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Las decisiones de las mujeres en cuanto a tener hijos y un trabajo remunerado muchas
veces son interdependientes.
El uso de la planificación familiar puede mejorar las posibilidades de trabajo de una
mujer, lo cual puede resultar en beneficios económicos y personales de otra índole,
incluida una mayor autoestima. La planificación familiar también puede permitir a las
mujeres obtener más educación o capacitación, prepararse para un empleo mejor o
participar más plenamente en otras actividades deseables.
Pero muchas mujeres se encuentran ante barreras considerables al tratar de beneficiarse
plenamente de un trabajo remunerado o de obtener algún trabajo. Además, las mujeres que
trabajan y tienen hijos deben hacer frente al estrés de trabajar y al mismo tiempo hacer
arreglos para el cuidado de los hijos y, con frecuencia, seguir a cargo de los quehaceres
domésticos.
Los estudios realizados en 10 países en África, Asia, Oriente Medio, América Latina
y el Caribe, como parte del Proyecto de Estudios de la Mujer de FHI (WSP), ilustran
algunas de las situaciones en las que las mujeres se encuentran a menudo como resultado de
sus decisiones de usar la planificación familiar y trabajar.
Trabajo remunerado
En varios países, los estudios efectuados por el WSP revelan que el uso de la
anticoncepción y la disminución de la fertilidad resultante hacen aumentar las
probabilidades de que una mujer tenga un trabajo remunerado. Esto es particularmente
cierto cuando las mujeres comienzan a usar la anticoncepción en los primeros años del
período de procreación. En Zimbabwe, las mujeres que notificaron haber usado
anticonceptivos cuando tuvieron la primera relación sexual, cuando se casaron y después
del primer hijo tenían considerablemente menos hijos que las no usuarias, y tenían más
probabilidades de estar trabajando en ese momento.1
Cuando la tasa de fertilidad de Corea del Sur disminuyó considerablemente, la
participación de las mujeres casadas en la fuerza laboral comenzó a aumentar. En 1960,
las madres coreanas con hijos menores de seis años rara vez trabajaban fuera del hogar.
En 1990, cuando la mayoría de las mujeres tenían sólo uno o dos hijos, el 48 por ciento
con hijos pequeños trabajaban fuera del hogar.2
Hoy día, las coreanas con hijos pequeños trabajan a menudo, pero las exigencias de
atender a los hijos pequeños tienden a dificultar el trabajo de las mujeres en otros
países. En Cebú, Filipinas, las mujeres con lactantes e hijos de edad preescolar tenían
considerablemente menos probabilidades de trabajar fuera del hogar.3 En un
estudio realizado por el WSP en colaboración con la Universidad Católica Atma Jaya, en
Lampung y Sumatra del sur, Indonesia , una mujer explicó: "No pude trabajar en el
campo cuando mis hijos eran bebés. Sentía pesar por el bebé que tenía en mis brazos.
Cuando los niños crecieron pudimos trabajar todo lo que quisimos. Soy tan fuerte como mi
esposo. Estamos de igual a igual. Con la planificación familiar, pudimos realizar nuestro
trabajo fácilmente".4 En un estudio realizado en Zimbabwe, la mayoría de
los hombres declararon que las mujeres que tenían hijos pequeños no debían trabajar
lejos del hogar. "Si los niños todavía están pequeños, necesitan cuidados
maternos", dijo un hombre.5
Sin embargo, las mujeres con hijos pequeños tienen más probabilidades de trabajar si
cuentan con la ayuda de miembros de su familia extensa o si tienen acceso a servicios de
guardería infantil. En un estudio realizado en Sri Lanka, la presencia de una madre o una
suegra hacía aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral cuando
tenían hijos pequeños.6 En Corea del Sur en los años 70, a las mujeres que
trabajaban y tenían hijos se les dificultaba hacer frente a sus responsabilidades dobles
porque debido al rápido crecimiento industrial, los esposos tenían que trabajar hasta
más tarde y no podían ayudar en el hogar. Pero la carga del trabajo disminuyó para las
coreanas gracias al desarrollo gradual de los servicios de guardería infantil, que a
veces prestaban los empleadores.
La planificación familiar tiende a ofrecer a las mujeres la oportunidad de trabajar y
también, según revelaron las investigaciones realizadas en Cebú, Filipinas, hace que
las mujeres que tienen familias pequeñas tengan más probabilidades de recibir ingresos
totales más elevados que las mujeres que tienen familias numerosas, en parte porque las
mujeres con familias numerosas tienden a trabajar menos horas. En 1991, las mujeres que
habían tenido tres embarazos o menos trabajaban un promedio de casi tres horas más por
semana y ganaban 54 pesos más por semana que las mujeres que habían tenido entre cuatro
y seis embarazos.
Los ingresos totales más elevados que recibían las mujeres que habían tenido menos
embarazos también se atribuían a sueldos por hora más elevados que se ganaban en
trabajos que requerían más conocimientos prácticos y capacitación en el empleo. En
cambio, las mujeres que tenían más hijos tendían a tener trabajos en los que se pagaba
poco por hora. Las mujeres con familias más numerosas tienden a buscar empleos que son
flexibles, están cerca del hogar, exigen menos horas de trabajo y de los que es fácil
entrar y salir.
En general, las mujeres que tenían que trabajar para mantener a muchos hijos sólo
podían aumentar los ingresos totales si trabajaban más horas, lo cual dificultó más
equilibrar las exigencias del trabajo y la familia.7 En Filipinas, la misma
proporción de mujeres con alta fertilidad (definida como el haber tenido seis embarazos o
más) y con baja fertilidad trabajaba para obtener ingresos, pero el grupo de alta
fertilidad recibía una media de ingresos semanales más baja.8
En un estudio realizado por el WSP con la Universidad de Indonesia, la mayoría de las
mujeres que trabajaban y usaban la anticoncepción en Yakarta y Ujung Pandang, Indonesia,
dijeron que la planificación familiar les permitía trabajar más y con mayor eficiencia,
pero pocas de ellas consideraban que el uso de la planificación familiar traía consigo
ascensos en el trabajo.9 En Japón, Corea del Sur, Taiwan, Singapur, Tailandia
e Indonesia --donde la anticoncepción moderna ha sido aceptada ampliamente y el tamaño
de las familias ha disminuido considerablemente-- la proporción de mujeres que tienen
puestos profesionales, técnicos y administrativos ha aumentado en los últimos decenios
pero sigue siendo baja. Las mujeres tienden a trabajar en empleos que ofrecen bajos
sueldos en el sector manufacturero, donde son objeto de discriminación salarial. En 1989,
los sueldos de las mujeres empleadas en el sector manufacturero en Singapur, Corea del Sur
y Japón correspondían, respectivamente, al 58, 51 y 42 por ciento del sueldo de los
hombres. Además, las mujeres pueden estar particularmente expuestas a perder su trabajo
durante las crisis económicas.10
Funciones de género
La planificación familiar se relaciona con una mayor oportunidad de trabajar, pero las
mujeres que aprovechan esta oportunidad siguen bajo la influencia de las funciones de
género que definen su misión principal en su vida, que consiste en ocuparse del hogar y
de la familia.
Tanto las mujeres de alta fertilidad como las de baja fertilidad en países como
Bangladesh, Indonesia, Filipinas, Egipto y Malí tendían a usar sus ingresos no para sus
necesidades personales sino para las necesidades de sus hijos y para comprar artículos
para el hogar. En Indonesia, las trabajadoras dijeron que sus sueldos se añadían a los
de su esposo para cubrir las necesidades del hogar. Las trabajadoras de Sumatra del norte
y Java occidental afirmaron que sólo trabajaban para ayudar a su esposo, incluso cuando
sus ingresos eran superiores a los ingresos de él.11 En Zimbabwe, las mujeres
de las zonas urbanas notificaron que la práctica común de usar los salarios de las
mujeres para comprar los artículos de primera necesidad mientras que los esposos tendían
a ahorrar sus salarios y a menudo los gastaban en sus propios parientes, era el motivo de
discusión más frecuente entre la pareja.12
El logro de las mujeres, mediante el trabajo remunerado, de más poder para controlar
las finanzas del hogar o para tomar decisiones relativas al hogar, y la relación entre el
trabajo remunerado y la armonía familiar dependen de muchos factores. En Mindanao del
norte, Filipinas, las mujeres tenían más probabilidades de ser objeto de abuso por parte
del esposo si trabajaban fuera del hogar, estaban a cargo de la disciplina de los hijos,
recibían ayuda de su esposo en los quehaceres domésticos o vivían en un estado de
pobreza.13 En una zona urbana de Sumatra del norte, Indonesia, un esposo
opinó: "En general, mis amigos cuya esposa trabaja viven una vida en la que no hay
armonía, porque la esposa siente que puede usar el dinero de su propio sueldo y por esa
razón se siente superior al esposo".
En Corea del Sur, donde las trabajadoras jóvenes tienden a administrar sus propios
ingresos y los del esposo, algunas parejas que participaron en un estudio colaborativo
realizado por el WSP consideraban que si la mujer administraba los recursos domésticos,
ello podía causar tensión. Sin embargo, una mujer comentó que "esa tensión puede
eliminarse si la pareja comparte una confianza plena. No es necesario ser consciente de
quién tiene más poder o autoridad. Es una cuestión de responsabilidad y bienestar
familiar y no un juego de poder".
En Zimbabwe, las mujeres que trabajan y administran el dinero de la familia a menudo
tienen que informar al esposo en qué gastan el dinero, y el esposo tiende a determinar si
se van a comprar o no los artículos costosos. Los hombres de las zonas urbanas de
Zimbabwe opinaron que era más fácil hablar del presupuesto del hogar con una mujer que
no trabajaba que con una que trabajaba.14
Los investigadores de la Universidad Central de Filipinas, en colaboración con el WSP,
observaron que las trabajadoras enVisayas occidental, Filipinas, tenían casi el doble de
las probabilidades que tenían las que no trabajaban de decidir si viajaban o no y
también tenían más probabilidades de decidir por sí mismas si iban a tener otro hijo.15
En Yakarta y Ujung Pandang, Indonesia, las entrevistas a fondo realizadas con algunas
parejas demostraron que los esposos tendían a dominar la toma de decisiones relativas a
asuntos como el viaje de la esposa fuera de la comunidad, la educación de los hijos o
tener otro hijo, incluso en los casos en que la esposa trabajaba. Sin embargo, algunas
mujeres toman las decisiones por sí mismas. Una trabajadora que participó en este
estudio y que había usado la planificación familiar dijo: "Yo puedo decidir
libremente. Mi esposo nunca me prohibe hacer nada, como salir de la ciudad con amistades o
elegir la escuela a la que van a asistir mis hijos".
Quehaceres domésticos compartidos
Casi sin excepción, las mujeres de todo el mundo dicen que es difícil para ellas
equilibrar las responsabilidades del trabajo y de la familia.
En la China, Indonesia, Filipinas y Corea del Sur, las mujeres son las encargadas
principales del trabajo doméstico. La preparación de alimentos estaba a cargo de las
mujeres en el 90 por ciento de los casos en Yakarta, Indonesia, y en el 83 por ciento en
Ujung Pandang, Indonesia. El cuidado de los niños estaba a cargo de las mujeres en el 87
por ciento de los casos en Yakarta y en el 71 por ciento en Ujung Pandang.
En los países en desarrollo, las tareas domésticas suelen realizarse sin las
facilidades de la vida moderna, como agua corriente, aparatos domésticos o sistema de
calefacción con gas o petróleo. Además, a menudo se espera que las mujeres atiendan a
los parientes políticos y probablemente tengan que encargarse de cuidar a sus padres y a
los padres del esposo cuando estén ancianos.
Parte de esta carga se aliviaría si los esposos compartieran más tareas domésticas.
Pero una encuesta realizada en el Japón en 1986 reveló que las mujeres casadas que
tenían trabajos remunerados dedicaban un promedio de dos horas y 26 minutos diarios a los
quehaceres domésticos, mientras que los hombres casados dedicaban muy poco tiempo, es
decir, un promedio de siete minutos.16 En el estudio realizado en Corea del
Sur, las trabajadoras jóvenes notificaron que les gustaría compartir la labor doméstica
con los hombres, pero que a menudo ellos no se mostraban muy entusiasmados con la idea.
Una mujer explicó por qué, sólo unos meses después de haberse casado, se resignó a
encargarse de casi todos los quehaceres del hogar: "Me cansé de tener que decirle
detalladamente todo lo que tenía que hacer en la casa y repetírselo todos los
días". En las charlas de grupos de opinión, las trabajadoras coreanas jóvenes
dijeron que el esposo y otros parientes ayudaban en los cuidados infantiles, pero que
estos cuidados seguían siendo su responsabilidad y que compartir las labores del hogar
causaba fricciones constantes con el esposo y los parientes políticos.
En Zimbabwe, los hombres estaban de acuerdo con que la esposa trabajara, pero
consideraban que la prioridad esencial de las mujeres debía ser las responsabilidades
domésticas. De nuevo, la carga de los quehaceres del hogar que recaía en las mujeres
dependía en gran medida de las actitudes del esposo. En Yakarta, Indonesia, el esposo de
una trabajadora que usaba la anticoncepción observó que "las mujeres están más
cansadas que los hombres. Se ocupan de los hijos, lavan la ropa y los platos, preparan la
comida para nosotros y nuestros hijos. Apreciamos mucho lo que han hecho por nosotros. Me
doy cuenta de ello y, por consiguiente, ayudo a mi esposa a lavar los platos".
Las inquietudes particulares de las mujeres en cuanto a satisfacer las exigencias del
trabajo y de la familia al mismo tiempo varían de una cultura a otra. Pero las mujeres,
en general, experimentan sentimientos ambivalentes acerca de sus funciones dobles y se
preocupan por encontrar la forma de administrar su tiempo y sus energías. Por ejemplo, un
estudio realizado en Egipto con mujeres que trabajaban en programas de planificación
familiar reveló que generalmente las mujeres se sentían orgullosas y satisfechas con su
trabajo y sentían más libertad en el hogar. Sin embargo, frecuentemente dijeron que no
tenían tiempo para dedicarse a su familia y atender sus necesidades personales.17
Con frecuencia, las trabajadoras dijeron que las exigencias que competían por su
tiempo las hacían desempeñar una labor insatisfactoria en el hogar y en el trabajo. En
el estudio realizado en Corea del Sur, las esposas trabajadoras notificaron que se
sentían incompetentes en los quehaceres del hogar, especialmente en la preparación de
alimentos, comparadas con las de más edad que no trabajaban fuera del hogar. También
notificaron que sentían que tenían que elegir entre los hijos y el trabajo.
Otras trabajadoras coreanas jóvenes lamentaban no tener suficiente tiempo para
dedicarse a sus bebés y se preocupaban si otras personas cuidaban de sus hijos cuando
éstos se enfermaban. En Java central, Indonesia, las mujeres de las zonas rurales solían
trabajar, pero se consideraba que actuaban negligentemente si no atendían a sus hijos
cuando éstos se enfermaban.18 En la encuesta patrocinada por FHI que se
realizó con 800 mujeres de Lampung y Sumatra del sur, Indonesia, las trabajadoras
declararon que se sentían mejor capacitadas para cubrir las necesidades económicas de
sus familias, pero expresaron menos satisfacción respecto al bienestar de sus familias y
sentían que no tenían tiempo para dedicarse a sí mismas y a otras personas.
Puesto que el trabajo puede proporcionar a las mujeres nuevos conocimientos prácticos
y permitirles mejorar las aptitudes de liderazgo, es posible que las trabajadoras estén
mejor preparadas para las actividades cívicas y se sientan más interesadas en éstas.
Sin embargo, otras responsabilidades que exigen tiempo, y las limitaciones asociadas con
normas comunitarias o de género, pueden impedir que las mujeres aprovechen esas
oportunidades. En Zimbabwe, a pesar de que más mujeres usan anticonceptivos y tienen más
educación, éstas participan poco en actividades comunitarias, debido en parte a las
normas sociales. En las charlas de grupos de opinión, las mujeres de este país que
tenían cinco hijos o más estuvieron unánimemente de acuerdo en que generalmente los
hombres pensaban que la participación de las mujeres en actividades comunitarias, como en
reuniones de clubes de tejido y costura, les daba la oportunidad de prostituirse, así
como a menudo se cree que las mujeres de Zimbabwe tienen relaciones extramatrimoniales si
trabajan. 19
Actualmente en Corea del Sur, la mayoría de las mujeres que han cumplido 30 años de
edad son relativamente libres de participar en actividades fuera del hogar. Sin embargo,
la participación de las mujeres en la política se encuentra entre las más bajas del
mundo. La fuerte tradición de la familia patriarca que existe en este país no anima a
las mujeres a que participen en actividades políticas. Las trabajadoras más jóvenes, de
clase media y alta, dedican la mayor parte de su tiempo libre a ocuparse de sus familias y
sus hogares. En Egipto, las mujeres que trabajaban en la planificación familiar
notificaron que las exigencias del trabajo y la familia les dejaba poco tiempo para
participar en actividades comunitarias.
Decisión de no trabajar
Muchos factores influyen en la decisión de una mujer de tener o no tener un trabajo
remunerado. Es posible que una mujer que usa la planificación familiar no pueda
aprovechar las oportunidades de trabajo porque es analfabeta, no habla el idioma dominante
del país o porque no tiene aptitudes de negocios, oportunidades de recibir capacitación,
un medio de transporte o servicios de guardería infantil. En Zimbabwe, las mujeres
deseaban trabajar, pero sólo el 32 por ciento de ellas lo hacían fuera del hogar, en
parte porque las oportunidades de trabajo para las mujeres y los hombres eran limitadas.20
Algunas usuarias de la planificación familiar no pueden trabajar porque el esposo u
otros parientes les prohiben hacerlo. En Malí, la familia del esposo generalmente no se
oponía a que una mujer trabajara, pero la mayoría de las mujeres necesitaban el permiso
de él para poder hacerlo.21 Una mujer de Sumatra del norte, Indonesia, dijo:
"Si el esposo dice que está bien que la mujer trabaje, ella puede hacerlo. Pero si
él dice que no, que no trabaje, lo mejor es que ella no lo haga". Noventa y nueve
por ciento de las mujeres de Yakarta, Indonesia, y el 58 por ciento de las de Ujung
Pandang que habían trabajado alguna vez declararon que habían preguntado al esposo si
podían comenzar a trabajar o seguir haciéndolo.
Algunos expertos conjeturan que posiblemente algunas mujeres que usan la planificación
familiar sienten que no son capaces de trabajar debido a efectos colaterales de los
anticonceptivos, aunque se han realizado pocas investigaciones acerca de esta cuestión.
Los dolores de cabeza, los mareos y el sangrado menstrual irregular que ocurren con el uso
de algunos métodos podrían influir en la capacidad de trabajar de las mujeres.
Si los recursos financieros del hogar lo permiten, muchas mujeres prefieren no tener un
trabajo remunerado, incluso si se les presenta la oportunidad de tenerlo. Consideran que
no trabajar es mejor para la familia. Las mujeres que participaron en estudios realizados
por FHI consideraron que la maternidad es una función importante --y a menudo la más
importante-- en sus vidas. Para muchas de ellas la maternidad representaba el pináculo de
su realización personal.
Muchas mujeres simplemente no consideraban que fuesen importantes la autonomía y el
empoderamiento que la participación en la fuerza laboral remunerada podría ofrecer. Una
mujer de Java occidental, Indonesia, opinó: "Es muy bueno si [un hombre] puede
satisfacer las necesidades básicas de vestido, alimento y vivienda. Por eso, si él ha
satisfecho todas esas necesidades, es mejor quedarse en casa. Y en realidad, trabajar
cansa. No es así?".
-- Kim Best
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