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La mayoría de los métodos anticonceptivos se han concebido para que los usen las
mujeres y, como resultado de ello, la mayoría de los programas de planificación familiar
dirigen la información, el asesoramiento y los servicios a las mujeres en edad de
procrear.
Sin embargo, este enfoque limitado no tiene en cuenta un hecho importante en la vida de
las mujeres: a menudo, ellas no son las únicas que toman decisiones relativas al uso de
anticonceptivos. Algunas deciden acerca de la planificación familiar y el tamaño de la
familia en colaboración con el esposo o compañero. Otras tienen poca o no tienen ninguna
libertad en el hogar, y el esposo, el compañero, los padres o los parientes políticos
son quienes deciden por ellas. Y algunas usan anticonceptivos sin que nadie lo sepa, por
miedo a que sus parientes lo desaprueben.
Los proveedores de programas de salud deben reconocer que la planificación familiar
suele ser una decisión familiar. Deben buscar otras maneras de
informar, educar y hacer participar a los parientes, quienes pueden influir
considerablemente en si se ha de comenzar a usar la anticoncepción, cuándo comenzar a
usarla y cuáles métodos se van a utilizar.
La influencia del esposo y de otros parientes fue uno de los temas que exploraron los
investigadores en el Proyecto de Estudios de la Mujer (WSP) en FHI. Al analizar los
resultados obtenidos de 10 países que participaron en el proyecto, los investigadores
concluyeron que los parientes, particularmente el esposo, desempeñan una función
esencial en el uso y la continuación del uso de la planificación familiar. Cuando el
compañero u otros parientes se oponen a la planificación familiar, es posible que las
mujeres afronten graves consecuencias, como divorcio, abandono, violencia o pueden ser
ridiculizadas o rechazadas por la familia, las amistades o el compañero.
Toma de decisión de la pareja
Cuando se encuestó acerca de la toma de decisiones en el hogar, la mayoría de las
mujeres de los 10 países dijeron que el esposo o compañero generalmente participaba en
las conversaciones relativas a la anticoncepción, aunque el grado de participación
varió. Algunos hombres participaban apoyando las decisiones de las mujeres en cuanto a la
anticoncepción, otros usaban métodos y otros se oponían a que las mujeres usaran la
planificación familiar.
En Cebú, Filipinas, más de la tercera parte de las 2.200 mujeres encuestadas acerca
de la toma de decisiones dijo que consultaría con el esposo en cuanto al uso de
anticonceptivos. Un 20 por ciento afirmó que consultaría con otro adulto y sólo 12 por
ciento afirmó que tomarían una decisión sin consultar con nadie.1
Una mujer de Cebú describió el apoyo que recibió de su esposo cuando estaba buscando
un anticonceptivo aceptable: "Por el estrés que sufrí tras la muerte de cuatro de
mis hijos recién nacidos, mi esposo me sugirió que usara algún método de
planificación familiar para evitar más experiencias dolorosas". La pareja trató de
usar otros métodos pero tuvo dificultades con ellos y decidió usar el método del coito
interrumpido, que requiere la cooperación del hombre.
Muchos de los hombres que participaron en el estudio de Zimbabwe afirmaron que apoyaban
la planificación familiar porque creían que era importante para la salud de la mujer y
constituía un factor clave y determinante en la calidad de la vida de la familia.
"Tener 10 u 11 hijos puede ser tan perjudicial para el bienestar psicológico de la
mujer que puede hacerla sentir que la están usando como máquina productora de seres
humanos", dijo un hombre de la provincia de Mashonaland oriental.2 Los
hombres afirmaron que esperaban que su esposa iniciara la conversación acerca del uso de
anticonceptivos, pero que el esposo debía participar en las decisiones relativas a la
anticoncepción.
La doctora Jane Mutambirwa, antro-póloga social de la Universidad de Zimbabwe e
investigadora principal de este estudio opina: "Tradicionalmente, ambos integrantes
de la pareja tomaban las decisiones relativas a la planificación familiar. Con la llegada
de los métodos modernos, un integrante asumió la responsabilidad y el otro quedó
excluido. Por consiguiente, la función tan importante que antes desempeñaban los hombres
dejó de formar parte de su campo. Los hombres insistieron en que querían tener más
opciones anticonceptivas disponibles para aliviar la carga de los efectos colaterales que
afectaban a las mujeres. Hicieron hincapié en la necesidad de que se asesorara a las parejas".
En Indonesia, donde el gobierno ha promovido ampliamente la planificación familiar
desde los años 70, las mujeres de Java occidental y Sumatra del norte dijeron que los
integrantes de la pareja tomaban juntos las decisiones relativas a la planificación
familiar, aunque los esposos eran considerados como jefes de hogar y pocas mujeres usaban
la planificación familiar sin que lo supiera el esposo.3 En otro estudio
realizado en Java central y oriental, las opiniones del esposo influían fuertemente en el
uso de anticonceptivos por parte de las mujeres, aunque éstas estaban a cargo de elegir
el método anticonceptivo que se usaba.4
En Yakarta y Ujung Pandang, más de las dos terceras partes de las 760 mujeres casadas
(de 30 a 45 años de edad), afirmaron que habían hablado de la anticoncepción con su
esposo, quien consideraba la planificación familiar como un medio para reducir la carga
económica de la familia. En Ujung Pandang, casi el 77 por ciento de las 360 mujeres
entrevistadas dijeron que compartirían con su esposo la decisión de tener otro hijo. Sin
embargo, el 56 por ciento de las 400 mujeres de Yakarta declararon que los deseos del
esposo era lo que contaba. Una mujer de Yakarta dijo: "Como esposa, no tengo la
libertad de decidir nada sola. Tengo que pedirle permiso a mi esposo".5
Autoridad y responsabilidad
Dado que las mujeres llevan la carga física del embarazo, sufren el dolor del parto y
son las que se encargan de la mayor parte de los cuidados de los hijos, algunas de ellas
dicen que la decisión final en cuanto al uso de la planificación familiar debe
corresponderles.
Sin embargo, algunos hombres dicen que su función de proveedores financieros les da la
autoridad de decidir cuántos hijos puede mantener la familia. Esto se observó en Malí,
donde un pequeño estudio del WSP examinó las experiencias de 55 mujeres que habían
usado por primera vez la anticoncepción, de 18 a 45 años de edad, que acudieron al
consultorio de la Association Malienne pour la Promotion et Protection de la Famille
(AMPPF), en Bamako.6
En este estudio, dirigido por el Centre d'Etudes et de Recherche sur la Population pour
le Développement (CERPOD), también se entrevistó a hombres casados, suegras y mujeres
que nunca habían usado la anticoncepción. Los investigadores observaron que se considera
que la mujer está a cargo de la planificación familiar, pero tanto los hombres como las
mujeres consideran que la toma de decisiones corresponde al hombre.
En las charlas de grupos de opinión, los hombres expresaron unánimemente la opinión
de que las mujeres no tenían derecho a usar la anticoncepción sin el permiso de ellos.
"Cuando el esposo dice no, quiere decir no", dijo un hombre. Otro opinó:
"Si mi esposa decide usar la planificación familiar sin mi consentimiento, me
divorcio de ella". Menos de la tercera parte de los hombres entrevistados afirmaron
que querrían que su esposa usara la planificación familiar.
Las mujeres que solicitaron servicios de anticoncepción dijeron que habían hablado
del tema con su esposo, y dieron ejemplos de cómo el uso de anticonceptivos podría
mejorar la salud de las mujeres y beneficiar a toda la familia. Una mujer explicó:
"Se podrá atender bien a los hijos y alimentarlos adecuadamente". Otra dijo:
"Le demostré que los hijos no están suficientemente espaciados y que la vida es
difícil; la anticoncepción podría facilitarnos la situación".
Además, las mujeres obtuvieron la ayuda de otros parientes para convencer a su esposo
acerca de los beneficios de la planificación familiar. Las cuñadas de más edad
resultaron ser poderosas aliadas para animar a los hombres a que apoyaran la
planificación familiar. "Ella [mi cuñada] me dijo que hablara primero con mi esposo
al respecto y que si él no estaba de acuerdo con la planificación familiar, le pidiera
que hablara con ella y que ella lo convencería", afirmó una usuaria de
anticonceptivos. Las mujeres también contaban con la ayuda de las tías políticas de
más edad pero las cuñadas de menos edad y las suegras generalmente participaban menos en
las decisiones de anticoncepción. Por su parte, las suegras opinaron que estaban poco
dispuestas a hablar de la anticoncepción con sus nueras, y las nueras dijeron que las
opiniones de su suegra no tenían mucho peso.
Diecisiete de las 55 mujeres que acudieron al consultorio de la AMPPF lo hicieron sin
el permiso de su esposo y usaban anticonceptivos sin que él lo supiera. Al hacerlo,
corrían el riesgo de que el esposo se divorciara, las abandonara o se mostrara
indiferente ante los efectos colaterales. La mayoría de las mujeres que usaban
anticonceptivos en secreto eligieron anticonceptivos inyectables; otras usaban píldoras
que escondían donde trabajaban o en la casa de una vecina.
En Egipto, la condición subordinada de las mujeres influía con frecuencia en sus
percepciones respecto al tamaño ideal de la familia, según los resultados preliminares
de un estudio del WSP a nivel nacional. El temor al divorcio hacía que muchas mujeres
siguieran teniendo hijos, incluso si no lo deseaban.7 Otro estudio, que
incluía un análisis de los datos de las Encuestas Demográficas y de Salud de 1992,
reveló que generalmente los hombres desean más hijos que las mujeres. A menos que las
mujeres comunicaran su deseo respecto al tamaño de la familia, generalmente el deseo del
esposo era el que contaba.8
En Bangladesh, donde las mujeres por lo general dependen totalmente de su esposo en lo
referente al apoyo financiero, las opiniones de los hombres influyen fuertemente en el uso
de anticonceptivos. Las entrevistas realizadas con 104 mujeres y 92 hombres revelaron que
las mujeres estaban poco dispuestas a usar la anticoncepción si pensaban que el esposo
consideraba que la planificación familiar era una carga económica. Una mujer explicó:
"Mi esposo no se opone a que yo use las píldoras. Pero cuando me enfermo y tiene que
gastar dinero, me regaña y me dice: 'Usted me despilfarra el dinero usando esas
píldoras. Acaso tengo montones de dinero para gastarlo en usted?'".9
En otras partes, los hombres también desempeñaban una función esencial en la toma de
decisiones relativas a la anticoncepción. Las parejas de Nigeria dijeron que las
opiniones de los hombres eran más importantes que las de las mujeres en las decisiones
familiares. Entre las 3.000 o más parejas entrevistadas, el 88 por ciento de los hombres
y el 78 por ciento de las mujeres dijeron que los hombres eran los que dominaban en la
toma de decisiones en el hogar. En general, los hombres y las mujeres coincidieron en que
los hombres deciden si la pareja tiene relaciones sexuales, la duración de la abstinencia
después del parto y si la pareja va a usar la planificación familiar.10
Un estudio realizado por Population Council en Filipinas observó que el deseo del
esposo de tener más hijos representaba el segundo obstáculo más importante que impedía
que las mujeres que deseaban espaciar o postergar el embarazo usaran la anticoncepción.
(La preocupación de los hombres y las mujeres acerca de los efectos colaterales de los
anticonceptivos era el primer obstáculo.)11 En una encuesta de más de 6.500
hogares en Turquía, la cuarta parte de las mujeres afirmaron que no querían tener más
hijos pero que no usaban la anticoncepción porque el esposo no estaba de acuerdo.12
Pero los investigadores conjeturan que posiblemente los límites de la autoridad estén
menos definidos en algunos países. En una encuesta realizada en 1991 con hombres
egipcios, la mayoría de ellos opinaron que los esposos eran quienes influían más en las
decisiones relativas a la anticoncepción. Pero entre los hombres que habían usado la
anticoncepción alguna vez, un número considerable (aproximadamente la tercera parte de
ellos) opinó que la esposa desempeñaba una función más influyente. Los investigadores
concluyeron que las mujeres desempeñan una función más importante en las decisiones que
lo que se reconoce.13
Un estudio realizado por el WSP en El Alto, Bolivia, en el que participaron 101 mujeres
y 31 hombres, ilustró el hecho de que posiblemente las parejas no se comuniquen bien
respecto a la planificación familiar. El estudio, dirigido por el Proyecto Integral de
Salud, observó que las dos terceras partes de los hombres que participaron dijeron que
las decisiones relativas a la planificación familiar se tomaban conjuntamente, pero menos
de la mitad de las mujeres respondieron lo mismo.14
En general, algunas mujeres dicen que son demasiado tímidas o que están demasiado
ocupadas para iniciar una conversación al respecto con el esposo, y a otras les da miedo
la reacción que pueda tener él o les preocupa que sus conocimientos acerca de cuestiones
sexuales puedan interpretarse como promiscuidad o infidelidad. "Yo digo lo que tengo
que decir con miedo y me siento avergonzada", dijo una mujer que participó en el
estudio de El Alto.
En otro estudio realizado por el WSP y dirigido por Cooperazione Internationale, se
entrevistaron 630 parejas en Cochabamba, Bolivia.15 Más del 90 por ciento de
las mujeres y los hombres dijeron que aprobaban la planificación familiar, que los
hombres debían responsabilizarse de la planificación familiar usando métodos
anticonceptivos masculinos, y que los hombres debían apoyar la decisión de su compañera
de usar la anticoncepción. Sin embargo, sólo la mitad de las parejas dijeron que
hablaban del tamaño de la familia y no todas las parejas hablaban del uso de
anticonceptivos.
La comunicación de la pareja puede desempeñar una función central en el uso de
anticonceptivos. En un estudio realizado en Ghana oriental, financiado por el Population
Council, el Centro de Investigaciones de Salud Navrongo (NHRC) examinó los factores que
influían en la adopción de métodos de planificación familiar. El NHRC puso en
práctica un proyecto piloto y estableció un centro comunitario de salud y servicios de
planificación familiar. En el momento en que se inició el proyecto, sólo dos de las
2.000 mujeres de la comunidad usaban anticonceptivos. Al cabo de 18 meses, 225 mujeres
estaban usando la planificación familiar. Los dos factores más importantes que
determinaron el uso de anticonceptivos fueron: la comunicación entre la esposa y el
esposo (incluida la idea de las esposas de que el esposo las apoyaba en cuanto al uso de
anticonceptivos) y la comunicación con otras personas fuera de la familia que ofrecían
apoyo y las animaban para que usaran la planificación familiar.16
Otros parientes
El esposo y el compañero influyen fuertemente en la decisión de la mujer de usar o no
usar anticonceptivos, pero otros parientes también pueden desempeñar una función
importante.
En algunos países, los padres y los suegros consideran que los nietos son necesarios
para extender el linaje de la familia, proporcionar mano de obra en las granjas familiares
o proporcionar apoyo financiero a los padres durante la vejez. Posiblemente estas personas
no animen a las parejas a usar la planificación familiar para postergar los embarazos,
pero tal vez sí lo hagan para que las parejas limiten o espacien los nacimientos cuando
ya tengan una familia numerosa.
Las investigaciones realizadas por el WSP en Zimbabwe revelaron que aunque el uso de
anticonceptivos es elevado a nivel nacional (aproximadamente 48 por ciento entre las
mujeres casadas en edad de procrear), éste es bajo antes del primer embarazo. Sólo 8 por
ciento de las mujeres usan la planificación familiar cuando se casan, pero después del
primer nacimiento el porcentaje aumenta a 59 por ciento.17
La doctora Marvellous Mhloyi, del Centro de Estudios de Población de la Universidad de
Zimbabwe e investigadora principal para uno de los estudios del WSP en Zimbabwe, explica:
"La mujer es objeto de una fuerte presión por parte de su familia y de la familia
del esposo para que quede embarazada poco después del matrimonio. Si no queda embarazada
en tres meses, la gente le dice: 'No hay alegría en esta casa'". Además, tener
hijos hace que las mujeres tengan más categoría. En otro estudio realizado en Zimbabwe,
las suegras dijeron que apoyaban el uso de anticonceptivos, pero sólo como medio para
limitar los embarazos una vez que la pareja tuviera el número de hijos deseado.18
La doctora Laila Kafafi, asesora residente principal de investigaciones de FHI en
Egipto, dice que posiblemente muchas jóvenes casadas no vean el beneficio de postergar el
embarazo. Y agrega: "Una vez que la mujer se casa, debe tener un hijo inmediatamente.
Las suegras quieren que las nueras comprueben su fertilidad".
Los resultados preliminares de un estudio realizado por el WSP a nivel nacional en
Egipto revelan que las suegras influyen en las decisiones de las mujeres relativas al
tamaño de la familia.19 Una mujer de una aldea cerca de Assiut dijo que su
suegra la amenazó con castigarla si no tenía más hijos y le dijo que le conseguiría
otra novia a su hijo. Cuando se preguntó a las suegras si aconsejarían a sus nueras que
planificaran sus familias, una mujer dijo: "Después del primer hijo, para saber si
es fértil o no". Otra dijo: "Después del primer hijo varón". Los hombres
también sugirieron que las parejas deberían tener un hijo lo más pronto posible
después del matrimonio. "Para qué más se casa una joven?", preguntó un
hombre de Alejandría.20
Otros estudios también han observado que las suegras y otros parientes de edad
influyen en las decisiones de las mujeres acerca del tamaño de la familia. En India, 56
de las 100 mujeres entrevistadas en Uttar Pradesh dijeron que dejaban en manos de las
suegras las decisiones relativas a la salud y el bienestar de los hijos.21 En
algunos hogares, donde las parejas viven con los padres o suegros, la falta de un entorno
privado puede desalentar el uso de algunos anticonceptivos, como la píldora, los condones
o el diafragma.
En un estudio realizado en Kenia en cuatro comunidades rurales de la provincia de
Nyanza, las tres cuartas partes de las mujeres encuestadas dijeron que hablaban de la
planificación familiar con otras personas. La mayoría de esas conversaciones (94 por
ciento) ocurrían con otras mujeres, especialmente parientes. Las mujeres dijeron que
comparaban la información que recibían de los proveedores de atención de salud con la
que recibían de amigas y mujeres parientes.22
En Brasil, un estudio realizado por el WSP observó que algunas adolescentes deseaban
quedar embarazadas pues creían que ello mejoraría las relaciones familiares.23
Los investigadores entrevistaron a 367 adolescentes que solicitaron asistencia prenatal en
el consultorio de la Maternidade Escola Assis Chateaubriand (MEAC) en Fortaleza, Ceará, y
a 196 adolescentes que acudieron al departamento de urgencias para recibir tratamiento por
complicaciones causadas por aborto incompleto. En el grupo de atención prenatal, sólo el
12 por ciento de ellas usaban anticonceptivos en el momento del embarazo y el 46 por
ciento de ellas dijeron que deseaban quedar embarazadas.
En una entrevista, realizada en la visita inicial al consultorio de MEAC, las
adolescentes dijeron que creían que su embarazo haría mejorar su relación con sus
padres, amigos y el compañero. Sin embargo, cuando se entrevistaron 45 días después del
parto, notificaron que su relación con la madre había mejorado pero que su relación con
el compañero se había deteriorado. Cuando se entrevistaron un año después, notificaron
que no había mejorado su relación con la madre. La relación con el compañero se
deterioró en ambos grupos al cabo de un año.
En Jamaica, las jovencitas de séptimo y octavo grados dijeron que posiblemente sus
compañeras estarían poco dispuestas a usar la planificación familiar. Si los padres y
las amistades se dieran cuenta de que ellas estaban usando la anticoncepción, se
supondría que eran sexualmente activas, lo cual está prohibido en una edad temprana. Una
jovencita comentó que si una madre encontrara anticonceptivos que su hija estuviera
usando, la "maldeciría y pensaría que está teniendo relaciones sexuales".24
-- Barbara Barnett
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