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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

Enfermedades tropicales y el embarazo

La anticoncepción plantea pocas preocupaciones, pero la anemia causada por enfermedades tropicales merece atención.

Por Boaz Otieno-Nyunya, MD
Moi University, Eldoret, Kenia
Becario de FHI en Investigación en Tecnología Anticonceptiva

Network en español: Invierno 1999, Vol. 19, No. 2

Todos los derechos reservados, Family Health International, 1999. 
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es reimpresa con autorización de Family Health International.

Muchas enfermedades tropicales comunes --como la malaria, la esquistosomiasis, los helmintos intestinales o la filariasis-- afectan drásticamente a la salud reproductiva. Estas enfermedades pueden hacer daño a la mujer embarazada o al feto. En las parejas, pueden complicar el uso de anticonceptivos o reducir la fertilidad, generalmente al bloquear físicamente partes del aparato reproductor de los hombres o las mujeres, o al afectar a la función hormonal de la reproducción en las mujeres.

Los efectos de la malaria en el embarazo pueden ser tan graves que se recomienda el tratamiento preventivo con medicamentos antimaláricos durante el embarazo en las zonas donde esta enfermedad es endémica. Este tratamiento debe dirigirse especialmente a las mujeres que han quedado embarazadas por primera vez pues son las más vulnerables.

El uso de cloroquina y proguanil, dos medicamentos que se emplean de modo generalizado en la prevención o el tratamiento de la malaria, es seguro durante el embarazo. Es preferible no usar la sulfadoxina-pirimetamina en el embarazo avanzado debido al riesgo de causar ictericia en el recién nacido. Se considera que el uso de la mefloquina es seguro sólo en el tercer trimestre de embarazo. Sin embargo, la unidad de malaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS) notificó recientemente que el riesgo que corre el feto cuando la madre usa mefloquina en el primer trimestre de embarazo no es mayor que el riesgo asociado con cualquier otro fármaco antimalárico, y es considerablemente menor que el riesgo asociado con la malaria causada por Plasmodium falciparum, que es el tipo de malaria más grave en los seres humanos.1 El uso de la quinina, en dosis recomendadas, es seguro en infecciones que ponen en peligro la vida de la embarazada. Los antimaláricos más modernos --artemeter y artesunato-- no atraviesan la placenta con tanta facilidad como los antimaláricos de quinolina y, por consiguiente, su potencial nocivo en el feto es menor.2

El tratamiento profiláctico de la malaria en las mujeres embarazadas es importante porque el embarazo hace disminuir la inmunidad de la mujer y la hace más susceptible a numerosas complicaciones causadas por la malaria, como malaria cerebral, insuficiencia renal, hipoglucemia, edema pulmonar y colapso circulatorio. Las embarazadas son particularmente susceptibles a formas graves de malaria que rara vez ocurren en otros adultos que viven en zonas donde la malaria es endémica.

Todavía no se entiende claramente el mecanismo de la inmunidad contra la malaria, pero los datos epidemiológicos, recopilados especialmente en África, indican que en las zonas donde la malaria es endémica, la prevalencia de la infección aumenta gradualmente a partir de las primeras semanas del embarazo hasta llegar a un máximo en el segundo trimestre, y luego vuelve a disminuir. En el momento del parto, la prevalencia es análoga a la de antes del embarazo.3 Por otra parte, se observó que las concentraciones del anticuerpo antimalárico IgG disminuían gradualmente en las embarazadas de Gambia, y que llegaba a las concentraciones más bajas en las últimas 10 semanas del embarazo.4

Las mujeres que han tenido menos partos tienden a tener una inmunidad menor, y la malaria puede tener efectos más graves en ellas que en las mujeres que han tenido más hijos.5 El embarazo hace disminuir la inmunidad antimalárica adquirida anteriormente, mientras que las infecciones ocurridas en embarazos anteriores proporcionan cierta protección en el embarazo actual.

La malaria placentaria, en la cual los parásitos se reproducen en la placenta y bloquean el intercambio de oxígeno y nutrientes del feto, es particularmente frecuente y grave en los primeros embarazos. Esta infección puede hacer que el bebé tenga bajo peso al nacer, principalmente porque se retrasa el crecimiento intrauterino, lol cual hace aumentar el riesgo de mortalidad y enfermedades infantiles durante el primer año de vida.6

La malaria y otras enfermedades tropicales también son causas importantes de aborto espontáneo, y muchos casos de pérdida inexplicada del embarazo en realidad se deben a enfermedades tropicales no diagnosticadas.

Las consecuencias nocivas de otras enfermedades tropicales en una mujer embarazada o en el feto dependen en gran medida de la gravedad de la infección, y también de la etapa en que se encuentra el embarazo. Por ejemplo, los medicamentos que se usan para el tratamiento de la esquistosomiasis --como el praziquantel, la oxamniquina o el metrifonato-- pueden ser tóxicos para el feto. A menos que la infección sea grave, puede ser aconsejable esperar hasta el final del embarazo para comenzar el tratamiento.

La malnutrición y la anemia causadas por los vermes intestinales pueden dificultar el embarazo y, al mismo tiempo, agravarse a causa del embarazo. Con frecuencia, el diagnóstico de anemia alimentaria en una mujer que tiene vermes intestinales se hace durante el embarazo. La falta de ácido fólico y otros micronutrientes, que puede ser causada por vermes intestinales o malaria crónica, también se ha asociado con la separación prematura de la placenta.7

Principales enfermedades tropicales que afectan a la salud reproductiva

Entre las enfermedades tropicales de prevalencia considerable1 que afectan a la salud reproductiva están las siguientes:

Malaria: Enfermedad causada por un parásito protozoario que se transmite con la picadura del mosquito y constituye un problema grave de salud mundial que causa entre 300 y 500 millones de nuevos casos y más de 2 millones de muertes cada año. En gran parte de África, más del 25% de todas las visitas hospitalarias se deben a esta enfermedad.

Esquistosomiasis: Infección causada por vermes parasíticos transmitidos por la exposición a agua infestada y causa grandes problemas de salud en muchas partes del mundo, entre ellas el cercano y el lejano oriente, África, Sudamérica y la región del Caribe. Es endémica en 74 países en desarrollo, y aproximadamente 200 millones de personas están infectadas. Unas 20.000 personas mueren anualmente a causa de esta enfermedad.

Helmintos intestinales: Vermes parasíticos transmitidos principalmente en los alimentos; no producen el mismo grado de enfermedad ni el mismo número de muertes que la malaria, pero se encuentran en casi todos los rincones de las regiones tropicales y constituyen un grave peligro para la salud. Los tres vermes parasíticos más importantes son: Ascariasis lumbricoides, Trichuris trichura y las especies de anquilostomas. Unas 250 millones de personas tienen ascariasis y anualmente unas 60.000 mueren a causa de ella.

Filariasis: Otra enfermedad que se encuentra en casi todas las regiones cálidas y húmedas del mundo y es producida por vermes largos en forma de hilo transmitidos por mosquitos, ácaros o moscas. La larva de los vermes invade los tejidos linfoides; después, los vermes adultos pueden bloquear la circulación linfática, produciendo hinchazón, inflamación y dolor. La filariasis linfática es endémica en 73 países y ataca a unos 120 millones de personas en todo el mundo. A veces, las partes afectadas del cuerpo también se agrandan. Cuando hay agrandamiento extremo se produce la elefantiasis; la parte afectada puede exceder varias veces su tamaño normal. Las infecciones filariales crónicas y repetidas en las regiones donde la enfermedad es endémica tienden a producir elefantiasis.

-- Boaz Otieno-Nyunya, MD

Referencia

  1. World Health Organization. The World Health Report 1998. Life in the 21st Century. A Vision for All. (Geneva: World Health Organization, 1998)48.

Anticoncepción

Aunque las enfermedades tropicales rara vez afectan al uso de métodos anticonceptivos, varios problemas merecen que se les preste cuidadosa atención, especialmente los que tienen que ver con la anemia. Es posible que la anemia producida por la infestación crónica de vermes intestinales o por la malaria requiera mayor cuidado durante el uso de anestesia general. Este problema siempre debe tenerse en cuenta cuando se trata de clientas que padecen enfermedades tropicales y que se someten a la ligadura tubárica voluntaria.

El sangrado prolongado o irregular causado por los anticonceptivos sólo de progestina puede agravar la anemia existente producida por enfermedades tropicales. Sin embargo, el dispositivo intrauterino (DIU) liberador de levonorgestrel o el uso a largo plazo de inyectables sólo de progestina (como la medroxiprogesterona de depósito o DMPA) tienden a disminuir el flujo menstrual y, por lo tanto, podrían ser buenas opciones anticonceptivas para las mujeres anémicas.

Los estudios relativos a los efectos de los AO en el metabolismo de la mefloquina y la cloroquina indican que los AO no influyen de forma significativa en el metabolismo de esos medicamentos.8 Así mismo, el uso de la cloroquina para prevenir la malaria no tiene efectos significativos desde el punto de vista clínico en la eficacia de los AO.

Los resultados de estudios recientes indican que el uso de AO es seguro y efectivo en las mujeres que sufren de esquistosomiasis activa en la etapa temprana, incluso cuando están recibiendo tratamiento con praziquantel o metrifonato.9 En dos estudios de mujeres con esquistosomiasis, los AO --uno que contenía 0,05 mg de mestranol y 1 mg de noretisterona, y otro que contenía 0,05 mg de etinil estradiol y 0,5 mg de levonorgestrel-- no afectaron adversamente a la función hepática al cabo de seis meses de uso de AO.10

Es probable que sea imposible efectuar la vasectomía en hombres que presentan hinchazón escrotal causada por filariasis. La elefantiasis de la vulva puede interferir con el examen con espéculo, lo cual dificulta la inserción del DIU. La hinchazón escrotal o vulvar también puede dificultar el uso de métodos de barrera, como los condones y diafragmas.

Fertilidad

El grado en que las enfermedades tropicales pueden afectar a la fertilidad es patente en el hecho de que el distrito de Base-Uele de la República Democrática del Congo (antiguo Zaire) registró las tasas más bajas de fertilidad en el mundo en los años 60, cuando el 50% de las mujeres de 30 a 34 años de edad no tenían hijos.11 Entre las condiciones que se cree que contribuyeron a la baja fertilidad en el Congo y en los países circundantes de África central --llamados "franja de infertilidad"-- figuran la filariasis, la malaria, la esquistosomiasis, las enfermedades de transmisión sexual, la tuberculosis genital y las carencias nutricionales.

Las enfermedades tropicales pueden reducir la fertilidad de diversas maneras. Las enfermedades tropicales como la filiariasis y la esquistosomiasis se han asociado con infecciones del aparato genital superior y con la enfermedad inflamatoria pélvica.12 Se ha notificado un caso de infertilidad debida a bloqueo tubárico bilateral producido por esquistosomiasis pélvica --identificada claramente porque respondió a tratamiento medicamentoso--13 y también puede ocurrir un daño similar en el vas deferens del hombre. El bloqueo parcial de las trompas de Falopio, que permite que los espermatozides lleguen hasta el huevo y lo fertilicen pero que no permite que el huevo se desplace hasta el útero, puede causar embarazo ectópico, el cual pone en peligro la vida de la mujer.14 La hinchazón de los genitales causada por la filariasis puede impedir el acto sexual, lo cual resulta en infertilidad.

Además, algunos estudios realizados con animales han demostrado que la esquistosomiasis inhibe la función hormonal reproductora debido a una respuesta inmunitaria a los huevos de Esquistosoma.15

Por último, todas las infecciones parasitarias pueden reducir la fertilidad porque causan anemia o malnutrición, o porque usualmente perjudican la salud en general.

Referencias

  1. Phillips-Howard PA, Steffen R, Kerr L, et al. Safety of mefloquine and other antimalarial agents in the first trimester of pregnancy. J Travel Med 1998;5(3):121-26.
  2. Gilles HM. Management of Severe and Complicated Malaria. A Practical Handbook. Geneva: World Health Organization, 1991.
  3. Brabin BJ. An analysis of malaria of pregnancy in Africa. Bull WHO 1983;61(6):1005-16.
  4. McGregor IA, Rowe DS, Wilson ME, et al. Plasma immunoglobulin concentrations in an African Gambian community in relation to season, malaria and other infections and pregnancy. Clin Exp Immunol 1970;7:51.
  5. Brabin; Miller LH, Smith JD. Motherhood and malaria. Nature Medicine 1998;4(11):1244-45.
  6. Matteelli A, Caligaris S, Castelli F, et al. The placenta and malaria. Ann Trop Med Parasitol 1997;91(7):803-10.
  7. Nesbitt REL Jr. Coincidental medical disorders complicating pregnancy. In Danforth DN, ed. Obstetrics and Gynecology, Third Edition. New York: Harper & Row Publishers, 1997.
  8. Karbwang J, Looareesuwan S, Back DJ, et al. Effect of oral contraceptive steroids on the clinical course of malaria infection and on the pharmacokinetics of mefloquine in Thai women. Bull WHO 1988;66(6):763-67; Gupta KC, Joshi JV, Desai NK, et al. Kinetics of chloroquine contraceptive steroids in oral contraceptive users during concurrent chloroquine prophylaxis. Indian J Med Research 1984;80:658-62.
  9. El-Raghy I, Back DJ, Osman F, et al. Contraceptive steroid concentrations in women with early active schistosomiasis: lack of effect of antischistosomal drugs. Contraception 1986;33(4):373-77.
  10. Sy FS, Osteria TS, Opiniano V, et al. Effect of oral contraceptives on liver function tests on women with schistosomiasis in the Philippines. Contraception 1986;34(3):283-94; Shaaban NM, Hammad WA, Fathalla MF, et al. Effects of oral contraception on liver function tests and serum proteins in women with active schistosomiasis. Contraception 1982;26(1):75-82.
  11. McFalls JA Jr. Population subfecundity. Intercom 1978;6(4):7-9.
  12. Lawson JB, Stewart DB. Obstetrics and Gynecology in the Tropics and Developing Countries. London: Edward Arnold Publishers, 1988; Stewart GK. Impaired fertility. In Hatcher RA, Trussell J, Stewart F, et al eds. Contraceptive Technology Seventeenth Revised Edition. (New York: Ardent Media, Inc., 1998)657-660.
  13. Oguuniyi SO, Nganwuchu AM, Adenle MA, et al. Pregnancy following infertility due to pelvic schistosmiasis: a case report. West Afr J Med 1994;13(2):132-33.
  14. Bugalho A, Strolego F, Pregazzi R, et al. Extrauterine pregnancy in Mozambique. Int J Gynaecol Obst 1991;34(3):239-42.
  15. Amano T, Freeman GL Jr, Colley DG. Reduced reproductive efficiency in mice with Schistosomiasis mansoni and in uninfected pregnant mice injected with antibodies against Schistosoma mansoni soluble egg antigens. Am J Trop Med Hyg 1990;43(2):180-85.

Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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Last Updated: 09 Jul 2003

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