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El buen asesoramiento para las personas infectadas con una enfermedad de transmisión
sexual (ETS) les ayuda a cumplir con el tratamiento, entender los anticonceptivos elegidos
y animarlas a notificar la infección a sus compañeros.
Las personas infectadas que continúan una vida sexualmente activa, en particular
aquellas que son VIH positivas, necesitan entender las formas de prevenir la transmisión
de la infección a otras personas y pueden necesitar anticoncepción efectiva para
prevenir un embarazo no deseado.
Una ETS puede poner en grave peligro al feto de una mujer embarazada. Algunas ETS, por
ejemplo el herpes y la sífilis, pueden causar aborto espontáneo, nacimiento prematuro y
muerte prenatal. Algunas de las enfermedades, entre ellas la gonorrea y la clamidia,
pueden causar infecciones oculares y ceguera en los bebés que nacen de madres infectadas.
La sífilis, la infección por el VIH y el herpes pueden transmitirse a los recién
nacidos, y causar enfermedades crónicas y la muerte. Además, el herpes puede causar
retraso mental en los bebés.
Los condones de látex, cuando se usan correcta y sistemáticamente, ofrecen la mejor
protección contra la transmisión de las ETS, incluido el VIH, pero no son muy eficaces
para prevenir el embarazo cuando se usan de forma típica. Los métodos modernos que son
anticonceptivos muy eficaces --los dispositivos intrauterinos (DIU), las píldoras, los
inyectables, los implantes y la esterilización-- no previenen la transmisión de las ETS.
Condones masculinos
En muchas investigaciones de laboratorio se ha observado que los condones de látex de
calidad impiden el paso del VIH y de otros organismos que causan ETS. Los estudios
realizados con usuarios de condones también indican que los condones usados correcta y
sistemáticamente protegen contra las ETS.
Tres estudios importantes indican que el uso sistemático del condón ofrece
protección mensurable contra el VIH a las parejas de heterosexuales en las que sólo una
persona está infectada con el VIH. Los estudios compararon con qué frecuencia, en una
pareja, el compañero no infectado se infectaba cuando utilizaba el condón con diversos
grados de uso sistemático. Cuando el condón se usaba sistemáticamente, la tasa de
infección por el VIH entre los compañeros no infectados fue menos de 1% anual. Además,
se observó que el uso no sistemático del condón causaba un riesgo comparable al riesgo
que se corre cuando no se usa el condón en absoluto.1
Si se facilita el acceso a los condones se puede reducir considerablemente el riesgo de
transmitir las ETS. En Tailandia, donde el uso del condón entre las trabajadoras del sexo
aumentó considerablemente --lo cual se logró mediante un programa público que facilitó
la disponibilidad generalizada de los condones en los establecimientos de sexo comercial
en el país-- los casos de gonorrea y chancroide entre los hombres que acudían a
hospitales públicos disminuyeron en aproximadamente 85% en el transcurso de cuatro años.
Las sífilis disminuyó en 68%.2
Condones femeninos
Los estudios de laboratorio indican que el poliuretano, que es el material utilizado en
los condones femeninos, bloquea el paso de los organismos que causan ETS. No se han
realizado muchos estudios de este dispositivo con seres humanos. Un estudio, en el que
participaron más de 100 mujeres a quienes se les había diagnosticado la tricomoniasis y
que habían recibido tratamiento para esta infección, indicó que el uso posterior y
sistemático del condón femenino las había protegido contra las recurrencias de las ETS.
Además, se observó que el uso no sistemático del condón femenino causaba un riesgo
comparable al riesgo que se corre al no usar el condón femenino en absoluto.3
Se requieren más investigaciones acerca de la efectividad del condón femenino para
prevenir la transmisión de las ETS en los seres humanos, pero los expertos creen que el
dispositivo es una opción prometedora para la prevención de las ETS.
Algunas investigaciones indican que el uso total del condón aumenta cuando las parejas
tienen acceso a los condones masculinos y femeninos, en vez de tener acceso exclusivamente
a los condones masculinos. En un estudio aleatorio realizado en Tailandia en el que 249
trabajadoras del sexo tenían acceso a ambos tipos de condón y 255 tenían acceso sólo
al condón masculino, hubo una reducción del 17% en los actos sexuales no protegidos en
el grupo que tenía acceso a ambos tipos de condón, en comparación con el grupo que
sólo tenía acceso al condón masculino.4 Esa reducción, como también una
disminución del 24% en la incidencia de ETS en el grupo que usó el condón masculino y
el femenino comparado con el grupo que usó únicamente el condón masculino, indica que
el condón femenino puede prevenir las ETS comunes y que para algunas personas es una
opción interesante aparte de los condones masculinos. Un amplio estudio de FHI, realizado
con la participación de trabajadores agrícolas de Kenia, está investigando las
diferencias en la incidencia de gonorrea, clamidia y tricomoniasis entre las mujeres a las
que se ofreció ambos tipos de condones frente a las que se ofreció solamente los
condones masculinos.
Espermicidas
En el laboratorio, el nonoxinol-9 (N-9) inactiva muchos patógenos transmitidos por
vía sexual, incluido el VIH. Algunos expertos se han visto animados por pequeños
estudios que indican que el N-9 tiene un leve efecto protector contra las ETS en los seres
humanos. Sin embargo, el ensayo aleatorio controlado más amplio de N-9 realizado hasta la
fecha --un estudio efectuado por FHI en Camerún relativo al uso de una lámina
espermicida de N-9 en un grupo de aproximadamente 1.300 trabajadoras del sexo-- indicó
que este fármaco no proporcionaba a las mujeres ninguna protección adicional contra la
infección por el VIH, la gonorrea o la clamidia en comparación con la que proporcionaban
los condones.5 El estudio no pudo determinar de forma concluyente si la lámina
espermicida de N-9 por sí sola ofrecía alguna protección contra el VIH u otras ETS
puesto que se animó a los participantes a usar condones cada vez que tenían relaciones
sexuales. FHI es del parecer que se necesitan más investigaciones para determinar si
diversos productos de N-9 protegen contra las ETS y el VIH y, de ser así, en qué medida.
FHI y otros siguen investigando varias formulaciones de N-9, como también otros
microbicidas potenciales.
Métodos hormonales
Los métodos hormonales no protegen a las personas contra las ETS, incluido el VIH, y
la teoría de que su uso pueda hacer aumentar el riesgo de algunas infecciones ha causado
preocupación.
La investigación realizada en monos ha demostrado que la progesterona propicia la
transmisión vaginal del virus de la inmunodeficiencia símica,6 lo cual ha
despertado inquietudes acerca del uso de métodos hormonales por parte de las mujeres. Los
resultados de la investigación en seres humanos han sido contradictorios, pero un estudio
reciente del efecto que tiene la anticoncepción hormonal en el riesgo de transmisión del
VIH-1 entre los heterosexuales en aproximadamente 800 trabajadoras del sexo kenianas
reveló que las mujeres que usaban el acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA)
tenían una mayor incidencia de infección por el VIH-1. En general, el 27% de las 111
mujeres que se infectaron con el VIH-1 estaban usando el DMPA durante el período de
seroconversión de 115 días. También se observó una tendencia que vinculaba el uso de
los anticonceptivos orales de dosis alta a la transmisión del VIH-1.7 No
obstante, puesto que sólo 16 mujeres en el estudio usaban píldoras de dosis alta, no se
podía llegar a conclusiones definitivas acerca de la relación entre el uso de estos
anticonceptivos y la transmisión del VIH-1. Los autores del estudio también señalaron
que esos hallazgos se observaron en una población de mujeres con tasas elevadas de
exposición sexual y otras ETS, y que posiblemente no se apliquen a otras poblaciones.
Entretanto, un estudio reciente indicó que la anticoncepción hormonal podría hacer
aumentar la infectividad de las mujeres con VIH. Se observó una mayor liberación de
material genético del VIH-1 del cuello uterino de las mujeres que usan anticonceptivos
orales combinados o DMPA. La liberación viral aumentó al aumentar la dosis de
anticonceptivos orales.8
Existen pruebas de que el uso de anticonceptivos orales puede hacer aumentar el riesgo
de clamidia, pero parece que éstos hacen disminuir el riesgo de enfermedad pélvica
inflamatoria (EPI) sintomática causada por la clamidia.9 Sin embargo, es
posible que los anticonceptivos orales en realidad no protejan contra la EPI sintomática,
sino que simplemente la oculten en las trompas de Falopio o en el endometrio. Un estudio
reciente indicó que las mujeres que sufrían de endometritis (inflamación de la membrana
mucosa que recubre el útero) no diagnosticada tenían cuatro veces más probabilidades de
usar anticonceptivos orales que las mujeres con endometritis diagnosticada.10
La EPI que no recibe tratamiento puede hacer aumentar el riesgo de infertilidad y de
embarazo ectópico. Así mismo, las ETS que no reciben tratamiento, como la clamidia no
diagnosticada, son factores de riesgo para la transmisión del VIH.
La hepatitis B, causada por el virus de la hepatitis B, se transmite principalmente
durante el acto sexual entre heterosexuales. La Organización Mundial de la Salud (OMS)
recomienda que las mujeres con hepatitis B activa no usen anticonceptivos orales porque
éstos pueden hacerle daño dado que la función hepática de estas mujeres ya está
afectada. Respecto al uso de inyectables combinados (Cyclofem o Mesigyna), se debe esperar
hasta que la función hepática haya vuelto a normalizarse o hasta tres meses después de
que la mujer esté asintomática. Los anticonceptivos sólo de progestina (píldoras sólo
de progestina, DMPA, NET-EN o Norplant) son menos adecuados que otros métodos.11
Dispositivos intrauterinos
Existe una grave preocupación de que los dispositivos intrauterinos (DIU) hagan
aumentar el riesgo de EPI en las mujeres que tienen ETS, puesto que los microorganismos de
la vagina pueden entrar por el cuello uterino y llegar al útero durante la inserción del
dispositivo. Por consiguiente, a estas mujeres, o a las que han tenido una ETS en los
últimos tres meses, no se les debe insertar un DIU.
Debido a problemas de infección pélvica y de mayor pérdida de sangre, generalmente
no es adecuado que las mujeres infectadas por el VIH usen el DIU. Sin embargo, un estudio
realizado recientemente por la Universidad de Nairobi y FHI relativo al uso del DIU entre
aproximadamente 150 kenianas infectadas por el VIH y 500 no infectadas, no reveló un
mayor riesgo de complicaciones totales causadas por el DIU ni de complicaciones
relacionadas con la infección en las mujeres infectadas (independientemente del grado de
inmunosupresión) que en las no infectadas, al cabo de un mes y de cuatro meses después
de la inserción del DIU. Además, entre las mujeres infectadas por el VIH, el uso del DIU
no se asoció con un aumento de la liberación cervicouterina de VIH. Esto indica que las
mujeres infectadas por el VIH apropiadamente seleccionadas, y que tengan acceso a
servicios médicos regularmente, pueden usar el DIU sin peligro.12
Entre las mujeres sanas que no corren riesgo de contraer ETS, el DIU liberador de
levonorgestrel (DIU-LNg) puede hacer disminuir el riesgo de EPI. En un estudio, la
incidencia de EPI al cabo de tres y cinco años de uso fue menor en las usuarias del
DIU-LNg que en las usuarias del DIU Nova T.13 Sin embargo, estos DIU
liberadores de progestina no están disponibles de forma generalizada. Respecto a las
mujeres que tienen hepatitis B activa, el DIU-LNg es menos adecuado que otros métodos.
Método MELA
La lactancia materna ofrece anticoncepción efectiva durante un período de hasta seis
meses después del parto, siempre y cuando el bebé reciba lactancia materna exclusiva o
casi exclusiva, y la madre no haya vuelto a menstruar (este método se denomina
"método de amenorrea de la lactancia" o MELA). No obstante, algunos estudios
indican que uno de cada siete niños amamantados por una madre VIH positiva se infecta con
el virus.
El Programa Conjunto de las Naciones Unidas de VIH/SIDA, el Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia y la OMS señalan que los lactantes de madres infectadas por el
VIH corren un riesgo mayor de enfermarse y morir si son amamantados, en vez de ser
alimentados con sustitutos de la leche materna, siempre y cuando el sustituto se prepare
de forma segura. Sin embargo, la alimentación artificial hace aumentar considerablemente
el riesgo de que los niños se enfermen y mueran en los lugares donde la mortalidad
infantil es elevada o donde no se puede preparar suficiente sustituto de la leche materna
de forma segura (por ejemplo, cuando no hay agua potable). En este caso, el riesgo de
muerte por malnutrición o infección puede ser mayor que el riesgo de transmisión del
VIH a través de la leche materna.14
Las mujeres cuyo estado respecto al VIH es desconocido y las que viven el zonas donde
la mortalidad infantil es elevada, o donde no se puede preparar el sustituto de la leche
materna de forma segura, deben amamantar ya que esta práctica beneficia enormemente a la
salud general de la mujer y del lactante.
Las mujeres que amamantan y corren el riesgo de contraer el VIH deben usar condones. Al
protegerse a sí mismas contra la infección por el VIH, también pueden proteger a sus
lactantes.
-- Kim Best
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