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Las normas relativas al género pueden ayudar o perjudicar la
distribución comunitaria de anticonceptivos. Los servicios comunitarios
que llevan asesoramiento e información acerca de la anticoncepción a
los hogares de las personas pueden ayudar a las mujeres a controlar su
fertilidad, y con ello aumentar su independencia y autoestima. Los
programas de distribución comunitaria pueden compensar la falta de
establecimientos de atención de salud para los hombres. Además, los
programas comunitarios pueden mejorar la condición de las trabajadoras,
que posiblemente tengan oportunidades limitadas de empleo.
Sin embargo, los programas de distribución comunitaria que excluyen
a los hombres pueden perpetuar la noción de que la planificación
familiar sólo incumbe a las mujeres. Los programas que se centran en
las mujeres solamente pasan por alto las necesidades de salud
reproductiva de los hombres. Y, al llevar los servicios a los hogares,
los programas de distribución comunitaria pueden promover el
aislamiento de las mujeres y desanimarlas a salir de la comunidad.1
La doctora Jane Chege, colaboradora de programas del Proyecto
Fronteras del Population Council en Nairobi, Kenia, afirma: "El género
influye en las decisiones relativas al tamaño de la familia, las
relaciones de tipo sexual y la prevención de las infecciones de
transmisión sexual. Considerar las cuestiones relacionadas con el género
ya desde la fase del diseño de programas ayudará a los directores a
determinar cómo aprovechar las cuestiones de género positivas y
superar las limitaciones impuestas por las normas de género. Teniendo
en cuenta el hecho de que los agentes de distribución comunitaria
prestan servicios a nivel de hogares, ellos están en una situación
ideal para abordar algunas cuestiones de género".
Puesto que existen funciones diferentes para los hombres y las
mujeres en la sociedad, así como reglas relativas al comportamiento
adecuado, los programas de distribución comunitaria pueden influir en
las mujeres y los hombres de distinta manera. Un estudio realizado por
FHI en la zona rural de Malí ilustra esa diferencia.
El estudio, efectuado en colaboración con Save the Children de Malí,
comparó los efectos de los programas comunitarios en tres grupos de
personas: los que recibían educación de planificación familiar
solamente, los que recibían educación y métodos anticonceptivos
(condones y espermicidas), y los que no recibían nada. En cada grupo
participaron unas 500 personas. En el grupo que recibió métodos y
educación, 10% de las mujeres conocían uno o más métodos
anticonceptivos modernos antes del estudio. Después del estudio, el
porcentaje aumentó a 99%. Entre los hombres, 43% conocía métodos
modernos antes del estudio, mientras que 91% conocía métodos después.
La diferencia entre los niveles de conocimientos de los hombres y las
mujeres antes del estudio puede atribuirse a las normas de género.
Los científicos de FHI escribieron: "Una razón que puede explicar
el mayor nivel de conocimientos acerca de métodos anticonceptivos entre
los hombres antes del estudio es que los hombres tenían mayor acceso a
la información. Tanto los hombres como las mujeres tienen acceso a la
radio, pero los hombres generalmente pasan más tiempo escuchándola y,
por consiguiente, tienen más probabilidades de oír mensajes relativos
a la planificación familiar". Además, los investigadores señalaron,
los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de viajar a las
ciudades, donde la información acerca de la planificación familiar es
más fácil de obtener. También es probable que los hombres se enteren
de los métodos por conducto de sus amigos o familiares.
Y a pesar de que posiblemente los hombres reciban información acerca
de los anticonceptivos, generalmente no comparten esa información con
su esposa. En Malí, se considera inapropiado que las mujeres hablen de
asuntos de sexualidad con los hombres o que los hombres hablen de ello
con las mujeres. Sin embargo, el estudio realizado por FHI reveló que
esas normas de género pueden modificarse y que la comunicación
conyugal puede mejorarse. De los tres grupos estudiados, los que
recibieron educación y métodos notificaron el mayor aumento en la
comunicación conyugal: de 17% a 67% en las mujeres y de 14% a 77% en
los hombres.2
Las normas de género pueden crear barreras para el uso de
anticonceptivos, especialmente cuando los clientes son adolescentes. En
muchas culturas, la actividad sexual en las jóvenes solteras es
inaceptable, mientras que en los hombres jóvenes es aceptado como un
signo de hombría. Esta discrepancia era evidente en Kenia, donde los
trabajadores de distribución comunitaria estaban más dispuestos a
atender a los varones adolescentes que a las adolescentes.
Aunque la mayoría de los trabajadores (81%) afirmaron que prestarían
servicios a los varones adolescentes solteros sin hijos, sólo 26% dijo
que proporcionaría anticonceptivos a una adolescente soltera que todavía
no hubiera tenido un hijo.3 El doctor Ian Askew, director de
investigación operativa en la oficina del Population Council en
Nairobi, dice: "Esto probablemente sea resultado de un prejuicio
general de la sociedad contra las mujeres solteras que tienen relaciones
sexuales y del hecho de que a menudo hay mitos de que los
anticonceptivos inhiben la fertilidad, por lo que las mujeres deben
demostrar su fertilidad primero".
Trabajadores o trabajadoras?
Una cuestión central es si el sexo de los trabajadores comunitarios
influye en el deseo de los clientes de usar un método y en el acceso a
los servicios.
Un estudio realizado en 1993 en la República Democrática del Congo,
dirigido por la Universidad de Tulane de los Estados Unidos, examinó
las características de los trabajadores comunitarios que tenían éxito.
La edad constituyó un factor importante; los trabajadores de más edad
proporcionaban más protección anticonceptiva que los trabajadores más
jóvenes. Sin embargo, el sexo no fue un factor importante. Cuatro de
cada cinco lugares estudiados empleaban a trabajadores y trabajadoras de
distribución comunitaria, y los investigadores no observaron
diferencias significativas en su desempeño.4 Los
investigadores concluyeron que los trabajadores de distribución
comunitaria deben seleccionarse principalmente basándose en su deseo de
trabajar.
Los investigadores del Population Council observaron que los
programas comunitarios en Perú constituían una fuente importante de
información y de métodos para las parejas. Sin embargo, se distribuían
más anticonceptivos orales que condones, y esto se debía en parte a
que la mayoría de los trabajadores eran mujeres.
Para obtener más información acerca de la eficacia de los hombres
como trabajadores de distribución comunitaria, el Population Council
llevó a cabo un estudio con dos organismos de planificación familiar:
Promoción de Labores Educativas y Asistenciales en Favor de la Salud
(PROFAMILIA), en Lima, y el Centro Nor-Peruano de Capacitación y
Promoción Familiar (CENPROF), en Trujillo.5 Una de las
primeras lecciones que se aprendieron fue que era más difícil
contratar a los hombres como trabajadores de distribución comunitaria
que a las mujeres, posiblemente porque muchos de ellos ya estaban
trabajando cuando eran abordados.
Además, las supervisoras de distribución comunitaria no estaban muy
dispuestas a hacer participar a los hombres en lo que ellas consideraban
"trabajo de mujeres". Entre otros comentarios que hicieron figuran los
siguientes: "Los hombres sólo quieren vender anticonceptivos. No
quieren mantener registros ni dar charlas". "Los hombres tienen menos
tiempo libre para hacer el trabajo." "A muchos de ellos les da
demasiada vergüenza."
Al analizar las cifras de la distribución de anticonceptivos entre
las trabajadoras y los trabajadores de distribución comunitaria, los
investigadores observaron que los hombres y las mujeres atendían a
aproximadamente el mismo número de nuevos clientes cada mes. Los
investigadores concluyeron que, a pesar de las dificultades de
contratación, los hombres pueden ser trabajadores de distribución
comunitaria eficaces, los programas de distribución comunitaria pueden
influir en la combinación de métodos al contratar a más hombres y los
programas deben contratar y capacitar a más hombres.
El sexo de los proveedores influye de otras formas. Un análisis de
los datos recopilados por el Centro Internacional para la Investigación
de Enfermedades Diarreicas, en Bangladesh, observó que las mujeres que
habían tenido contacto reciente (hacía menos de 90 días) con un
trabajador comunitario tenían más probabilidades de usar la
anticoncepción, independientemente del sexo del trabajador. Sin
embargo, las mujeres que hablaron con trabajadoras tenían 2,8 veces más
probabilidades de usar un método, mientras que las que habían tenido
contacto con un trabajador tenían sólo 1,4 veces más probabilidades
de usar un método. Las funciones de género, que no facilitan a las
mujeres hablar de cuestiones de sexualidad con los hombres, pueden ser
la razón de esa diferencia.6
Cómo llegar a los hombres
Los programas comunitarios ofrecen una oportunidad para llegar a los
hombres, quienes generalmente han sido excluidos de los programas de
planificación familiar. Al proporcionar servicios en el hogar, los
programas de distribución comunitaria pueden ayudar a los hombres a
mantener su privacidad y la de su esposa, y los hombres pueden evitar la
vergüenza de asistir a consultorios que han sido diseñados para
atender a las mujeres. Además, las visitas domiciliarias pueden hacer
aumentar el acceso a otros servicios, como los exámenes de detección o
el tratamiento de enfermedades de transmisión sexual.
En Kenia, el uso de anticonceptivos aumentó cuando se incluyó a los
hombres en los programas de distribución comunitaria --como
trabajadores y como clientes. En el distrito costero de Kilifi, la
Asociación de Planificación Familiar de Kenia y el Population Council
establecieron tres equipos de trabajadores comunitarios: uno de 10
mujeres, otro de 10 hombres y otro de cinco hombres y cinco mujeres. Se
pidió a los trabajadores que trabajaran en lugares donde los hombres se
reúnen habitualmente -- reuniones comunitarias, eventos deportivos,
lugares de trabajo y bares- y que incluyeran a los hombres en las
charlas durante las visitas domiciliarias.
La comunicación entre los cónyuges aumentó entre los clientes de
los tres equipos, y el porcentaje de hombres que notificaron haber
hablado de la planificación familiar con la esposa casi se duplicó
durante el estudio, que duró 18 meses. El mayor aumento ocurrió entre
los clientes atendidos por el equipo integrado por trabajadores y
trabajadoras.7
El doctor Askew, de la oficina del Population Council en Nairobi,
dice: "Los datos estadísticos de los servicios revelaron que los
agentes de sexo masculino tienden a proporcionar más condones, mientras
que las agentes tienden a proporcionar más píldoras, lo cual indica
que el sexo del agente es un factor importante que determina a quién
pueden atender mejor. Sin embargo, no observamos que un sexo fuese más
productivo que el otro. Parece que atienden a grupos diferentes".
Condición de la mujer
Algunos programas comunitarios de anticoncepción se ofrecen como
parte de una labor más amplia para mejorar la condición de la mujer.
El propósito principal de la Organización Maendaleo Ya Wanawake, una
de las organizaciones más grandes de mujeres en Kenia, es ayudar a las
mujeres a ganar ingresos. Además de ayudar a las mujeres a mejorar su
capacidad de producción de ingresos, sus 1.200 trabajadores
comunitarios también prestan servicios de planificación familiar. "Nos
dimos cuenta de que las mujeres necesitaban realizar actividades
generadoras de ingresos para mantenerse, pero seguían teniendo hijos, a
veces cada año", dice Dorcas Amolo, director de proyectos para
servicios de salud reproductiva, al explicar cómo se relacionan las dos
cosas.
Otros programas procuran que las mujeres puedan controlar su
fertilidad al tiempo que se observan las normas de género existentes.
En Etiopía, la Asociación de Auxilio y Desarrollo Gargaar inició un
programa de distribución comunitaria en una zona donde a las mujeres
les daba mucha vergüenza acudir a los consultorios. Los trabajadores de
salud acudían a los hogares con el pretexto de hacer visitas como
buenos vecinos. En Bangladesh, la distribución comunitaria se inició
para obedecer la costumbre de purdah, que consiste en el
aislamiento en el hogar o el complejo familiar. Aunque esta labor da a
las mujeres más control sobre su vida reproductiva, también puede
desanimarlas a salir de sus hogares. Las visitas a los consultorios podrían
aumentar el movimiento de las mujeres fuera de sus hogares y la
confianza en sí mismas.
Los programas comunitarios pueden influir en la condición de las
trabajadoras, como también en la de las clientas. En India, las
voluntarias que trabajan en la ciudad de Hyderabad están a cargo de
prestar servicios de planificación familiar a 20 hogares de sus
comunidades. Las voluntarias reciben una capacitación amplia y ayudan a
identificar problemas en la comunidad, además de prestar servicios de
planificación familiar. Muchas de las casi 5.000 voluntarias son ahora
líderes comunitarias respetadas.8
En un estudio de trabajadoras de campo realizado por el Proyecto
Matlab de Planificación Familiar y Salud Maternoinfantil en Bangladesh,
las empleadas dijeron que su trabajo en la planificación familiar las
había ayudado a tener más confianza en sí mismas y les había
permitido ganarse el respeto de la comunidad. Las trabajadoras aldeanas
son consideradas como fuentes de información en materia de planificación
familiar, y también aconsejan acerca de arreglos matrimoniales, educación
de los hijos, gastos domésticos, conflictos conyugales y conflictos
entre las mujeres y las suegras. Las trabajadoras han convencido a los
padres a que dejen a sus hijas asistir a la escuela, han intervenido
cuando los hombres golpean a sus esposas y han remitido a las familias a
centros de salud cuando éstas necesitaban tratamiento.9
Referencias
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- Chege JN, Askew I. An Assessment of
Community-based Family Planning Programmes in Kenya. Nairobi:
The Population Council, 1997.
- Bertrand JT, McBride ME, Mangani N, et al.
Community-based distribution of contraceptives in Zaire. Int Fam
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- Foreit JR, Garate MR, Brazzoduro A, et al. A
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