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Las conversaciones cotidianas que ocurren en diversos grupos sociales
pueden desempeñar una función importante en la decisión de una persona
en cuanto a comenzar a usar la anticoncepción. Por ello, los programas de
planificación familiar pueden trabajar con grupos sociales para mejorar
sus servicios.
La familia, los amigos y los vecinos son ejemplos típicos de redes
sociales. Otras consisten en grupos de mujeres; asociaciones políticas,
religiosas o juveniles; grupos de ayuda mutua y de crédito; y
asociaciones de mercadeo.
Algunos expertos consideran que la comunicación por conducto de esas
redes sociales puede influir en las decisiones relativas a comenzar a usar
la anticoncepción en la misma medida que las campañas de los medios de
información o la información que los programas de planificación
familiar transmiten directamente a los clientes.
El doctor Thomas Valente, quien ha dirigido amplios estudios acerca de
las redes sociales, dice: "En su mayoría, las redes sociales se han
pasado por alto cuando se ponen en práctica los programas de planificación
familiar. Pero es útil examinarlas más de cerca porque constituyen una
fuerza importante en el comportamiento humano".
Muchas personas no están seguras de las consecuencias que tiene el uso
de los anticonceptivos modernos en la salud y en los aspectos social y
económico. Con frecuencia, esta incertidumbre hace que la gente hable de
ciertas cuestiones con compañeros, o pida información o que se le
tranquilice acerca de las decisión de comenzar a usar la anticoncepción,
opina el doctor Valente, profesor asociado de la Universidad de Johns
Hopkins, Baltimore, MD, Estados Unidos.
Agrega: "Es humano ser cauteloso. La gente no confía necesariamente
en lo que se le dice que ha sido la experiencia que otros han tenido con
la anticoncepción en países lejanos. Las personas tienden a recurrir a
otras que son como ellas para obtener información y asesoramiento". Y
opina que dirigir la labor a personas claves dentro de las redes sociales
como personalidades que influyen en la opinión pública, hombres y
parejas-- puede ayudar a que los programas de planificación logren metas
en salud reproductiva.
Aprendizaje social
Las redes sociales pueden influir en el uso de la anticoncepción de
dos formas: al difundir información y al influir en el comportamiento.
La información que la gente necesita y busca, especialmente en
entornos donde la prevalencia de uso de anticonceptivos es baja, incluye
la eficacia de los anticonceptivos, dónde y cuándo obtener los métodos,
y los efectos secundarios del uso de los anticonceptivos modernos. Muchas
encuestas indican que a las mujeres de todo el mundo les preocupan los
efectos secundarios.
El aprendizaje mediante charlas informales también puede tener que ver
con el intercambio de información acerca de las ventajas y las
desventajas de tener menos hijos. Tener menos hijos puede promover el
bienestar de la familia de muchas formas. Tener familias menos numerosas
puede permitir mejor alimentación, vestido, vivienda y atención para
cada miembro de la familia. El espaciamiento apropiado de los nacimientos
hace mejorar la salud de la madre y de su hijo.
Un estudio realizado en la zona rural de Kenia observó que
aproximadamente las tres cuartas partes de las 866 mujeres entrevistadas
en una encuesta domiciliaria habían hablado por lo menos con una persona
acerca de la planificación familiar, y muchas de ellas habían hablado
con más de una persona. Aproximadamente en el 95% de esas conversaciones
relativas a la planificación familiar participaron otras mujeres,
especialmente una cuñada, coesposa, amiga o hermana.1
En conversaciones de grupos de opinión y en entrevistas, las mujeres
de este estudio dijeron que la decisión de comenzar a usar el control de
la natalidad, especialmente un método moderno, es parte de un proceso. "La
información obtenida de profesionales de planificación familiar se
compara con las conversaciones sostenidas con otras mujeres más cercanas
socialmente acerca de sus experiencias, inquietudes relativas a los
efectos secundarios y las relaciones con las personas (el esposo y la
suegra) que tienen poder sobre la vida de la mujer", dice la doctora
Susan Cotts Watkins, profesora de sociología de la Universidad de
Pennsylvania, Filadelfia, PA, Estados Unidos, y coautora del estudio.
En Bolivia, una campaña de los medios de información para promover la
planificación familiar y la salud reproductiva hizo aumentar la toma de
conciencia y los conocimientos detallados acerca de los métodos
anticonceptivos. Sin embargo, el contacto con redes personales se asoció
no sólo con la mayor toma de conciencia y los conocimientos más amplios
respecto a los métodos, sino también con las actitudes relativas a la
anticoncepción, la intención de usarla, la comunicación interpersonal
acerca de ésta y su uso actual.2
La influencia social la pueden ejercer personas que tienen poder sobre
otras y las presiones que hacen que la gente se ajuste a las normas
sociales. La influencia social puede restringir el uso de la anticoncepción.
Los esposos o los familiares pueden prohibir la anticoncepción, o es
posible que las normas comunitarias amenacen con excluir de la sociedad a
toda mujer que use el control de la natalidad.
En un estudio realizado por FHI en el occidente de Java y el norte de
Sumatra, Indonesia, en colaboración con investigadores de la Universidad
de Indonesia, las mujeres dijeron que los esposos eran considerados como
los jefes de la familia, y pocas usaban la anticoncepción sin que lo
supiera el esposo. Algunas mujeres no tenían la opción de usar
anticonceptivos si el esposo no estaba de acuerdo con ello. Una mujer del
norte de Sumatra explicó por qué no usaba la anticoncepción: "Mi
esposo no me permite usar la anticoncepción. Yo no soy lo suficientemente
valiente, y sigo su consejo. Ya tenemos muchos hijos".3
Otras mujeres que se encuentran en esa situación tal vez decidan usar
la anticoncepción en secreto, y corren el riesgo de ser víctimas de
abuso o de que el esposo se divorcie de ellas o las abandone si se da
cuenta de lo que están haciendo.
En un estudio realizado en Zimbabwe y dirigido por FHI en colaboración
con el Instituto para Estudios del Desarrollo, de la Universidad de
Zimbabwe, la mayoría de los hombres casados y de las suegras deseaban que
sus esposas y nueras tuvieran muchos hijos para ampliar su linaje. La
mayoría de ellos se oponían al uso de la anticoncepción antes de que
hubieran nacido por lo menos uno o dos hijos. Muchas suegras estaban de
acuerdo con la anticoncepción sólo como medio para espaciar los
embarazos o para prevenir más embarazos cuando ya se hubieran tenido
muchos hijos.4
Otra presión social que limita el uso de la anticoncepción es la
opinión de que las adolescentes no deben tener relaciones sexuales. En
muchas partes del mundo, las relaciones sexuales son tabú para las
mujeres jóvenes y solteras. Esta norma social limita el acceso a algunos
métodos para las adolescentes sexualmente activas, puesto que el uso de
anticonceptivos implica actividad sexual. En las culturas que permiten la
poligamia, esta práctica es otra norma que puede limitar el uso de la
anticoncepción. Es posible que una mujer en un matrimonio polígamo desee
tener más hijos si las otras esposas de su marido lo están haciendo.
Asimismo, las mujeres en todo el mundo dicen que la maternidad hace que
sean respetadas, lo cual es otra presión social que no fomenta el uso de
la anticoncepción.
Poderosos aliados
Las personas que ejercen autoridad sobre una pareja también tienen el
potencial de fomentar el uso de anticonceptivos. Por ejemplo, las cuñadas
mayores, son poderosas aliadas para las nuevas usuarias, según un estudio
realizado por FHI en colaboración con el Centre d'Etudes et Recherche sur
la Population pour le Développement en Malí. En el estudio de nuevas
usuarias, las cuñadas mayores compartían sus experiencias relativas a la
planificación familiar con las cuñadas menores, a menudo recomendaban el
uso de ésta y tendían a defender la causa de las cuñadas cuyo esposo no
estaba de acuerdo con la planificación familiar. "Ella me aconsejó que
primero hablara al respecto con mi esposo y que, si él no estaba de
acuerdo, hablara con ella; y me dijo que ella hablaría con él para
explicarle", comentó una nueva usuaria acerca de su cuñada. Otra dijo: "Mi cuñada intervino porque yo ya había tenido un hijo y mellizos. Me
dijo que usara la planificación familiar. Me dijo que no dejara de
usarla, que siguiera usándola".5
En Camerún, una encuesta realizada en 1993 con aproximadamente 500
mujeres que formaban parte de asociaciones sociales reveló que las
mujeres tenían más probabilidades de usar anticonceptivos cuando las
animaban otras mujeres que eran miembros del grupo, o si éstas también
los usaban. Las probabilidades de haber usado alguna vez un método
anticonceptivo eran ocho veces superiores en una mujer que pensaba que las
mujeres miembros de su grupo usaban la anticoncepción, y eran 17 veces
mayores en una mujer que había sido animada por sus amigas a que usara la
anticoncepción. Las asociaciones, que varían entre afiliaciones
flexibles de amigas y organizaciones políticas y económicas formales,
incluían a mujeres bien conocidas por las que habían respondido a la
encuesta y con quienes éstas habían hablado con frecuencia.6
Otro estudio efectuado en Camerún, que consistió en charlas de grupos
de opinión con 94 mujeres que pertenecen a asociaciones, observó que
muchas habían probado métodos modernos, entre ellos la píldora, el
dispositivo intrauterino, inyecciones, la esterilización femenina o
masculina y el Norplant, así como métodos de barrera (condones y
espermicidas) y la planificación familiar tradicional (la abstinencia
periódica). La información relativa a la planificación familiar se
propagó rápidamente en esos grupos. Una excepción notable fueron las
musulmanas, quienes dijeron que necesitaban tener el permiso del esposo
para hablar de la planificación familiar.7
En Kenia, los clubes o los grupos de mujeres tienen muy buena acogida.
Algunos hombres también participan en grupos sociales, especialmente en
clubes deportivos. En un estudio de más de 2.000 mujeres y 2.000 hombres
de Kenia, aproximadamente la mitad de los cuales formaban parte de clubes,
observó que había una relación entre ser miembros y estar más al tanto
de la anticoncepción moderna y aprobarla más. Las mujeres miembros de
clubes de mujeres también tenían más probabilidades de haber usado
alguna vez los anticonceptivos o de estar usándolos que las que no
formaban parte de un club.8
Además, los hombres y las mujeres que eran miembros de clubes en Kenia
tenían más probabilidades que los que no lo eran de hablar de la
planificación familiar con amigos y conocidos. Las conversaciones acerca
de la planificación familiar con amigos y conocidos, más que con sólo
amigos cercanos, se relacionaban con una probabilidad mucho mayor de usar
anticonceptivos modernos. Las mujeres que habían hablado de la
planificación familiar con esos dos tipos de personas tenían ocho veces
más probabilidades de estar usando anticonceptivos modernos. Los hombres
que habían hablado de ese tema tenían tres veces más probabilidades de
usarlos que los que habían tenido pocas conversaciones acerca de la
planificación familiar sólo con amigos cercanos. Es posible que el
contacto con conocidos ofrezca mejores oportunidades de considerar nueva
información o nuevos puntos de vista, puesto que los amigos cercanos
tienden a compartir opiniones similares.
En Ghana también tiene lugar mucha comunicación interpersonal acerca
de la anticoncepción. Un estudio realizado en 1995 en el sur de este país
con unos 300 hombres y 300 mujeres observó que las personas que habían
usado alguna vez la anticoncepción moderna tenían muchas más
probabilidades de haber hablado al respecto con conocidos que los no
usuarios. Entre los hombres, los que habían usado la anticoncepción
moderna alguna vez habían hablado al respecto con un promedio de dos
conocidos, mientras que los que nunca la habían usado habían tenido ese
tipo de conversación con un promedio de menos de una persona (0,8).9
Uso de redes sociales
El doctor John Casterline, investigador en el estudio de Ghana y
asociado principal del Population Council con sede en Nueva York, dice: "Sabemos
que hay un intercambio activo de información acerca de la salud
reproductiva a través de redes sociales, y trabajar con estas redes puede
ayudar a algunos programas de planificación familiar. Pero el grado en
que las redes sociales influyen en la toma de decisiones relativas a la
anticoncepción varía de un entorno a otro, y todavía no se conoce la
magnitud de su efecto. Los científicos del campo de la sociología siguen
tratando de medir ese efecto para determinar si los recursos escasos deben
invertirse en la labor con redes sociales, y cómo invertirlos".
Entretanto, los programas de planificación familiar pueden aprovechar
las redes sociales para promover la anticoncepción y la salud
reproductiva en varias formas.
En primer lugar, dice el doctor Valente de la Universidad de Johns
Hopkins: "Dirigir la labor a las personalidades que influyen en la opinión
pública, elegidos por la comunidad misma, puede acelerar el cambio. Estas
personalidades tienden a ser conservadoras porque saben que otras personas
dependen de sus consejos. Es probable que no promuevan el cambio rápidamente.
Pero, si finalmente aceptan una idea innovadora, como la anticoncepción
moderna, eso es señal de que va a haber un cambio en la comunidad".
El doctor Casterline agrega: "En el norte de Ghana, donde la sociedad
es considerablemente patriarcal, los hombres que son jefes de complejos de
10 a 15 personas controlan claramente la entrada de información y la
adopción de comportamientos nuevos. Es esencial prestar mucha atención a
los hombres de mayor edad más influyentes y también a la población de
mujeres que se espera beneficiar".
Comenta que, en general, dirigir la labor a los hombres para que
reciban educación en materia de anticoncepción es una buena forma de
aumentar su aprobación. Y dice: "Tendemos a dejar de lado una de las
redes sociales más importantes: la que forman marido y mujer. Pero aunque
una mujer reciba apoyo de una red social de amigas, es posible que no use
un método anticonceptivo si su esposo no lo aprueba".
En un proyecto piloto de distribución comunitaria de métodos
anticonceptivos en Ghana, introducido por el Centro de Investigación en
Salud Navrongo en 1994, se observó que el apoyo social de la planificación
familiar y la creencia de las mujeres basada en conversaciones con el
esposo-- que su esposo estaba de acuerdo en que ellas usaran la
anticoncepción eran los dos factores más importantes que las hacían
adoptar la anticoncepción. Las conversaciones entre marido y mujer, y el
apoyo social influían en el uso de anticonceptivos más que el nivel de
educación, el tipo de matrimonio o el número de hijos.10
Cuando una mujer llega a las puertas de un consultorio de planificación
familiar y pide un anticonceptivo particular, los proveedores deben saber
cuáles redes sociales tal vez estén influyendo en la decisión de la
mujer. Pueden determinar esto preguntándole: "Por qué desea usar este
método?".
Si una red social está influyendo en la decisión de la mujer, los
proveedores no deben dejar de ofrecerle una variedad de otros métodos,
puesto que no hay un método que sea ideal para todos. El método
preferido de un grupo social tal vez no sea la mejor opción para una
pareja. Además, una pareja puede elegir un método inadecuado si la mayoría
de la gente que conoce lo está usando.
Aldeas enteras pueden promover el uso de un anticonceptivo como método
preferido, quizás basándose en las decisiones de los primeros usuarios
de anticonceptivos del lugar. Por ejemplo, un censo realizado en 1984 en
51 aldeas de Tailandia, reveló que cada aldea tendía a tener un método
que gozaba de más acogida, pero el que tenía más acogida variaba
notablemente de una aldea a otra. Por otra parte, en las entrevistas con
grupos de opinión efectuadas a principios de 1991, los habitantes de las
aldeas sabían muy bien cuál era el método que gozaba de más acogida en
la aldea y podían acordarse de las primeras personas que habían usado la
anticoncepción allí.11
La doctora Barbara Entwisle, autora principal de un informe relativo a
la labor realizada en Tailandia y profesora de sociología de la
Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, NC, Estados Unidos, dice: "Creemos que la gente tendía a adoptar un método que ya se estaba
usando ampliamente en su aldea no porque sentía presión social para
hacerlo, sino porque se sabía más acerca del método. Incluso cuando las
personas estaban al tanto de los efectos secundarios o de los fracasos
experimentados por los primeros usuarios, preferían los métodos respecto
a los cuales ya se sabía mucho".
Sin embargo, existe la posibilidad de que cambien las preferencias
respecto a los métodos, agrega la doctora Entwisle. En una de las aldeas
que formaron parte de los grupos de opinión, un médico que inicialmente
había aconsejado a las aldeanas que usaran la píldora, después puso a
la disposición inyectables y recomendó su uso. Luego, los inyectables
fueron el método preferido en la aldea, lo cual ilustra la forma en que
los trabajadores de salud pueden influir en el uso de anticonceptivos en
las redes sociales.
Los proveedores de servicios de anticoncepción también deben ser más
conscientes de que los clientes usualmente hablan de salud reproductiva
con miembros de sus redes sociales antes y después de hablar con los
proveedores. El doctor Casterline opina: "Dado que esas conversaciones
tienden a ser informales, se sumamente fácil propagar rumores acerca de
los métodos modernos. Por consiguiente, es necesario que los proveedores
corrijan la información errónea que circula en las redes sociales y den
información exacta respecto a todos los métodos disponibles".
El personal clínico debe prestar más atención a la información
difundida en esas redes y a la influencia que éstas ejercen. La doctora
Watkins dice, refiriéndose a su experiencia en Kenia: "A menudo, los
proveedores no tienen en cuenta las redes sociales porque consideran que
propagan mitos y rumores, pero algunas de las cosas que dicen los miembros
de las redes en realidad son verdaderas. Además, las redes proporcionan
algo que el personal clínico no puede proporcionar: información y
opiniones de personas similares a los miembros de las redes".
Los proveedores pueden animar a los usuarios que están satisfechos con
el método anticonceptivo a que hablen de las experiencias que han tenido
con miembros de sus redes sociales a fin de acelerar la difusión de la
información. "Esto sería particularmente eficaz si los proveedores
pudieran determinar exactamente cuáles 'usuarios satisfechos' forman
parte de las redes sociales más grandes", opina el doctor Valente.
"Como mínimo, antes de que una mujer que ha elegido un método salga
del consultorio, los proveedores deberían determinar quién va a apoyar
la decisión de la mujer. Si ella no recibe el apoyo de su red social, es
probable que deje de usar el anticonceptivo."
-- Kim Best
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