Las creencias y las prácticas relativas al género definen las funciones,
oportunidades y limitaciones de los hombres y las mujeres, e influyen considerablemente en
la vida en todas las sociedades. Entre los aspectos de la vida diaria que el género
configura están los siguientes: uso del lenguaje y medios de expresión personal, prendas
de vestir y aspecto físico, educación, oportunidades de trabajo, estructura y tamaño de
la familia, y salud de cada persona.
La experiencia práctica con cuestiones de género en los servicios de salud
reproductiva ha llevado a varias observaciones básicas, que permiten tener una
percepción muy útil para comprender las formas en que se pueden mejorar los servicios y
las políticas.
- Las mujeres y los hombres experimentan la sexualidad y la salud reproductiva de distinta
forma, según el grupo étnico, cultural y social al que pertenecen, y según su identidad
sexual. Los proveedores pueden mejorar la atención que prestan respondiendo a esas
identidades y percepciones diferentes.
-
- Los servicios de salud reproductiva que amplían su alcance para que se incluya la salud
reproductiva de los hombres, las relaciones de los hombres y las mujeres, y las relaciones
de las mujeres con las demás personas, tienden a ser más provechosos que los que se
centran exclusivamente en las mujeres.
-
- La religión, la educación, la política, las condiciones económicas y el medio
ambiente influyen en la salud reproductiva de los hombres y las mujeres.
Una perspectiva que tenga en cuenta las diferencias de género permite a los
proveedores ampliar su enfoque para no centrarse exclusivamente en las mujeres y para ver
la salud reproductiva como salud familiar y como una cuestión social. Aborda la dinámica
entre los proveedores y los clientes, y entre los líderes comunitarios o políticos y los
ciudadanos en cuanto a conocimientos, poder y toma de decisiones en las relaciones de tipo
sexual.
Las investigaciones realizadas en todo el mundo revelan que trabajar solamente con las
mujeres para mejorar la salud reproductiva no da resultados satisfactorios. Con
frecuencia, las relaciones de las mujeres con el esposo, la suegra, las autoridades
religiosas u otras personas les impide obtener o aplicar conocimientos, u obtener métodos
anticonceptivos que las protejan contra el embarazo y las enfermedades de transmisión
sexual, incluida la infección por el VIH.
La perspectiva que tenga en cuenta las diferencias de género debe ir más allá de los
servicios de salud para promover mejoras sostenibles en la salud reproductiva. Esta
perspectiva puede utilizarse para analizar y promover cambios beneficiosos en una variedad
de entornos sociales, políticos y educacionales, que conduzcan a prácticas más
inclusivas y equitativas en las comunidades, organizaciones e instituciones.
Nota: La Dra. Paulson es antropóloga y ha impartido cursos relativos al género en
el Centro de Estudios Superiores Universitarios en Cochabamba, Bolivia, y en el Colegio
Andino en Cuzco, Perú.