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FHI: Boletín trimestral de salud, Network en español

Las normas de género influyen en los adolescentes

Incorporar las perspectivas de género respecto a la educación, los servicios y la capacitación pueden conducir a una mejor salud de la reproducción para los adultos jóvenes.

Network en español: Primavera 1997, Vol. 17, No. 3

Todos los derechos reservados, Family Health International, 1997. 
Network
es reimpresa con autorización de Family Health International.

En un esfuerzo para mejorar la salud de la reproducción de los adolescentes y los adultos jóvenes, muchas organizaciones que trabajan con los jóvenes están incorporando una perspectiva de género a los programas de educación sexual, prestación de servicios y capacitación de proveedores.

"Género" es un término que puede usarse para categorizar las distintas funciones que desempeñan los hombres y las mujeres, según lo determina la sociedad en la que viven. El sexo de la persona --la diferencia biológica entre el varón y la mujer-- determina el estado de salud de la reproducción y las necesidades en materia de salud de la reproducción, pero las perspectivas de género también desempeñan una función. Los factores socioculturales que influyen en las opiniones de los adolescentes acerca de la sexualidad, su acceso a la información y a los servicios de salud influyen en la salud de la reproducción y en su bienestar, incluida la capacidad de los adolescentes de protegerse contra el embarazo no planificado o contra las ETS.

"El sexo de un niño se determina antes del nacimiento, pero el género se aprende", dice la doctora Karen Hardee, investigadora científica principal de FHI. "A lo largo de la niñez, los niños y las niñas reciben diferentes mensajes acerca de los comportamientos que se esperan de ellos (mensajes de los padres, la sociedad, los compañeros, los medios de información); se les dice que algunos comportamientos son aceptables en los varones y no en las niñas, y viceversa. Los trabajadores de salud deben ser sensibles a la forma en que las normas de género influyen en la toma de decisiones de los adolescentes respecto al comportamiento de salud de la reproducción y a la forma en que esas normas influyen en el acceso a los servicios de salud."

"Los proveedores deben ver la salud de la reproducción no sólo en función de los servicios sino también en función de las actitudes y la calidad de la atención", dice Naana Otoo-Oyortey, funcionaria técnica de la Federación Internacional de Planificación de la Familia. "Tanto los muchachos como las jovencitas tienen derecho a obtener información básica y acceso a los recursos que les permita vivir una vida sexual y reproductiva satisfactorias. Los proveedores deben reconocer que los varones tienen responsabilidades que no deben desatenderse. Deben reconocer que en las decisiones de las mujeres acerca de cuestiones de reproducción influyen directamente sus compañeros, esposos, padres, etc., y deben abordar la necesidad de empoderar a las mujeres para que tomen decisiones informadas."

En muchas sociedades se valora más a los varones que a las mujeres. Desde la infancia, es posible que las niñas reciban menos alimentos que los varones y menos atención médica cuando están enfermas. Para las adolescentes, un embarazo no planificado puede ser motivo para que las expulsen de la escuela y, por consiguiente, que tengan oportunidades de trabajo limitadas. Por lo menos en nueve países de África al sur del Sahara, se expulsa temporal o permanentemente de la escuela a las jovencitas que quedan embarazadas, pero no se adoptan medidas punitivas contra los muchachos que se hacen padres. En Kenia, aproximadamente 10.000 jovencitas abandonan la escuela cada año a causa de embarazos no planificados.1

Las normas de género pueden hacer que las jovencitas corran el riesgo de violencia sexual, incluida la violación y la violencia en el hogar. Una encuesta demográfica y de salud reciente realizada en Egipto indicó que el 86 por ciento de más de 2.300 mujeres entrevistadas creían que ser golpeadas por sus esposos se justificaba en algunas circunstancias; por ejemplo, si la mujer se niega a tener relaciones sexuales o "le contesta" al esposo. Aproximadamente el 31 por ciento de las mujeres informaron haber sido golpeadas durante el embarazo. El porcentaje de las mujeres que creían que se justificaba ser golpeadas fue más elevado entre las mujeres de 15 a 19 años de edad que entre las de otros grupos de edad.2

Para algunas jóvenes, el acto sexual no es una cuestión de opción. Un estudio basado en entrevistas con 128 adolescentes del Perú y 108 de Colombia observó que el 60 por ciento de ellas habían sido víctimas de abuso sexual durante el año anterior. Treinta y nueve de esas mujeres habían quedado embarazadas como resultado de ello.3 Según estudios realizados en Botswana y Kenia, muchas mujeres adolescentes habían tenido la primera relación sexual por la fuerza o coerción.4 En las zonas rurales de Malawi, el 55 por ciento de 120 adolescentes encuestadas informaron que a menudo se las obligaba a tener relaciones sexuales.5 Un estudio realizado por el Alan Guttmacher Institute observó que el 60 por ciento de las adolescentes estadounidenses que habían tenido relaciones sexuales antes de los 15 años de edad lo habían hecho involuntariamente.6 Los varones también pueden ser víctimas de relaciones sexuales por la fuerza o coerción. Un estudio realizado entre niños de la calle de Mwanza, Tanzanía, observó que tanto los muchachos como las jovencitas tenían "relaciones sexuales de supervivencia", es decir, para negociar la obtención de dinero y alimentos o para protegerse de la violencia.7

La circuncisión femenina es otra práctica cultural que se basa en el género y que puede poner en peligro la salud de la reproducción. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año aproximadamente 2 millones de niñas son objeto de ese procedimiento, que consiste en la amputación total o parcial del clítoris y, en algunos casos, la extirpación de los labios menores. En algunas formas de circuncisión, el clítoris y los labios menores se extirpan y los labios mayores se cortan y luego se cosen de modo que cubran la uretra y la entrada a la vagina. Los riesgos inmediatos para la salud incluyen infección, dolor y sangrado, que pueden causar shock y a veces la muerte. Las complicaciones a largo plazo pueden incluir obstrucción durante el parto y prolongación de éste. La circuncisión no beneficia la salud.

Distintos puntos de vista

Varios estudios han revelado que hay diferencias en la forma en que las jovencitas y los muchachos perciben sus funciones de género y los efectos que estas funciones tienen en la salud de la reproducción.

Según una encuesta efectuada entre más de 100 trabajadores fabriles de Tailandia, de 15 a 24 años de edad, la mayoría de los hombres dijeron que para ellos las relaciones prematrimoniales eran aceptables, que se esperaba que las tuvieran, que la primera relación sexual tenía lugar con una prostituta y que los muchachos que todavía no habían tenido relaciones sexuales eran ridiculizados por sus compañeros. Las jovencitas dijeron que las relaciones sexuales prematrimoniales eran inaceptables para las mujeres "respetables" y que podían dañar la reputación de la familia. Los muchachos consideraban que la anticoncepción estaba a cargo de la mujer, pero las jovencitas afirmaron que no considerarían buscar o pedir anticonceptivos por miedo de que se pensara que tenían relaciones sexuales.8

En Jamaica, un estudio realizado por el Proyecto de Estudios de la Mujer, de FHI, entre 945 jóvenes de 11 a 14 años de edad, examinó los conocimientos, actitudes y comportamientos sexuales. Más del 63 por ciento de los muchachos notificaron haber tenido relaciones sexuales, mientras que el 6 por ciento de las jovencitas notificaron haberlo hecho. No obstante, la diferencia de actividad sexual entre los muchachos y las jovencitas tal vez sea menor que la notificada. Es probable que los muchachos hayan exagerado sus experiencias sexuales, mientras que las jovencitas tal vez dudaron en notificar que habían tenido relaciones sexuales, dadas las normas socioculturales.9 El estudio también reveló otras diferencias en las actitudes de los muchachos y las jovencitas. Aproximadamente el 70 por ciento de los muchachos dijeron que "si realmente uno está enamorado de una persona, debe tener relaciones sexuales con ella", mientras que sólo el 33 por ciento de las jovencitas estuvieron de acuerdo con ellos. Aproximadamente el 57 por ciento de los muchachos estuvieron de acuerdo en que si un muchacho invitaba a una jovencita y gastaba dinero en la invitación ella debía tener relaciones sexuales con él, mientras que sólo el 31 por ciento de las jovencitas estuvieron de acuerdo con ellos.

En Brasil, investigadores de la Universidade de São Paulo entrevistaron a más de 5.000 adolescentes, de 14 a 20 años de edad, respecto a las funciones de género como parte de un proyecto de investigación para elaborar estrategias de prevención del SIDA. Cuando se preguntó a las jovencitas "Qué quiere decir ser mujer para ti?", contestaron que las mujeres se dedicaban a amar y a la vida del hogar, lloraban fácilmente y no tenían relaciones sexuales hasta no haber encontrado al hombre "indicado". Cuando se preguntó a los muchachos qué significaba ser hombre, contestaron que los hombres eran físicamente fuertes, se sentían atraídos sexualmente hacia las mujeres y a menudo pensaban en el sexo. También afirmaron que era importante casarse, trabajar arduamente y ser tiernos con sus esposas. Los muchachos dividieron a las mujeres en dos categorías: las que podrían ser sus esposas y las que eran promiscuas y podían infectarlos con ETS.10

Participación de los hombres

Puesto que a menudo las mujeres no pueden controlar cuándo van a tener relaciones sexuales o con quién, muchos programas que incluyen consideraciones de género han iniciado proyectos que empoderan a las jovencitas. Esos proyectos, como el Better Life Options (Mejores Opciones de Vida), administrado por el Centre for Develop-ment and Population Activities (CEDPA - Centro para el Desarrollo y Actividades en materia de Población), proporcionan información acerca de la sexualidad, salud de la reproducción, planificación familiar y aptitudes de comunicación. Algunos también patrocinan programas de educación o de empleo diseñados para ofrecer a las jovencitas otras opciones que no sean el matrimonio temprano. Sin embargo, para que tengan éxito, los programas en materia de género deben incluir a los muchachos también.

"Una de las cosas más importantes que hemos aprendido es que no podemos trabajar sólo con las jovencitas", dice Seema Chauhan, del proyecto Better Life Options, que empezó educando a las jovencitas y luego amplió sus actividades para incluir a los muchachos. "Hay que hacerlo conjunta o paralelamente, pero hay que dirigirse tanto a los muchachos como a las jovencitas para abordar las cuestiones de género en materia de sexualidad, salud de la reproducción y relaciones entre hombres y mujeres."

La incorporación de consideraciones de género a los programas de salud de la reproducción para los adolescentes puede ser una oportunidad para elaborar programas y servicios destinados a los hombres y los muchachos.

"A menudo se ha excluido a los hombres de los programas de planificación familiar", dice la doctora Patricia Bailey, de FHI, quien coordina investigaciones sobre el embarazo en adolescentes en Brasil. "Lamentablemente, la participación activa de los hombres en los programas de planificación familiar se ha limitado al tratamiento de ETS."

Enseñar a los muchachos que la salud de la reproducción no concierne solamente a las mujeres es una de las metas de la Clínica de Hombres Jóvenes en los Estados Unidos. Situada en un barrio urbano de Nueva York, la clínica es parte de un establecimiento de salud que presta otros servicios, incluida la asistencia pediátrica y obstétrica. El doctor Bruce Armstrong, que trabaja en la clínica, dice que los hombres rara vez utilizaban los servicios de planificación familiar. Cuando los trabajadores de salud preguntaban a los adolescentes por qué no usaban esos servicios, los muchachos contestaban que se avergonzaban y sentían que "no eran hombres" al visitar una clínica que era principalmente para mujeres.

La solución consistió en establecer una clínica para hombres pero que ofreciera una variedad de servicios de salud, incluidos los exámenes físicos necesarios para trabajar o asistir a la escuela y la detección de enfermedades como anemia drepanocítica. Así, los hombres podían acudir a la clínica sin miedo de que sus amigos o vecinos pensaran que iban a buscar anticonceptivos. La clínica también patrocinó eventos deportivos para los hombres con el fin de animarlos a usar los servicios.

Un promedio de 30 a 35 hombres acuden a la clínica cada semana, la cual está administrada por el Hospital Presbiteriano de Columbia y la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Columbia. "Sea cual sea la razón de la visita, los proveedores tratan de informar a los hombres acerca de su salud de la reproducción", afirma el doctor Armstrong. Por ejemplo, si un hombre acude para hacerse un examen de detección de tuberculosis, es posible que los trabajadores de salud le pregunten acerca de sus necesidades de anticonceptivos y riesgos de ETS.

"Hay indicadores relativos al logro de la participación de los hombres en la salud de la reproducción" agrega el doctor Armstrong. "Uno de ellos podría ser el uso de condones. Otros serían hablar con la compañera, iniciar la conversación con la novia, llevar al hogar información de nuestra clínica de mujeres, llevar a casa espuma anticonceptiva o informarse acerca de los métodos de las mujeres."

En otro esfuerzo para hacer participar a los hombres en actividades que puedan conducir a una mejor salud de la reproducción, el Centro de Educação Sexual (CEDUS), en Rio de Janeiro, Brasil, dirigió talleres que ponían en tela de juicio los estereotipos de género. En una actividad, llamada "papa caliente", cada muchacho recibe una tarjeta con una palabra que está relacionada con un rasgo estereotipado femenino o masculino, como "don Juan", "fiel", "crianza".

Los muchachos se pasan las tarjetas unos a otros durante un intervalo determinado. Cuando el cronómetro se detiene, cada muchacho se queda con la tarjeta que tiene y se la pega en la camisa. Luego hablan del tema en sus tarjetas y qué piensan de esa característica. "Los valores relativos a las funciones de género --que se inculcan en la infancia y se refuerzan en la adolescencia-- no deben considerarse como algo que puede cambiarse después de haber participado en dos o tres actividades educacionales breves", dice un informe del CEDUS. "No obstante, creemos que... los jóvenes pueden emplear actividades como esas para fomentar el diálogo, la reflexión y, esperamos algún día, el cambio de actitudes y comportamiento."11

Cuando se planifiquen programas de salud de la reproducción para varones adolescentes, los expertos dicen que dichos programas deben ofrecer información acerca de la salud masculina, incluido el riesgo de ETS; información acerca del cuerpo femenino y las inquietudes que tienen las mujeres relativas a la salud de la reproducción; el acceso a anticonceptivos y servicios de ETS (o de referencia); y educación para ayudar a los muchachos a mejorar sus aptitudes de comunicación. Los programas de salud pueden hacer que los servicios de salud de la reproducción sean más "fáciles de usar para los amigos de los hombres", al ofrecer servicios en una sala aparte o a horas distintas de las que se ofrecen a las mujeres.

"No es necesario establecer una infraestructura separada para prestar servicios a los hombres", dice un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas. "Se pueden prestar servicios a los hombres mediante horarios especiales o cambios menores de las instalaciones existentes, por ejemplo asignar una sala de espera exclusivamente para los hombres."12

Además de mejorar su propia salud, la participación de los hombres en los programas de salud de la reproducción puede mejorar indirectamente la salud de las mujeres, cuyo acceso a los servicios de salud suele estar controlado por los padres, los esposos o los compañeros sexuales. "El término 'género' puede ser significativo para recordar que los hombres desempeñan funciones importantes en la salud de la reproducción de las mujeres", dice la doctora Bailey, de FHI.

Incorporación del género a los programas

Varios proyectos de salud han incorporado las consideraciones de género a la educación y los servicios que proporcionan. Otros están examinando las formas en que el género influye en la salud de los adolescentes.

En Buenos Aires, Argentina, la Fundación para el Estudio y la Investigación sobre la Mujer ofrece sesiones educativas de planificación familiar y ETS a los estudiantes de secundaria. Aproximadamente entre 50 y 100 estudiantes asisten a cada programa y luego se dividen en grupos pequeños para hablar de una variedad de temas de salud de la reproducción, incluidas las funciones de los géneros.

"Tratamos de hacerlos pensar en las funciones que desempeñan los hombres y las mujeres en la sociedad", dice la doctora Laura Pagani, ginecoobstetra , que trabaja en la Fundación para el Estudio y la Investigación sobre la Mujer, con miras a elaborar un plan que incorpore el género a los programas de salud de la reproducción. "Le preguntamos a las jovencitas, 'Cómo te sentirías si estuvieras embarazada? A quién acudirías para que te aconsejara?' y a los muchachos les preguntamos, 'Cómo te sentirías si esto te estuviera ocurriendo a ti?'"

En Gujarat, India, el Centre for Health Education, Training and Nutrition Awareness (CHETNA - Centro de Educación y Capacitación en Materia de Salud y Conciencia de la Nutrición) incorpora el género a los melas, que son talleres de educación de salud para los jóvenes de 11 a 18 años de edad. Los melas, que se celebran en escuelas y otros establecimientos grandes durante tres días, ofrecen en quioscos material informativo relacionado con la salud y sesiones educativas donde se tratan diferentes aspectos de la salud de la reproducción, incluidas la menstruación, las ETS y la anticoncepción. Los melas también incluyen un componente que examina las funciones de los géneros. Se realizan dramatizaciones para ilustrar los estereotipos de los géneros, y hay charlas entre los participantes acerca de las diferentes expectativas que se tiene de los muchachos y las jovencitas. Por ejemplo, los participantes de las zonas rurales dijeron que cuando las niñas regresaban a sus hogares de la escuela, se suponía que ayudaran a cocinar, mientras que los muchachos podían jugar. Para reforzar el mensaje de que las funciones de los géneros pueden cambiar con el tiempo y variar de una cultura a otra, los facilitadores de los talleres tratan de representar papeles que generalmente no se asocian con su género. Por ejemplo, las mujeres usan cámaras de video para grabar las sesiones y los hombres barren.13

En una lista de verificación para incorporar las cuestiones de género a los programas de salud, se sugiere que los proveedores consideren las siguientes preguntas: Hay alguna diferencia entre el trato que se da a las jovencitas y el que se da a los muchachos en el proyecto de atención de salud? Qué limitaciones hay respecto al tiempo de las mujeres o las jovencitas que puedan impedirles solicitar servicios de salud? El proyecto, pone la responsabilidad de mejorar la salud en manos de las mujeres solamente, o se hace participar a los hombres también? Qué repercusiones tiene el proyecto en las relaciones entre los hombres y las mujeres?14

Un borrador redactado por el Population Council presenta una lista de varias medidas que los trabajadores de salud pueden adoptar para incorporar el género a los programas de salud de la reproducción. Entre ellas figuran: elaborar programas de educación sexual que aborden las necesidades particulares de las jovencitas; informar a las jóvenes acerca de su cuerpo y los ciclos de fertilidad; animar a los varones de todas las edades a que participen en los programas y servicios de educación respecto a la salud de la reproducción; y proporcionar información a los muchachos acerca de la sexualidad masculina y femenina y dar oportunidades para hablar de la sexualidad.15

La capacitación es importante. Los trabajadores de salud deben ser conscientes de sus propios puntos de vista acerca de las relaciones entre los géneros y la forma en que ello puede influir en los servicios que prestan. "La salud de la reproducción no consiste sólo en proporcionar información técnica", dice Seema Chauhan, del CEDPA. "Es comprender la dinámica de las relaciones entre los muchachos y las jovencitas. A menudo los proveedores no están capacitados para enfrentar sus propios prejuicios."

Al elaborar programas de salud de la reproducción para adolescentes, los proveedores deben tener en cuenta las necesidades prácticas y estratégicas, explica Susan Pfannenschmidt, analista de investigaciones de FHI, y una de las autoras de un informe acerca de la incorporación del género a los programas de desarrollo. Una necesidad práctica podría ser enseñar a los adultos jóvenes el uso del condón y aptitudes de comunicación. Un elemento estratégico puede tratar de obtener más igualdad en las funciones de los géneros en el futuro; por ejemplo, un programa que ofrezca a los muchachos clases de puericultura. "Lo ideal sería que los programas tuvieran en cuenta ambas necesidades", dice Pfannenschmidt.

Los proveedores que consideran las relaciones entre los géneros y las razones de comportamiento cuando diseñan servicios para los adolescentes posiblemente se den cuenta de que, a la larga, los programas son más eficaces, dice Martine de Schutter, asesora de programas sobre la salud y el desarrollo de la mujer, en la Organización Panamericana de la Salud.

"Los embarazos no se deben siempre a la falta de información", afirma de Schutter. "Pueden ser determinados por las expectativas que se tienen de los muchachos y las jovencitas."

"Tener en cuenta el género es como usar nuevos anteojos", dice. "Se ve la misma realidad pero se enfoca de otra forma. Si se es consciente de que los hombres y las mujeres tienen necesidades diferentes, probablemente se pueda responder satisfactoriamente a sus necesidades... al mejorar el diálogo entre los hombres y las mujeres y las aptitudes de negociación. No existe una receta rápida para incorporar el género. Lo esencial es ser consciente de que no sólo los factores biológicos influyen en la salud. Los factores sociales también son importantes.

--Barbara Barnett

  1. Ngwana A, Akwi-Ogojo A. Adolescent Reproductive Health Rights in Sub-Saharan Africa. Washington: CEDPA, 1996.
  2. El-Zanty F, Hussein EM, Shawky GA. Demographic and Health Survey 1995 Egypt. Calverton, MD: National Population Council and Macro International Inc., 1996.
  3. Stewart L, Sebastiani A, Delgado G, et al. Consequences of sexual abuse of adolescents. Repro Health Matters 1996;7:129-34.
  4. Okumu MI, Chege IN. Female adolescent health and sexuality in Kenyan secondary schools: a survey report. Unpublished paper, 1994. African Medical and Research Foundation. WHO Botswana YMCA and WHO/GPA joint research project on assessment of peer education: final report on the baseline assessment findings. Gaberone: World Health Organization, 1992.
  5. Helitzer-Allen D. An Investigation of Community-based Communication Networks of Adolescent Girls in Rural Malawi for HIV/STD/AIDS Prevention Messages. Report in Brief. Washington: International Center for Research on Women, 1993.
  6. Sex and American Teenagers. New York: Alan Guttmacher Institute, 1994.
  7. Ranjani R, Kudrati M. The varieties of sexual experience of the street children of Mwanza, Tanzania. In: Learning About Sexuality: A Practical Beginning. Eds. Zeidenstein S, Moore K. New York: The Population Council and the International Women's Health Coalition, 1996.
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  9. Eggleston E, Jackson J, Hardee K, et al. Sexual activity and family planning: behavior attitudes and knowledge among young adolescents in Jamaica. Paper presented at the Population Association of America annual meeting. New Orleans, May 8-11, 1996.
  10. Paira V. Sexuality, condom use and gender norms among Brazilian teenagers. Reprod Health Matters 1993;2:98-109.
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  12. Green GP, Cohen SI, Ghouayel H B-E. Male Involvement in Reproductive Health, Including Family Planning and Sexual Health. UNFPA Technical Report 28. New York: UNFPA, 1995.
  13. Capoor I, Mehta S. Talking about love and sex in adolescent health fairs in India. Reprod Health Matters 1995;5:22-27.
  14. Mosse JC. Gender and health: comments arising from NGO proposals and reports. Paper prepared for the JFS/NGO workshop on gender and development, July 1993.
  15. Population Council. Family planning and gender issues among adolescents. Unpublished paper. The Population Council, 1994.

Para mayor información, refiérase al sitio Web de Family Health International www.fhi.org

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