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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

Una mejor atención en el posparto salva vidas

Las muertes maternas ocurren en el posparto, cuando no suele haber estrategias preventivas.

Network en español: Verano 1997, Vol. 17, No. 4

Todos los derechos reservados, Family Health International, 1997. 
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es reimpresa con autorización de Family Health International.

Según un análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de las 585.000 mujeres que fallecen cada año por causas relacionadas con el embarazo, aproximadamente una de cada cuatro muere de hemorragia. Las infecciones (sepsis) causan aproximadamente una de cada seis muertes. Entre otras causas importantes figuran la eclampsia y otros trastornos relacionados con la hipertensión y el parto obstruido.1 La mayoría de estas muertes ocurren en los países en desarrollo, y la mayoría de ellas podrían prevenirse ofreciendo acceso a una buena atención relacionada con el embarazo.

Por cada muerte materna, cientos de mujeres más sufren de enfermedades. Un estudio coordinado por FHI en cuatro países observó que 153 mujeres en Bangladesh, 175 en la India, 297 en Egipto y 908 en Indonesia sufrieron enfermedades graves o vieron en peligro sus vidas a causa de la mortalidad materna. Las complicaciones incluían hemorragia, convulsiones, desgarros vaginales y fiebre prolongada, algunas de las cuales producen trastornos crónicos debilitantes.2

Las estrategias preventivas generalmente han centrado su atención en el período prenatal y del parto, pero un análisis reciente concluyó que el período de posparto también es crítico. "En los países en desarrollo y en los Estados Unidos, más del 60 por ciento de las muertes maternas ocurrieron en el período de posparto", informó el análisis de nueve estudios publicados desde 1985. La hemorragia, las complicaciones causadas por la hipertensión inducida por el embarazo y las infecciones obstétricas fueron las causas más comunes de las muertes en el posparto. Casi la mitad de esas muertes ocurrieron dentro de las 24 horas siguientes al parto, y 80 por ciento en el transcurso de dos semanas. Irónicamente, se acostumbra que la madre y el recién nacido acudan a la primera visita del posparto al cabo de seis semanas, cuando ya no existe mucho peligro de que la madre muera.3

Para atender esta necesidad, se prevé que un grupo de expertos de la OMS en atención de posparto recomiende a finales del año en curso que las madres se sometan a un examen médico al cabo de tres días después del parto. Jerker Liljestrand, director del Programa de Salud de la Madre y del Recién Nacido y Maternidad sin Riesgo de la OMS y que coordinó el grupo de expertos, afirma: "Una visita temprana durante el período de posparto puede beneficiar a la madre y al recién nacido, cuando hay fiebre, sepsis, sangrado abundante y hemorragia secundaria posparto. La visita acostumbrada al cabo de seis semanas no se basa en conocimientos científicos".

La doctora Judith Fortney, directora corporativa de FHI en asuntos científicos y experta en salud materna opina: "Necesitamos prestar más atención al período de posparto. Antes se acostumbraba que una enfermera de salud pública visitara a la madre varios días después del parto. Pero esto ya no se hace, ni en los países en desarrollo ni en los desarrollados. Con frecuencia, el centro de salud u hospital da de alta a las mujeres seis horas después del parto. Muchos problemas pueden surgir durante los primeros días".

La doctora Fortney agrega que es importante que los familiares se den cuenta de que podría necesitarse atención de emergencia después del parto y opina: "Una madre puede desangrarse lentamente y morir. Podría tener fiebre elevada como señal de que padece una infección. Existe la posibilidad de que la lactancia no esté bien establecida, y el recién nacido puede deshidratarse".

Riesgos para la salud

Las muertes y los estados de enfermedad maternos se reducen cuando las mujeres tienen menos embarazos, dice la doctora Fortney, y agrega: "La planificación familiar reduce el número total de embarazos y, por lo tanto, disminuye el número de muertes y de estados de enfermedad relacionados con el embarazo. Pero la planificación familiar no influye en los riesgos obstétricos una vez que la mujer está embarazada. Por consiguiente, también debemos reducir los riesgos durante el embarazo. Para ello necesitamos centrar la atención en mejorar el acceso a la atención obstétrica de buena calidad".

El mayor uso de anticonceptivos puede influir en la tasa de mortalidad materna, que mide las muertes maternas por 100.000 mujeres de 15 a 49 años de edad. Sin embargo, la planificación familiar no influye en la tasa de muertes maternas por nacimientos vivos, puesto que esta cifra sólo tiene en cuenta a las embarazadas. Por lo tanto, la mayoría de los estudios de intervenciones usa el descenso en la tasa de mortalidad materna como señal de que se ha tenido éxito. En los países en desarrollo, aproximadamente 480 mujeres fallecen por cada 100.000 nacimientos vivos, que equivale a una tasa casi 18 veces superior a la registrada en los países desarrollados. En África, donde ocurre sólo el 20 por ciento de los nacimientos en el mundo, se registra aproximadamente el 40 por ciento de todas las muertes maternas.4

Los riesgos para la salud a causa del embarazo son mayores entre las adolescentes (menores de 16 años) y las mujeres de edad avanzada (mayores de 40 años). Los riesgos también son mayores en el primer embarazo. Pero cualquier mujer puede sufrir complicaciones repentinas e impredecibles durante el parto. Por consiguiente, todas las mujeres deben tener acceso inmediato a una buena atención obstétrica, no sólo las mujeres en alto riesgo. Un estudio bien conocido realizado en Bangladesh reveló que el 43 por ciento de todas las muertes maternas ocurría entre las mujeres de 20 a 29 años de edad, que es el grupo de edad con el número más elevado de nacimientos pero el de menor riesgo relativo.5

Deborah Maine, de la Universidad de Columbia, y sus colegas afirmaron lo siguiente en un análisis reciente de datos de salud de la reproducción: "El mayor número de muertes maternas realmente ocurre entre las mujeres que corren un riesgo 'bajo'. Tal vez no podamos predecir o prevenir la mayoría de las complicaciones obstétricas, pero sí sabemos cómo tratarlas".6

Hacia 1950, la mayoría de las complicaciones obstétricas ya se podían tratar en los países desarrollados, gracias a la introducción de mejores procedimientos quirúrgicos obstétricos, mejores técnicas asépticas, antibióticos, el medicamento oxitocina (que hace que el útero se contraiga y reduce el sangrado), las transfusiones y los bancos de sangre y el manejo de la eclampsia (convulsiones). A pesar de que la mayoría de estos procedimientos pueden aplicarse en entornos de pocos recursos, la atención obstétrica de calidad todavía no está al alcance de la mayoría de las mujeres de los países en desarrollo.

Las mejoras a la atención de salud no siempre son costosas. Un hospital regional en la zona rural de Tanzanía observó que las intervenciones de bajo costo producían una fuerte disminución de las muertes maternas en el hospital. El número de muertes maternas pasó de 28 en 1984 a ocho en 1991, incluso cuando el número de partos anuales aumentó de aproximadamente 3.000 a casi 4.300. Muchas de las 22 intervenciones especiales consistieron en motivar al personal a prestar más atención a los problemas y en brindarle el apoyo necesario para que atendiera los casos de emergencia.

En reuniones mensuales, los coordinadores informaban al personal acerca de los sucesos que habían ocurrido el mes anterior y pedían al personal de todos los niveles técnicos -incluidos los asistentes de sala y las enfermeras auxiliares- que dieran ideas. Las actividades de capacitación ayudaron a mantener los conocimientos prácticos, entre ellos la atención adecuada a la esterilización y la desinfección del equipo. Se introdujeron mejores pautas de manejo en casos de anemia grave. Se abordaron las quejas acerca del manejo de las pacientes. Todo el personal esencial recibió alojamiento en el complejo hospitalario, lo cual les permitía estar disponibles en casos de emergencia. Se organizaron mejor los suministros de medicamentos, incluido un depósito pequeño para alguna escasez imprevista.

"La pobreza generalizada seguía constante o aumentaba, pero las intervenciones asignadas a cuestiones especiales tendían a mejorar el estado de ánimo y las actitudes del personal, a pesar de los recursos limitados", informa el doctor Godfrey Mbaruku, quien dirigió el estudio.

Otro estudio analizó cómo una intervención comunitaria con parteras influye en la mortalidad materna. Durante tres años, en la región Matlab de Bangladesh, unas matronas trabajaron con trabajadores de salud comunitaria y parteras tradicionales para vigilar y manejar complicaciones del embarazo y el parto. Las matronas debían ayudar en la atención prenatal, atender el mayor número posible de partos en el hogar, detectar y manejar complicaciones obstétricas y acompañar a las pacientes que debían ser remitidas a un nivel de atención más elevado en la clínica central de maternidad del proyecto. Un grupo comparativo de aldeas, que tenían una tasa de mortalidad materna semejante durante los tres años anteriores a la intervención, no tenía matronas. Durante la intervención de tres años, la tasa de mortalidad materna fue 63 por ciento menor en la región que tenía matronas, es decir, se registraron 140 muertes por 100.000 nacimientos vivos frente a 380 muertes en la región testigo.

"La supervivencia materna puede mejorar si se colocan matronas a nivel de aldea, si se les da la capacitación, los medios, la supervisión y el respaldo adecuados", concluyó el estudio, e hizo hincapié en la importancia de un "sistema de referencia eficaz". También señaló que es necesario trabajar más para determinar si ese tipo de proyecto puede sostenerse y replicarse a gran escala.8 Un estudio posterior de esa intervención en Matlab observó que otros factores eran tan importantes como el uso de matronas, por ejemplo la disponibilidad de servicios de cesárea y transfusiones de sangre en el hospital local.9

Diez proyectos realizados en África Occidental, coordinados por medio de la Universidad de Columbia, como la Red de Prevención de Mortalidad Materna (PMM), han centrado su atención en diversas intervenciones durante casi un decenio. Cuando una mujer sufre una complicación obstétrica, es posible que su supervivencia dependa del tiempo que le tome recibir atención adecuada de emergencia. El proyecto PMM especifica tres demoras cruciales: en la decisión de buscar atención obstétrica, en llegar hasta un establecimiento de atención obstétrica y en recibir la atención después de la llegada.

La PMM hace hincapié en cerciorarse de que los establecimientos de atención obstétrica estén en condiciones de prestar buena asistencia, lo cual reduciría el tercer nivel de demora. "Es ilógico (y quizás va en contra de la ética) animar a las personas a buscar tratamiento para los problemas relacionados con el embarazo antes de haberse cerciorado de que los servicios obstétricos funcionan adecuadamente", explica el informe de la PMM.10

Entre las mejoras de la atención obstétrica de emergencia figuraban restaurar los quirófanos inadecuados para que pudieran funcionar debidamente, establecer bancos de sangre, establecer un fondo rotatorio para medicamentos, mejorar los registros y capacitar al personal de enfermería, a las matronas y a los médicos residentes. Por ejemplo, el equipo de un hospital de distrito, en Sierra Leona, informó que el número de mujeres que solicitaron tratamiento por complicaciones obstétricas aumentó de 31 en 1990 a 157 en 1995 después de que se habían realizado esas mejoras, y la "tasa de letalidad" (el número de muertes entre todas las mujeres que recibieron tratamiento) disminuyó pronunciadamente, de casi una de cada tres en 1990 a una de cada 20 en 1995. Las cesáreas aumentaron de dos en 1990 a 38 en 1995, lo cual indicó que la capacidad del hospital de realizar el procedimiento cuando fuera necesario había aumentado considerablemente.11

Los proyectos de la PMM también centraron su atención en las otras dos demoras: el momento en que se toma la decisión de buscar atención obstétrica de emergencia y el tiempo que le toma a la mujer llegar hasta el establecimiento. Para abordar el problema de las demoras en llegar hasta el establecimiento de atención de emergencia, los proyectos ayudaron a establecer mejores sistemas de transporte y comunicación. La labor de información y educación comunitarias animaba a las familias a solicitar servicios de emergencia, el otro problema de demora.

Capacitación de parteras tradicionales

Se observa una opinión cada vez más generalizada entre los expertos internacionales de que tal vez no valga la pena usar recursos para capacitar a las parteras tradicionales. Dado que las parteras tradicionales asisten en los partos en aldeas remotas, enseñarles a lavarse las manos, usar una nueva navaja para cortar el cordón umbilical y adoptar otras medidas, teóricamente podría prevenir la infección durante el parto. También podrían aprender a reducir la hemorragia mediante técnicas sencillas como poner la criatura inmediatamente después de nacida en el pecho de la madre y dar masaje al vientre de la madre. El estímulo de los pezones y el masaje tienden a hacer que el útero se contraiga, lo cual activa la producción de oxitocina natural en el cuerpo y reduce el sangrado.

No obstante, un estudio realizado en Ghana, no observó ninguna diferencia estadística en ocho de diez indicadores relativos a la obtención de mejor salud en las madres mediante la capacitación de las parteras tradicionales. Este estudio, realizado por FHI y el Ministerio de Salud de Ghana, fue el primero en determinar si la capacitación de las parteras tradicionales constituía un factor en la solución de algunos problemas, por ejemplo retención de la placenta, fiebre posparto, flujo vaginal maloliente y sangrado excesivo. Al parecer, la capacitación fue útil respecto a la retención de la placenta o a la fiebre posparto, pero sólo levemente. "En la mayoría de los casos, la capacitación no influyó en los resultados", explica el doctor Jason Smith, de FHI, quien coordinó el estudio.

En el estudio se entrevistó a 1.961 mujeres de dos distritos, que habían tenido contacto con una partera tradicional durante el embarazo, el parto o en el período de posparto. Los distritos, uno con buen acceso a la asistencia de emergencia y el otro sin él, tenían parteras capacitadas y no capacitadas.

En una reunión internacional celebrada recientemente y patrocinada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en la que la doctora Fortney presentó los resultados de la capacitación de las parteras tradicionales en Ghana, los expertos plantearon la cuestión de si era conveniente seguir invirtiendo recursos en la capacitación de las parteras tradicionales. Todavía no se ha decidido si se va a suspender la capacitación, pero el UNICEF ha empezado a reducir sus expectativas en cuanto a ésta.

Otra esfera que tradicionalmente se ha considerado influyente en la mortalidad materna es la buena atención prenatal. Un informe de la OMS que resume las investigaciones actuales, concluye que la atención prenatal desempeña una función más limitada de lo que se creía en la prevención de la mortalidad y morbilidad maternas.12

Carla AbouZahr, del Programa de Maternidad sin Riesgo de la OMS, afirma: "Tenemos una idea mucho más clara que antes. El período prenatal es un momento excelente para detectar la sífilis y tratarla, para vacunar con la anatoxina tetánica y para administrar suplementos de hierro, que benefician a la madre y al lactante. También se pueden tratar otras enfermedades que pueden complicar el embarazo, como la malaria, la tuberculosis y la infestación por gusanos. Así mismo, la atención prenatal brinda la oportunidad de poner a la mujer y a su familia en contacto con el servicio de atención de salud y de informarles acerca de las posibles complicaciones, de modo que si se presenta una dificultad en el parto, ésta se reconozca a tiempo y las personas sepan dónde ir para recibir atención". Esto puede ser especialmente importante para las mujeres menores de 16 años o para las de edad más avanzada.

Sin embargo, los investigadores no han llegado a conclusiones relativas a otras cuestiones. Por ejemplo, los científicos no están seguros en qué medida es beneficioso vigilar la presión arterial durante el embarazo respecto a su efecto en la preeclampsia, opina AbouZahr. "De todos modos, puede haber convulsiones, sin que haya señales de alerta."

Evaluación del progreso

El UNICEF y la OMS han elaborado nuevos indicadores que pueden determinar con más precisión qué tipos de intervenciones se necesitan y si tienen éxito. Esos indicadores de "proceso" se orientan hacia medidas programáticas concretas, a diferencia de los indicadores de "resultado", como la tasa de mortalidad materna o el número de muertes.

Existen seis indicadores principales de proceso: la disponibilidad de atención obstétrica de emergencia; la distribución geográfica de esos establecimientos; la proporción de nacimientos en establecimientos médicos; la proporción de mujeres con complicaciones que reciben tratamiento en los establecimientos médicos; el porcentaje de todos los nacimientos por cesárea; y la tasa de letalidad. Cada uno de los indicadores tiene niveles aceptables definidos.

Por ejemplo, según los indicadores debe haber por lo menos cuatro establecimientos básicos de atención obstétrica de emergencia y un establecimiento integral por cada 500.000 personas. Un establecimiento básico debe estar en condiciones de administrar antibióticos, oxitócicos y anticonvulsivos, inyectados o por vía intravenosa; efectuar extracciones manuales de placentas y aspiraciones manuales al vacío de material residual placentario; y realizar partos vaginales asistidos. Un establecimiento integral debe poder desempeñar dichas funciones y también realizar cesáreas y transfusiones de sangre.

En Marruecos, el indicador correspondiente al número de establecimientos era importante, explica Maine, quien ha trabajado con proyectos de intervención de mortalidad materna en África en los últimos diez años. Agrega: "Nos dimos cuenta de que sólo había un establecimiento donde se realizaban cesáreas y transfusiones sanguíneas en una región cerca de Fès, que es una ciudad grande, cuando debía haber cuatro. Los funcionarios de Marruecos centraron su atención en la atención prenatal y los partos normales, y no en poner a disposición suficientes establecimientos de servicios obstétricos de emergencia".

Otras señales útiles para los indicadores son las siguientes: el 15 por ciento de los nacimientos ocurren en un establecimiento de atención obstétrica de emergencia; entre el 5 y el 15 por ciento de todos los niños nacen por intervención cesárea; y la tasa de mortalidad en los establecimientos de emergencia es inferior al 1 por ciento entre las mujeres que sufren de complicaciones obstétricas.

Un estudio que el UNICEF realizó en la India examinó la mortalidad materna mediante esos nuevos indicadores. Al centrar su atención en esos indicadores de proceso y no en la tasa de resultado de la mortalidad materna, pudo determinar medidas más concretas que los programas podían adoptar. Por ejemplo, observó pocas cesáreas y tasas elevadas de letalidad, lo cual indicaba que se requerían mejores servicios de emergencia. También observó que muy pocas mujeres con complicaciones acudían a los establecimientos de salud, lo cual "indicaba la necesidad de animar a las familias a utilizarlos".13

Para fines de gestión de programas, esos indicadores son esenciales, afirma AbouZahr, de la OMS. Pero advierte que ningún indicador debe verse aisladamente, ni debe utilizarse como meta. También dice que, por ejemplo, si la atención se centra únicamente en la tasa de letalidad, un hospital podría reducir esa tasa al rechazar simplemente los casos más difíciles. Cuando se consideran las intervenciones, siempre se debe vigilar y mejorar la estrategia, y agrega: "Ahora todos estamos de acuerdo en que el acceso oportuno a la atención obstétrica tiene una importancia vital".

-- William R. Finger

Referencias

  1. World Health Organization. Mother-Baby Package: Implementing Safe Motherhood in Countries. (Geneva: World Health Organization Division of Family Health, 1994) 1-2.
  2. Fortney JA, Smith JB. The Base of the Iceberg: Prevalence and Perceptions of Maternal Morbidity in Four Developing Countries. (Research Triangle Park, NC: Family Health International, 1997) 98-99.
  3. Li XF, Fortney JA, Kotelchuck M, et al. The postpartum period: the key to maternal mortality. Int J Gynecol Obstet 1996;54(1):1-10.
  4. World Health Organization. Maternal mortality -- worse than we thought. Safe Motherhood 1995; Issue 19:1-2.
  5. Chen LC, Geshe MC, Ahmed S, et al. Maternal mortality in rural Bangladesh. Stud Fam Plann 1974;5(11):337.
  6. Maine D, Freedman L, Shaheed F, et al. Risk, reproduction and rights: the uses of reproductive health data. In Population and Development: Old Debates, New Conclusions. Ed., Cassen R. (New Brunswick: Transaction Publishers, 1994) 212.
  7. Mbaruku G, Bergström S. Reducing maternal mortality in Kigoma, Tanzania. Health Policy Plan 1995;10(1):71-78.
  8. Fauveau V, Stewart K, Khan SA, et al. Effect on mortality of community-based maternity-care programme in rural Bangladesh. The Lancet 1991;338(8776):1183-86.
  9. Maine D, Akalin MZ, Chakraborty J, et al. Why did maternal mortality decline in Matlab? Stud Fam Plann 1996;27(4):179-87.
  10. Center for Population and Family Health. Abstracts from the PMM Results Conference: June 19-21, 1996, Accra, Ghana. (New York: Columbia University, 1996) 9-10.
  11. Center, 19.
  12. Rooney C. Antenatal Care and Maternal Health: How Effective Is It? A Review of the Evidence. Geneva: World Health Organization, Division of Family Health, 1992.
  13. Nirupam S, Yuster EA. Emergency obstetric care: measuring availability and monitoring progress. Int J Gynecol Obstet 1995;50 Suppl 2:S79-88.

Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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Last Updated: 09 Jul 2003

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