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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

El buen asesoramiento es vital para clientes con ETS

Los condones de látex, cuando se usan correcta y sistemáticamente, ofrecen la mejor protección contra ETS.

Network en español: Invierno 1999, Vol. 19, No. 2

Todos los derechos reservados, Family Health International, 1999. 
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El buen asesoramiento para las personas infectadas con una enfermedad de transmisión sexual (ETS) les ayuda a cumplir con el tratamiento, entender los anticonceptivos elegidos y animarlas a notificar la infección a sus compañeros.

Las personas infectadas que continúan una vida sexualmente activa, en particular aquellas que son VIH positivas, necesitan entender las formas de prevenir la transmisión de la infección a otras personas y pueden necesitar anticoncepción efectiva para prevenir un embarazo no deseado.

Una ETS puede poner en grave peligro al feto de una mujer embarazada. Algunas ETS, por ejemplo el herpes y la sífilis, pueden causar aborto espontáneo, nacimiento prematuro y muerte prenatal. Algunas de las enfermedades, entre ellas la gonorrea y la clamidia, pueden causar infecciones oculares y ceguera en los bebés que nacen de madres infectadas. La sífilis, la infección por el VIH y el herpes pueden transmitirse a los recién nacidos, y causar enfermedades crónicas y la muerte. Además, el herpes puede causar retraso mental en los bebés.

Los condones de látex, cuando se usan correcta y sistemáticamente, ofrecen la mejor protección contra la transmisión de las ETS, incluido el VIH, pero no son muy eficaces para prevenir el embarazo cuando se usan de forma típica. Los métodos modernos que son anticonceptivos muy eficaces --los dispositivos intrauterinos (DIU), las píldoras, los inyectables, los implantes y la esterilización-- no previenen la transmisión de las ETS.

Condones masculinos

En muchas investigaciones de laboratorio se ha observado que los condones de látex de calidad impiden el paso del VIH y de otros organismos que causan ETS. Los estudios realizados con usuarios de condones también indican que los condones usados correcta y sistemáticamente protegen contra las ETS.

Tres estudios importantes indican que el uso sistemático del condón ofrece protección mensurable contra el VIH a las parejas de heterosexuales en las que sólo una persona está infectada con el VIH. Los estudios compararon con qué frecuencia, en una pareja, el compañero no infectado se infectaba cuando utilizaba el condón con diversos grados de uso sistemático. Cuando el condón se usaba sistemáticamente, la tasa de infección por el VIH entre los compañeros no infectados fue menos de 1% anual. Además, se observó que el uso no sistemático del condón causaba un riesgo comparable al riesgo que se corre cuando no se usa el condón en absoluto.1

Si se facilita el acceso a los condones se puede reducir considerablemente el riesgo de transmitir las ETS. En Tailandia, donde el uso del condón entre las trabajadoras del sexo aumentó considerablemente --lo cual se logró mediante un programa público que facilitó la disponibilidad generalizada de los condones en los establecimientos de sexo comercial en el país-- los casos de gonorrea y chancroide entre los hombres que acudían a hospitales públicos disminuyeron en aproximadamente 85% en el transcurso de cuatro años. Las sífilis disminuyó en 68%.2

Condones femeninos

Los estudios de laboratorio indican que el poliuretano, que es el material utilizado en los condones femeninos, bloquea el paso de los organismos que causan ETS. No se han realizado muchos estudios de este dispositivo con seres humanos. Un estudio, en el que participaron más de 100 mujeres a quienes se les había diagnosticado la tricomoniasis y que habían recibido tratamiento para esta infección, indicó que el uso posterior y sistemático del condón femenino las había protegido contra las recurrencias de las ETS. Además, se observó que el uso no sistemático del condón femenino causaba un riesgo comparable al riesgo que se corre al no usar el condón femenino en absoluto.3 Se requieren más investigaciones acerca de la efectividad del condón femenino para prevenir la transmisión de las ETS en los seres humanos, pero los expertos creen que el dispositivo es una opción prometedora para la prevención de las ETS.

Algunas investigaciones indican que el uso total del condón aumenta cuando las parejas tienen acceso a los condones masculinos y femeninos, en vez de tener acceso exclusivamente a los condones masculinos. En un estudio aleatorio realizado en Tailandia en el que 249 trabajadoras del sexo tenían acceso a ambos tipos de condón y 255 tenían acceso sólo al condón masculino, hubo una reducción del 17% en los actos sexuales no protegidos en el grupo que tenía acceso a ambos tipos de condón, en comparación con el grupo que sólo tenía acceso al condón masculino.4 Esa reducción, como también una disminución del 24% en la incidencia de ETS en el grupo que usó el condón masculino y el femenino comparado con el grupo que usó únicamente el condón masculino, indica que el condón femenino puede prevenir las ETS comunes y que para algunas personas es una opción interesante aparte de los condones masculinos. Un amplio estudio de FHI, realizado con la participación de trabajadores agrícolas de Kenia, está investigando las diferencias en la incidencia de gonorrea, clamidia y tricomoniasis entre las mujeres a las que se ofreció ambos tipos de condones frente a las que se ofreció solamente los condones masculinos.

Espermicidas

En el laboratorio, el nonoxinol-9 (N-9) inactiva muchos patógenos transmitidos por vía sexual, incluido el VIH. Algunos expertos se han visto animados por pequeños estudios que indican que el N-9 tiene un leve efecto protector contra las ETS en los seres humanos. Sin embargo, el ensayo aleatorio controlado más amplio de N-9 realizado hasta la fecha --un estudio efectuado por FHI en Camerún relativo al uso de una lámina espermicida de N-9 en un grupo de aproximadamente 1.300 trabajadoras del sexo-- indicó que este fármaco no proporcionaba a las mujeres ninguna protección adicional contra la infección por el VIH, la gonorrea o la clamidia en comparación con la que proporcionaban los condones.5 El estudio no pudo determinar de forma concluyente si la lámina espermicida de N-9 por sí sola ofrecía alguna protección contra el VIH u otras ETS puesto que se animó a los participantes a usar condones cada vez que tenían relaciones sexuales. FHI es del parecer que se necesitan más investigaciones para determinar si diversos productos de N-9 protegen contra las ETS y el VIH y, de ser así, en qué medida. FHI y otros siguen investigando varias formulaciones de N-9, como también otros microbicidas potenciales.

Métodos hormonales

Los métodos hormonales no protegen a las personas contra las ETS, incluido el VIH, y la teoría de que su uso pueda hacer aumentar el riesgo de algunas infecciones ha causado preocupación.

La investigación realizada en monos ha demostrado que la progesterona propicia la transmisión vaginal del virus de la inmunodeficiencia símica,6 lo cual ha despertado inquietudes acerca del uso de métodos hormonales por parte de las mujeres. Los resultados de la investigación en seres humanos han sido contradictorios, pero un estudio reciente del efecto que tiene la anticoncepción hormonal en el riesgo de transmisión del VIH-1 entre los heterosexuales en aproximadamente 800 trabajadoras del sexo kenianas reveló que las mujeres que usaban el acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA) tenían una mayor incidencia de infección por el VIH-1. En general, el 27% de las 111 mujeres que se infectaron con el VIH-1 estaban usando el DMPA durante el período de seroconversión de 115 días. También se observó una tendencia que vinculaba el uso de los anticonceptivos orales de dosis alta a la transmisión del VIH-1.7 No obstante, puesto que sólo 16 mujeres en el estudio usaban píldoras de dosis alta, no se podía llegar a conclusiones definitivas acerca de la relación entre el uso de estos anticonceptivos y la transmisión del VIH-1. Los autores del estudio también señalaron que esos hallazgos se observaron en una población de mujeres con tasas elevadas de exposición sexual y otras ETS, y que posiblemente no se apliquen a otras poblaciones.

Entretanto, un estudio reciente indicó que la anticoncepción hormonal podría hacer aumentar la infectividad de las mujeres con VIH. Se observó una mayor liberación de material genético del VIH-1 del cuello uterino de las mujeres que usan anticonceptivos orales combinados o DMPA. La liberación viral aumentó al aumentar la dosis de anticonceptivos orales.8

Existen pruebas de que el uso de anticonceptivos orales puede hacer aumentar el riesgo de clamidia, pero parece que éstos hacen disminuir el riesgo de enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) sintomática causada por la clamidia.9 Sin embargo, es posible que los anticonceptivos orales en realidad no protejan contra la EPI sintomática, sino que simplemente la oculten en las trompas de Falopio o en el endometrio. Un estudio reciente indicó que las mujeres que sufrían de endometritis (inflamación de la membrana mucosa que recubre el útero) no diagnosticada tenían cuatro veces más probabilidades de usar anticonceptivos orales que las mujeres con endometritis diagnosticada.10 La EPI que no recibe tratamiento puede hacer aumentar el riesgo de infertilidad y de embarazo ectópico. Así mismo, las ETS que no reciben tratamiento, como la clamidia no diagnosticada, son factores de riesgo para la transmisión del VIH.

La hepatitis B, causada por el virus de la hepatitis B, se transmite principalmente durante el acto sexual entre heterosexuales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las mujeres con hepatitis B activa no usen anticonceptivos orales porque éstos pueden hacerle daño dado que la función hepática de estas mujeres ya está afectada. Respecto al uso de inyectables combinados (Cyclofem o Mesigyna), se debe esperar hasta que la función hepática haya vuelto a normalizarse o hasta tres meses después de que la mujer esté asintomática. Los anticonceptivos sólo de progestina (píldoras sólo de progestina, DMPA, NET-EN o Norplant) son menos adecuados que otros métodos.11

Dispositivos intrauterinos

Existe una grave preocupación de que los dispositivos intrauterinos (DIU) hagan aumentar el riesgo de EPI en las mujeres que tienen ETS, puesto que los microorganismos de la vagina pueden entrar por el cuello uterino y llegar al útero durante la inserción del dispositivo. Por consiguiente, a estas mujeres, o a las que han tenido una ETS en los últimos tres meses, no se les debe insertar un DIU.

Debido a problemas de infección pélvica y de mayor pérdida de sangre, generalmente no es adecuado que las mujeres infectadas por el VIH usen el DIU. Sin embargo, un estudio realizado recientemente por la Universidad de Nairobi y FHI relativo al uso del DIU entre aproximadamente 150 kenianas infectadas por el VIH y 500 no infectadas, no reveló un mayor riesgo de complicaciones totales causadas por el DIU ni de complicaciones relacionadas con la infección en las mujeres infectadas (independientemente del grado de inmunosupresión) que en las no infectadas, al cabo de un mes y de cuatro meses después de la inserción del DIU. Además, entre las mujeres infectadas por el VIH, el uso del DIU no se asoció con un aumento de la liberación cervicouterina de VIH. Esto indica que las mujeres infectadas por el VIH apropiadamente seleccionadas, y que tengan acceso a servicios médicos regularmente, pueden usar el DIU sin peligro.12

Entre las mujeres sanas que no corren riesgo de contraer ETS, el DIU liberador de levonorgestrel (DIU-LNg) puede hacer disminuir el riesgo de EPI. En un estudio, la incidencia de EPI al cabo de tres y cinco años de uso fue menor en las usuarias del DIU-LNg que en las usuarias del DIU Nova T.13 Sin embargo, estos DIU liberadores de progestina no están disponibles de forma generalizada. Respecto a las mujeres que tienen hepatitis B activa, el DIU-LNg es menos adecuado que otros métodos.

Método MELA

La lactancia materna ofrece anticoncepción efectiva durante un período de hasta seis meses después del parto, siempre y cuando el bebé reciba lactancia materna exclusiva o casi exclusiva, y la madre no haya vuelto a menstruar (este método se denomina "método de amenorrea de la lactancia" o MELA). No obstante, algunos estudios indican que uno de cada siete niños amamantados por una madre VIH positiva se infecta con el virus.

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas de VIH/SIDA, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la OMS señalan que los lactantes de madres infectadas por el VIH corren un riesgo mayor de enfermarse y morir si son amamantados, en vez de ser alimentados con sustitutos de la leche materna, siempre y cuando el sustituto se prepare de forma segura. Sin embargo, la alimentación artificial hace aumentar considerablemente el riesgo de que los niños se enfermen y mueran en los lugares donde la mortalidad infantil es elevada o donde no se puede preparar suficiente sustituto de la leche materna de forma segura (por ejemplo, cuando no hay agua potable). En este caso, el riesgo de muerte por malnutrición o infección puede ser mayor que el riesgo de transmisión del VIH a través de la leche materna.14

Las mujeres cuyo estado respecto al VIH es desconocido y las que viven el zonas donde la mortalidad infantil es elevada, o donde no se puede preparar el sustituto de la leche materna de forma segura, deben amamantar ya que esta práctica beneficia enormemente a la salud general de la mujer y del lactante.

Las mujeres que amamantan y corren el riesgo de contraer el VIH deben usar condones. Al protegerse a sí mismas contra la infección por el VIH, también pueden proteger a sus lactantes.

-- Kim Best

Referencias

  1. Deschamps MM, Pape JW, Hafner A, et al. Heterosexual transmission of HIV in Haiti. Ann Intern Med 1996;125(4):324-30; Saracco A, Musicco M, Nicolosi A, et al. Man-to-woman sexual transmission of HIV: longitudinal study of 343 steady partners of infected men. J Acq Immun Def Syndr 1993;6(5):497-502; de Vincenzi I. A longitudinal study of human immunodeficiency virus transmission by heterosexual partners. European Study Group on Heterosexual Transmission of HIV. N Engl J Med 1994;331(6):341-46.
  2. Hanenberg RS, Rojanapithayakorn W, Kunasol P, et al. Impact of Thailand's HIV-control programme as indicated by the decline of sexually transmitted diseases. Lancet 1994;344(8917):243-45.
  3. Soper DE, Shoupe D, Shangold GA, et al. Prevention of vaginal trichomoniasis by compliant use of the female condom. Sex Transm Dis 1993;20(3):137-39.
  4. Fontanet AL, Saba J, Chandelying V, et al. Protection against sexually transmitted diseases by granting sex workers in Thailand the choice of using the male or female condom: results from a rando-mized controlled trial. AIDS 1998;12(14):1851-59.
  5. Roddy RE, Zekeng L, Ryan KA, et al. A controlled trial of nonoxynol 9 film to reduce male-to-female transmission of sexually transmitted diseases. N Engl J Med 1998;339(8):504-10.
  6. Marx PA, Spira AI, Gettie A, et al. Progesterone implants enhance SIV vaginal transmission and early virus load. Nat Med 1996;2(10):1084-89.
  7. Martin HL Jr, Nyange PM, Richardson BA, et al. Hormonal contraception, sexually transmitted diseases, and risk of heterosexual transmission of human immunodeficiency virus type 1. J Inf Dis 1998;178(4):1053-59.
  8. Mostad SB, Overbaugh J, DeVange DM, et al. Hormonal contraception, vitamin A deficiency, and other risk factors for shedding of HIV-1 infected cells from the cervix and vagina. Lancet 1997;350(9082):922-27.
  9. Wolner-Hanssen P, Eschenbach DA, Paavonen J, et al. Decreased risk of symptomatic chlamydial pelvic inflammatory disease associated with oral contraceptive use. JAMA 1990;263(1):54-59.
  10. Ness RB, Keder LM, Soper DE, et al. Oral contraception and the recognition of endometritis. Am J Obstet Gynecol 1997;176(3):580-85.
  11. World Health Organization. Improving Access to Quality Care in Family Planning. Medical Eligibility Criteria for Contraceptive Use. Geneva: World Health Organization, 1996.
  12. Sinei SK, Morrison CS, Sekadde-Kigondu C, et al. Complications of use of intrauterine devices among HIV-1-infected women. Lancet 1998;351(9111):1238-41.
  13. Toivonen J, Luukkainen T, Allonen H. Protective effect of intrauterine release of levonorgestrel on pelvic infection: three years' comparative experience of levonorgestrel- and copper-releasing intrauterine devices. Obstet Gynecol 1991;77(2):261-64; Andersson K, Odlind V, Rybo G. Levonorgestrel-releasing and copper-releasing (Nova T) IUDs during five years of use: a randomized comparative trial. Contraception 1994;49(1):56-72.
  14. World Health Organization, Joint United Nations Programme on HIV/AIDs, United Nations Children's Fund. HIV and Infant Feeding, A Policy Statement Devleoped Collaboratively by UNIAIDS, UNICEF and OMS. Http://www.unaids.org.

Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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Last Updated: 09 Jul 2003

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