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La salud de la reproducción de los hombres corre varios peligros que se presentan en
diversas variedades. Algunas, como las enfermedades de transmisión sexual (ETS), son
prevenibles. Sin embargo, cuando los medios preventivos se desconocen, no existen, no se
usan o fallan, las ETS pueden presentar un peligro no sólo para la fertilidad y la salud
de un hombre, sino también para su pareja sexual.
No se han determinado sistemáticamente otros peligros, como las toxinas ambientales,
que pueden afectar a la progenie de un hombre o reducir el número de espermatozoides y
con ello disminuir la fertilidad. No obstante, si en efecto existen y se pueden determinar
con precisión, pueden llegar a ser prevenibles.
Por otra parte, otras condiciones del aparato reproductor, como el cáncer de la
próstata y los testículos pueden ser prevenibles o no prevenibles, pero no plantean
ningún riesgo para los demás.
En la era del SIDA se ha prestado más atención a las ETS como peligros principales
para la salud de la reproducción. "Antes de la era de las ETS virales incurables y a
menudo mortales, las ETS no eran motivo de mucha preocupación para los hombres porque las
enfermedades 'tradicionales' solían ser asintomáticas o producían síntomas que podían
tratarse con antibióticos y no tenían secuelas visibles duraderas para los
hombres", dice el doctor Willard Cates Jr., presidente de FHI y experto en ETS.
"Pero algunas de esas ETS afectaban a los hombres indirectamente: al infectar a sus
parejas, estos hombres con frecuencia perjudicaban la fertilidad de las mujeres que
hubieran podido darles hijos."
Pero actualmente se sabe que esas ETS pueden reducir la fertilidad masculina también.
Las infecciones pueden bloquear los conductos deferentes o causar epididimitis, que es una
inflamación de los tubos por los que los espermatozoides se desplazan desde los
testículos hasta los conductos. Los organismos que se transmiten por vía sexual
--particularmente la Neisseria gonorrhoeae o la Chlamydia trachomatis-- son la
causa más común de epididimitis en los hombres heterosexuales menores de 35 años.
Cuando los tubos por los que se desplazan los espermatozoides a partir de ambos
testículos se infectan, la incidencia de infertilidad puede llegar al 40 por ciento.1
Con frecuencia, la gente no sabe o no recuerda que la infertilidad afecta tanto a los
hombres como a las mujeres. Particularmente en los países en desarrollo, es posible que
se culpe a las mujeres e incluso que sus esposos se divorcien de ellas por la creencia de
que sólo ellas son las únicas culpables de no tener hijos. Los hombres fueron la única
causa o un factor contribuyente en la infertilidad de más de la mitad de las 5.800
parejas infértiles que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estudió entre 1979 y
1984. Este estudio multicéntrico de la OMS concluyó que las causas masculinas
representaban entre el 8 y el 22 por ciento de la infertilidad en el mundo; las causas
masculinas y femeninas representaban entre el 21 y el 38 por ciento y las causas femeninas
entre el 25 y el 37 por ciento.2
La infertilidad en los países en desarrollo es bastante común pero con frecuencia es
prevenible. La infertilidad puede ser causada por enfermedades infecciosas y parasitarias.
Con frecuencia, también se debe a prácticas sanitarias inadecuadas como prácticas
obstétricas y ginecológicas antihigiénicas o inapropiadas en las mujeres, o a
traumatismos vasculares causados por operaciones de hernias realizadas inadecuadamente en
los hombres.3 Sin embargo, las ETS son la principal causa de infertilidad que puede
prevenirse. En el estudio de la OMS de 5.800 parejas de 25 países del mundo desarrollado
y en desarrollo, las parejas africanas tenían más probabilidades que otras parejas de
tener antecedentes de ETS y de tener diagnósticos de infertilidad que indicaban
infecciones genitales anteriores.
Riesgos para la familia
El estado de la salud de la reproducción y el comportamiento de los hombres desempeña
un papel crucial en el mantenimiento de la salud de las mujeres y los hijos. Los hombres
que tienen relaciones sexuales extramaritales sin adoptar medidas de precaución pueden
infectarse y transmitir la infección a sus esposas.
La fisiología del aparato reproductor de la mujer hace que el riesgo de ser infectada
con una ETS, especialmente el VIH, por un hombre infectado, sea mucho mayor que el riesgo
que corre un hombre de ser infectado por una mujer. Una vez que se ha infectado la mujer,
los hijos de la pareja que todavía no han nacido también pueden verse afectados. Una
mujer infectada puede transmitir varias ETS al feto, al recién nacido o al lactante a
través de la placenta, durante el parto vaginal o por la leche materna.
Los patógenos transmitidos por contacto sexual pueden causar cáncer tanto en los
hombres como en las mujeres. Actualmente se cree que casi todos los cánceres del ano, el
pene, el cuello uterino, la vagina y la vulva son causados por el virus del papiloma
humano (VPH) adquirido por contacto sexual.
El doctor Cates opina: "En el campo de la prevención de las ETS, los hombres
desempeñan una función crucial porque el principal método preventivo que tenemos es el
condón masculino, cuyo uso requiere la cooperación del hombre. Cuando se usan correcta y
sistemáticamente, los condones masculinos de látex brindan una protección considerable
contra las ETS bacterianas y virales, incluido el VIH. Afortunadamente, el uso de condones
entre las poblaciones más jóvenes parece estar aumentando".
La Asociación Probienestar de la Familia Colombiana (PROFAMILIA), afiliada colombiana
de la Federación Internacional de Planificación de la Familia, ha visto que los hombres
que acuden a las clínicas para hombres de la organización son mucho más conscientes del
uso de los condones. El médico Juan Carlos Vargas, de PROFAMILIA, dice: "Desde que
nuestra primera clínica para hombres abrió sus puertas [en 1985], hemos notado
claramente que los hombres son más conscientes que los condones sirven para prevenir el
embarazo y las enfermedades de transmisión sexual. Los hombres están sumamente
preocupados por el SIDA, por lo cual usan más condones y consideran más cuidadosamente
el comportamiento sexual".
En cooperación con el Hospital Universitario Komfo Anokye en Kumasi, Ghana, FHI llevó
a cabo un estudio relativo al uso de anticonceptivos en un consultorio de ETS en Kumasi.
La mitad (47 por ciento) de 108 hombres sexualmente activos que participaron en el estudio
notificaron que usaban condones todo el tiempo o la mayor parte del tiempo. De los
usuarios de condones, el 16 por ciento notificó que los usaba sólo para prevenir las ETS
y el 66 por ciento para anticoncepción y prevención de las ETS. La razón más frecuente
que dieron los hombres que no usaban condones fue el deseo de que sus compañeras quedaran
embarazadas (20 por ciento). En este estudio, la gran mayoría de los hombres (89 por
ciento) notificó que no tenía problemas para obtener condones.4
Incluso el condón femenino, que no se ha estudiado adecuadamente como medio de
protección contra las ETS virales pero que puede proteger contra algunas ETS bacterianas,
requiere cierto grado de cooperación por parte del hombre. Además, algunos hombres se
oponen al uso de espermicidas, que protegen contra algunas ETS bacterianas.
Educar y animar a los hombres a cambiar los comportamientos que los hace correr riesgos
de contraer ETS siguen siendo estrategias preventivas de eficacia comprobada. La mayoría
de los comportamientos son difíciles de cambiar. En los lugares donde no se fomenta el
uso de condones y se fomenta tener varios compañeros sexuales, o donde los hombres se
separan de sus familias durante largos períodos por motivos de trabajo, los hombres y las
mujeres seguirán corriendo un riesgo mayor de contraer ETS. Por ejemplo, cuando se
separan de sus familias por largo tiempo, los trabajadores emigrantes, los conductores de
camiones y los mineros tienden a tener relaciones sexuales con las trabajadoras de sexo,
con lo cual se exponen a un alto riesgo de contraer ETS.
Peligros ambientales
Se han estudiado diversos factores ambientales como causas posibles de infertilidad
masculina. Por ejemplo, se cree que la exposición crónica a altos niveles de arsénico
en el agua potable de una región de México contribuye a la infertilidad masculina.5
También se ha sospechado que los altos niveles de aflatoxinas, producidas por los hongos
que contaminan los cultivos agrícolas almacenados, reducen la fertilidad masculina. Se
encontraron aflatoxinas en el 40 por ciento de las muestras de semen de un grupo de
hombres infértiles de Nigeria, comparado con el 8 por ciento de las muestras de semen de
un grupo de hombres fértiles.6
La cuestión de si la exposición ocupacional de los hombres a toxinas plantea riesgos
para su progenie sigue siendo un "campo que se ha estudiado relativamente poco, en el
que trabajan pocos epidemiólogos o investigadores de laboratorio y en el que no se han
dilucidado datos conflictivos", dice el doctor Andy Olshan, profesor adjunto del
departamento de epidemiología de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill,
EE.UU.
Existen pruebas epidemiológicas, algunas limitadas, que sugieran la existencia de una
relación entre la exposición paterna a ciertas toxinas y los resultados adversos en la
progenie, incluidos el aborto involuntario, las malformaciones congénitas y los cánceres
infantiles. Puesto que los métodos de recopilación y análisis de datos han sido
diferentes entre los estudios, es difícil comparar los resultados. Del mismo modo, las
pruebas obtenidas de estudios con animales son limitadas y no son concluyentes.
El doctor Olshan opina: "Los genetistas tienden a creer que las probabilidades de
mutaciones de los espermatozoides inducidas por toxinas que dan lugar a malformaciones
congénitas en la progenie son muy bajas. Pero se necesitan investigaciones más a fondo
en el laboratorio y sobre el terreno que examinen diversas exposiciones a productos
tóxicos aunque sea sólo para saldar la cuestión".
Así mismo, las investigaciones no son concluyentes respecto a las teorías de que el
número de espermatozoides esté disminuyendo entre los hombres en todo el mundo.
En 1992, algunos investigadores de la Universidad de Copenhague notificaron que el
recuento promedio de espermatozoides había disminuido en aproximadamente 50 por ciento
(de 113 millones a 66 millones por mililitro) en el transcurso de los últimos 5
decenios.7 Este análisis ha sido criticado porque no tiene en cuenta importantes
variaciones geográficas y temporales del recuento de espermatozoides, y porque tiene un
sesgo de muestreo. Algunos investigadores señalan que en ciertos lugares, el número de
espermatozoides ha sido constante durante decenios o va en aumento;8 pero otros sostienen
que simplemente no existen datos fidedignos respecto a esta cuestión. Sin embargo, los
indicios de recuentos bajos o que estén bajando en ciertas partes del mundo siguen siendo
interesantes, ya que es posible que esas variaciones regionales resulten de influencias
nutricionales, socioeconómicas o ambientales.9
Tomando como base datos de estudios con animales, varios investigadores han sugerido la
posibilidad de que compuestos químicos parecidos a las hormonas, como los pesticidas,
puedan desencadenar una reducción del número de espermatozoides y causar otros
perjuicios en el aparato reproductor de los seres humanos. No obstante, sigue sin
comprobarse la existencia de un peligro para la salud de la reproducción humana.
Por ejemplo, en años recientes ha surgido una preocupación generalizada de que el
dietilestilbestrol (DES), fármaco sintético parecido al estrógeno que se recetó entre
finales de los años 40 y principios de los años 70 en EE.UU. para prevenir
complicaciones del embarazo, pueda causar infertilidad en los hijos de las mujeres que
recibieron el fármaco. Se sabe que el DES, que se cree que lo usaron embarazadas en
algunos países en desarrollo, causa un tipo raro de cáncer de la vagina y del cuello
uterino en mujeres jóvenes cuyas madres recibieron DES durante el embarazo, y que aumenta
el riesgo de las hijas de sufrir de infertilidad, abortos involuntarios, parto prematuro y
muerte fetal o de sus hijos recién nacidos.
El estudio más amplio y realizado con el mayor cuidado entre hombres adultos que
habían estado expuestos in utero al DES no hizo recuentos de espermatozoides, pero sí
indicó que la fertilidad o la función sexual de estos hombres no se había visto
perjudicada.10 Sin embargo, los hijos de las mujeres que tomaron DES durante el embarazo
tienen más probabilidades de tener testículos anormales al nacer, incluido el
criptorquismo, que los hombres que no han estado expuestos. El criptorquismo, si no se
corrige en la infancia temprana, se relaciona con un mayor riesgo de cáncer testicular.
No se sabe si la exposición prenatal al DES hace aumentar directamente el riesgo de
sufrir de este tipo de cáncer.
Cáncer de próstata
En años recientes, el tema del cáncer de la próstata --glándula diminuta, del
tamaño de una nuez que se encuentra en la parte baja del abdomen del hombre-- ha generado
un vigoroso debate. Hasta el momento, existe poco consenso médico en cuanto a la
etiología, las recomendaciones para la detección o la utilidad de la detección y del
tratamiento tempranos del cáncer de la próstata.
Las tasas de incidencia de este tipo de cáncer, que rara vez ocurre antes de los 50
años de edad, han sido particularmente elevadas en las regiones desarrolladas del mundo,
como Canadá, Estados Unidos, Europa, Australia y Nueva Zelandia. En parte, estas tasas
elevadas de incidencia pueden ser producto de mejores estrategias de detección del
cáncer.
En la mayoría de los países en desarrollo no existen directrices para la detección
del cáncer de la próstata y "existen muy, muy pocos programas de detección del
cáncer de la próstata", afirma el doctor Sanka Ranarayanan, de la Agencia
Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, de la OMS, con sede en Lyon,
Francia. Y agrega: "En los países en desarrollo que tienen recursos de atención de
salud muy limitados, el dinero se asigna a problemas más urgentes. Además, no está
claro si la detección realmente es beneficiosa".
Las tasas de incidencia del cáncer de la próstata están relacionadas con la raza. En
EE.UU., la incidencia de cáncer en 1994 entre los hombres afroestadounidenses (234,4
nuevos casos por 100.000 hombres) fue significativamente más elevada que la de los
estadounidenses blancos (135,3 por 100.000 hombres).11 Se han observado tasas elevadas de
cáncer de la próstata en las zonas templadas y tropicales de Sudamérica (especialmente
en Brasil) donde vive un número considerable de personas de ascendencia africana. El
cáncer de la próstata es quizás la enfermedad maligna urológica más común que afecta
a los africanos. Su tasa de incidencia es de 32 casos por 100.000 hombres por año en
Zimbabwe. Entre los países africanos, los que registran las incidencias más elevadas de
este tipo de cáncer también tienen un ingreso per cápita y una esperanza de vida
relativamente superiores.12
También es posible que los factores nutricionales y ambientales contribuyan al riesgo.
Los asiáticos que emigraron a la costa occidental de los EE.UU. han registrado tasas de
incidencia de cáncer de la próstata más elevadas que los que se quedaron en Asia
oriental. Las tasas de incidencia de la segunda generación de emigrantes asiáticos son
casi equivalentes a la tasa promedio de los estadounidenses blancos.13 Varios estudios han
indicado que una dieta alta en grasas podría acelerar el crecimiento de tumores
existentes. La Sociedad Estadounidense para el Cáncer recomienda que los hombres limiten
el consumo de alimentos que contienen mucha grasa de origen animal y que consuman cinco o
más porciones de frutas y verduras cada día. Según un estudio realizado recientemente
entre más de 29.000 hombres en Finlandia, es posible que la vitamina E haga reducir el
riesgo. Aproximadamente la mitad de los hombres tomaron 50 mg de vitamina E diariamente y
este grupo experimentó un 32 por ciento menos de casos de cáncer de la próstata que los
que no habían tomado suplementos de vitamina E. Entre los alimentos ricos en vitamina E
figuran los aceites vegetales, particularmente el de alazor, de semillas de algodón y de
girasol; germen de trigo y granos y cereales integrales; y nueces enteras, como
almendras.14
Sigue pendiente la cuestión de si la vasectomía hace aumentar los riesgos de cáncer
de la próstata. Varios investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de
Boston señalaron en 1990 una posible relación entre la vasectomía y un aumento del
riesgo de este tipo de cáncer. Los investigadores analizaron datos de un sistema de
vigilancia hospitalario estadounidense relativo a enfermedades y exposiciones en
centenares de hombres. Basándose en otros datos del mismo sistema de vigilancia, estos
investigadores desecharon más tarde sus propios hallazgos. Desde 1990, varios estudios
han examinado la posible relación entre la vasectomía y el cáncer de la próstata. Sin
embargo, todavía no se ha determinado un mecanismo biológico posible que compruebe la
relación, los resultados han sido contradictorios y los aumentos del riesgo notificados
han sido pequeños.15
En 1993, un grupo de expertos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en los EE.UU.
declaró que los proveedores debían seguir ofreciendo y realizando la vasectomía. El
grupo de expertos recomendó que se realizaran más investigaciones para determinar si hay
algún riesgo, pero, "nada esencial ha cambiado en cuanto a esta cuestión desde
1993," declara la doctora Pam Schwingl, de FHI, epidemióloga que ha estudiado la
relación entre la vasectomía y el cáncer de la próstata.
Para determinar si la vasectomía hace aumentar el riesgo de cáncer de la próstata en
los países en desarrollo, se está llevando a cabo un estudio coordinado por la OMS y en
el que participan 1.200 hombres de la China, Nepal y Corea. FHI colabora con los
investigadores en Corea. También colabora con investigadores en la Universidad de Otago
en Nueva Zelandia, en un estudio análogo que comenzó en 1997.
Los resultados de un estudio reciente de más de 1.000 hombres de Mumbai (Bombay),
India, sugirieron que existía una relación entre la vasectomía y el cáncer de la
próstata, particularmente entre los hombres que se sometieron a la vasectomía por lo
menos 20 años antes del diagnóstico de cáncer o que tenían por lo menos 40 años de
edad cuando se sometieron a la vasectomía.16 Otro estudio en el que participaron
aproximadamente 750 hombres de 12 ciudades de la China, país donde el uso de la
vasectomía y la incidencia del cáncer de la próstata va en aumento, indicó que los
hombres que se habían sometido a dicho procedimiento tal vez corran un riesgo más
elevado de sufrir de este tipo de cáncer.17
Otro riesgo para los hombres es el cáncer testicular que es relativamente infrecuente,
y casi siempre es curable si se descubre temprano. Puede tratarse con cirugía,
radioterapia, quimioterapia, vigilancia o una combinación de estos tratamientos.
Nadie sabe realmente cuál es la causa del cáncer testicular, pero los datos
acumulados han demostrado de manera fehaciente que la vasectomía no hace aumentar el
riesgo de sufrir de este tipo de cáncer. En un estudio realizado en Dinamarca en el que
se identificó, de los registros hospitalarios y de patología de 1977 a 1989, a 73.917
hombres que se habían sometido a la vasectomía, no se demostró un aumento del riesgo de
cáncer testicular en el grupo.18 Estos datos están respaldados por los resultados del
Grupo de Estudio del Cáncer Testicular del Reino Unido.19
Notablemente, este cáncer es más común entre los hombres blancos que en los de otras
razas. Las tasas de incidencia en Suiza y Dinamarca --aproximadamente ocho casos nuevos
por 100.000 hombres cada año-- se encuentran entre las más elevadas del mundo.
-- Kim Best
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