Aunque la distribución comunitaria de servicios de planificación
familiar puede ser una estrategia eficaz en función de los costos,
algunos estudios han observado que otras formas de prestación de
servicios suelen ser menos costosas. Sin embargo, los costos representan
sólo un factor. Los expertos opinan que, sin una estrategia de
distribución comunitaria, algunas personas de muchos países no recibirían
ningún servicio.
La doctora Barbara Janowitz, economista de FHI que ha estudiado los
programas comunitarios en Tanzanía, Bangladesh y otros países afirma: "Comparar los costos de los programas de consultorios y de distribución
comunitaria no es útil a menos que los programas atiendan a los mismos
clientes. Generalmente, se necesita la distribución comunitaria porque
no se puede llegar a toda la población mediante un programa de
consultorio".
Muchos estudios relativos a los costos de los programas de distribución
comunitaria han utilizado el número de años de protección por pareja
(APP), que es una medida tradicional de planificación familiar. Por
ejemplo, la distribución de 13 ciclos de anticonceptivos orales produce
un APP, puesto que ese número de píldoras proporciona un año de
protección.
Un estudio de programas de planificación familiar realizado en 14 países
en desarrollo en el que se comparaban los costos de esta manera observó
que la distribución comunitaria estaba entre las opciones más
costosas. La esterilización en los consultorios costaba sólo US$1,85
por APP en dos países, mientras que los programas de distribución
comunitaria costaban un promedio de $9,93 en cinco países.1
La medida de APP tiene limitaciones importantes. Generalmente se
incluyen todos los costos del programa, pero los costos del cliente,
como los gastos de transporte para acudir al consultorio, no están
incluidos. Así mismo, los cálculos de los costos de APP no tienen en
cuenta las distintas tasas de fracaso de los métodos, las preferencias
de los clientes, la elección informada, ni la necesidad de un cliente
de usar condones para la prevención de enfermedades.
Algunos expertos sugieren que otros indicadores son más eficaces,
como las formas de medir el acceso a una combinación de métodos
ampliada.2
Por ejemplo, la Asociación de Planificación de la Familia de Sudáfrica
incluyó los costos que pagan los clientes (transporte y tiempo que han
perdido en el trabajo) para evaluar los costos de distribución en los
consultorios y de distribución comunitaria. Los consultorios
proporcionaban sólo inyectables, anticonceptivos orales y condones,
pero no métodos que resultan en un elevado número de APP --como la
esterilización y los dispositivos intrauterinos-- lo cual podría
sesgar los cálculos en favor de los consultorios. Los trabajadores de
distribución comunitaria proporcionaban píldoras y condones. Cuando se
incluían los costos de los clientes, la distribución comunitaria era
menos costosa (aproximadamente US$ 42 por APP comparada con US$ 44 por
APP en los consultorios). También, el costo de la distribución
comunitaria bajó a US$ 25 por APP en el segundo año, puesto que los
agentes comunitarios suelen proporcionar información solamente en las
visitas iniciales. El estudio no trató de calcular lo que costaba dar
información.3
Edina Sinanovic, economista de salud de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Cape Town y que dirigió el estudio, concluyó: "Desde
el punto de vista de costos, la distribución comunitaria es comparable
con el suministro en consultorios y puede, en efecto, proporcionar
considerables ahorros monetarios". El estudio observó que los
servicios de distribución comunitaria también pueden ahorrar dinero al
permitir al personal profesional de los consultorios dedicar más tiempo
a los servicios que requieren más conocimientos especializados.
Otras evaluaciones examinan el costo por visita domiciliaria. Un
estudio realizado en Kenia comparó la eficacia en función de los
costos de siete modelos de distribución comunitaria empleados en zonas
rurales y urbanas, mediante el examen del costo por cliente visto o
visitado y el costo por APP. Tres programas urbanos empleaban agentes
que trabajaban en consultorios, mientras que los otros cuatro programas
atendían en zonas rurales mediante visitas domiciliarias o trabajadores
de distribución comunitaria en las aldeas. A pesar de que los costos
variaron, el lugar de atención no representó un factor significativo
en los costos por visita o APP. El estudio observó: "Los programas de
distribución comunitaria rurales y urbanos pueden lograr niveles
similares de eficacia en función de los costos. La razón por la que
algunos programas son menos eficaces en función de los costos no es el
lugar donde se aplican".4
En otro estudio, el Population Council y FHI trabajaron con el Centro
Médico de Orientación y Planificación Familiar (CEMOPLAF) en Ecuador
para evaluar el costo de los servicios de extensión para zonas rurales
remotas. CEMOPLAF había observado que los residentes de las zonas
rurales estaban poco dispuestos a dedicar tiempo y gastar dinero para
acudir a consultorios situados en ciudades lejanas. El Centro elaboró
un sistema en el cual los proveedores de dos consultorios se desplazaban
a zonas remotas. El número de clientes que los proveedores de un
consultorio atrajeron fue suficiente para reducir los costos promedios
por debajo del nivel registrado antes de comenzar la labor de extensión.
Los proveedores del otro consultorio no obtuvieron los mismos
resultados, principalmente debido a la competencia por parte de los
proveedores comerciales y porque los servicios se ofrecían en un lugar
que no era conveniente.5
La Asociación Probienestar de la Familia Colombiana (PROFAMILIA),
afiliada de la Federación Internacional de Planificación Familiar en
Colombia, examinó tres estrategias de distribución comunitaria. Una de
ellas empleó mercadeo social, abasteciendo pequeñas farmacias rurales
a precios al por mayor. En la segunda estrategia, los instructores de
distribución comunitaria que atendían aproximadamente 70 puestos de
distribución comunitaria recibieron incentivos de salarios. La tercera
estrategia empleó equipos de dos personas (cada uno integrado por un
hombre y una mujer) que promovían la planificación familiar en puestos
de salud, hospitales y escuelas, en vez de hacer visitas domiciliarias.
Desde el punto de vista de costos, las tres estrategias fueron
eficaces. El experimento de mercadeo social en realidad produjo
ganancias, a pesar de que las decisiones del gobierno y de las compañías
farmacéuticas han limitado su utilidad. Un estudio realizado por el
Population Council acerca de las estrategias recomendó el uso de esos métodos
comerciales cuando hay suficiente demanda de servicios.6
--William R. Finger
Referencias
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programs in fourteen developing countries by method of service
delivery. J Biosoc Sci 1997;29(2):219-33.
- Fort AL. More evils of CYP. Stud Fam Plann
1996;27(4):228-31.
- Sinanovic E. Cost-effectiveness analysis of couple
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contraceptive services in selected areas of Khayelitsha. Unpublished
paper. Planned Parenthood Association of South Africa Western Cape,
1998.
- Chege JN, Askew I. An Assessment of
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Population Council, 1997.
- De Vargas T, Roy K, Bratt J, et al. Extension
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Ecuador. New York: Population Council, 1998.
- Vernon R, Ojeda G, Townsend M. Contraceptive
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Colombia. Stud Fam Plann 1988;19(6):354-60; Townsend J, Ojeda
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3-5, 1986.