Nota del Editor: El Women's Centre of Jamaica Foundation (Centro de Mujeres
de la Fundación de Jamaica) presta servicios a las mujeres jóvenes, e incluye un
programa para madres adolescentes que les ayuda a continuar su educación con el fin de
que se capaciten mejor para trabajar. Charmaine Johnson, gerente financiera de la
Fundación, recuerda sus propias experiencias cuando era adolescente y quedó embarazada,
y cómo la ayudó la Fundación.
Por Charmaine Johnson
Women's Centre of Jamaica Foundation
KINGSTON, Jamaica. Supe que existía el Centro por mis profesores de la escuela
secundaria a la que asistía. Les preocupaba mi futuro y sabían que el programa del
Centro me pondría nuevamente en el camino que me conduciría al logro de mis objetivos.
En el Centro de Mujeres de Kingston fui recibida con los brazos abiertos de personas
que sabían cual era mi situación, no me discriminaron, pensaron que yo era capaz de
logros extraordinarios y me alentaron a lograr ese potencial.
El apoyo de mis consejeros hicieron que me diera cuenta de que a pesar de mi embarazo
no planificado, todavía podía realizar mis sueños y aspiraciones. Me hicieron ver los
errores que había cometido y me ayudaron a aprender cómo amar y cuidar a la criatura que
todavía no había nacido pero que ya era mía.
Todas las semanas había clases relacionadas con la vida familiar, donde me enteré de
la anticoncepción y aprendí a cuidar a un recién nacido. Formaban parte de las clases
debates de grupo, charlas de especialistas, distribución de artículos y folletos,
películas y asesoramiento individual.
Hubiera sido difícil tratar con mis padres y mi novio, pero mi consejero de vida
familiar se reunió con mi madre para hablar del asunto. Rápidamente, mi madre se volvió
muy comprensiva y compasiva, lo cual me hizo sentir cómoda y tuve la sensación de ser
aceptada. Esa sensación me motivó e hizo que aumentara mi autoestima. Estoy segura de
que me dio la fuerza de voluntad para demostrar lo que yo valía, para que se
enorgulleciera de mí.
Hubo otros adultos que me ayudaron, entre ellos mis profesores que guiaron mi
educación continuada a lo largo del embarazo. Me dieron el programa de estudios que se
estaba enseñando para que estuviese preparada al reingresar a la escuela.
Eso ocurrió hace 10 años, cuando apenas tenía 15 años de edad. Ahora vivo con mi
encantadora hija, Jenise, que tiene 10 años, y con mi madre. Los programas que tratan de
ayudar a los adultos jóvenes deben recordar cómo pueden otros adultos, en especial los
padres, ayudar a sus clientes. Los padres pueden entender, y los programas deben basarse
en ese vínculo que existe entre padres e hijos.
Simplemente, el Centro de Mujeres de Kingston me ayudó a prepararme para la edad
adulta en un momento crucial de mi vida. Es muy difícil ser madre adolescente, y una
madre joven sin ninguna orientación puede fracasar fácilmente. El Centro, junto con el
apoyo de mi madre, me ayudó a prepararme para ese nuevo mundo en el que me encontraba.
La debida atención a mi bebé y a mí misma eran esenciales, y la capacidad de pensar
y actuar como una persona adulta era también crucial. Tenía que adoptar esas nuevas
actitudes. Seguía siendo una adolescente, y actuaba como tal cuando estaba con mis
compañeros. Por lo tanto, tenía la doble carga de comportarme como adolescente en la
escuela y como madre en la casa.
Es indudable que el Centro me ayudó a ser una persona adulta, a convertirme en la
mujer que soy actualmente. Soy fuerte, puedo alentar a otras mujeres jóvenes a que no
abandonen sus sueños. Estoy mejor preparada para dar a mi única hija la orientación y
el amor que necesita. Desde el punto de vista académico, he logrado mis objetivos. Se me
dio la oportunidad de regresar a la escuela y de escalar niveles más altos.
Pero esta fortaleza, y los logros subsiguientes, no fueron fáciles de adquirir. En ese
entonces, enterarme de que estaba embarazada fue más de lo que yo creía poder soportar.
Al principio, no le creí al médico. Tuve que ser examinada dos veces por diferentes
médicos antes de aceptar esa realidad. Y cuando comencé a aceptar mi estado, los ojos se
me llenaron de lágrimas. Sentí que estaba encerrada en un edificio y que se habían
tirado las llaves.
Mi mayor temor era pensar que debía quedarme en casa cuidando a un recién nacido que
destruiría mis sueños. No podría ser contadora o profesora, como lo había planeado.
Pensé en lo desilusionados que iban a estar mis profesores.
A pesar de esos temores, mis profesores me apoyaron muchísimo y me visitaron durante
el embarazo. El Centro de Mujeres de Kingston, mis profesores y la fe inquebrantable que
mi madre tenía en mí sirvieron para ponerme en pie nuevamente.
Siempre que veo ahora a una joven embarazada, hablo con ella y la invito a visitar el
Centro de Mujeres. Cuando llegue allá sabrá que hay gente que se preocupa por ella.
Será animada a continuar con su educación, se enterará de la planificación familiar,
adquirirá otras aptitudes importantes, y tendrá una buena idea de quién es ella.