Al elaborar programas que integran la planificación familiar con los servicios de
prevención o tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), los
proveedores de atención de salud deberían reconocer los factores que pueden influir en
el acceso de las mujeres a los servicios de salud de la reproducción o el uso de los
mismos.
Biología -- La transmisión de ETS, incluida la transmisión del virus causante
del SIDA, puede ser más fácil del hombre a la mujer que de la mujer al hombre, porque un
área extensa de la mucosa vaginal y cervical se expone a los líquidos sexuales
masculinos durante el coito.1 Las ETS, que pueden ser un factor de riesgo para la
infección por el VIH, suelen ser más asintomáticas en las mujeres que en los hombres;
por lo tanto, muchas mujeres no se dan cuenta de que han contraído una ETS. Las clínicas
de planificación familiar pueden ayudar a las mujeres a evaluar sus riesgos de contraer
ETS, a reconocer los síntomas y a entender cómo protegerse.
Aspecto económico -- Para muchas mujeres, las relaciones sexuales suelen estar
vinculadas directa o indirectamente a la seguridad económica. Por ejemplo, una mujer
puede desear quedar embarazada porque los hijos ofrecen estabilidad conyugal o posición
dentro de la comunidad.2 Por consiguiente, es posible que evite el uso de condones a pesar
de la necesidad de prevenir enfermedades. Para algunas mujeres, las relaciones sexuales
constituyen un medio de supervivencia económica. Según un estudio, realizado en Haití
por el proyecto AIDSCAP (Control y Prevención contra la Infección por el VIH/SIDA) de
FHI, muchas mujeres temían que sus compañeros no les dieran dinero para el alquiler, los
cuidados de los hijos, los alimentos y otros artículos si se negaban a tener relaciones
sexuales.3 En la República Dominicana, los investigadores observaron que entre las
mujeres que vivían en bateyes (plantaciones de caña de azúcar), una quinta parte había
recibido dinero a cambio de tener relaciones sexuales.4
Normas culturales -- En muchas culturas, se considera que los hombres son los
que tienen la autoridad, y se desanima a las mujeres a cuestionar las acciones de sus
compañeros. "Si usted no puede hablarle a su compañero acerca de la matrícula de
la escuela de sus hijos, o dónde va a vivir usted, si no puede preguntarle a su marido a
dónde va cuando sale de la casa, no hay duda alguna de que no puede hablarle de
condones", dice la doctora Maxine Ankrah de la Iniciativa de Mujeres de AIDSCAP.
En algunas sociedades, se espera que las mujeres tengan un solo compañero, mientras
que es aceptable que los hombres tengan varias esposas o compañeras fuera del matrimonio.
Una joven casada, en Camboya, explicaba que "en la sociedad Khmer no quiere decir
nada que los hombres tengan otras compañeras u otra esposa, porque la gente compara a los
hombres con el oro y a las mujeres con el algodón".5 Los tabúes sociales también
desalientan a las mujeres a hablar o informarse acerca de la sexualidad, porque se cree
que la ignorancia es señal de pureza.
Percepciones de riesgo -- Puesto que con frecuencia los programas de prevención
del SIDA se han dirigido hacia los grupos de alto riesgo, incluidas las trabajadoras del
sexo comercial, muchas mujeres no creen que corren el riesgo de infección por el VIH. Las
investigaciones realizadas en Brasil, con apoyo de FHI, observaron que "si bien las
mujeres saben cómo puede transmitirse el VIH, no creen que ellas corren riesgo porque
están casadas o tienen una unión consensual. Las mujeres creen que estarán protegidas
si sólo tienen un compañero".6
Los condones de látex masculinos, los únicos anticonceptivos recomendados para la
protección contra las ETS virales y bacterianas, suelen considerarse como un método que
se usa entre compañeros sexuales ocasionales y no entre esposos y esposas. En Tailandia,
aproximadamente el 70 por ciento de las parejas en edad de procrear usan algún tipo de
anticoncepción, pero sólo el 2 por ciento de las parejas casadas usan condones.7 Si una
mujer sugiere el uso del condón, su compañero puede sospechar que es infiel, o que ella
cree que él es infiel. Los investigadores entrevistaron en Tailandia a más de 700
hombres y mujeres y observaron que el 60 por ciento de ellos consideraba que los condones
no deberían usarse con el cónyuge o el compañero habitual porque podía crear tensión
o desconfianza.8
-- Barbara Barnett
Referencias
- Guidelines for Implementing STD/HIV/AIDS Prevention and Care in
Reproductive Health Services. Draft. Arlington: Family Health International AIDSCAP
Project, 1996.
- D'Cruz-Grote D. Prevention of HIV infection in developing countries. Lancet
1996; 348: 1071-74.
- Ulin PR, Cayemittes M, Metellus E. Haitian Women's Role in Sexual
Decision-making: The Gap Between AIDS Knowledge and Behavior Change. Durham: Family
Health International, 1995.
- Study underscores need to empower women. The Daily Progress. July
9, 1996.
- Phan H, Patterson L. Men are Gold, Women are Cloth. A Report on the
Potential for HIV/AIDS Spread in Cambodia and Implications or HIV/AIDS Infection. Phnom
Penh: CARE International, 1994.
- Badiani R, de Oliveira MR, Pinto P, et al. Empowering Women to
Negotiate Safe Sex: A Model from Brazil. XXIIth National Council for International
Health, Washington, DC, June 1995.
- Knodel J. Chamratrithirong A, Debavalya N. Thailand's Reproductive
Revolution: Rapid Fertility Decline in a Third World Setting. Madison: University of
Wisconsin Press, 1987. National Statistical Office. Report on the Survey of Population
Change, 1991. Bangkok: Np, Nd.
- Sittitrai W. Thai Sexual Behavior and the Risk of HIV Infection: A
Report of the 1990 Survey of Partner Relations and Risk of HIV Infection in Thailand. Bangkok:
Thai Red Cross Society and Chulalongkorn University, 1992.