|
El
proyecto CARE logra el apoyo de la comunidad
PACARA SULLICANI, Perú. Las lluvias estacionales dejan sus huellas rápidamente
en las tierras altas del sudeste de Perú. Los arroyos que generalmente
no causan gran preocupación a los viajeros se vuelven caudalosos e
intimidantes: sus bancos y cauces lodosos atrapan ferozmente las llantas
de los vehículos que los vadean. Incluso con un camión con tracción
en las cuatro ruedas toma por lo menos dos horas llegar desde Juli, el
pueblo más cercano que cuenta con servicios básicos de salud, hasta
las remotas comunidades agrícolas de Pacara Sullicani.
Incluso cuando las condiciones meteorológicas son ideales, el
transporte desde o hacia Pacara Sullicani no es nada fácil. Ni tampoco
desea viajar la mayoría de los integrantes de esta pequeña comunidad
de unas 200 personas. Pocas personas del pueblo más cercano hablan su
lengua aymará. Mientras tanto, hay que dedicar tiempo y atención al
cuidado del ganado y las ovejas que pastan en vastas planicies, y la
quinoa, los frijoles y las papas de flores púrpura que se cultivan en
el lugar.
Los cultivos ya no son tan abundantes. La tierra tiende a agotarse y
hay menos tierra para cada persona a causa de las repetidas divisiones
entre los familiares a lo largo de muchas generaciones. Ya no puede
alimentar a muchas personas. Y ya no se necesitan tampoco familias
numerosas para mantenerla.
| Perú |
| 4.000 trabajadores
comunitarios |
- Población: 25 millones
- Terreno: costero, selva tropical y montañas
escarpadas
- Área: 1,28 millones de km2
|
"Debido a la economía de esta zona se nos dificulta mucho criar
familias numerosas", dice Félix Montufa, agricultor y promotor
voluntario de planificación familiar que vive en la comunidad.
De pie frente al cuarto de paja y barro seco color café que él
mismo construyó para ofrecer consultas de planificación familiar,
Montufa explica cómo se le pidió que colaborara en el campo de la
planificación familiar, trabajo que lo mantiene ocupado aproximadamente
dos días a la semana: "He estado proporcionando otros servicios
comunitarios desde 1987 y fui seleccionado por los líderes comunitarios
al puesto de promotor de salud reproductiva. Hago esto porque sé que si
las parejas tienen seis, ocho o diez hijos, no es bueno para mi
comunidad. Me gusta saber que estoy haciendo algo útil por mi gente".
Montufa es uno de 700 promotores comunitarios en materia de
anticoncepción que trabajan en las comunidades cercanas a Puno, gracias
a un proyecto de CARE-Perú y el Ministerio de Salud del Perú (MINSA).
Este proyecto, que ya tiene ocho años, llamado Proyecto Multisectorial
de Población y Salud Reproductiva (PMP), atiende aproximadamente a
300.000 familias en todo el país. Los promotores comunitarios pueden
distribuir condones, tabletas vaginales y anticonceptivos orales. Cuando
se trata de métodos permanentes o de larga duración, hacen remisiones
a un hospital, un centro o un puesto de salud del MINSA.
El proyecto en el departamento de Puno tiene apenas tres años, pero
pone la planificación familiar a disposición de unas 9.000 personas en
la zona. En otros lugares del Perú, donde los proyectos de PMP
comenzaron antes y están más desarrollados, la salud materna, las
cuestiones relativas a los adolescentes y la prevención de las
enfermedades de transmisión sexual forman parte de los servicios de
planificación familiar.
En el pasado, el proyecto estaba financiado exclusivamente por los
organismos donantes principales, es decir, la Agencia de los Estados
Unidos para el Desarrollo Internacional y el Departamento del Reino
Unido para el Desarrollo Internacional. Pero ahora, los donantes y el
MINSA comparten los costos, y el MINSA asumirá toda la responsabilidad
logística y financiera para el año 2001.
La doctora Irma Ramos de CARE-Perú, coordinadora del proyecto PMP,
opina: "El objetivo ha sido obtener la participación de las
comunidades y hacer que CARE-Perú proporcione apoyo técnico al MINSA
para que las personas subatendidas que viven en extrema pobreza tengan más
acceso a los servicios de salud reproductiva y para que mejoren esos
servicios. Antes de que iniciáramos el programa, el MINSA ya había
llegado al límite respecto a los servicios de salud reproductiva que
ofrecía en sus puestos de salud. Ya no podía ir más allá. Nosotros
facilitamos la expansión de esos servicios a las comunidades rurales. Y
el MINSA, a su vez, fue muy útil para obtener la participación de las
comunidades, y esperamos que pueda ofrecer una estabilidad continua para
que el programa sea sostenible".
En los primeros años del programa, CARE-Perú inició el contacto
con los líderes de la comunidad y, con el MINSA, ayudó a los líderes
a seleccionar a sus propios promotores. CARE-Perú también trabajó
para mejorar un sistema deficiente de suministro de anticonceptivos,
capacitó y supervisó a los promotores comunitarios y elaboró
formularios de notificación para llevar la debida contabilidad de
servicios y suministros. Los informes de los promotores dieron al
Ministerio de Salud información, que no se disponía de otra forma,
relativa al uso de anticonceptivos y a la salud reproductiva entre los
integrantes de las comunidades remotas. El personal de CARE-Perú también
ha proporcionado capacitación clínica en salud reproductiva,
comunicación, sexualidad y género a los profesionales de la salud del
MINSA en los centros de salud, y les ha enseñado a formar, capacitar,
supervisar y suministrar redes de promotores.
Con el apoyo logístico de CARE-Perú, el personal del MINSA también
evalúa continuamente el rendimiento, los conocimientos y las prácticas
de los promotores mediante reuniones y visitas de supervisión en la
comunidad, cursos de actualización y visitas de seguimiento a los
usuarios. Los promotores reciben inmediatamente retroinformación y se
clasifican según el nivel de desempeño; los que reciben evaluaciones
deficientes suelen ser despedidos.
Consultorio
Montufa es un promotor bastante nuevo, con menos de un año de
experiencia, pero toma en serio su trabajo de voluntario. Montufa invita
a los visitantes a que entren en su consultorio bien ordenado --pintado
de color celeste y lleno de carteles, rotafolios, folletos y otros
materiales de planificación familiar-- y señala las notas detalladas y
meticulosas escritas con puño firme y seguro en un cuaderno y en
tarjetas individuales. Las notas resumen el uso de varios métodos
anticonceptivos que usan sus clientes: 22 usuarios entre 60 parejas en
la comunidad. También incluyen las remisiones que Montufa ha hecho
respecto a métodos de más larga duración o permanentes, por ejemplo
los inyectables o los dispositivos intrauterinos. Después de examinar
sus registros concluye: "Al principio, distribuía condones
principalmente y hacía remisiones para los inyectables. Pero ahora las
tabletas vaginales tienen mejor acogida".
En sus registros, Montufa también ha anotado las fechas, los temas y
la asistencia a las diferentes charlas que él ha dado en aymará a los
miembros de la comunidad.
La doctora Ramos opina: "Durante estas charlas comunitarias, los
promotores suelen usar fotografías en vez de texto porque sus clientes
pueden ser analfabetas". También hablan en uno de los dialectos
locales con palabras que la gente pueda entender. Los promotores están
capacitados no sólo para hablar de métodos de planificación familiar,
sino también de la autoestima, la paternidad responsable, la higiene,
la relación entre las relaciones sexuales y el amor, la importancia de
los exámenes prenatales, las cuestiones de género, las necesidades de
salud reproductiva de los hombres y otros asuntos afines. Ofrecer
información, educación y asesoramiento que tomen en cuenta a todo el
individuo es fundamental para eliminar los conceptos erróneos que los
clientes hayan podido tener todas sus vidas.
"Algunas veces, los asistentes a estas charlas se sienten
avergonzados por las fotografías o la información. Pero, según
nuestra experiencia, la curiosidad y el interés superan pronto esa
timidez. Muchas personas no quieren que otros en la comunidad sepan lo
que piensan de la planificación familiar, pero su deseo de no tener
muchos hijos suele ser muy fuerte."
El doctor Luis Tam, director del sector de salud de CARE-Perú, dice:
"Tales promotores ayudan enormemente a salvar la brecha geográfica y
cultural entre los profesionales médicos y los clientes, que
generalmente son indios quechuas o aymarás. Su participación ayuda a
evitar malentendidos y permite a los clientes obtener información que
verdaderamente les sirve".
Dos usuarias de anticonceptivos de Pacara Sullicani confirman lo
anterior. Ambas dicen que no quieren tener más hijos. Sosana Huayta,
que pertenece a una familia de 8 hijos y es madre de tres, dice que está
contenta porque Montufa le ha dado los medios para controlar su
fertilidad. María Velázques, de una familia de seis hijos y madre de
dos, dice que Montufa "nos ha beneficiado a nosotros y a nuestra
comunidad".
Tales
expresiones de gratitud de los integrantes de la comunidad son
incentivos poderosos para los promotores voluntarios. En las tierras
altas de Perú las tradiciones están bien arraigadas y los lazos
comunitarios son fuertes. Para reconocer su labor, las comunidades
suelen otorgar una posición especial a los promotores y eximirlos de la
labor comunitaria. Después de la capacitación, los promotores reciben
certificados, tarjetas de identificación, uniformes gratuitos y otros
materiales. CARE-Perú y el MINSA están sometiendo a prueba otros
incentivos para animar a los promotores comunitarios a realizar una
buena labor. Entre dichos incentivos figura la prestación de servicios
de salud gratis a los promotores y sus familiares cercanos, y ofrecerles
medicamentos a menos precio.
Sin embargo, muchos promotores se muestran indiferentes ante la idea
de ser remunerados por su labor. Leonardo Chino Aroquipa, de la
comunidad de Posoconi, sentado en el caballo roano que suele montar para
hacer las visitas a domicilio de planificación familiar, explica que
desde hace tiempo ha asistido en los nacimientos que ocurren en plena
noche: "Porque me gusta servir a la comunidad. Tengo 38 años de edad y
soy padre de cuatro hijos, más de los que hubiera querido tener, pero
antes no sabía qué era la planificación familiar. Quiero que otros la
conozcan, y seguiré haciendo este trabajo aunque no me paguen porque me
gusta. En este momento tengo 18 usuarios de anticonceptivos, y todos son
hombres".
Rosa Quispe Hihuaña, madre de tres hijos y promotora desde 1997,
dice orgullosamente que tiene 31 usuarios de anticonceptivos entre 73
parejas en su sector de la comunidad de Collina Pampa. Es difícil su
trabajo? Responde: "Sí, porque a veces la gente no quiere usar la
anticoncepción y me dice que sus vidas personales no son asunto mío.
Otros, a veces, hacen preguntas difíciles. También, los hombres no me
aceptaban al principio, pero muchos han cambiado de parecer. Puesto que
no recibo ninguna remuneración, la gente no pone en duda mis
intenciones".
Se oponen al concepto de la planificación familiar las personas de
edad de la comunidad que están acostumbradas desde hace mucho tiempo a
las familias numerosas? Hihuaña contesta: "No, porque la mayoría ha
sufrido mucho para criar a tantos hijos. Con frecuencia, las mujeres ven
mi rótulo de planificación familiar y entran con sus hijas
adolescentes."
Los funcionarios de CARE-Perú y del MINSA consideran que este modelo
de distribución comunitaria es un éxito, pero este éxito no se logró
fácilmente. Ni tampoco está garantizada su sostenibilidad.
La doctora Ramos, coordinadora del proyecto, dice: "Puesto que este
modelo exigió que CARE-Perú capacitara a los profesionales del MINSA
para ofrecer independientemente servicios de salud reproductiva y
capacitar, supervisar y abastecer a los trabajadores de distribución
comunitaria, quizás tomó más tiempo y planteó más dificultades que
otros modelos de distribución comunitaria."
Beat Rohr, director nacional de CARE-Perú, subraya la importancia
que tiene el liderazgo del gobierno. El programa comunitario "ha
prosperado en gran parte porque el gobierno actual favorece, en general,
la reforma de la atención de salud, desea mejorar la salud reproductiva
y ofrece gratuitamente la anticoncepción a todos los ciudadanos".
Por último, el éxito y la sostenibilidad de ese tipo de programa
dependen de los habitantes de las comunidades remotas, dice el doctor
Ciro Castillo Rojo Salas, director de la unidad de salud del MINSA en
San Román, y afirma: "La planificación familiar no es un concepto
nuevo para ellos. Muchas personas de las tierras altas han tratado de
controlar su fertilidad desde hace mucho tiempo y, posiblemente, reciban
muy bien otras formas mejores que les ayuden a hacerlo".
La vida
urbana aísla a muchos clientes
JULIACA, Perú. Una promotora voluntaria de planificación familiar
hace todo lo posible por pasar por un charco que cubre gran parte de la
carretera en las afueras de esta ciudad comercial. Puesto que ella también
vive en este barrio, los charcos inmensos y las calles densamente
pobladas son terreno familiar para ella.
Firme y resuelta, camina sobre las rocas situadas en lugares estratégicos
de un lado del charco al otro. Luego, cuando llega a una parte seca, se
detiene y espera a una enfermera obstétrica y a una ayudante de
enfermería a quienes acompaña en visitas domiciliarias de planificación
familiar. Llegan a la puerta del hogar de una madre de dos niñas que
recibió anticonceptivos orales en un consultorio de PLANFAMI, pero que
no acudió a la cita programada.
No es difícil entender por qué no acudió a la cita. La estación
lluviosa ha hecho que las calles sean casi imposibles de transitar.
También, la madre le dice al grupo que la visita: "Decidí no ir al
consultorio porque no tenía ningún problema con la píldora".
Sin embargo, el grupo la asesora acerca de su salud, se cerciora de
que ella sabe qué hacer si olvida tomarse una píldora y le da un nuevo
suministro de píldoras para otros tres meses. Por último, la animan a
que hable de temas de salud reproductiva con sus hijas (una de 11 y la
otra de 14 años). Acepta hacerlo pero no está muy de acuerdo.
La promotora comunitaria, que fue elegida por los residentes del
barrio para que desempeñara ese trabajo, dice: "Las mujeres
generalmente son tímidas y temen ser criticadas por la comunidad; por
eso es muy importante proteger su privacidad. Temen que la promotora
cuente chismes de ellas, por esa razón hay que ganarse su confianza".
Una de
sus clientas, mujer de 33 años de edad y madre de dos niños, confiesa:
"No me gustó cuando se me acercó la primera vez. Pero somos vecinas y
me habló en quechua, que es mi lengua. Yo había usado el método del
ritmo durante dos años después del nacimiento de mi último hijo, pero
luego ella me habló de las tabletas vaginales y decidí probarlas. Me
gustan. Ahora estoy pensando en usar los condones que ella distribuye
además de las tabletas para obtener una protección más segura".
La necesidad de servicios domiciliarios durante la estación lluviosa
es especialmente vital. Juan de la Riva, director ejecutivo de PLANFAMI
opina: "A la gente realmente le cuesta mucho llegar a los consultorios
en esta época del año. Además, están acostumbradas a permanecer en
sus hogares y les da miedo desplazarse, incluso dentro de la misma
ciudad, para acudir a un consultorio".
La labor del equipo visitante es una de las distintas estrategias de
PLANFAMI para llegar hasta la gente, agrega. Esta organización,
financiada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional y que recibe asistencia técnica de Pathfinder
International, dirige cuatro consultorios dentro de un radio de 90 kilómetros
del consultorio central en Puno. Generalmente, una enfermera obstetra y
una ayudante de enfermería de cada consultorio visitan hogares en el
campo, y utilizan como medio de transporte una motocicleta o una
furgoneta bien equipada en la que llevan inyectables y dispositivos
intrauterinos, además de otros métodos. Los trabajadores de PLANFAMI
también dan charlas relativas a salud reproductiva y presentan videos
en el campo, adonde llegan en una furgoneta con generadores de energía.
Los promotores comunitarios voluntarios reciben uniformes, mochilas,
materiales de salud y anticonceptivos, una tarjeta de identificación y
medios de transporte para llegar a los lugares donde se da la capacitación.
No reciben ningún otro tipo de compensación.
PLANFAMI ha realizado otros esfuerzos innovadores. La organización
trabaja con una estación de policía local que con frecuencia ofrece
alimentos a niños pobres de la calle, para animar a las madres de estos
niños a asistir a las charlas y las presentaciones de videos acerca de
salud reproductiva que PLANFAMI realiza cada mes, y para hacerles exámenes
médicos y darles anticonceptivos.
PLANFAMI también ofrece servicios de salud reproductiva a presos y
presas en una prisión donde se permiten visitas conyugales. Y otro
proyecto se realiza con taxistas de triciclos en Juliaca.
Mary Vandenbroucke de Pathfinder International, quien ayuda a
PLANFAMI, señala: "Los taxistas no sólo saben donde ocurre la
prostitución en la ciudad, sino que también corren mucho riesgo de
contraer enfermedades de transmisión sexual. Trabajar directamente con
estos hombres puede ser una estrategia muy importante".
Bangladesh
perfecciona un programa exitoso
El programa de planificación familiar de Bangladesh, que utiliza uno
de los sistemas de distribución comunitaria más grandes, más antiguos
y más exitosos del mundo, está comenzando a hacer más hincapié en
los consultorios comunitarios. El cambio ha sido concebido para aumentar
la eficacia y abordar necesidades culturales cambiantes.
En vez de centrarse en visitas de puerta en puerta a todas las
parejas elegibles para la anticoncepción, sistema utilizado durante más
de 20 años, el programa actual está animando a muchas parejas a
obtener anticonceptivos en lugares centralizados, como consultorios
aldeanos. Además, el gobierno ha comenzado a integrar en los
consultorios la planificación familiar en un paquete más amplio de
servicios de salud que incluye atención prenatal y postnatal, vacunación
infantil y prevención de las enfermedades transmisibles.
Nancy Piet-Pelon, que siguió muy de cerca los cambios ocurridos en
Bangladesh cuando trabajaba como directora regional de Asia para AVSC
International, opina: "Mucho ha cambiado respecto a las mujeres en
Bangladesh en los últimos 20 años. Una de las principales razones por
las que se inició este programa fue que a las mujeres no se les permitía
salir de sus hogares solas, y eso ha cambiado. Su condición ha
cambiado. Ahora, las mujeres desean usar la planificación familiar y
pueden salir de sus hogares para obtener suministros". (En el artículo
que aparece en la página 17 se presenta un análisis de las cuestiones
relacionadas con el género que tienen que ver con los programas de
distribución comunitaria.)
Los consultorios comunitarios pequeños están comenzando a ofrecer
servicios de planificación familiar y otros servicios de salud. Los
ayudantes de salud y los de bienestar familiar, que han recibido más
capacitación que los trabajadores de aldeas que van de puerta en
puerta, atenderán la mayoría de esas necesidades, explica el doctor
Mohammad Alauddin, representante del país ante Pathfinder, organización
de prestación de servicios con sede en EE.UU. que trabaja en zonas
rurales en Bangladesh.
Sostenibilidad
La distribución de puerta en puerta en Bangladesh, mediante
trabajadores denominados ayudantes de bienestar familiar, es uno de los
factores que han hecho aumentar el uso de anticonceptivos. Las encuestas
demográficas demuestran que aproximadamente la mitad de las mujeres
casadas en edad de procrear usan la anticoncepción (el porcentaje era
de 7% en 1975, cuando comenzó la distribución comunitaria).
Sin embargo, en años recientes una serie de estudios ha suscitado
inquietudes acerca del sistema actual. Ahora que el programa tiene
varios años de uso, la demanda de servicios ha ido aumentando a medida
que un número cada vez mayor de mujeres llegan a la edad de procrear.
Satisfacer la demanda creciente requiere un uso eficaz de los
establecimientos de salud y de los trabajadores que prestan servicios
domiciliarios. Un estudio que el Ministerio de Planificación de
Bangladesh realizó en 1996, con la asistencia de FHI y de Asociados
para Investigación Comunitaria y de Población, reveló que los
ayudantes de bienestar familiar generalmente dedicaban sólo unos
cuantos minutos a cada clienta.1 La doctora Barbara Janowitz,
economista de FHI que fue coautora del estudio, dice: "Es posible que
las visitas que sólo toman cuatro minutos no sean adecuadas. Por
ejemplo, es posible que la clienta no reciba mucha información acerca
de cómo manejar los efectos secundarios".
| Bangladesh |
| 30.500 trabajadores
comunitarios |
- Población: 125 millones
- Terreno: colinas y llanos aluviales
- Área: 144.000 km2
|
En el sistema antiguo, los ayudantes de bienestar familiar debían
visitar cada dos meses a todas las parejas elegibles para la
anticoncepción, ya fuese que la pareja estuviera o no interesada en la
planificación familiar o que ya estuviera recibiendo servicios en otro
lugar. Dirigirse a los clientes que tienen más probabilidades de
necesitar servicios es una estrategia que puede mejorar la eficacia.2
Un análisis realizado por John Snow, Inc., organización con sede en
EE.UU. que se especializa en gestión de logística anticonceptiva, puso
en tela de juicio hacer hincapié en métodos que requieren visitas y
suministros rutinarios, como los anticonceptivos orales.3
Cobrar menos por los servicios prestados en los consultorios que por
los prestados en las visitas domiciliarias puede animar a los clientes a
acudir a los consultorios. Así mismo, los métodos a largo plazo
(dispositivos intrauterinos y la esterilización) pueden ofrecerse
gratuitamente, como estrategia para promover el uso de estos métodos.4
Sin embargo, algunos estudios también indican que se debe tener
cautela con las estrategias que puedan debilitar o eliminar la
distribución de puerta en puerta. Según un estudio del Population
Council, sin el programa domiciliario, la prevalencia de uso de
anticonceptivos en 1993 hubiera sido de aproximadamente 25% en
Bangladesh, en vez de 40%.5 Las visitas domiciliarias también
hacen reducir los costos de transporte para los clientes, y el tiempo de
espera. La doctora Mary Arends-Kuenning, del Population Council,
concluye: "En lo referente a la continuidad de uso de anticonceptivos,
las visitas oportunas de los trabajadores pueden facilitar a las mujeres
el manejo de los efectos secundarios", al ofrecerles asesoramiento u
otro método.6
Referencias
- Janowitz B, Jamil K, Chowdhury J, et al. 1.
Janowitz B, Jamil K, Chowdhury J, et al. Productivity and Costs
for Family Planning Service Delivery in Bangladesh: The Government
Program. (Research Triangle Park, NC: Family Health
International, 1996)35.
- Janowitz B, Holtman M, Hubacher D, et al. Can the
Bangladeshi family planning program meet rising needs without
raising costs? Int Fam Plann Perspect 1997;23(3):116-21.
- Fiedler JL, Day LM. A cost analysis of family
planning in Bangladesh. Int J Health Plann Mgmt
1997;12:251-77.
- Kane TT, Khuda, B, Levin A, et al. Achieving
sustainability of health and family planning services. In Khuda B,
Kane TT, Phillips JF. Improving the Bangladesh Health and Family
Planning Programme: Lessons Learned through Operations Research.
Dhaka, Bangladesh: International Centre for Diarrhoeal Disease
Research, Bangladesh, 1997.
- Phillips JF, Hossain MB, Arends-Kuenning M. The
long-term demographic role of community-based family planning in
rural Bangladesh. Stud Fam Plann 1996;27(4):212.
- Arends-Kuenning M. How Do Family Planning
Workers' Visits Affect Women's Contraceptive Behavior in Bangladesh?
Working Papers No. 99. (New York: Population Council,
1997)52.
"Los
consultorios bajo los árboles" en Zimbabwe aumentan el acceso
HARARE, Zimbabwe. Sibonindaba Moyo va de aldea en aldea en su
bicicleta por las carreteras de tierra roja en la zona agrícola de
Goromonzi, cerca de Harare. En su bolso impermeable lleva
anticonceptivos orales y condones, que va a vender a las mujeres y los
hombres que se encuentra en el camino.
Moyo forma parte de un grupo de 700 distribuidores comunitarios de
anticonceptivos que trabajan para el Consejo Nacional de Planificación
Familiar de Zimbabwe (ZNFPC). Mientras hace su recorrido, habla acerca
de los beneficios de la planificación familiar con personas que nunca
han usado la anticoncepción. Lleva resuministros de píldoras y
condones a las mujeres y los hombres que ya han empezado a usar la
planificación familiar, y remite a consultorios de salud a clientes que
piden otros métodos. Esto es lo que habitualmente hace en sus
actividades de "consultorios bajo los árboles".
En Zimbabwe, los trabajadores de distribución comunitaria forman
parte de la comunidad y los oficiales consideran que ello ha promovido
el uso de la planificación familiar. Thandy Nhliziyo, director adjunto
de prestación de servicios de ZMFPC opina: "La gente se siente cómoda
con personas que forman parte de su comunidad".
El programa de planificación familiar de Zimbabwe, considerado como
uno de los que han dado mejores resultados en África, empezó hace casi
medio siglo. Al principio, los servicios se prestaban en los
consultorios, pero a mediados de los años 70, los primeros trabajadores
de distribución comunitaria, llamados "agentes de la píldora",
comenzaron a trabajar para aumentar el acceso a la anticoncepción.
La tasa de fertilidad de Zimbabwe ha disminuido de 6,6 hijos por
mujer a finales de los años 70 a 4,3 en 1994, y la tasa de prevalencia
de uso de anticonceptivos es una de las más elevadas en África: 48% de
las mujeres casadas en edad de procrear usan un método moderno. El alto
porcentaje de uso de anticonceptivos se debe en gran parte al programa
de distribución comunitaria, que atiende a casi la cuarta parte de los
clientes de planificación familiar del país. Sin embargo, a pesar de
su éxito en llegar a los clientes, los niveles de fertilidad son
considerablemente más elevados en las zonas rurales que en las ciudades
(4,9 comparados con 3,1 nacimientos, respectivamente). La píldora es el
método que se usa más (33% de todas las mujeres casadas).1
La mayoría de los trabajadores de distribución comunitaria son
mujeres. Son seleccionadas por dirigentes comunitarios, quienes nominan
a tres candidatas. Después de recibir capacitación en Harare, la
finalista sigue recibiendo capacitación bajo la guía de un supervisor
en la comunidad, y finalmente debe presentar un examen escrito. El ZNFPC
anima a las trabajadoras de distribución comunitaria a que participen
en actividades locales, como reuniones de clubes e incluso simplemente
lavando ropa en el río con otras mujeres. Su presencia indica que están
interesadas en el bienestar de la comunidad y también hace recordar que
la planificación familiar se puede obtener fácilmente, ya que las
trabajadoras suelen asistir con sus bolsos con píldoras, condones e
información relativa a la planificación.
| Zimbabwe |
| 800 trabajadores
comunitarios |
- Población: 11,5 millones
- Terreno: desierto y sabana
- Área: 390.000 km2
|
Hope Monica Sibindi, directora provincial del ZNFPC, afirma: "Les
decimos que se trabaja de 8 a.m. a 4:30 p.m., pero si alguien llega a
las 8 de la noche y necesita condones, o si va a viajar y necesita más
píldoras, no se le puede decir que se ha cerrado a las 4:30".
Con mucha frecuencia, la trabajadora de distribución comunitaria
constituye un vínculo, que tal vez sea el único, que une a las
familias de la comunidad con algún tipo de atención de salud. Además
de proporcionar información acerca de la planificación familiar, los
trabajadores de distribución comunitaria pueden también suministrar
medicamentos para prevenir la malaria y analgésicos para el dolor de
cabeza. Pueden dar información relativa al VIH/SIDA, es decir, qué es
y cómo se transmite. Hablan de la lactancia materna con las madres que
han tenido un hijo recientemente, explican la importancia de lavarse las
manos para prevenir las enfermedades, hablan de los programas de
vacunación de los lactantes y también de la purificación del agua.
El programa de distribución comunitaria de Zimbabwe es sumamente
organizado y estructurado. Los supervisores, generalmente trabajadores
de distribución comunitaria con experiencia y capacitación adicional,
están a cargo de vigilar el trabajo de 10 ó 12 trabajadores. A su vez,
las enfermeras supervisan a los supervisores.
Cada mes, generalmente una trabajadora viaja durante tres semanas en
toda su área de trabajo. La cuarta semana del mes se dedica a tareas
administrativas, por ejemplo pedidos de suministros anticonceptivos,
capacitación y mantenimiento de registros. Durante la capacitación en
grupo, las trabajadoras practican técnicas de asesoramiento mediante
escenificaciones.
Un programa piloto financiado por la Fundación Rockefeller trata de
ampliar los servicios para atender a los adultos jóvenes. Las parteras
tradicionales y las maestras desempeñan la labor de trabajadoras de
distribución comunitaria o "amigas de la familia" y visitan a los jóvenes
en sus hogares para hablar de la anticoncepción y salud reproductiva.
Los padres se mostraron escépticos al principio, pero "ahora llaman a
las trabajadoras de distribución comunitaria para que los ayuden",
dice Sithokozile Simba, administrador de prestación de servicios del
ZNFPC.
Sibindi opina que mucha gente cree que al hablar de la anticoncepción
se fomentan las actividades sexuales entre los adolescentes, aunque
muchos estudios indican que la educación sexual hace que se posponga el
inicio de las actividades sexuales, y dice: "Necesitamos considerar
formas de atender las necesidades de los jóvenes sin ofender a la
comunidad. La gente no está muy de acuerdo incluso con que se hable de
la sexualidad con los jóvenes. Es necesario fortalecer las aptitudes de
los trabajadores comunitarios para que aborden este problema".
Referencia
- Zimbabwe Central Statistical Office, Macro
International Inc. Zimbabwe Demographic and Health Survey 1994.
Calverton, MD: Zimbabwe Central Statistical Office and Macro
International Inc., 1995; Miller K, Miller R, Askew I, et al eds.
Clinic-based Family Planning and Reproductive Health Services in
Africa: Findings from Situation Analysis Studies. New York: The
Population Council and U.S. Agency for International Development,
1998.
|