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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

La anticoncepción mejora las posibilidades de trabajo

A menudo se espera que las mujeres que trabajan para recibir ingresos realicen los quehaceres domésticos.

Network en español:Verano 1998, Vol. 18, No. 4

Todos los derechos reservados, Family Health International, 1998. 
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es reimpresa con autorización de Family Health International.

Las decisiones de las mujeres en cuanto a tener hijos y un trabajo remunerado muchas veces son interdependientes.

El uso de la planificación familiar puede mejorar las posibilidades de trabajo de una mujer, lo cual puede resultar en beneficios económicos y personales de otra índole, incluida una mayor autoestima. La planificación familiar también puede permitir a las mujeres obtener más educación o capacitación, prepararse para un empleo mejor o participar más plenamente en otras actividades deseables.

Pero muchas mujeres se encuentran ante barreras considerables al tratar de beneficiarse plenamente de un trabajo remunerado o de obtener algún trabajo. Además, las mujeres que trabajan y tienen hijos deben hacer frente al estrés de trabajar y al mismo tiempo hacer arreglos para el cuidado de los hijos y, con frecuencia, seguir a cargo de los quehaceres domésticos.

Los estudios realizados en 10 países en África, Asia, Oriente Medio, América Latina y el Caribe, como parte del Proyecto de Estudios de la Mujer de FHI (WSP), ilustran algunas de las situaciones en las que las mujeres se encuentran a menudo como resultado de sus decisiones de usar la planificación familiar y trabajar.

Trabajo remunerado

En varios países, los estudios efectuados por el WSP revelan que el uso de la anticoncepción y la disminución de la fertilidad resultante hacen aumentar las probabilidades de que una mujer tenga un trabajo remunerado. Esto es particularmente cierto cuando las mujeres comienzan a usar la anticoncepción en los primeros años del período de procreación. En Zimbabwe, las mujeres que notificaron haber usado anticonceptivos cuando tuvieron la primera relación sexual, cuando se casaron y después del primer hijo tenían considerablemente menos hijos que las no usuarias, y tenían más probabilidades de estar trabajando en ese momento.1

Cuando la tasa de fertilidad de Corea del Sur disminuyó considerablemente, la participación de las mujeres casadas en la fuerza laboral comenzó a aumentar. En 1960, las madres coreanas con hijos menores de seis años rara vez trabajaban fuera del hogar. En 1990, cuando la mayoría de las mujeres tenían sólo uno o dos hijos, el 48 por ciento con hijos pequeños trabajaban fuera del hogar.2

Hoy día, las coreanas con hijos pequeños trabajan a menudo, pero las exigencias de atender a los hijos pequeños tienden a dificultar el trabajo de las mujeres en otros países. En Cebú, Filipinas, las mujeres con lactantes e hijos de edad preescolar tenían considerablemente menos probabilidades de trabajar fuera del hogar.3 En un estudio realizado por el WSP en colaboración con la Universidad Católica Atma Jaya, en Lampung y Sumatra del sur, Indonesia , una mujer explicó: "No pude trabajar en el campo cuando mis hijos eran bebés. Sentía pesar por el bebé que tenía en mis brazos. Cuando los niños crecieron pudimos trabajar todo lo que quisimos. Soy tan fuerte como mi esposo. Estamos de igual a igual. Con la planificación familiar, pudimos realizar nuestro trabajo fácilmente".4 En un estudio realizado en Zimbabwe, la mayoría de los hombres declararon que las mujeres que tenían hijos pequeños no debían trabajar lejos del hogar. "Si los niños todavía están pequeños, necesitan cuidados maternos", dijo un hombre.5

Sin embargo, las mujeres con hijos pequeños tienen más probabilidades de trabajar si cuentan con la ayuda de miembros de su familia extensa o si tienen acceso a servicios de guardería infantil. En un estudio realizado en Sri Lanka, la presencia de una madre o una suegra hacía aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral cuando tenían hijos pequeños.6 En Corea del Sur en los años 70, a las mujeres que trabajaban y tenían hijos se les dificultaba hacer frente a sus responsabilidades dobles porque debido al rápido crecimiento industrial, los esposos tenían que trabajar hasta más tarde y no podían ayudar en el hogar. Pero la carga del trabajo disminuyó para las coreanas gracias al desarrollo gradual de los servicios de guardería infantil, que a veces prestaban los empleadores.

La planificación familiar tiende a ofrecer a las mujeres la oportunidad de trabajar y también, según revelaron las investigaciones realizadas en Cebú, Filipinas, hace que las mujeres que tienen familias pequeñas tengan más probabilidades de recibir ingresos totales más elevados que las mujeres que tienen familias numerosas, en parte porque las mujeres con familias numerosas tienden a trabajar menos horas. En 1991, las mujeres que habían tenido tres embarazos o menos trabajaban un promedio de casi tres horas más por semana y ganaban 54 pesos más por semana que las mujeres que habían tenido entre cuatro y seis embarazos.

Los ingresos totales más elevados que recibían las mujeres que habían tenido menos embarazos también se atribuían a sueldos por hora más elevados que se ganaban en trabajos que requerían más conocimientos prácticos y capacitación en el empleo. En cambio, las mujeres que tenían más hijos tendían a tener trabajos en los que se pagaba poco por hora. Las mujeres con familias más numerosas tienden a buscar empleos que son flexibles, están cerca del hogar, exigen menos horas de trabajo y de los que es fácil entrar y salir.

En general, las mujeres que tenían que trabajar para mantener a muchos hijos sólo podían aumentar los ingresos totales si trabajaban más horas, lo cual dificultó más equilibrar las exigencias del trabajo y la familia.7 En Filipinas, la misma proporción de mujeres con alta fertilidad (definida como el haber tenido seis embarazos o más) y con baja fertilidad trabajaba para obtener ingresos, pero el grupo de alta fertilidad recibía una media de ingresos semanales más baja.8

En un estudio realizado por el WSP con la Universidad de Indonesia, la mayoría de las mujeres que trabajaban y usaban la anticoncepción en Yakarta y Ujung Pandang, Indonesia, dijeron que la planificación familiar les permitía trabajar más y con mayor eficiencia, pero pocas de ellas consideraban que el uso de la planificación familiar traía consigo ascensos en el trabajo.9 En Japón, Corea del Sur, Taiwan, Singapur, Tailandia e Indonesia --donde la anticoncepción moderna ha sido aceptada ampliamente y el tamaño de las familias ha disminuido considerablemente-- la proporción de mujeres que tienen puestos profesionales, técnicos y administrativos ha aumentado en los últimos decenios pero sigue siendo baja. Las mujeres tienden a trabajar en empleos que ofrecen bajos sueldos en el sector manufacturero, donde son objeto de discriminación salarial. En 1989, los sueldos de las mujeres empleadas en el sector manufacturero en Singapur, Corea del Sur y Japón correspondían, respectivamente, al 58, 51 y 42 por ciento del sueldo de los hombres. Además, las mujeres pueden estar particularmente expuestas a perder su trabajo durante las crisis económicas.10

Funciones de género

La planificación familiar se relaciona con una mayor oportunidad de trabajar, pero las mujeres que aprovechan esta oportunidad siguen bajo la influencia de las funciones de género que definen su misión principal en su vida, que consiste en ocuparse del hogar y de la familia.

Tanto las mujeres de alta fertilidad como las de baja fertilidad en países como Bangladesh, Indonesia, Filipinas, Egipto y Malí tendían a usar sus ingresos no para sus necesidades personales sino para las necesidades de sus hijos y para comprar artículos para el hogar. En Indonesia, las trabajadoras dijeron que sus sueldos se añadían a los de su esposo para cubrir las necesidades del hogar. Las trabajadoras de Sumatra del norte y Java occidental afirmaron que sólo trabajaban para ayudar a su esposo, incluso cuando sus ingresos eran superiores a los ingresos de él.11 En Zimbabwe, las mujeres de las zonas urbanas notificaron que la práctica común de usar los salarios de las mujeres para comprar los artículos de primera necesidad mientras que los esposos tendían a ahorrar sus salarios y a menudo los gastaban en sus propios parientes, era el motivo de discusión más frecuente entre la pareja.12

El logro de las mujeres, mediante el trabajo remunerado, de más poder para controlar las finanzas del hogar o para tomar decisiones relativas al hogar, y la relación entre el trabajo remunerado y la armonía familiar dependen de muchos factores. En Mindanao del norte, Filipinas, las mujeres tenían más probabilidades de ser objeto de abuso por parte del esposo si trabajaban fuera del hogar, estaban a cargo de la disciplina de los hijos, recibían ayuda de su esposo en los quehaceres domésticos o vivían en un estado de pobreza.13 En una zona urbana de Sumatra del norte, Indonesia, un esposo opinó: "En general, mis amigos cuya esposa trabaja viven una vida en la que no hay armonía, porque la esposa siente que puede usar el dinero de su propio sueldo y por esa razón se siente superior al esposo".

En Corea del Sur, donde las trabajadoras jóvenes tienden a administrar sus propios ingresos y los del esposo, algunas parejas que participaron en un estudio colaborativo realizado por el WSP consideraban que si la mujer administraba los recursos domésticos, ello podía causar tensión. Sin embargo, una mujer comentó que "esa tensión puede eliminarse si la pareja comparte una confianza plena. No es necesario ser consciente de quién tiene más poder o autoridad. Es una cuestión de responsabilidad y bienestar familiar y no un juego de poder".

En Zimbabwe, las mujeres que trabajan y administran el dinero de la familia a menudo tienen que informar al esposo en qué gastan el dinero, y el esposo tiende a determinar si se van a comprar o no los artículos costosos. Los hombres de las zonas urbanas de Zimbabwe opinaron que era más fácil hablar del presupuesto del hogar con una mujer que no trabajaba que con una que trabajaba.14

Los investigadores de la Universidad Central de Filipinas, en colaboración con el WSP, observaron que las trabajadoras enVisayas occidental, Filipinas, tenían casi el doble de las probabilidades que tenían las que no trabajaban de decidir si viajaban o no y también tenían más probabilidades de decidir por sí mismas si iban a tener otro hijo.15 En Yakarta y Ujung Pandang, Indonesia, las entrevistas a fondo realizadas con algunas parejas demostraron que los esposos tendían a dominar la toma de decisiones relativas a asuntos como el viaje de la esposa fuera de la comunidad, la educación de los hijos o tener otro hijo, incluso en los casos en que la esposa trabajaba. Sin embargo, algunas mujeres toman las decisiones por sí mismas. Una trabajadora que participó en este estudio y que había usado la planificación familiar dijo: "Yo puedo decidir libremente. Mi esposo nunca me prohibe hacer nada, como salir de la ciudad con amistades o elegir la escuela a la que van a asistir mis hijos".

Quehaceres domésticos compartidos

Casi sin excepción, las mujeres de todo el mundo dicen que es difícil para ellas equilibrar las responsabilidades del trabajo y de la familia.

En la China, Indonesia, Filipinas y Corea del Sur, las mujeres son las encargadas principales del trabajo doméstico. La preparación de alimentos estaba a cargo de las mujeres en el 90 por ciento de los casos en Yakarta, Indonesia, y en el 83 por ciento en Ujung Pandang, Indonesia. El cuidado de los niños estaba a cargo de las mujeres en el 87 por ciento de los casos en Yakarta y en el 71 por ciento en Ujung Pandang.

En los países en desarrollo, las tareas domésticas suelen realizarse sin las facilidades de la vida moderna, como agua corriente, aparatos domésticos o sistema de calefacción con gas o petróleo. Además, a menudo se espera que las mujeres atiendan a los parientes políticos y probablemente tengan que encargarse de cuidar a sus padres y a los padres del esposo cuando estén ancianos.

Parte de esta carga se aliviaría si los esposos compartieran más tareas domésticas. Pero una encuesta realizada en el Japón en 1986 reveló que las mujeres casadas que tenían trabajos remunerados dedicaban un promedio de dos horas y 26 minutos diarios a los quehaceres domésticos, mientras que los hombres casados dedicaban muy poco tiempo, es decir, un promedio de siete minutos.16 En el estudio realizado en Corea del Sur, las trabajadoras jóvenes notificaron que les gustaría compartir la labor doméstica con los hombres, pero que a menudo ellos no se mostraban muy entusiasmados con la idea. Una mujer explicó por qué, sólo unos meses después de haberse casado, se resignó a encargarse de casi todos los quehaceres del hogar: "Me cansé de tener que decirle detalladamente todo lo que tenía que hacer en la casa y repetírselo todos los días". En las charlas de grupos de opinión, las trabajadoras coreanas jóvenes dijeron que el esposo y otros parientes ayudaban en los cuidados infantiles, pero que estos cuidados seguían siendo su responsabilidad y que compartir las labores del hogar causaba fricciones constantes con el esposo y los parientes políticos.

En Zimbabwe, los hombres estaban de acuerdo con que la esposa trabajara, pero consideraban que la prioridad esencial de las mujeres debía ser las responsabilidades domésticas. De nuevo, la carga de los quehaceres del hogar que recaía en las mujeres dependía en gran medida de las actitudes del esposo. En Yakarta, Indonesia, el esposo de una trabajadora que usaba la anticoncepción observó que "las mujeres están más cansadas que los hombres. Se ocupan de los hijos, lavan la ropa y los platos, preparan la comida para nosotros y nuestros hijos. Apreciamos mucho lo que han hecho por nosotros. Me doy cuenta de ello y, por consiguiente, ayudo a mi esposa a lavar los platos".

Las inquietudes particulares de las mujeres en cuanto a satisfacer las exigencias del trabajo y de la familia al mismo tiempo varían de una cultura a otra. Pero las mujeres, en general, experimentan sentimientos ambivalentes acerca de sus funciones dobles y se preocupan por encontrar la forma de administrar su tiempo y sus energías. Por ejemplo, un estudio realizado en Egipto con mujeres que trabajaban en programas de planificación familiar reveló que generalmente las mujeres se sentían orgullosas y satisfechas con su trabajo y sentían más libertad en el hogar. Sin embargo, frecuentemente dijeron que no tenían tiempo para dedicarse a su familia y atender sus necesidades personales.17

Con frecuencia, las trabajadoras dijeron que las exigencias que competían por su tiempo las hacían desempeñar una labor insatisfactoria en el hogar y en el trabajo. En el estudio realizado en Corea del Sur, las esposas trabajadoras notificaron que se sentían incompetentes en los quehaceres del hogar, especialmente en la preparación de alimentos, comparadas con las de más edad que no trabajaban fuera del hogar. También notificaron que sentían que tenían que elegir entre los hijos y el trabajo.

Otras trabajadoras coreanas jóvenes lamentaban no tener suficiente tiempo para dedicarse a sus bebés y se preocupaban si otras personas cuidaban de sus hijos cuando éstos se enfermaban. En Java central, Indonesia, las mujeres de las zonas rurales solían trabajar, pero se consideraba que actuaban negligentemente si no atendían a sus hijos cuando éstos se enfermaban.18 En la encuesta patrocinada por FHI que se realizó con 800 mujeres de Lampung y Sumatra del sur, Indonesia, las trabajadoras declararon que se sentían mejor capacitadas para cubrir las necesidades económicas de sus familias, pero expresaron menos satisfacción respecto al bienestar de sus familias y sentían que no tenían tiempo para dedicarse a sí mismas y a otras personas.

Puesto que el trabajo puede proporcionar a las mujeres nuevos conocimientos prácticos y permitirles mejorar las aptitudes de liderazgo, es posible que las trabajadoras estén mejor preparadas para las actividades cívicas y se sientan más interesadas en éstas. Sin embargo, otras responsabilidades que exigen tiempo, y las limitaciones asociadas con normas comunitarias o de género, pueden impedir que las mujeres aprovechen esas oportunidades. En Zimbabwe, a pesar de que más mujeres usan anticonceptivos y tienen más educación, éstas participan poco en actividades comunitarias, debido en parte a las normas sociales. En las charlas de grupos de opinión, las mujeres de este país que tenían cinco hijos o más estuvieron unánimemente de acuerdo en que generalmente los hombres pensaban que la participación de las mujeres en actividades comunitarias, como en reuniones de clubes de tejido y costura, les daba la oportunidad de prostituirse, así como a menudo se cree que las mujeres de Zimbabwe tienen relaciones extramatrimoniales si trabajan. 19

Actualmente en Corea del Sur, la mayoría de las mujeres que han cumplido 30 años de edad son relativamente libres de participar en actividades fuera del hogar. Sin embargo, la participación de las mujeres en la política se encuentra entre las más bajas del mundo. La fuerte tradición de la familia patriarca que existe en este país no anima a las mujeres a que participen en actividades políticas. Las trabajadoras más jóvenes, de clase media y alta, dedican la mayor parte de su tiempo libre a ocuparse de sus familias y sus hogares. En Egipto, las mujeres que trabajaban en la planificación familiar notificaron que las exigencias del trabajo y la familia les dejaba poco tiempo para participar en actividades comunitarias.

Decisión de no trabajar

Muchos factores influyen en la decisión de una mujer de tener o no tener un trabajo remunerado. Es posible que una mujer que usa la planificación familiar no pueda aprovechar las oportunidades de trabajo porque es analfabeta, no habla el idioma dominante del país o porque no tiene aptitudes de negocios, oportunidades de recibir capacitación, un medio de transporte o servicios de guardería infantil. En Zimbabwe, las mujeres deseaban trabajar, pero sólo el 32 por ciento de ellas lo hacían fuera del hogar, en parte porque las oportunidades de trabajo para las mujeres y los hombres eran limitadas.20

Algunas usuarias de la planificación familiar no pueden trabajar porque el esposo u otros parientes les prohiben hacerlo. En Malí, la familia del esposo generalmente no se oponía a que una mujer trabajara, pero la mayoría de las mujeres necesitaban el permiso de él para poder hacerlo.21 Una mujer de Sumatra del norte, Indonesia, dijo: "Si el esposo dice que está bien que la mujer trabaje, ella puede hacerlo. Pero si él dice que no, que no trabaje, lo mejor es que ella no lo haga". Noventa y nueve por ciento de las mujeres de Yakarta, Indonesia, y el 58 por ciento de las de Ujung Pandang que habían trabajado alguna vez declararon que habían preguntado al esposo si podían comenzar a trabajar o seguir haciéndolo.

Algunos expertos conjeturan que posiblemente algunas mujeres que usan la planificación familiar sienten que no son capaces de trabajar debido a efectos colaterales de los anticonceptivos, aunque se han realizado pocas investigaciones acerca de esta cuestión. Los dolores de cabeza, los mareos y el sangrado menstrual irregular que ocurren con el uso de algunos métodos podrían influir en la capacidad de trabajar de las mujeres.

Si los recursos financieros del hogar lo permiten, muchas mujeres prefieren no tener un trabajo remunerado, incluso si se les presenta la oportunidad de tenerlo. Consideran que no trabajar es mejor para la familia. Las mujeres que participaron en estudios realizados por FHI consideraron que la maternidad es una función importante --y a menudo la más importante-- en sus vidas. Para muchas de ellas la maternidad representaba el pináculo de su realización personal.

Muchas mujeres simplemente no consideraban que fuesen importantes la autonomía y el empoderamiento que la participación en la fuerza laboral remunerada podría ofrecer. Una mujer de Java occidental, Indonesia, opinó: "Es muy bueno si [un hombre] puede satisfacer las necesidades básicas de vestido, alimento y vivienda. Por eso, si él ha satisfecho todas esas necesidades, es mejor quedarse en casa. Y en realidad, trabajar cansa. No es así?".

-- Kim Best

Referencias

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  4. Irwanto, Poerwandari EK, Prasadja H, et al. In the Shadow of Men: Reproductive Decision-Making and Women's Psychological Well-being in Indonesia, Final Report for the Women's Studies Project. Research Triangle Park, NC: Atma Jaya Catholic University and Family Health International, 1997.
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Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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Last Updated: 09 Jul 2003

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