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Ciertas personas o parejas seleccionan un método anticonceptivo y
siguen usándolo a lo largo de sus vidas reproductivas. Otras cambiarán
de método varias veces.
Las personas cambian de métodos por muchas razones. Sus necesidades de
anticoncepción pueden cambiar con el tiempo. Es posible que quieran más
eficacia. O tal vez estén insatisfechas por los efectos secundarios,
tengan problemas para obtener un método o hayan recibido malos consejos
del personal clínico. Algunas simplemente quieren experimentar, si se
dispone de varios métodos anticonceptivos.
Con frecuencia, las mujeres y los hombres primero prueban los métodos
que se pueden obtener y usar fácilmente, pero estos pueden ser menos
eficaces que otros. Después, cuando tienen más urgencia de limitar su
fertilidad, tienden a cambiar a métodos más eficaces.
En Sri Lanka, el 40% de unos 300 usuarios de métodos modernos
reversibles comenzaron a usar otro método más eficaz antes de que
hubiesen transcurrido dos años. El cambio ocurría a medida que las
mujeres alcanzaban el tamaño de familia deseado.1
En un estudio retrospectivo del uso de anticonceptivos durante cuatro años
entre 715 mujeres en edad de procrear de las zonas rurales de Kenia, éstas
tendían a adoptar métodos permanentes o a largo plazo a medida que
aumentaba su edad y tenían más hijos. Muchas habían sido al principio
planificadoras familiares "casuales". Es decir, usaban un método para
retrasar el embarazo y, si el método fallaba, tendían a considerar que
el embarazo no deseado simplemente había sido inoportuno. Sin embargo,
cuando las mujeres ya tenían tres o cuatro hijos, los embarazos
involuntarios eran menos aceptables y había más probabilidades de que
adoptaran métodos permanentes o a largo plazo.2
En Jordania, el método del ritmo, el coito interrumpido y el método
de amenorrea de la lactancia (MELA) fueron considerados por las parejas
casadas que participaron en discusiones de grupos de opinión como métodos
seguros y de acuerdo con los principios religiosos del Islam. No obstante,
los investigadores observaron que, a pesar del uso generalizado, estos métodos
solían usarse incorrectamente, por lo cual fallaban. El cambio a los métodos
modernos tendía a ocurrir sólo después de que esos métodos
tradicionales habían fallado, varios hijos habían nacido o la pareja tenía
problemas económicos. Una mujer de la zona urbana recuerda: "Comenzamos
con la planificación, usando el método del ritmo. Después de tener dos
hijos lo seguimos usando, pero no dio resultado. Tuve un tercer hijo y
entonces me insertaron un DIU (dispositivo intrauterino)."3
Por otra parte, los efectos secundarios relacionados con algunos métodos
modernos pueden hacer que las mujeres comiencen a usar otros métodos,
algunos de los cuales podrían ser menos fiables.
En el estudio de Jordania, los efectos secundarios de los DIU y los
anticonceptivos orales fueron identificados como la razón principal para
pasar de la planificación familiar moderna a la tradicional. Un hombre de
la zona urbana opinó: "A veces usábamos píldoras, a veces el método
del ritmo. Mi esposa dejó de usar la píldora cuando comenzó a sufrir
sus efectos secundarios y cambió al método del ritmo durante tres,
cuatro, cinco o seis meses. Yo recurrí al coito interrumpido cuando temía
que nos habíamos equivocado en el cálculo".
En unas 900 mujeres turcas casadas también se observaron tasas de
discontinuidad elevadas del DIU y la píldora, debidas en gran parte al
temor a los efectos de salud adversos. Los autores del estudio observaron
que muchas parejas parecían recurrir al coito interrumpido para evitar
los efectos adversos supuestos o reales de los métodos modernos.4
En un estudio de FHI realizado en Indonesia, en colaboración con el
Centro de Estudios de Población, de la Universidad Gadjah Mada, casi una
quinta parte de 720 mujeres que usaban métodos anticonceptivos dijeron
que habían tenido problemas de salud relacionados con el uso de
anticonceptivos. Generalmente, los efectos secundarios motivaron el cambio
de método. Por ejemplo, una mujer de 29 años de edad, de la zona rural y
madre de tres hijos, le dijo a un entrevistador que en un principio había
usado el DIU, pero que una infección que ella creía estaba relacionada
con el dispositivo la hizo comenzar a usar condones, que son menos
eficaces. Después de usar los condones por un par de meses, esta mujer
volvió a usar el DIU. Sin embargo, otros problemas con el DIU hicieron
que comenzara a usar un anticonceptivo inyectable, el cual dejó de usar
al cabo de tres inyecciones porque le causaba manchado (sangrado
intermenstrual). Por último, decidió usar los implantes subdérmicos
Norplant.5
Una encuesta de 800 mujeres de Lampung y el sur de Sumatra, Indonesia,
realizada por FHI en colaboración con la Universidad Católica Atma Jaya,
también reveló que muchas de ellas cambiaron de métodos anticonceptivos
después de experimentar efectos secundarios, en particular los
relacionados con los métodos hormonales y el DIU.6
La doctora Karen Hardee, de FHI, que supervisó los dos estudios
indonesios y que actualmente trabaja con The Futures Group International,
dice: "La frecuencia del cambio de método debido a los efectos
secundarios entre las mujeres de estos dos estudios fue sorprendente y
subraya lo importante que es que los proveedores informen plenamente a sus
clientas acerca de los posibles efectos. Algunos proveedores se preocupan
de que si informan plenamente a sus clientas acerca de los posibles
efectos secundarios, éstas ni siquiera comenzarían a usar los métodos.
Pero la clienta que está mal informada y experimenta efectos secundarios
puede discontinuar el método por temor, sin darse cuenta de que estos son
normales y probablemente pasajeros".
Las prácticas o los consejos médicos inadecuados por parte del
personal clínico y la escasez periódica de algunos métodos, suministros
o servicios también pueden producir el cambio a otros métodos. La
inconveniencia también puede ser otra razón. En un estudio de FHI
realizado en colaboración con la Universidad Xavier en Filipinas, sólo
una quinta parte de unos 900 usuarios actuales de planificación familiar
y 350 exusuarios habían cambiado de método alguna vez. Sin embargo, los
cambios que se producían tenían que ver con lugares distantes de los
consultorios, servicio de consultorio limitado o largas esperas en los
consultorios.7
Variedad de opciones
Según las investigaciones en los países en desarrollo, ofrecer una
variedad de métodos modernos y alentar a los clientes insatisfechos a
probar otro método produce tasas más elevadas de continuidad de uso de
anticonceptivos. Sin embargo, la mayor toma de conciencia y disponibilidad
de una amplia variedad de métodos también puede dar lugar a más cambios
de métodos. En Indonesia, el Programa de Encuestas Demográficas y de
Salud reveló que los usuarios de anticonceptivos que habían recibido más
educación tenían más probabilidades de cambiar de método que los
usuarios menos instruidos, y que los usuarios de las zonas urbanas tenían
más probabilidades de cambiar de método que los de las zonas rurales.
Los investigadores concluyeron que era más probable que los usuarios
instruidos estuviesen más al tanto de los métodos disponibles,
encontraran otro método y estuviesen más dispuestos a experimentar hasta
encontrar un método que les conviniera. Del mismo modo, es posible que
las mujeres de las zonas urbanas hayan tenido más acceso a información
de anticonceptivos, adquiriendo así un mayor conocimiento acerca de las
opciones.8
La doctora Hardee dice: "Se deben hacer esfuerzos para impedir el
cambio innecesario; por ejemplo, cuando se cambia de método por no tener
conocimientos acerca de los efectos secundarios. Sin embargo, el cambio en
sí no es malo. A las mujeres se les debe permitir cambiar de método. De
hecho, cuando los proveedores han negado a las mujeres el derecho a
cambiar los métodos controlados por el proveedor, las mujeres, con razón,
se han sentido coaccionadas. Ello ha dado lugar a que un método seguro y
eficaz adquiera mala reputación".
Un estudio de FHI realizado en Senegal acerca de la experiencia que las
mujeres habían tenido con la extracción del Norplant reveló que las
mujeres que deseaban que se les extrajera el Norplant generalmente se
quejaban de que se les había obligado a regresar al consultorio muchas
veces para recibir asesoramiento y tratamiento antes de que se les
concediera su deseo.9 Elizabeth Tolley, de FHI y coautora del
estudio, dice: "Dado que la clienta tiene que depender de un proveedor
capacitado para que le extraiga los implantes, es esencial garantizar el
acceso a los servicios de extracción cuando la mujer lo pida si se quiere
incorporar el Norplant para ampliar las opciones, en lugar de limitarle la
libertad de elegir. Puesto que generalmente las solicitudes de extracción
se deben a intolerancia a los efectos secundarios o al deseo de las
usuarias de quedar embarazadas, dichas solicitudes pueden mantenerse en un
mínimo si las posibles clientas reciben buen asesoramiento acerca de los
efectos secundarios y no desean tener más hijos antes de que transcurran
cinco años a partir del momento en que aceptan el Norplant".
Animar a las parejas que están insatisfechas con un método moderno a
que lo cambien por un método tradicional de planificación familiar puede
ser una buena opción siempre y cuando ambos miembros de la pareja estén
decididos a usar el método tradicional correcta y sistemáticamente. Por
ejemplo, una pareja entrevistada en un estudio realizado en Filipinas
notificó haber usado con buenos resultados el método del ritmo durante
un total de 10 años. Durante los cuatro años posteriores al nacimiento
de su primer hijo, mantuvieron un control riguroso del ciclo menstrual de
la mujer y se abstuvieron de tener relaciones sexuales durante los períodos
fértiles. Pero el esposo quiso dejar de usar este método y la esposa
empezó a usar la píldora. Al cabo de tres meses, ella sufrió una erupción
cutánea relacionada con la píldora, dejó de usarla y quedó embarazada
de nuevo. Después del nacimiento del segundo hijo, la pareja volvió a
usar el método del ritmo, y ha tenido buenos resultados durante años.10
Método elegido por el usuario
Para no fomentar el cambio frecuente de método, los proveedores deben
proporcionar a los clientes el método que éstos solicitan, siempre y
cuando sea apropiado desde el punto de vista médico. Existe una fuerte
relación entre proporcionar a la mujer el método que ha elegido,
especialmente cuando su compañero está de acuerdo, y la continuidad de
uso del método.11 Los consejeros clínicos deben dar información
completa acerca del método elegido, abordando a fondo los problemas y los
efectos secundarios del método antes de que la mujer lo empiece a usar.
Los proveedores también deben poder explicar detalladamente el uso
correcto de la abstinencia periódica, del método del coito interrumpido
o del MELA. Es posible que una pareja prefiera esos métodos por muchas
razones, incluidas las creencias religiosas, pero tal vez no sepa cómo
usar los métodos eficazmente. Por ejemplo, el uso eficaz de los métodos
tradicionales requiere que los usuarios entiendan el ciclo fértil de la
mujer. Puede ocurrir un embarazo involuntario si se obliga a la pareja a
cambiar el método que está usando por un método moderno más eficaz, a
pesar de que ésta considere que su uso es inapropiado.
La primera visita al consultorio puede influir en el comportamiento
anticonceptivo. Esto se ilustró en un estudio estadounidense en el que
casi la mitad de aproximadamente 200 usuarias del diafragma y dos tercios
de aproximadamente 325 usuarias de anticonceptivos orales habían cambiado
estos métodos por otros sólo cinco meses después de haber empezado a
usarlos. Las mujeres que cambiaron de método tenían más probabilidades
de haber tenido expectativas inexactas acerca de los métodos y una
experiencia desfavorable en la primera visita al consultorio.12
Entre unas 800 mujeres que habían aceptado el inyectable acetato de
medroxiprogesterona de depósito (DMPA) en Filipinas, las mujeres a
quienes se les había dicho que posiblemente experimentarían efectos
secundarios tenían más del triple de probabilidades de continuar el uso
del método que las que no recibieron el asesoramiento. Las que
consideraban que habían sido tratadas de manera solícita y cortés tenían
10 veces más probabilidades de seguir usando el DMPA que las que fueron
tratadas con descortesía.13
Si una clienta tiene planes de dejar de usar un método y empezar a
usar otro, el proveedor debe recomendarle que empiece a usarlo
inmediatamente después de que deje de usar el primero. De lo contrario,
corre el riesgo de quedar embarazada involuntariamente. Por ejemplo, un análisis
del uso de anticonceptivos entre 1.000 peruanas indicó que las que habían
dejado de usar un método y no habían empezado a usar otro tenían
probabilidades de quedar embarazadas antes de volver a usar el método que
habían abandonado o de empezar a usar otro.14
Los proveedores que recomiendan a una clienta que cambie de método
debido a una condición médica deben estar seguros de que la razón por
la que recomiendan el cambio está justificada. Los criterios de
elegibilidad médica de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
relativos al uso seguro de anticonceptivos puede ayudar a los proveedores
en ese sentido.15
Si una clienta desea cambiar de método debido a los efectos
secundarios, los proveedores deben considerar otras opciones mejores. Por
ejemplo, si a una mujer le gusta el inyectable eficaz sólo de progestina
DMPA pero desea dejar de usarlo debido al sangrado irregular que le
produce, el proveedor podría sugerirle un inyectable combinado que tenga
la misma eficacia, como Cyclofem o Mesigyna, con los cuales el sangrado
menstrual es más regular.
Los proveedores no deben olvidarse de los compañeros de las clientas.
Los hombres pueden desempeñar una función importante en el cambio de métodos
anticonceptivos al no fomentar el uso de ciertos métodos. En Filipinas,
las mujeres que habían aceptado el DMPA cuyos esposos se oponían al método
tenían dos veces más probabilidades de dejar de usarlo que las mujeres
que contaban con el apoyo del esposo.16
Es posible que los hombres se opongan al uso de condones porque creen
que estos hacen reducir la sensación sexual. O pueden tener opiniones erróneas
acerca del mecanismo de acción de un método o de los efectos que éste
tiene en la salud. Otros pueden hacer que sus compañeras no usen un método
si creen que éste puede influir en el deseo sexual o el aspecto físico
de la mujer.
A pesar de que la anticoncepción de emergencia no debe usarse como método
anticonceptivo habitual, su uso puede hacer que las parejas cambien el método
que están usando o empiecen a usar un método fiable y a largo plazo.
Aproximadamente dos tercios de 119 mujeres estadounidenses que pidieron y
usaron píldoras anticonceptivas de emergencia notificaron que el fracaso
del condón había sido la razón por la que habían usado la anticoncepción
de emergencia. En una encuesta de seguimiento realizada dos o tres semanas
después, más de la mitad de las mujeres notificaron que tenían planes
de cambiar o que ya habían cambiado el método anticonceptivo que usaban
por un método hormonal, en la mayoría de los casos.17
Se observó que el asesoramiento relativo al control de la fertilidad
dado a unas 450 estudiantes irlandesas que acudieron a un centro de salud
universitario para obtener anticoncepción de emergencia hizo que muchas
estudiantes usaran métodos anticonceptivos más fiables. En el
seguimiento realizado al cabo de un período que osciló entre uno y 36
meses después de la visita inicial, el 42% de las mujeres habían optado
por un método más fiable que el que habían estado usando en el momento
en que pidieron anticoncepción de emergencia.18
Los datos relativos al cambio de métodos entre los adolescentes son
escasos. Sin embargo, la doctora Cindy Waszak, científica principal de
investigación de FHI que ha evaluado programas para adolescentes en
Estados Unidos, Jamaica, Nepal y África, opina: "Los adolescentes
tienden a usar métodos de barrera de corta duración y que se obtienen fácilmente,
como los condones, si es que usan algún anticonceptivo. Con frecuencia,
cuando se asustan porque creen que ha ocurrido un embarazo, esto hace que
comiencen a usar un método o que cambien el que están usando por otro
que es más fiable. No obstante, el cambio puede ser más difícil para
los adolescentes que para los adultos. A menudo, los adolescentes no están
muy dispuestos a acudir a un consultorio de planificación familiar porque
no están familiarizados con el sistema médico y temen ser estigmatizados
por tener relaciones sexuales".
Por consiguiente, es importante que los trabajadores de planificación
familiar traten a los adolescentes con respeto. El asesoramiento relativo
a los efectos secundarios es esencial porque los jóvenes tienen más
probabilidades que los adultos de dejar de usar un método si no están
satisfechos.
En muchos casos, el método anticonceptivo ideal para un adolescente es
el condón. Cuando se usa correcta y sistemáticamente, el condón es
sumamente eficaz en la prevención del embarazo y de las enfermedades de
transmisión sexual. El asesoramiento puede ayudar a los jóvenes
inexpertos a usar los condones correctamente, y a negociar su uso con los
compañeros.
La actividad sexual de los adolescentes tiende a ser irregular y a
menudo imprevista, por lo cual el condón es un método práctico que con
frecuencia puede obtenerse fácilmente. Los adolescentes también corren más
riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual porque cambian de
pareja con más frecuencia que los adultos. Asimismo, las mujeres más jóvenes
son más vulnerables que las mujeres de más edad a infecciones como la
clamidia debido a las diferencias de las características anatómicas y
fisiológicas del cuello uterino a causa de la edad.
-- Kim Best
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