puede volver a
tener hijos. La obra termina con una advertencia que hace la madre al público
acerca de los riesgos del aborto peligroso, la necesidad de recibir atención
médica inmediata si surgen problemas y la importancia del asesoramiento
en planificación familiar.
Más de 2.500 personas han visto la obra, que se usa para generar
charlas entre los miembros de la comunidad, incluidos los funcionarios
municipales, trabajadores de salud, jefes de aldeas, curanderos
tradicionales y el clero. Basándose en estas charlas, los investigadores
han recomendado que los adolescentes reciban más información acerca de
la planificación familiar y el aborto peligroso.11
Dado que el embarazo no deseado puede ser producto de una relación
sexual involuntaria, es útil que los proveedores reciban capacitación en
materia de violencia por parte del compañero, la violación y la agresión.
En la Ciudad de México, Ipas dirigió talleres en tres hospitales para
poner a los proveedores de servicios de salud al tanto de las necesidades
de las víctimas, e Ipas lanzó una campaña por los medios de información
para animar a las víctimas del aborto a notificar los ataques de los que
habían sido objeto. Ambas actividades forman parte de una labor más
amplia para aumentar el acceso al aborto para las mujeres que han sido víctimas
de la violencia.
Otra sugerencia para mejorar la atención de postaborto es la
descentralización de los servicios, para que la atención de postaborto
se ofrezca en los centros de salud, además de ofrecerse en los
hospitales. Ipas también recomienda que los trabajadores de salud reciban
capacitación en la aspiración manual al vacío, que emplea succión para
extraer lo que queda dentro del útero después del aborto, mientras que
el método tradicional de dilatación y legrado consiste en raspar la
pared uterina. La aspiración puede evitar la necesidad de hospitalización.
Si bien es cierto que es importante mantener buenos servicios, las
presiones económicas sencillas desempeñan una función en la decisión
de una joven de continuar el embarazo o abortar, y de si puede pagar un
aborto seguro.
En Guinea y Costa de Marfil, los jóvenes dijeron a los investigadores
de FHI que una jovencita embarazada consideraría si puede pagar las
visitas al hospital para los exámenes prenatales, los medicamentos y
mejores alimentos, además de los costos a largo plazo de la crianza de un
hijo, y el deseo del padre de asumir una responsabilidad financiera. Si
decide abortar, los costos suelen determinar el método empleado. «Cuando
no hay suficiente dinero, creo que ella recurriría a métodos indígenas»,
explicó un joven, refiriéndose a sustancias peligrosas que se usan para
inducir un aborto o a causarse caídas o propinarse golpes en la parte
baja del abdomen.12
-- Barbara Barnett
Referencias
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Abortion Among Adolescents in Guinea and Côte d'Ivoire Final Report.
Research Triangle Park, NC: Family Health International, 1998.
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Health Organization, 1997.
- Naré C, Katz K, Tolley E. Measuring Access to
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Senegal. Research Triangle Park, NC: Family Health International,
1996.
- Tuun-Baah KA, Stanback J. Provider Rationales for
Restrictive Family Planning Service Practices in Ghana. Final Report. Research
Triangle Park, NC: Family Health International, 1995.
- Bélanger D, Hong KT. Young single women using
abortion in Hanoi, Vietnam. Asia-Pac Popul J 1998;13(2):3-26.
- Arowojolu AO, Adekunle AO. Knowledge and practice of
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1999;66(1):31-32.
- Cohall AT, Dickerson D, Vaughan R, et al. Inner-city
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Health Organization, 1997; Winkler J, Oliveras E, McIntosh N, eds. Postabortion
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Postabortion Care Consortium, 1995.
- Solo J, Billings DL, Aloo-Obunga C, et al. Creating
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services in Kenya. Stud Fam Plann 1999;30(1):17-27.
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Care Operations Research. Summary Report of a Global Meeting.
Online. Population Council. Available: http://www.popcouncil.org.
May 31, 2000; Díaz J, Loayza M, de Yépez YT, et al. Improving the
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period in three public-sector hospitals in Bolivia. In Huntington D,
Piet-Pelon NJ, eds. Postabortion Care: Lessons from Operations
Research. New York: Population Council, 1999.
- Pierce E, Settergren S. Unsafe abortion and
postabortion care in Zimbabwe: community perspectives. Policy
Matters 2000;1:1-4.
- Tolley.
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Amigos y familiares fomentan el aborto |
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Las investigaciones revelan que en el caso de muchas mujeres jóvenes
son los amigos, los padres y los compañeros sexuales quienes las
instan a tener un aborto.
Según un estudio de FHI realizado en Brasil con 563 mujeres jóvenes
que solicitaban atención prenatal o de postaborto, la mitad de las
adolescentes en ambos grupos dijo que alguien cercano a ellas les
había recomendado que pusieran fin al embarazo. Entre las
adolescentes que solicitaron atención prenatal, las sugerencias
fueron hechas por amigos (48%), madres (20%), otros parientes (23%)
y sus compañeros sexuales (9%). Entre las adolescentes que tuvieron
aborto inducido, las sugerencias fueron hechas por amigos (29%),
madres (27%), compañeros (24%) y otros parientes (20%).1
Algunos estudios realizados en África han demostrado que las
redes sociales y familiares son una fuente de información
importante acerca del aborto, en particular para las jóvenes
solteras. En un estudio de FHI, realizado en Guinea, una joven dijo:
«Fui a ver a mi amiga, que me llevó donde una de sus amigas. Su
madre es partera... Ella dijo que estaba bien y me dio el precio».
Cuando la adolescente queda embarazada, las actitudes de los padres
pueden influir en las actitudes que tienen las jóvenes respecto al
embarazo y al aborto. En Guinea y Costa de Marfil, las participantes
en un estudio dijeron que era posible que una joven abortara para no
avergonzar a la familia. Algunas dijeron que una joven no abortaría
si sus padres aprobaban el embarazo.2
En Senegal, las jóvenes que quedan embarazadas pueden ser
rechazadas por sus padres y ser obligadas a marcharse del hogar. En
vez de apoyar a la joven, un joven adolescente dijo a los
investigadores que los padres «destierran a la joven o la corren de
la casa». O que si decide quedarse, «la ignoran y la tratan como
si no fuera parte de la familia.»3
Las opiniones de los compañeros suelen influir cuando las
mujeres deciden tener el hijo o poner fin al embarazo. En Tanzanía,
de 150 adolescentes que abortaron, 46% dijeron que habían informado
a sus compañeros antes que a nadie, y 27% informaron a sus compañeros
después de decirle a un amigo o pariente. Las dos terceras partes
de los hombres que sabían acerca del embarazo de sus compañeras
les dijeron que abortaran. Sólo 31% de los hombres ayudaron a las
mujeres a encontrar a alguien que hiciera el aborto, pero casi 50%
estaban dispuestos a pagar el procedimiento.4
Los compañeros influyen en las decisiones de las mujeres en
cuanto a abortar, como también en sus decisiones iniciales de
utilizar la planificación familiar. Una mujer de 20 años, en
Kenia, que quería abortar dijo que no quería hijos hasta que no
estuviese casada, pero no usaba la planificación familiar. Tenía
miedo de que los anticonceptivos orales causaran infertilidad
permanente, y su compañero no quería usar condones. Siempre que
ella sugería el uso del condón, él le daba un dulce y le pedía
que se lo comiera con el envoltorio, y le decía que así se sentía
él cuando usaba el condón.5
-- Barbara Barnett
Referencias
- Barnett B, Stein J. Women's Voices, Women's
Lives: The Impact of Family Planning. A Synthesis of Research
Findings from the Women's Studies Project. Research Triangle
Park, NC: Family Health International, 1998.
- Tolley E, Dev A, Hyjazi Y, et al. Context
of Abortion Among Adolescents in Guinea and Côte d'Ivoire.
Final Report. Research Triangle Park, NC: Family Health
International, 1998.
- Nguer R, Niang CI, Katz K, et al. Identifying
Ways to Improve Family Life Education Programs. Senegal. Research
Triangle Park, NC: Family Health International, 1999.
- Mpangile GS, Leshabari MT, Kaaya SF, et al.
The role of male partners in teenage-induced abortion in Dar es
Salaam. Afr J Fertil Sex Repro Health 1996;1(1):29-37.
- Solo J, Billings DL, Aloo-Obunga C, et al.
Creating linkages between incomplete abortion treatment and
family planning services in Kenia. Stud Fam Plann
1999;30(1):17-27.
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